Hace alrededor de 20 mil años atrás comenzó el último avance glacial en Sudamérica que mantuvo congelada por mucho tiempo a la Cordillera de los Andes de Chile Central. Ecosistemas completos tuvieron que buscar protección en zonas más templadas como la Cordillera de la Costa. Ahí, las comunidades de plantas y otros seres vivos encontraron un refugio mientras los Andes seguía con bajas temperaturas. En una de esas cumbres que permitió el resguardo de varias especies se encuentra el Santuario de la Naturaleza Altos de Cantillana, lugar con un pasado milenario que guarda la historia que solo la puede narrar la naturaleza.

Bosque de robles de Altos de Cantillana, especie catalogada como vulnerable. Créditos: Matías Villalobos.
Bosque de robles de Altos de Cantillana, especie catalogada como vulnerable. Créditos: Matías Villalobos, guardaparque de la Reserva Natural Altos de Cantillana.

El Santuario se compone de 2.743 hectáreas que se levantan hasta los 2.288 m.s.n.m. en el Cerro Cantillana. Aquí las vistas panorámicas hacia la cordillera de los Andes y hacia la costa toman protagonismo y además es posible ver los bosques de roble de Santiago (Nothofagus macrocarpa) y las comunidades de vegetación andina, especies de gran valor ecológico que vivieron un largo proceso de adaptación al clima mediterráneo de la zona central.

A medida que uno asciende al Santuario, las mesetas y cordones se unen para dar un espectáculo único gracias a la cercanía de las nubes, la forma de los cerros y una variedad de colores que combina los grises y ocres de las rocas con los diversos tonos de la vegetación, principalmente bosquetes de robles, mezclados con especies esclerófilas y también con el matorral andino. Pareciera que este paisaje está escondido, ya que posee especies endémicas con características únicas. Sin duda, el lugar no pertenece al imperio del ser humano y hay una tranquilidad infinita.

Altos de Cantillana fue declarado Santuario el año 2010 por el Consejo de Monumentos Nacionales, dependiente del Ministerio de Educación y se ubica en las comunas de Alhué y Melipilla, ambas pertenecientes a la provincia de Melipilla, Región Metropolitana. El Santuario forma parte de las áreas protegidas por la Reserva Natural Altos de Cantillana, que a lo largo de los años trabaja por conservar el territorio con un alto grado de endemismo y riqueza ecológica.

Impensado para muchos, en el Santuario se encontró la presencia de Leucheria cantillanensis, especie que fue descrita hace poco más de un año. También es posible ver la Huallipatagua o Naranjillo (Citronella mucronata), vertebrados terrestres como el lagarto gruñidor de Valeria (Pristidactylus valeriae), el lagarto leopardo de Cantillana (Liolaemus frassinetti), gatos guiñas (Leopardus guigna) y un sinfín de otras especies que le dan vida a cada rincón del santuario.

Lagarto Gruñidor de Valeria, vertebrado que es solo es posible encontrar en las cumbres de Cantillana. Matías Villalobos, guardaparque de la Reserva Natural Altos de Cantillana.
Lagarto Gruñidor de Valeria, vertebrado que es solo es posible encontrar en las cumbres de Cantillana. Matías Villalobos, guardaparque de la Reserva Natural Altos de Cantillana.

Por lo mismo, para proteger cada uno de los organismos que habitan en ella, a principios de los 2000 el propietario Joaquín Solo de Zaldívar vio la necesidad de generar un proyecto que conservara lo que él nombró intuitivamente “Museo Vivo”, por el gran valor del patrimonio natural existente. En el camino se fueron sumando distintos propietarios y actualmente trabaja un equipo multidisciplinario de guardaparques que han dado parte de sus vidas por amor al lugar. La tarea no fue fácil, Cantillana era un lugar de paso común para muchas personas locales y existía un daño creciente que había iniciado muchos siglos atrás.

Hace 150 años, gran parte del cordón montañoso estaba destinado a la producción, siendo un área importante que proveía de carne, carbón y otros víveres a la ciudad de Santiago. La denominada hacienda Aculeo incluso llegaba a las mesetas de los Altos. Los animales subían sin supervisión y antes de que comenzara la época de nevazones los animales eran arreados a la parte baja. También era súper común ir con armas por los “refugios de maleantes o cuatreros” como dice la gente local, de los que había que tener cuidado.

