©Ángeles Peña
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En la región de Aysén, dentro del Parque Nacional Queulat se encuentra un bosque mágico, que parece inspirado por las películas de Tim Burton. Es parte de la Selva Valdiviana, una eco-región caracterizada por bosques siempre verdes y un clima templado y húmedo, cortesía del océano Pacífico.

Apenas uno abandona el auto a la vera de la Carretera Austral, única arteria de esta remota región patagónica, se adentra en una espesa vegetación. Llena de estratos, que van tamizando los rayos solares, una luz tenue provee la iluminación perfecta para admirar la diversidad de colores y el verde omnipresente en sus diversos tonos.

Cada centímetro cuadrado de superficie se encuentra recubierto de musgos y líquenes de todos los colores y texturas posibles. Proliferan infinidad de helechos de todos tamaños e inmensas lianas se entretejen trazando un cableado caótico.

©Ángeles Peña
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Si guardamos silencio escuchamos llamados en todas direcciones. Son aves, muchas endémicas de la región como el chucao, que se muestran sorprendidas de encontrar visitantes tan exóticos. La sensación, tan sobrecogedora, es que el bosque está vivo, que es una única entidad y que todo está conectado.

Como si todo esto fuera poca recompensa, a medida que el caminante asciende por la picada se encuentra con un río de deshielo, que al bordearlo lleva a una laguna elevada rodeada de un anfiteatro de piedra, vertedero de un inmenso glaciar colgante. Allí nace el río cascada y es posible ver témpanos dependiendo de la época del año.

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