La agenda está apretada. Viene llegando de Buenos Aires, donde se reunió con Cancillería y ministerios por asuntos relacionados con la Antártica, mismo motivo que lo trae a Chile. ¿El fin último? Lograr avances para la creación de un área marina protegida, y colaborar así a la conservación del Océano Austral y la Península Antártica.

foto cortesía Archivo Personal José María Figueres
foto cortesía Archivo Personal José María Figueres

—¿Qué avances cree que se pueden concretar para el cuidado de la Antártica tomando en cuenta la coyuntura política, donde pareciera haber un retroceso en relación a los temas ambientales y de conservación por parte de algunos gobiernos de la región?

—Sí, pero habiendo pasado unos añitos en la política, hago una diferenciación entre lo que yo llamo políticas de gobierno y políticas de Estado. Las políticas de gobierno son las inclinaciones que tenga cada administración con respecto a los diferentes temas. Las políticas de Estado son las que están por encima del bien y el mal, digamos, que perduran en el tiempo. Con algunas pequeñas variaciones, pero perduran en el tiempo. Y una de las cosas lindas en ese sentido es que Chile y Argentina han mostrado un grado de madurez política y de responsabilidad global al trabajar juntos en materias que tienen que ver con el Océano Austral, en trabajar juntos en lo que tiene que ver con la Antártida, y en ser los dos proponentes de la primera área marina protegida alrededor de esa península. Independientemente de la escogencia de los gobiernos de turno, yo veo aquí una política de Estado que se ve claramente reflejada por parte de los dos países.

—Como líder de la iniciativa Antártica 2030, ¿por qué es de carácter urgente la protección antártica, pero también oceánica a nivel global?

—El océano es el ecosistema más importante en nuestra vida. No tiene nada que se le acerque. Es el océano el que nos da el 50% del oxígeno, cada respiro en nuestra vida es cortesía del océano. Fija el 25% de las emisiones totales de carbono, y si no fuera porque ha absorbido como el 93% del incremento de temperatura causado por el cambio climático, hoy en día usted y yo estaríamos teniendo dificultad para sostener esta conversación, porque estaríamos viviendo en un mundo con 36 ºC más de lo que tenemos. Además, es la fuente primaria de proteína para billones de personas alrededor del mundo. Pues bien, en ese contexto, el mar Austral y particularmente la Antártida son lo que yo llamaría el punto de encuentro entre el cambio climático y la preservación de la biodiversidad. Juega un papel singular en el contexto del sistema climatológico global, y es donde empieza la cadena alimentaria por medio de las corrientes que ahí nacen. Aunque parezca lejana, hay que entender que la Antártica es absolutamente esencial para la vida de las personas.

—¿Cuál es la propuesta que están persiguiendo? ¿Cuál sería el beneficio más importante de la creación del área marina protegida?

—Estamos muy empeñados en que se puedan establecer áreas marinas protegidas alrededor de la Antártida, porque estas son la mejor manera de proteger al continente contra los efectos del cambio climático. Al crear una zona “colchón”, de poca actividad y de bajar emisiones que rodeen al continente, se puede proteger a la biodiversidad que vive en esas aguas profundas. Además, alrededor de la Península Antártica es donde se da la pesca del kril, ese crustáceo que juega un papel importantísimo en la cadena alimentaria global, pues entre otras cosas es el 90% de lo que consumen las ballenas, el principal alimento de los pingüinos. Es ahí donde arranca la cadena alimentaria para el resto de los océanos del mundo. El kril también tiene un efecto muy importante en el secuestro de carbono, contribuye de manera impresionante a lo que es mitigar los efectos del cambio climático. La pesca del kril es una actividad económica que debería llevarse a cabo siempre con base en la ciencia. Bueno, todo lo expuesto influye en lo que comenté antes. Nuestro empeño es ayudarle a los países que son los que tienen que negociar esto a que busquen cómo ponerse por encima de sus diferencias, para que busquemos soluciones que se puedan llegar a adoptar en el contexto de la reunión número 45 de CCAMLR (Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos), que se reúne cada año a finales de octubre y principios de noviembre. Y bueno, CCAMLR es el que tiene la responsabilidad de la “gobernanza” de la Antártica, para ponerlo en esos términos. Los acuerdos ahí se toman por unanimidad, por eso este esfuerzo por poner a los países de acuerdo antes de que lleguemos a esa instancia, de explorar los diferentes puntos de vista, como una manera definitiva de avanzar en un sistema multilateral.

