Ladera Sur ¿Qué hacer en Chiloé? Un recorrido de cuatro días ayudando a reactivar el turismo local
¿Qué hacer en Chiloé? Un recorrido de cuatro días ayudando a reactivar el turismo local

Naturaleza

¿Qué hacer en Chiloé? Un recorrido de cuatro días ayudando a reactivar el turismo local

Durante septiembre, recibimos una invitación de Vive Chile y Chile es Tuyo para conocer el turismo local en Chiloé y ayudar a su reactivación, a través de diferentes experiencias propias de la isla. La señora Laura nos recibió en su Ruka y nos habló de sus raíces, mientras que Enriqueta preparó un exquisito curanto y Fernando nos llevó por un tren que construyó hace 20 años a través del bosque, a la vez que María Luisa nos habló de cómo fue impulsando el agroturismo en la zona. Aquí te compartimos estas experiencias, junto con algunos destinos imperdibles que nos ayudan a conectar con la naturaleza y algunas tradiciones de la isla.

Cuando uno dice que va a Chiloé, más de alguna persona comenta que es un lugar mágico. Que hay algo que hace especial a esta isla de la Región de los Lagos. Algunos se refieren a los palafitos y sus colores. Otros, a las características iglesias de Chiloé. También hay quienes resaltan los mitos chilotes, como el Trauco o la Pincoya. Pero también, aquella parte que hace aún más especial estas tierras: su herencia Huilliche, su gente, su naturaleza y paisajes.

Chiloé ©Rocío del Valle
Chiloé ©Rocío del Valle

Sobre esto último, durante septiembre, en el marco del Día Mundial del Turismo, recibimos una invitación de Vive Chile y Chile es Tuyo para visitar Chiloé y conocer distintas caras del turismo en la zona, que de a poco busca reactivarse. La isla abrió sus puertas para recibir visitantes desde diciembre de 2020 y ofrece distintos servicios otorgados por los mismos habitantes que muestran los encantos de la isla.

Día 1. Primeros pasos por Ancud y la comunidad Huilliche de Coñimó

Laura Montalva está esperando en la entrada de la Ruka Kimun Kui-Kui, en la localidad de Coñimó, en las cercanías de Ancud. Está vestida con un delantal azul con cuadros de colores cafés y verdes cerca de su cuello, que tiene a sus lados aros de platería huilliche. Ella nos saluda amablemente y nos invita a pasar, a sentarnos en la cálida fogata que está en el centro, rodeados de dibujos de los niños de la localidad, una bandera de la cultura que es parte de las raíces de Chiloé y fotos de sus visitas en el pasado. Somos el primer grupo de personas que recibe desde que tuvo que cerrar por la pandemia.

Laura Montalva ©Rocío del Valle
Laura Montalva ©Rocío del Valle

Laura es artesana, guardadora de semillas y nos ofrece una exquisita muestra de la gastronomía local, que ella ha aprendido por su propia sangre. Probamos el mudai, una bebida alimenticia preparada con trigo y miel, que se utiliza también para ceremonias y rituales, mientras ella lo sirve concentrada, sin perder de vista las copas que reparte uno a uno. A un lado, está el aperitivo de sopaipillas de linaza, que se pueden untar con ceviche de ulte, salsa de ajo y otra con merquén. Eso, entre el olor a leña y a la rica cazuela de gallina en plato de greda que se ve salir de la cocina, acompañada de las ensaladas provenientes de su propio huerto.

Ruka Kimun Kiu Kui ©Verónica Droppelmann
Ruka Kimun Kiu Kui ©Verónica Droppelmann

Esto es lo que ella comparte a los visitantes que llegan a su ruka, así como otros miembros de la comunidad tienen distintas ofertas turísticas. Paseos y artesanías que de a poco buscan ir reanudándose en una zona que se vio fuertemente afectada por la pandemia, que, con los cuidados necesarios, ya permite la visita de personas a la isla a conocer desde sus propias raíces, a través de lo que nos enseña la cultura huilliche.