Artículo relacionado
Diversidad climática y paisajística de Chile: ¿Por qué?
Créditos: Reserva Natural Altos de Cantillana.
Créditos: Reserva Natural Altos de Cantillana.

Los tiempos han cambiado. Si bien ya no hay hacienda ganadera y tampoco se permiten fogatas o reuniones masivas, el trabajo de conservación es más necesario que nunca en el Santuario pues siguen existiendo una gran cantidad de problemas que ponen en riesgo a una zona única a nivel mundial. Para eso la Corporación Altos de Cantillana administra un área de protección voluntaria donde se han implementado una serie de programas enfocados en el cuidado y la puesta en valor de la biodiversidad del territorio.

Una lucha constante

En pleno contexto de sequía que afecta a la zona central, uno de los principales objetivos de la Corporación es lograr un manejo orientado a la conservación, para eso es fundamental planificar la gestión a largo plazo. El equipo de la Reserva Natural Altos de Cantillana, a través de su plan de manejo, identificaron los elementos representativos de la biodiversidad y determinaron sus amenazas directas, información necesaria para establecer las acciones a tomar que permitieran mitigar su impacto.

La Reserva Natural Altos de Cantillana cuenta con 8 objetos de conservación, y los que más destacan en el Santuario son los bosques de roble de Santiago y las comunidades de vegetación andina, proveedoras de múltiples servicios ecosistémicos. En cuanto a las vegas de altura están dominadas por Cyperáceas y Juncáceas, que, debido al daño causado por el ganado, se ha dificultado identificar las especies.

Funga de la Reserva Altos de Cantillana. Felipe Cabellos, Reserva Natural Altos de Cantillana.
Funga de la Reserva Altos de Cantillana. Felipe Cabellos, Reserva Natural Altos de Cantillana.

Si bien se trabaja constantemente para controlar las amenazas que afectan al Santuario de la Naturaleza y las otras cerca de 10 mil hectáreas que componen el área de conservación, la acción humana está presente directa o indirectamente en todo el sector. Mientras se contiene un problema surgen dos o tres más.  Ejemplo de aquello es la instalación de predios de uso inmobiliario que afectan las áreas colindantes a la Reserva. También hay personas que suben a Cantillana ilegalmente con malos hábitos, turistas informales o arrieros que muchas veces cortan leña, dejan basura o residuos, recolectan especies nativas, dañando el equilibrio de los distintos ecosistemas presentes en la Reserva.

Una de las prácticas ilegales más peligrosas es la realización de fuego, aumentando el riesgo de incendio forestal. Esto no solo ataca un objeto de conservación, sino que altera toda la composición, estructura y función de los ecosistemas. Esta es una de las amenazas de mayor alcance y gravedad de la Reserva, por su alto impacto negativo a la biodiversidad. Las especies con baja recuperación son las más afectadas, como por ejemplo el belloto del norte (Beilschmiedia miersii).

Aves rapaces en la Reserva, fundamentales en el equilibrio de los ecosistemas. Matías Villalobos, guardaparque de la Reserva Natural Altos de Cantillana.
Aves rapaces en la Reserva, fundamentales en el equilibrio de los ecosistemas. Matías Villalobos, guardaparque de la Reserva Natural Altos de Cantillana.

Aunque en los predios de la Reserva no existe actividad minera, sí existe lo que se conoce como pertenencia minera. Los propietarios del suelo son unos, pero en el subsuelo hay inscripciones que están a nombre de otras personas ajenas a la labor de conservación. Estas pertenencias le permiten iniciar una exploración o eventualmente una explotación minera, una amenaza constante a la biodiversidad.

La esperanza puesta en la conservación

Un museo vivo, así se ha llamado metafóricamente a Altos de Cantillana. En él se dan condiciones únicas que permiten la subsistencia de especies que no hay en otros lugares del planeta. En este museo no hay vitrinas o paneles, el tesoro se observa a través de los procesos geológicos y biológicos de miles de años. Sus bosques, cerros y quebradas guardan un patrimonio natural y cultural de alto valor, sumando también los servicios ecosistémicos que provee como la limpieza del aire, la provisión de agua, indirectamente la producción de alimentos y mucho más.