Lobo antártico, refugio Luis Risopatrón​​. Créditos: ©Cristián Campos Melo
Lobo antártico, refugio Luis Risopatrón​​. Créditos: ©Cristián Campos Melo

—Creadas las áreas marinas protegidas, ¿qué pasa después? ¿Qué hacer con la fiscalización, cómo se gestiona eso en términos de cooperación internacional vinculante?

—Claro, es una pregunta que no solamente se puede hacer con respecto a las áreas marinas protegidas alrededor de la Antártida, sino con respecto a las que están naciendo en otras partes del mundo. Hay que aceptar que cuando nacen las áreas marinas protegidas no necesariamente nacen con todos los mecanismos de supervisión que deberían tener. Estas se van dando en el tiempo, en mayor grado de veracidad y de efectividad. En el caso de la Antártida ya tenemos el buen precedente del área marina protegida que se creó en el 2016, el mar de Ross, que en aquel momento fue la más grande del mundo, y que luego de eso ha tenido un plan de manejo muy de acuerdo a la ciencia.

—Menciona mucho el rol de la ciencia. En un mundo donde se ha instalado incluso el negacionismo climático, ¿qué mensaje daría, y, por otra parte, cuál sería el consejo para enfrentar esto último desde la diplomacia?

—Sobre esto último, en el mundo de hoy podemos observar un revés con respecto al respeto que se ha tenido por el medio ambiente y a la lucha contra el cambio climático en relación a lo que pasaba hace algunos años. Y eso ha sido principalmente a causa de las políticas de Estados Unidos. Pero mire, como ingeniero de formación, creo mucho en la matemática y en la ciencia e independiente de las posiciones personales, opiniones subjetivas que pudiéramos tener con respecto al cambio climático y esos temas, me parece que como humanidad lo que nos corresponde es basarnos en la ciencia. Es objetiva, no tiene un color político, no tiene una bandera ideológica. La ciencia es la ciencia. Me parece importantísimo que estas cosas se traten con la seriedad con la que se deben tratar y en ese sentido, vuelvo a insistir, y se me confirma en este viaje por la reuniones que he tenido en ambas cancillerías, de Argentina y Chile, de que existen políticas de Estado con respecto a la Antártica que reconocen la importancia del Océano Austral en la vida de estos países, y por tanto esa política se está asumiendo con responsabilidad. No solamente del comité científico de CCAMLR, sino de las expediciones que los diferentes países miembros han solicitado poder realizar en el marco de adelantar los conocimientos científicos sobre el continente y su biodiversidad.

foto cortesía Archivo Personal José María Figueres
foto cortesía Archivo Personal José María Figueres

—Queda bien evaluada entonces la disposición por parte de Chile y Argentina en esta gira…

—Sí. Debemos reconocer el esfuerzo importante que en el campo científico han llevado adelante Argentina y Chile, como dos países que se han unido en sus luchas por el continente antártico. Lo han llevado muy bien, han sido francamente un ejemplo para el mundo, sobre todo en este momento, con todos los conflictos tan complejos que tenemos. Hacen un esfuerzo por llevar delante de manera exitosa la misma política en relación a la Antártida, es una bocanada de aire fresco para el mundo.

Foto Bárbara Tupper
Foto Bárbara Tupper

El modelo tico: Costa Rica como ejemplo de conservación para Chile y el mundo

Como enunciamos al comienzo de esta entrevista, la figura de José María Figueres ha sido reconocida a nivel mundial por su trabajo internacional como promotor de la conservación, pero también porque como presidente de su país entre 1994 y 1998, logró instalar y desarrollar en Costa Rica un modelo basado en el resguardo de la naturaleza. Entre sus logros, se constatan el fortalecimiento de las políticas ambientales del país, la creación del Sistema de Áreas de Conservación -que vino a unificar la gestión forestal, de vida silvestre y de parques nacionales-, la creación de 38 nuevas áreas protegidas, los Pagos por Servicios Ambientales, el crecimiento de energías renovables y tecnología, entre otros. En términos económicos, ha sido visto como un líder proempresarial, llevando a cabo algunos procesos de privatización, al mismo tiempo que durante su gestión instaló la protección ambiental como pilar fundamental. Uno de los puntos más altos es que hoy el ecoturismo sea la segunda entrada económica más relevante de ese país.

