OPINIÓN | Día Nacional del Medio Ambiente: Aprender a habitar los tiempos de la naturaleza
Frente a un planeta cuyos límites ambientales son cada vez más presionados, Mauricio Aguayo Arias, decano de la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad de Concepción e investigador del Centro EULA-Chile, plantea la necesidad de tomar decisiones que consideren los tiempos de recuperación de la naturaleza y la responsabilidad de nuestra generación frente a las consecuencias de nuestras acciones.
¿Cuánto tiempo necesita la naturaleza para reparar lo que nosotros podemos destruir en pocos años? La pregunta encierra uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Mientras nuestras decisiones políticas, económicas y personales se toman en escalas de años o décadas, los procesos que sostienen la vida se desarrollan muchas veces durante siglos, milenios o millones de años.
Este Mes de la Sostenibilidad, es una oportunidad para mirar más allá de los problemas ambientales que enfrentamos cotidianamente. El desafío no consiste únicamente en reducir la contaminación, conservar una especie o proteger un ecosistema. Implica comprender que nuestra capacidad para transformar la naturaleza ha crecido mucho más rápido que nuestra capacidad para dimensionar sus consecuencias.
La evidencia científica es clara. Siete de los nueve límites planetarios ya han sido transgredidos, según el reciente informe Planetary Health Check 2026, y todos ellos alcanzan sus mayores niveles de transgresión registrados. Sin embargo, este diagnóstico no debe conducirnos al pesimismo. La experiencia demuestra que la ciencia, la cooperación y las políticas públicas basadas en evidencia pueden revertir trayectorias ambientales negativas. La recuperación de la capa de ozono es un ejemplo emblemático.
En este contexto, la confianza ciudadana en la ciencia constituye un activo fundamental. El informe de percepción sobre cambio climático del PNUD muestra que la comunidad científica y académica es reconocida en Chile como el actor con mayor preparación para enfrentar este desafío. Existe así una base de confianza para fortalecer la relación entre conocimiento científico, decisiones públicas y participación ciudadana.
La Agenda 2030 expresa este esfuerzo colectivo. Sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible buscan avanzar simultáneamente en bienestar social, desarrollo económico y protección ambiental. Desde 2015 se han registrado avances en ámbitos como agua, saneamiento, energía y protección social. Sin embargo, el balance de Naciones Unidas en 2026 muestra que el mundo avanza demasiado lentamente para cumplir las metas comprometidas para 2030, mientras algunas incluso han retrocedido respecto de 2015.
Chile tampoco está al margen. En los últimos años ha fortalecido su institucionalidad ambiental y desarrollado nuevas herramientas frente al cambio climático, la protección de la biodiversidad y la transición energética. La Ley Marco de Cambio Climático, el primer Plan de Adaptación al Cambio Climático para los Recursos Hídricos y la Estrategia Nacional de Biodiversidad 2025–2030 son ejemplos de esta evolución, junto con el crecimiento sostenido de las energías renovables. Sin embargo, el verdadero desafío comienza cuando estas decisiones se traducen en acciones concretas en los territorios.
Aquí aparece una dimensión que a veces olvidamos: el tiempo. La diferencia entre la escala temporal de nuestras decisiones y la de los procesos naturales constituye uno de los grandes riesgos de nuestra época. Podemos degradar un ecosistema en pocos años, pero su recuperación puede requerir décadas o siglos.
Por eso, la sustentabilidad no es solamente un desafío tecnológico, económico o político. Es también un desafío temporal. Necesitamos aprender a tomar decisiones pensando más allá de nuestra propia escala de vida. Habitar los tiempos de la naturaleza significa comprender que nuestras decisiones son solo un pequeño capítulo de una historia que comenzó mucho antes que nosotros y continuará mucho después.
La responsabilidad de nuestra generación es procurar que ese capítulo no sea recordado por haber llevado al planeta más allá de sus límites, sino por haber comprendido, a tiempo, que nuestro bienestar depende de la capacidad de la naturaleza para sostener la vida.

Mauricio Aguayo Arias