Artículo relacionado
La importancia de proteger el Santuario de la Naturaleza El Ajial

Un programa fundamental para asegurar la conservación del refugio de los Andes centrales es el trabajo con las comunidades aledañas, siendo un grupo objetivo los arrieros y su manejo del ganado. Este último genera diferentes impactos en los ecosistemas como erosión, perturbación de la vegetación y disminución de la regeneración de especies vegetales, no obstante, también es una actividad tradicional en la zona que se debe considerar para avanzar hacia una conservación efectiva y colaborativa.

Presencia de fauna nativa en el Santuario. Matías Villalobos, guardaparque de la Reserva Natural Altos de Cantillana.
Presencia de fauna nativa en el Santuario. Matías Villalobos, guardaparque de la Reserva Natural Altos de Cantillana.

La Reserva junto con las comunidades de arrieros de Los Hornos y Rangue desarrollaron un sistema para proteger la biodiversidad y disminuir los impactos que la actividad ganadera puede generar. Se han realizado charlas sobre biodiversidad, tenencia responsable de mascotas, buenas prácticas del visitante y se han creado sitios de exclusión de ganado, lo que permite que las personas también se hagan parte de la labor de conservación.

Cabe destacar que el Santuario Altos de Cantillana forma parte de la Red de Santuarios de la Naturaleza de la Región Metropolitana, asociación colaborativa que ha permitido mejorar el manejo de las áreas y compartir experiencias en torno a la conservación de ecosistemas mediterráneos.

Tristagma sp. Créditos Reserva Natural Altos de Cantillana.
Tristagma sp. Créditos Reserva Natural Altos de Cantillana.

Además, para dar a conocer la importancia del Santuario, la Reserva ha trabajado desde sus inicios fortaleciendo el programa de educación ambiental que se hace en las escuelas de Rangue y Pintué. Si bien las acciones de educación ambiental comenzaron en el año 2005 en el territorio, en 2016 se logró establecer un programa de educación a largo plazo con las dos escuelas.

Niños y niñas han podido subir por los senderos aprendiendo a ser conscientes de la naturaleza que sobrevive a pocos metros de sus casas. A través de distintas metodologías, desarrollan habilidades vinculadas al programa escolar pero también se vinculan con sus raíces. Luego de diez años de arduo trabajo, el área de educación de la Reserva está pronto a sacar un libro que recopila toda su experiencia sobre la formación ambiental y que motiva a avanzar juntos por regenerar la relación entre las personas y sus ecosistemas. Este es el camino.

Además de las actividades con escuelas, la Reserva también desarrolla excursiones guiadas para dar a conocer la biodiversidad de Cantillana. Créditos: Reserva Natural Altos de Cantillana.
Además de las actividades con escuelas, la Reserva también desarrolla excursiones guiadas para dar a conocer la biodiversidad de Cantillana. Créditos: Reserva Natural Altos de Cantillana.

El cambio climático ha modificado los paisajes inexorablemente y el estilo de vida actual continúa acelerando este proceso y degradando ecosistemas enteros. Ya no solo es un cambio, es una crisis. Urge generar consciencia en las comunidades sobre la importancia de conservar la naturaleza y los desafíos que implican adaptarse a esta nueva realidad. Es por esto que el trabajo en conjunto y la educación ambiental se vuelven vital. Hoy más que nunca es necesario conocer para actuar.

El Santuario de la Naturaleza Altos de Cantillana es parte de uno de los recorridos de la Reserva. Si bien su superficie está abierta al público, existe un sistema de ingreso que permite asegurar su conservación.  Solo hay una ruta de acceso que se realiza por la comuna de Paine, cuenca de Aculeo, y para coordinar visitas o consultas está disponible el correo de la Reserva Altos de Cantillana info@altosdecantillana.org. También están disponibles las redes sociales @altosdecantillana donde se informa cambio de horarios y cierres debido a condiciones climáticas.

Comenta esta nota

Comenta esta nota

Responder...