—Usted lideró la creación de gran parte de las áreas protegidas y parques nacionales en Costa Rica, siendo un referente global, ¿qué decisiones fueron fundamentales para consolidar esa red en ese momento, y cómo se logra sostener financieramente ese nivel de conservación?

—Tenemos que recordar que en aquel momento veníamos saliendo de la Guerra Fría. Y como presidente me pareció que al terminarse ésta, la mayoría de los países iban a transformarse en países más democráticos y pacíficos. Lo que habían sido ventajas comparativas de Costa Rica durante la Guerra Fría, su paz y su democracia, iban a convertirse en un commodity, en lugar de una especialidad. Por lo tanto, nos dimos la tarea de buscar, como me parece que siempre hay que hacer, cuáles serían las nuevas ventajas competitivas de Costa Rica, y apostamos a dos que hoy en día siguen siendo las más importantes en el desempeño económico de nuestro país: el medio ambiente y la tecnología. Entonces creamos el sistema de áreas de conservación y parques, y eso se transformó en el corazón del ecoturismo, el segundo ingreso más importante de divisas del país, y que es además la segunda fuente de empleo en todas las áreas rurales del país. El otro cluster que logramos consolidar en aquel momento fue el tecnológico, como le decía. Atrajimos en aquel momento la empresa líder en su campo a nivel global, que era Intel, con una inversión de 600 millones de dólares. Y eso, para un país pequeño como Costa Rica, hace toda la diferencia del mundo. Entonces, sobre por qué se ha mantenido en el tiempo, creo que se ha sostenido porque se comprobó muy desde el inicio que estas medidas de cuidado ambiental tenían una ramificación económica importante y que pronto se fueron convirtiendo en políticas de Estado.

—Y llegaron a ser uno de los países que mayor financiamiento otorga al cuidado de la naturaleza, al mismo tiempo que mantuvo la estabilidad económica…

—Con eso lo que comprobamos es que cuidar el ambiente y el progreso económico son dos caras de la misma moneda. Vea, usted puede cuidar el ambiente y tener desarrollo económico; lo que yo no creo que sea sostenible es tener desarrollo económico sin cuidar el ambiente. Eso no existe. Costa Rica es un ejemplo de eso. Por otro lado, parte de esa competitividad económica está basada sobre nuestras energías renovables, que el año pasado fueron otra vez el 98% del total de la generación eléctrica del país. Hoy, Costa Rica tiene que seguir trabajando en esa línea, y esta crisis del Estrecho de Ormuz lo confirma. Una de las urgencias es darle rapidez a la descarbonización del transporte.

—Tomando en cuenta que la situación económica de Costa Rica es muy diferente de otros vecinos y que en la región hay mucha pobreza, ¿qué tan replicables son estos modelos para otros países de Latinoamérica?

—Sí. Hoy en día estoy convencido de que la humanidad tiene dos grandes retos por delante: uno es acabar con la pobreza en la que viven billones de personas alrededor del mundo; el otro, es mitigar las consecuencias del cambio climático. Los dos van de la mano, porque ante los efectos del cambio climático son las personas con menos oportunidades y las más desfavorecidas las que sufren peor. Son las personas cuyas casas, por ejemplo, están muchas veces en las vegas de los ríos, las grandes corrientes los afectan, o están más sujetos a trabajos en las áreas rurales que son más afectadas por el cambio en de temperaturas, diferentes patrones de lluvia, etc. Costa Rica en esto tampoco es la excepción. La educación, por ejemplo, que siempre se vio como el primer instrumento de movilidad social, y que hoy está venida a menos. Tenemos que reinventar el modelo educativo en nuestros países para desarrollar más el pensamiento crítico y el análisis, para que la tecnología se vuelva más un instrumento y no un fin en sí mismo. Debemos generar otros instrumentos que nos permitan más rápidamente ayudar y corregir los niveles de pobreza, y esto requiere de políticas coherentes, muy enfocadas, bien dirigidas por parte de los gobiernos. Hay que estar siempre por el medio ambiente, pero también hacer un esfuerzo por corregir los niveles de pobreza que tenemos.


Foto Bárbara Tupper
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