Chiloé Rocío del Valle (11)
Chiloé ©Rocío del Valle 

Pero antes de llegar a Coñimó, nuestro acercamiento a Chiloé fue diferente. Desde que nos bajamos del transbordador -que merecía una bajada para empezar a recibir ese aire frío del mar, con vistas hacia el continente y la isla-, nuestra primera parada fue a Ancud. Conocimos el mercado y su oferta clásica: los quesos, el ajo, las papas chilotas y los clásicos choritos ahumados. Puede ser una parada corta también para comerse un pan amasado, o tomarse un café para calentar el cuerpo.

Chiloé ©Rocío del Valle
Chiloé ©Rocío del Valle

Día 2. Lago Huillinco y Parque Nacional Chiloé

El agua era un verdadero espejo. En nuestros ojos, las nubes estaban en el cielo y su reflejo parecía cercano al suelo. No había una brisa de viento y el sol iluminaba un lado del lago Huillinco, mientras que, al otro, la bruma hacía que el paisaje pareciera aún más de película. Era la primera parada de un recorrido que nos llevaría al Parque Nacional Chiloé.

Lago Huillinco ©Verónica Droppelmann (5)
Lago Huillinco ©Verónica Droppelmann 

Ahí una de las primeras cosas que se ven son los letreros de accesibilidad universal que, de hecho, muestran una de las cosas importantes que incluyen a este lugar en la lista de los parques inclusivos. Según uno de los guardaparques, Christopher Cisterna, el sendero Los Quiles (187 mt) y sendero Nütramyen (108 mt) permiten el ingreso de silla de ruedas. Sin embargo, también explicó que, para la accesibilidad universal de otros senderos, como el Tepual o las Dunas de Cucao, se puede llegar al parque y pedir silla Joëlette a los guardaparques. Cualquier información se puede averiguar con la Corporación Nacional Forestal (Conaf) directamente.

Parque Nacional Chiloé ©Verónica Droppelmann (5)
Parque Nacional Chiloé ©Verónica Droppelmann 
Parque Nacional Chiloé ©Verónica Droppelmann (6)
Parque Nacional Chiloé ©Verónica Droppelmann 

Nosotros nos adentramos caminos adornados por nalcas y bosques de arrayanes para conocer el sendero El Tepual, de 1800 metros de largo. Este es un sendero familiar, de dificultad baja que lo único que requiere es zapatos de trekking, ojalá impermeables porque tiene mucho barro, pero es como sentir un baño de bosque. Se puede hacer a un paso lento, relajado, disfrutando del ambiente húmedo, el aire frío y las gotas que caen de las hojas de los árboles. Está rodeado de un frondoso bosque nativo que, en silencio, entrega el canto de variadas aves.

Parque Nacional Chiloé (2) ©Verónica Droppelmann
Parque Nacional Chiloé ©Verónica Droppelmann

Luego, el recorrido nos llevó a cruzar la carretera (a pie) hacia el otro lado del parque, a través del sendero a la playa (1.200 mt). Acá la arena se empieza a hacer presente después del bosque y, más adelante, alguna vaca está pastando en el camino. Siguiendo en el sendero evidenciamos está playa menos común de lo que quizás estamos acostumbrados. Ideal para sentarse a tomar agua, descansar un rato y comer un snack.

Playa ©Rocío del Valle
Playa ©Rocío del Valle
Playa Parque Nacional Chiloé ©Verónica Droppelmann
Playa Parque Nacional Chiloé ©Verónica Droppelmann

Luego volvimos a donde nos alojábamos, el Hotel Parque Quilquico, ubicado en el sector de Rilán en Castro. Inmerso en 10 hectáreas de bosque nativo, es uno de los dos hoteles con sello S en la isla y en su estructura hay materiales reciclados como las tejuelas de su estructura que se rescataron de casas demolidas o estábamos sobre el piso del antiguo Club Andino Alemán. Se trata de lugar impulsado por su creador, Enrique Pérez y el arquitecto Edward Rojas.

