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Las vizcachas y su rol oculto en la cordillera: Un viaje junto al adorable roedor andino bajo el lente de Eduardo Muñoz
A simple vista parecen tiernas y apacibles, pero las vizcachas son roedores altamente especializados que sostienen procesos ecológicos fundamentales en la alta montaña andina. A través del lente del fotógrafo Eduardo Muñoz y la voz de expertos, esta galería revela su verdadero rol en uno de los ecosistemas más exigentes del continente: entre roqueríos y crudas heladas, no solo habitan el territorio, sino que lo moldean como verdaderos ingenieros ecológicos.
Tal vez la recuerdes como la mascota del Mundial Sub 20 del año pasado. O quizás la confundas con un tierno conejo por sus largas orejas y su pelaje suave. Se trata de las vizcachas, habitantes de Chile y Sudamérica —especialmente de Perú y Bolivia—, unas protagonistas silenciosas que cumplen un rol fundamental en los ecosistemas andinos.


Luis Raggi, académico del Departamento de Ciencias Biológicas Animales de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile, es enfático al decir que, pese a su aspecto, son roedores adaptados a condiciones desérticas de altura. Son capaces de mantener estable su temperatura corporal en la altitud extrema, donde el oxígeno escasea y las heladas son frecuentes. No son conejitos simpáticos: son supervivientes excepcionales.
A través del lente de Eduardo Muñoz, fotógrafo naturalista, nos adentramos en la cotidianidad de estos animales que suelen verse sobre grandes roqueríos, tomando sol o entregados a largas siestas. Entre grietas y piedras, las vizcachas observan el paisaje cordillerano con una calma que contrasta con las condiciones extremas en las que viven.
Esa calma fue justamente lo que más sorprendió a Muñoz cuando comenzó a fotografiarlas. Según cuenta, le llamó la atención cómo viven en comunidad en paisajes abruptos y, aun así, transmiten una sensación constante de tranquilidad. Advierte que esa serenidad es engañosa, pues siempre están alertas ante cualquier amenaza. El fotógrafo ha trabajado con vizcachas tanto en el extremo norte de Chile como en la cordillera de la Región Metropolitana, y asegura que en el norte están más habituadas a la presencia humana, lo que le ha permitido retratarlas sin interferir en sus actividades naturales.


Captarlas en cámara no es una tarea sencilla. Muñoz explica que fotografiar vizcachas implica internarse en zonas remotas y de difícil acceso. En Farellones, por ejemplo, debe desplazarse por riscos para encontrarlas; en Arica, en cambio, el desafío es la altura: sobre los 4.300 metros, el trabajo exige moverse lentamente para evitar la puna y poder concentrarse en lograr la imagen.
Esa aparente quietud, sin embargo, no es casual. En esta galería, las imágenes no solo retratan su ternura o su aparente ritmo pausado, sino también el papel silencioso, pero decisivo, que cumplen en uno de los ecosistemas más exigentes del continente.
Aunque su anatomía suele ser erróneamente asociada con la de conejos o chinchillas, las vizcachas son roedores altamente especializados para sobrevivir en ambientes desérticos de altura. “Tienen una extraordinaria capacidad para sobrevivir en ambientes extremos de montaña. Sus adaptaciones no solo son fisiológicas —como un metabolismo muy bajo y una termorregulación eficiente— sino también conductuales. Cuando las vemos ‘tomando sol’ sobre las rocas, no están descansando por ocio: están conservando calor para poder alimentarse en las horas más frías y luego refugiarse en sus madrigueras”, explica el académico de la Universidad de Chile.



Aunque su especialidad son los pequeños camélidos y rumiantes altoandinos, Raggi se ha interesado en las vizcachas al observar cómo comparten territorio y recursos vegetales en estos sistemas. Su coexistencia con herbívoros de mayor tamaño abre preguntas sobre competencia por los pastos naturales y sobre el delicado equilibrio que sostiene la vida en la cordillera.
Pero las vizcachas no solo resisten la montaña, también la transforman.
“Lejos de ser un herbívoro más, la vizcacha cumple funciones ecosistémicas clave. Habita en roqueríos donde excava madrigueras o acondiciona grietas, contribuyendo así a la aireación del suelo y mejorando su capacidad de retención de agua y nutrientes. Esta actividad genera microhábitats que aprovechan reptiles, insectos, pequeños roedores e incluso aves, incapaces de excavar en los suelos duros de la puna”, detalla Raggi.



Su presencia tiene efectos que muchas veces pasan inadvertidos. Según el académico, dispersan nutrientes y semillas, pues a través de sus heces y orina concentran nitrógeno y fósforo en torno a sus colonias, creando verdaderas “islas de fertilidad” en un entorno árido. Además, al alimentarse de gramíneas duras, favorecen los rebrotes verdes y contribuyen a la renovación de los pastizales altoandinos. Es decir, según explica Soledad Risso, veterinaria del Bioparque Buinzoo, «son pastoreadores, por lo que modifican la vegetación y mantienen los pastos cortos».


En la trama trófica, su rol es igualmente decisivo. La vizcacha constituye la presa principal del gato andino (Leopardus jacobita), uno de los felinos más amenazados de América. También forma parte de la dieta del zorro andino (Lycalopex culpaeus), del puma y de diversas aves rapaces. Su aparente inmovilidad en las rocas es, en realidad, parte de una red mucho más amplia que sostiene la vida en altura.


No existe, además, una sola vizcacha. Mientras algunas especies están catalogadas globalmente como de “preocupación menor”, otras enfrentan escenarios mucho más delicados. Por ejemplo, la vizcacha ecuatoriana (Lagidium ahuacaense), descrita recién en 2016, es considerada uno de los mamíferos más amenazados del planeta, con poblaciones reducidas y fragmentadas por incendios y ganadería.
En Chile, sus principales amenazas abarcan la pérdida de hábitat y otras alteraciones del entorno continúan impactando los ecosistemas altoandinos donde habitan.
Para el doctor Luis Raggi, el problema es más profundo: “Su principal amenaza no es el cambio climático, es el desconocimiento. En Chile, los incendios forestales —muchos de origen antrópico— afectan gravemente estos ecosistemas de manera silenciosa, y sus consecuencias pasan inadvertidas para la mayoría”.


En este mismo sentido y desde el ámbito del cuidado animal, la veterinaria Soledad Risso, insiste en la necesidad de respetar su vida silvestre. “Estos animales no son mascotas. Si se encuentran en su hábitat natural, no deben ser capturados”, enfatiza.
Por otro lado, Raggi apunta a que es importante comprender el rol que cumplen estas especies en la cordillera: «Lo más valioso que el público puede saber es que la conservación de las vizcachas comienza con una actitud responsable: no contaminar, proteger los espacios naturales y comprender que hasta el animal más pequeño puede sostener un mundo entero”.
Desde su experiencia en terreno, el fotógrafo reconoce que hay algo en las vizcachas que genera identificación inmediata, esa expresión adormilada y su costumbre de descansar en cualquier rincón de las rocas. Pero más allá de esa imagen entrañable, le interesa que el público logre ver lo que hay detrás de esa apariencia tranquila. “La vizcacha merece un espacio de reconocimiento dentro de nuestra fauna chilena por ser un animal fuerte y resistente, pero al mismo tiempo tierno y potente”, afirma.



*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.