El 19 de noviembre de 2025, el desastre ambiental del Lago Chungará —vertimiento de más de 20 mil litros de aceite de soya en el Parque Nacional Lauca— tuvo como primeras afectadas a las aves que habitan este ecosistema. Según se informó oficialmente en ese entonces, dentro de las especies involucradas había taguas gigantes, chicas, blanquillos, patos puna y jergones. En un principio, SAG trasladó decenas de aves a la Región de Tarapacá.

Ingreso de la Tagua al Cerego
Ingreso de la tagua al CEREGO. Créditos: CEREGO.

En ese contexto, el equipo del Centro de Rehabilitación y Reinserción de Golondrinas de mar y fauna silvestre de Iquique (CEREGO), recibió una tagua gigante el 24 de noviembre.

«Al momento del ingreso, aproximadamente un 70% de su plumaje se encontraba cubierto por el contaminante oleoso. En aves acuáticas, esta condición es especialmente grave, ya que compromete la impermeabilidad del plumaje, la flotabilidad y la capacidad de termorregulación. Además, existe el riesgo constante de ingestión del contaminante durante el acicalamiento, pudiendo generar alteraciones digestivas y dificultades en la absorción de nutrientes», comenta Ignacio Ramírez, desde el centro de rehabilitación.

Tagua en rehabilitación
Tagua en rehabilitación. Créditos: CEREGO.

Las primeras semanas fueron las más delicadas del proceso. Antes de realizar cualquier procedimiento de limpieza, fue fundamental estabilizarla clínicamente, asegurando una adecuada hidratación, soporte metabólico y condición corporal suficiente para tolerar el estrés del manejo”, agrega el profesional. En esa etapa, lo que se intentó fue reducir al mínimo el impacto del cautiverio y preparar al ejempla para enfrentar un proceso de descontaminación seguro.

Ingreso y primeros auxilios a la tagua.
Ingreso y primeros auxilios a la tagua. Créditos: CEREGO.

Una vez estabilizada, se inició el proceso de limpieza del plumaje mediante baños seriados controlados, siguiendo protocolos específicos para fauna afectada por contaminación oleosa, hasta lograr la remoción completa del contaminante. Luego, el trabajo se centró en la impermeabilización natural de su plumaje, lo que significó, según detalla Ignacio, «semanas de monitoreo, ajustes nutricionales y trabajo en recinto externo con acceso a agua, estimulando el acicalamiento y la producción del aceite natural a través de la glándula uropigial»

Plumaje de afectado de la Tagua.
Plumaje de afectado de la tagua. Créditos: CEREGO.

Con ello, logró recuperar su flotabilidad, comportamiento natural y una respuesta evasiva adecuada a la presencia humana. Con ello, alcanzó parámetros para liberación, por lo que se trasladó a un cuerpo de agua con características acordes a su hábitat.

«Para nosotros, este caso no solo representa una liberación exitosa. Es también un recordatorio de la vulnerabilidad de los ecosistemas altoandinos frente a eventos antrópicos y de cómo un accidente puntual puede desencadenar consecuencias significativas para la fauna silvestre. Asimismo, refleja la importancia del trabajo coordinado entre rescatistas en terreno, autoridades y centros de rehabilitación, donde cada eslabón es fundamental para que un proceso como este llegue a buen término», asegura Ignacio, para finalizar:

Video de la Tagua siendo liberada en el Lago Chungará. Créditos: SEREGO.

«Los ecosistemas altoandinos son ambientes frágiles, con dinámicas ecológicas particulares y especies altamente adaptadas a condiciones extremas. Su protección es clave para evitar que eventos de este tipo sigan afectando a una fauna que depende estrechamente de la calidad y estabilidad de estos cuerpos de agua».

*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.

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