Hotel Parque Quilquico ©Rocío del Valle (4)
Hotel Parque Quilquico ©Rocío del Valle

Día 3. Navegación al Muelle de la Luz, curanto y un tren por el bosque

En un bote nos espera don Fernando. Con una sonrisa en su cara, nos entrega chalecos salvavidas y se sienta al final. Nos dice que quizás nos podemos mojar y, ante la insistencia de algunos, confirma la existencia de martines pescadores en la zona que no quisieron aparecer ante nuestros ojos. Mientras él enciende el motor, nos cuenta que estamos en el río Chepu, el río navegable más grande de Chiloé. También que los troncos que veíamos a nuestra derecha eran un bosque hundido que se formó debido al terremoto de 1960 que afectó la zona. Y que él nos llevaría hasta la desembocadura del río con la costa, donde tendríamos que caminar unos diez o 20 minutos para ver el Muelle de la Luz.

Chiloé Rocío del Valle (8)
Bosque Hundido ©Rocío del Valle 

Luego de salpicar piedras en el agua, ver algunas aves y observar las piedras del camino, llegamos al famoso Muelle de la Luz. Sobre su origen, tal como les contamos en un artículo sobre los muelles de Chiloé, “en el 2000, cuando en la zona no existía nada más que bosque, los lugareños vieron luces que aparecieron desde el mar. Tras su construcción, la obra fue nombrada Muelle de la Luz en honor a ese misterio”. Así, el escultor Marcelo Orellana Rivera (el mismo del Muelle de las Almas) fue el encargado de este proyecto, inspirado en historias de los locales, y el Sindicato de Pescadores Artesanales de Mar Adentro de Río Chepu, quienes, para diversificar el oficio hacia el turismo, impulsaron la iniciativa.  La embarcación tiene un costo de $5.000 (ida y vuelta) y la entrada es de $2.500. En el lugar hay un baño.

Muelle de la luz ©Verónica Droppelmann (15)
Muelle de la luz ©Verónica Droppelmann 

Muchos buscan su foto en el muelle, la cual también puede ser un buen recuerdo, pero también tiene algo especial caminar por ahí y apreciar el paisaje: ver el movimiento del mar, las rocas a lo lejos y la vegetación que te rodea. En lo personal, eso se sumó un poco al viento y unas gotas que caían, cuyas nubes empezaban a nublar el paisaje.

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Pero teníamos que volver a Don Fernando y la navegación a la vuelta. Sin embargo, seguiríamos nuestra ruta por Chepu.

Muelle de la luz ©Verónica Droppelmann (14)
Muelle de la luz ©Verónica Droppelmann 

En los Senderos de Chepu, la señora Enriqueta Cárcamo no borraba la sonrisa de su cara. Algo que nosotros también hicimos cuando ella nos compartió lo que nos había preparado: un rico pisco sour con milcao frito, chapalele y unos chips de papa. Con eso pudimos esperar hasta el gran protagonista: el curanto al hoyo.

Señora Enriqueta Curanto ©Verónica Droppelmann (1)
Señora Enriqueta y curanto ©Verónica Droppelmann 

De este último pudimos ser partícipes. Enriqueta contaba cómo lo hacía: que llevaba cerca de una hora cocinándose, que no encontró hojas de nalca pero le puso de un helecho, que tenía cholgas, almejas, carne y chorizos. También que era una receta que pasaba de generación en generación y que algunos en la isla le ponían pescado o piure. Luego, tomó su olla y se agachó. Fue sacando las capas y vimos todo lo que comeríamos. Fue realmente un banquete de gastronomía local, acompañado de un rico vino y las vistas increíbles que se veían desde la ventana.

Curanto ©Verónica Droppelmann (1)
Aquí se hizo el curanto ©Verónica Droppelmann 
Curanto ©Verónica Droppelmann (3)
Choritos del curanto ©Verónica Droppelmann 

Junto a su pareja, don Fernando Mancilla, llevan este emprendimiento. Él nos esperaba en su “madero – carril”, un tren que construyó hace 20 años para recolectar leña de luma y ulmo con materiales reutilizados de vehículos que ya no se utilizaban. Ahora cambió su rumbo, dedicándose al turismo, llevando a los visitantes hasta el inicio de senderos para que puedan recorrerlos por a través del bosque. Fernando, no se para de su puesto de piloto y tampoco deja de lado su sonrisa mientras habla de su querido tren, yendo y viniendo a buscar pasajeros.

