Desde sus orígenes, la música de Los Jaivas ha sido inseparable de su mundo visual. Sus portadas, afiches y símbolos no solo acompañaron el sonido: lo amplificaron, lo tradujeron en imágenes que quedaron grabadas en la memoria cultural de Chile y América Latina. Detrás de ese imaginario inconfundible —donde conviven montañas, colores vibrantes, paisajes míticos y referencias a tradiciones ancestrales— estuvo siempre un creador silencioso, constante y profundamente intuitivo: René Olivares Espínola.

Su nombre aparece ligado a las obras más emblemáticas del conjunto, desde Alturas de Machu Picchu hasta la gráfica de La vorágine, pasando por discos, afiches y símbolos que hoy forman parte del patrimonio visual del rock latinoamericano. Pero más que pintor, diseñador, o ilustrador, Olivares fue un intérprete sensible del espíritu de Los Jaivas. Supo observar sus búsquedas, acompañar sus transformaciones y traducir esa energía —musical, espiritual y colectiva— en un lenguaje visual que terminó definiendo una estética propia, reconocible al instante y cargada de emoción.

La muerte de René Olivares, ocurrida el 13 de octubre de 2025 en París, marcó un antes y un después para la banda y para una comunidad que creció mirando sus paisajes cósmicos y cordilleras infinitas. Su partida se sintió como la de un familiar: un miembro fundamental del grupo cuya presencia —muchas veces invisible para el gran público, pero decisiva— modeló la imagen de Los Jaivas a lo largo de más de medio siglo. Su legado sigue vivo en discos, murales, exposiciones y, sobre todo, en la memoria afectiva de quienes, al escuchar una canción del conjunto, evocan también los mundos que él imaginó.

Este artículo es un homenaje necesario: un recorrido por la vida de un artista que eligió crear desde la intuición, su unión con una de las agrupaciones más influyentes del continente y su aporte a un legado que trasciende épocas, formatos y fronteras.

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