Tras varios años de trabajo, el Laboratorio de Oceanografía Desértica Costera (LODEC) del Centro Científico CEAZA registró la presencia del inusual organismo marino Pyrosoma atlanticum frente a la Isla Chañaral de Aceituno, un hallazgo poco frecuente para las aguas costeras de Chile. El registro, obtenido por primera vez en octubre de 2025, se produjo durante las campañas oceanográficas rutinarias —o “series de tiempo”— de monitoreo que el equipo mantiene en la zona.

El Pyrosoma, cuyo nombre significa literalmente “cuerpo de fuego”, es un organismo planctónico gelatinoso conocido por su capacidad de emitir luz bioluminiscente, generando un llamativo espectáculo natural.

“Desde el punto de vista ecológico, se trata de una especie gelatinosa colonial pelágico, es decir, se encuentra en los primeros 200 metros del océano, y puede tener un efecto en la abundancia de organismos planctónicos, principalmente fitoplancton, pudiendo competir por alimento con larvas de peces y otros filtradores”, explica el doctor Víctor M. Aguilera Ramos, integrante del grupo de investigación.

El investigador señala además que una de las preguntas centrales que buscan responder desde 2021 es qué hace tan diverso a este ecosistema y cómo, a partir de ese conocimiento, es posible proyectar su sustentabilidad. En ese marco, el trabajo se ha enfocado en el levantamiento de líneas base mediante el seguimiento sistemático de condiciones ambientales y biológicas.

Desde otra perspectiva, Aguilera plantea una interrogante clave que hasta ahora no ha sido suficientemente visibilizada: si es posible afirmar que este fenómeno es realmente inusual. A su juicio, el equipo se encuentra aún en una etapa inicial de conocimiento de este hotspot de diversidad en términos de oceanografía, ecología y biogeoquímica marina. Si bien el monitoreo lleva solo algunos años, el valor de las series de tiempo ambientales radica en que permiten realizar comparaciones progresivas en el tiempo.

En esa línea, el investigador Pablo Gorostiaga, quien se encuentra a cargo del equipo, sostiene que la detección de hallazgos poco habituales podría estar asociada a múltiples procesos o eventos aún no del todo identificados, propios de un ambiente altamente dinámico y complejo. Advierte que la falta de información suficiente limita una interpretación precisa de lo que ocurre en estos ecosistemas, lo que refuerza la importancia de mantener monitoreos permanentes. Este seguimiento permite generar evidencias sobre la variabilidad ambiental y las características del sistema, además de entregar insumos para anticipar y enfrentar posibles cambios ambientales.

Ambos investigadores se preparan para una nueva salida al Archipiélago este fin de semana, ya que aún queda trabajo por delante. En particular, continúan ajustando los aspectos metodológicos necesarios para determinar las abundancias de estos organismos, cuyas características gelatinosas requieren procedimientos específicos que el equipo está incorporando en su laboratorio, mientras conservan las muestras, explica Gorostiaga.

En Chile, los únicos registros previos de Pyrosoma atlanticum databan de 2004 y se habían producido en océano abierto, por lo que su presencia persistente desde octubre de 2025 en el Archipiélago de Humboldt ha despertado un gran interés científico. Se trata de un ecosistema altamente productivo y, al mismo tiempo, sensible a cambios ambientales, lo que vuelve especialmente relevante comprender los factores que podrían estar influyendo en esta aparición.

Según explica Aguilera, aunque estos organismos suelen asociarse a aguas cálidas y oceánicas, los datos disponibles no muestran un calentamiento atípico en el archipiélago durante la actual temporada estival. Tanto la serie de tiempo del monitoreo local como los productos satelitales indican que la zona se mantiene bajo condiciones de La Niña, lo que descarta, por ahora, un aumento anómalo de temperatura como causa directa. En cambio, una de las hipótesis que se evalúa es la mezcla con aguas oceánicas, favorecida por la presencia de un remolino ciclónico en torno a la isla Chañaral, una estructura de mesoescala que podría estar facilitando el ingreso de estas aguas hacia la costa, especialmente al norte de la isla.

©Explorasub/César Villaroel
©Explorasub/César Villaroel

El investigador añade que la bioluminiscencia observada en estos organismos gelatinosos es un fenómeno relativamente común dentro de este grupo y está asociada a una bacteria simbionte que, al oxidar ciertas moléculas, libera energía en forma de luz. Este proceso requiere aguas bien oxigenadas, una condición considerada dentro de los análisis en curso. Actualmente, el equipo se encuentra cuantificando la abundancia y la distribución vertical y temporal de estos organismos, con el objetivo de interpretar los resultados a la luz de las condiciones oceanográficas locales y de mesoescala. Estos estudios forman parte del monitoreo regular que se realiza en el Archipiélago de Humboldt y buscan comprender procesos que podrían repetirse a baja frecuencia, en escalas de años.

En otros ecosistemas, eventos de alta abundancia de este organismo han demostrado capacidad para modificar las relaciones ecológicas del plancton, por lo que su monitoreo resulta clave para anticipar posibles impactos. En ese contexto, CEAZA continuará analizando los datos con el fin de aportar información relevante a la comunidad científica, autoridades y actores locales, reforzando la importancia de la observación continua del océano en un escenario de cambio climático.

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