Fernando Mancilla, tren ©Verónica Droppelmann (1)
Fernando Mancilla, tren ©Verónica Droppelmann 
Fernando Mancilla, tren ©Verónica Droppelmann (4)
Madero tren ©Verónica Droppelmann 
Fernando Mancilla, tren ©Verónica Droppelmann (6)
©Verónica Droppelmann 

Día 4. Agroturismo y el Parque Mawunko

Si hablamos de mujeres en turismo, la señora María Luisa Maldonado es un ejemplo. Ella nos recibe en su casa, con un exquisito almuerzo donde abundan las ensaladas. Cada silla -dice- está con una correspondiente distancia social. Ella entra y sale de su cocina, donde está su hija cocinando y ayudándola. Alrededor de la mesa donde nos sentamos, están gran parte de sus reconocimientos e incluso, una fotografía junto a Isabel Allende, quien la visitó en el proceso de escritura del Cuaderno de Maya. Es que ella es una mujer pionera del agroturismo en la zona, una modalidad en la que las mujeres del campo abren sus casas, entregan comida, alojamiento y una cálida bienvenida a la zona. A todos sus reconocimientos, de hecho, se suma un reciente reconocimiento por su labor, que ella luce con orgullo.

Señora María Luisa Maldonado, agroturismo ©Verónica Droppelmann (2)
Señora María Luisa Maldonado, agroturismo ©Verónica Droppelmann 
Señora María Luisa Maldonado, agroturismo ©Verónica Droppelmann (1)
Señora María Luisa Maldonado, agroturismo ©Verónica Droppelmann 

María Luisa cuenta con naturalidad que en los 80´ disfrutaba invitando a los visitantes y mochileros a tomar algún té o café en su casa. Ellos le tocaban preguntando cómo a ir a un lugar, y ella los invitaba a pasar. Explica con humor que, al final, para muchos era más entretenido quedarse con ella. Pero también con naturalidad, que a ella siempre le gustó esa dinámica. Así desde 1997 se empezó a dedicar formalmente al turismo y no paró más. Luego se para, accede a algunas fotos, y nos lleva a su patio, luciendo su premio y mostrándonos los rincones de su casa.

Señora María Luisa Maldonado, agroturismo ©Verónica Droppelmann (4)
Cocina de María Luisa Maldonado ©Verónica Droppelmann 

Pero además de tener este acercamiento al agroturismo, antes de llegar a la casa de María Luisa, tuvimos nuestro último acercamiento a los parques naturales, con el Parque Mawunko. En él sus guías nos esperan para contarnos sobre la labor de este lugar inaugurado hace poco: mantener la provisión de agua de Ancud. Lo hacen a través de un plan que involucra conservación, restauración y convivencia con la ganadería, conectando siempre con el concepto del agua y la importancia de las napas subterráneas en la isla. Si bien nosotros visitamos sólo una primera parte (el mirador de los Mares y El Mañío), donde nos explicaron la importancia de la misión de este lugar y la zona de restauración del bosque, desde el parque ofrecen un recorrido guiado por el bosque hacia una cascada que puede durar cerca de 5 horas.

Parque Mawunko ©Verónica Droppelmann (4)
Parque Mawunko ©Verónica Droppelmann 
Parque Mawunko ©Verónica Droppelmann (5)
Proyecto de restauración de bosque nativo ©Verónica Droppelmann 
Parque Mawunko ©Verónica Droppelmann (6)
Mañío ©Verónica Droppelmann 

Pero nosotros tenemos que continuar. Nos despedimos de María Luisa, Enriqueta, Fernando, la señora Laura, los guías locales, quienes nos abrieron la puerta de sus trabajos, hogares costumbres y tradiciones. Es que, en ellos y la naturaleza de esta isla, está la verdadera magia de Chiloé.

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*Agradecemos la guía en este viaje de Turismo Pacífico, con la compañía de nuestro guía Matías, Andrea y Valentina.

*Agradecemos a Latam Airlines, que nos brindó apoyo para poder realizar este viaje en la semana del turismo de forma segura y con todas las precauciones necesarias, para difundir y potenciar la reactivación del turismo local de Chiloé.

*Recuerda que uno es un visitante. Llévate tu basura e infórmate sobre los lugares que visitas antes de llegar.