Ladera Sur Lo que aprendí en un mes compartiendo con el culto caníbal Aghoris en India
Lo que aprendí en un mes compartiendo con el culto caníbal Aghoris en India

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Lo que aprendí en un mes compartiendo con el culto caníbal Aghoris en India

Nuestra colaboradora, la fotógrafa Tamara Merino, nos comparte un fotoreportaje de su experiencia en Varanasi, India, donde tuvo la oportunidad de conocer de cerca a los Aghoris, un culto nómade y caníbal que se mueve entre la India y Nepal. 

Son las 3:00 am en el campo de cremación en la ciudad sagrada de Varanasi, India. Seis cuerpos han estado quemándose consecutivamente durante las últimas cuatro horas frente al río Ganges. Un hombre perteneciente al culto Aghor, de pelo largo y vestido de negro, contempla el fuego y recita un mantra.

Un Aghori es un hombre santo y se cree que tiene poderes espirituales capaces de curar y salvar vidas de personas con enfermedades mentales y/o físicas. El hombre se acerca a un montón de cenizas de un cuerpo cremado en el suelo y las vierte sobre su cuerpo y rostro. “La ceniza sagrada es el último y más puro estado de todo. Esparcimos las cenizas humanas por todo nuestro cuerpo para dejar que el cuerpo sea tan puro como las cenizas”, dice Baba Ram Magesh, un hombre santo de 40 años que ha pertenecido al culto Aghor durante más de quince años.

Desde el siglo V a. C. los Aghoris han seguido la filosofía de Shiva, el Dios de la destrucción en la religión Hindú. Los Aghoris son un culto nómade y caníbal que se mueve entre la India y Nepal. Viven y practican sus rituales en los campos de cremación y se sumergen en ambientes donde la muerte hace parte de su rutina habitual. Sus rituales se basan principalmente en cantar mantras, entregar ofrendas al fuego sagrado y durante rituales específicos los Aghoris consumen carne humana como parte de una ofrenda a su Dios Shiva.

Ellos ven belleza en todo, es por eso que no sienten miedo, odio o disgusto y siguen el camino de la no discriminación. Con el consumo de carne humana, prueban que nada es profano o ajeno al Dios Shiva, porque para ellos un cadáver carece del alma que una vez tuvo. “¿Por qué deberíamos diferenciar las cosas, si todos somos parte de la naturaleza?”, dice Baba Ram Mahesh. A pesar de sus prácticas y estilo de vida extremo, un verdadero Aghori jamás mataría o le haría daño a ningún ser humano o animal.

Algunos documentales y programas de televisión han creado una imagen corrupta sobre los Aghoris, siendo totalmente grotesca, imaginativa y distorsionada de la realidad, sólo para crear escándalo entre los espectadores y promover su venta. Este proyecto lo realicé para mostrar cuánto error persiste sobre Aghoris y tiene como objetivo el crear conciencia y formar una opinión correcta sobre ellos. “Hay algunos canales de televisión que vienen directamente a mí y dicen: queremos que comas carne humana frente a la cámara”, me confiesa Baba Ram Mageshn. Pero esta práctica es tan sagrada que un verdadero Aghor nunca la compartiría frente a una cámara o con otras personas.

©Tamara Merino
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Al otro lado del río Ganges se encuentra una playa de arena blanca, donde los Aghoris realizan rituales específicos durante la luna nueva. Baba Ram Mahesh, a la izquierda, y su discípulo Pandi están realizando el Puja, un ritual basado en cantar mantras y ofrecer alcohol y cannabis al fuego sagrado, como solía hacer su Dios, Shiva.

©Tamara Merino
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Un cuerpo es llevado al río Ganges en Varanasi para ser lavado y purificado por su poder sagrado. Luego el cuerpo será colocado sobre una pira de madera para la ceremonia de cremación. Los Aghoris viven y realizan sus rituales y ceremonias en este lugar.

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Los Aghori siempre llevan consigo un cráneo humano, o “kapala”. Éste se utiliza como tazón para comer, beber y para realizar rituales. La “kapala” les recuerda que todo es hermoso y puro, porque su Dios Shiva está presente en todo.

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Baba Bambam, perteneciente al culto Aghor, está realizando un exorcismo a un hombre poseído por un espíritu maligno.

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Los Aghori son más activos durante la noche, mientras realizan sus rituales y ceremonias. Pandi observa las piras funerarias a las 3 de la mañana después de un ritual en el templo de Kali, la diosa protectora de los crematorios.

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El cuerpo de un hombre, perteneciente a la religión Hindú, está siendo quemado durante la ceremonia de cremación. El campo de cremación es también el hogar de los Aghoris y funciona 24/7 durante todo el año, quemando alrededor de 100 cuerpos cada día.

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Baba Ram Mahesh, a la izquierda, comparte un momento íntimo con Baba Vijay Nund. Ambos son hombres santos según la religión hindú, pero difieren en filosofía, prácticas, estilo de vida y en los rituales que practican.

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La estatua de Kali en el templo del crematorio en Varanasi. Kali es la Diosa protectora de los campos de cremación en la religión hindú. Ella es la responsable de la liberación del alma y de cortar el vínculo entre la vida y la muerte y así poner fin al ciclo de la reencarnación.

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Baba Chintaharan ha pertenecido al culto Aghor por más de 20 años, enseñando y transmitiendo la filosofía a nuevos miembros. Aquí toma parte de un ritual en Varanasi, India, en el templo de Kali y le da su bendición a todos los que los que llegan.

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Los Aghoris deben abstenerse de prácticas sexuales, ya que esto les permite aumentar su energía espiritual. Aunque Anil, a la derecha, tenía tres hijos antes de pertenecer al culto Aghor, este fue admitido bajo el mutuo acuerdo de que debe seguir la filosofía y practica Aghor en el futuro.

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Para convertirse en un Aghor, cada miembro del culto tiene que pasar al menos 12 años aprendiendo y practicando con su gurú personal. Baba Ram Mahesh, a la izquierda, es el gurú de Pandi, que ha estado aprendiendo de él durante casi cinco años.

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Baba Anil disfruta de un momento de paz en el campo de cremación de Harishchandra ghat en Varanasi, India. Para los Aghoris el campo de cremación es un lugar puro y pacífico, donde pueden meditar con las llamas de las piras funerarias.