OPINIÓN | En la conmemoración de los 100 años de parques nacionales de Chile, una reflexión: Conservación ambiental y desarrollo
A 100 años de la creación del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, hoy se publicó en El Mercurio una columna firmada por representantes de Fundación Parque Tantauco, Fundación ReWilding Chile, Ladera Sur, The Nature Conservancy (TNC) Chile y The Pew Charitable Trusts, que plantea la necesidad de seguir fortaleciendo la conservación como una política para el futuro del país.
Hace cien años, Chile tomó una decisión visionaria. La creación del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales inició una política de Estado que, sostenida por distintos gobiernos, permitió construir un patrimonio natural de gran valor para el país. Hoy, las más de 140 áreas protegidas administradas por el Estado —que incluyen parques nacionales, reservas nacionales y monumentos naturales, entre otras— abarcan 18,8 millones de hectáreas terrestres, equivalentes a cerca del 21% del territorio continental e insular, y más del 40% de su zona económica exclusiva en el mar, lo que nos sitúa entre los países que más han avanzado en protección oceánica.
A este esfuerzo estatal, se suman las iniciativas privadas que comparten la visión de la naturaleza como activo estratégico, creando un sistema de conservación público y privado que protege bosques templados, desiertos, humedales, turberas, glaciares, montañas, islas, ecosistemas marinos y costeros, que resguarda una parte relevante de los 88 ecosistemas presentes en nuestro país.




Los parques nacionales son también infraestructura económica. Sus bosques, humedales y cuencas regulan el ciclo del agua, protegen suelos, reducen la erosión, capturan carbono y amortiguan inundaciones, sequías y otros eventos extremos.
Estos servicios sostienen ciudades, agricultura, generación energética y actividades productivas que dependen de ecosistemas saludables. Cuando una cuenca se degrada, el impacto se refleja en escasez hídrica, pérdida de productividad, incendios más destructivos y mayor vulnerabilidad territorial.
El impacto más visible de la conservación ambiental se encuentra en el turismo. En 2025, el turismo representó directamente el 2,8% del PIB nacional y generó el 7,6% del empleo, con más de 723 mil personas ocupadas, y también generó más de US$ 4.100 millones en ingresos. Una parte importante de ese valor se origina en la naturaleza. Los parques nacionales movilizan alojamiento, transporte, gastronomía, comercio, guías, servicios turísticos y emprendimientos locales, especialmente en regiones donde siempre se necesitan más actividades capaces de generar ingresos.




Conservar el patrimonio ambiental y desarrollar modelos de desarrollo económico son objetivos compatibles cuando existen reglas y capacidad de gestión. La experiencia internacional muestra que las áreas protegidas bien gestionadas pueden convertirse en motores de desarrollo local. Pero para ello es indispensable evitar que los destinos se deterioren por sobrecarga, falta de infraestructura o ausencia de planificación. La inversión debe considerar senderos, centros de visitantes, gestión de residuos, conectividad, seguridad, accesibilidad y capacitación de las comunidades.
La futura puesta en marcha del Servicio de Biodiversidad y Areas Protegidas abre una oportunidad histórica. La nueva institucionalidad debe integrar áreas terrestres, marinas, públicas y privadas, superar la fragmentación administrativa y asegurar estándares comunes. El desafío será dotarla de financiamiento estable porque la conservación efectiva exige planes de manejo, fiscalización, monitoreo científico, restauración ecológica, prevención de incendios, control de especies invasoras y una relación permanente con las comunidades que habitan en torno a estas áreas.




El centenario del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales es una gran oportunidad para celebrar lo avanzado e inaugurar un nuevo compromiso nacional. La protección de la naturaleza es un activo estratégico que debemos potenciar. Invertir en conservación significa fortalecer la seguridad hídrica, la resiliencia climática, el turismo, el empleo regional y la competitividad futura de Chile. Los próximos cien años de conservación en Chile nos plantean el enorme desafío de ser capaces de cuidar este patrimonio y, al mismo tiempo, convertirlo en una mayor fuente de bienestar compartido.
Firmantes:
Magdalena Piñera
Presidenta Fundación Parque Tantauco
Carolina Morgado
Directora Ejecutiva Fundación Rewilding Chile
Martín Del Río
Fundador y Director Ladera Sur
Juan José Donoso
Director The Nature Conservancy (TNC) Chile
Francisco Solís Germani
Director The Pew Charitable Trusts
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