Recientemente, Isabel “Polli” Aguirre emprendía el camino hacia una aventura alucinante. Conocería una porción de la Carretera Austral, en un recorrido que sola no podría hacer. Estaba emocionada. Era algo que hace 21 años, después de sufrir un accidente automovilístico que la dejó parapléjica, es decir, sin movilidad desde el esternón hacia sus extremidades inferiores, simplemente no se hubiera imaginado vivir. Una experiencia como esta es de esas “barreras” -como le dice ella- que existen en el “después” del hito que marcó su vida. Pero hoy sabe que es posible, aunque no siempre las cosas salen como uno espera. 

Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga
Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga

Así ha sido desde 2001. Después de su accidente, recuperación y rehabilitación, Polli decidió perseguir una carrera en el tenis profesional en silla de ruedas, pero lo dejó por el nacimiento de sus dos hijas. Posterior a este deporte, Isabel conoció Wheel the World (WTW), una empresa que tiene como propósito hacer el mundo más accesible, a través del diseño e implementación de experiencias para viajeros con discapacidades. Este acercamiento fue cuando Polli vio que realizaron un primer viaje en silla Joëlette a Torres del Paine y reconoció a un compañero de rehabilitación en esa silla: Álvaro Silberstein. Él fue quien fundó WTW y verlo haciendo el circuito “W” era una señal de que sus barreras autoimpuestas se podían derribar. Entonces, quiso aportar desde su experiencia y nunca más se fue de la empresa. Actualmente es gerente sénior de impacto de la marca. 

Con eso, su camino ha sido uno de grandes sorpresas y ayuda para que absolutamente todos puedan disfrutar de los paisajes y conexión con la naturaleza sin ningún impedimento.

Enfrentarse a una paraplejia

En 2001 Polli tenía 18 años. Una noche, luego de asistir a un cumpleaños, se subió a un Volkswagen Gold que conducía su hermano. Ella iba detrás del asiento del copiloto. En lo que pareció una fracción de segundos, una micro venía en sentido contrario. Había doblado en luz roja. El conductor del auto quiso hacer el quite, pero no lo logró por completo. Fue Polli quien se llevó gran parte del impacto: eso resultó en una fractura de columna y el corte de su médula espinal.

Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga
Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga

Le siguieron unas largas semanas de atención médica. La operaron y buscaron estabilizar la columna. En ese proceso, un día, su doctor tocó la puerta. Le preguntó si creía en Dios. Ella dijo que sí. Empezaron a rezar un Padre Nuestro. Llegaron hasta pronunciar “hágase su voluntad”. “Esta es la voluntad”, le dijo su doctor. Polli entendió que nunca más volvería a caminar. “Démosle para adelante”, aseguró ella. 

“Asumí que, en el fondo, lo que me pasó es parte de la vida y que con las cosas no están escritas. Todo puede pasar y hay que tomar las cosas de mejor manera. Quería seguir moviéndome rápido. Entonces llegaba una semana en la que ya me quería sentar en la silla y el doctor me decía que mejor la próxima. Cuando pasaba el tiempo, me decía que la siguiente.  Podía pasar un mes esperando. Obviamente era porque tenían que esperar que la columna se estabilizará bien. Llega el minuto en el que me voy a sentar y fue un choque bien fuerte porque claro, te pasan a una silla y no te puedes sentar porque tienes que empezar a fortalecer los músculos que te quedan activos. Entonces, empezó la rehabilitación. Eso duró aproximadamente un año y medio, durante mañana y tarde, todos los días, de lunes a viernes”, recuerda Polli.

Aprendió nuevamente cosas como ir al baño y vestirse sola. Sus padres decidieron construir una casa con espacios más amplios para su movilidad. “Lo que sí doy gracias todavía es que la lesión fuera más baja y me permitiera mover los brazos. Eso me ayuda a tener cierta independencia, que se desarrolló con el tiempo y la rehabilitación. Hoy voy a todos lados”, reflexiona.

Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga
Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga

-Con el tiempo te dedicaste al tenis profesional en silla de ruedas durante casi seis años. ¿Tuviste que aprender el deporte desde cero? ¿Cómo fue este cambio de perspectiva al aprender un deporte?

– Yo igual jugaba tenis antes del accidente, entonces por lo menos algo entendía del deporte. Pero en silla igual es difícil porque tenía que aprender a mover la silla con la raqueta y no es como que uno ponga la raqueta encima, se mueva, toma la raqueta y pega. Debes aprender a llevar la raqueta siempre en la mano y estar moviéndote constantemente, porque si dejas de hacerlo es partir desde la inercia. Uno ya lo ve un poco más fácil porque llevo mucho tiempo. Al principio difícil, pero lo rico es que cada vez que le pegaba bien a la pelota, era como: “¡Ahhh, quiero más!” Daba lo mismo lo difícil que fuera, iba a tener ese minuto. Hubo entrenamiento súper constante, varias veces a la semana, fui agarrando el training, aprendiendo a moverme y a desplazarme en la cancha.

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Como tenista de silla de ruedas profesional, Polli viajó a distintas partes del mundo. Representó a Chile en dos mundiales. Y, sobre todo, disfrutó todo el proceso. Pero le costó llegar a él. Luego del accidente, sabía que el deporte existía, pero no dónde hacerlo en Chile. Un día, un profesor que realizaba su tesis en este deporte la invitó a participar del proyecto. Desde ahí no paró hasta que en 2013 quedó embarazada de su primera hija. Cuando ella cumplió un año, decidió volver. Sin embargo, otra hija venía en camino. Entonces, decidió dejar el deporte porque el tiempo de crianza, entrenamiento y viaje ya no eran compatibles. Ahí dijo que era suficiente.

Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga
Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga

Al poco tiempo, otro hito marcaría su vida. Mientras cuidaba a su segunda hija, veía las noticias y reconoció a un viejo conocido en la televisión. Era Álvaro Silberstein, fundador de Wheel the World, y un ex compañero de rehabilitación. Lo observó sentado en una silla adaptada para trekking, cargada por un equipo que lo llevaba a conocer las Torres del Paine. “Estaba alucinada. Era épico que pudiera hacer el circuito “W” estando sujetado de una silla. Era algo que después del accidente veía muy difícil. Estaba como resignada a un acercamiento tan real a la naturaleza”, comenta.

Entonces le escribió a Álvaro. Le dijo que le encantaría ayudar, sin saber mucho cómo porque es fonoaudióloga de profesión. Pero las ganas de aprender estaban. “Era algo que me motivaba mucho. No solo por tener la posibilidad de abrir caminos en la naturaleza, sino que porque desde que tuve el accidente, siempre lo tomé bien y tenía ganas de ayudar desde mi experiencia.  Aportar desde Wheel the World tenía mucho sentido. Me dieron una posibilidad enorme y me cambiaron mi visión del mundo, en el sentido de que muchas cosas se pueden lograr”, explica Polli.

El turismo inclusivo

El primer viaje al que Polli asistió trabajando en Wheel the World, fue a Machu Picchu. Esa era una de las barreras que se había puesto. Pero pudo ir a un lugar impactante a la vista, subirse a la silla y ver el compromiso del equipo que la llevaba. Todos tenían las ganas de que funcionara. Así lograron llegar a la Puerta del Sol. Ese era un lugar que veía en fotos y que jamás se imaginó que llegaría a conocer. Era el recorrido que ahora se conoce como One Day Inca Trail.

En paralelo, Polli se dedicó a la organización de la feria virtual inclusiva enfocada a inclusión laboral, de la que fue directora ejecutiva durante cuatro años. Luego, desde 2019, empezó a dedicarse a la organización de actividades mensuales inclusivas. Hacía surf en la playa la Boca o Salinas de Pullaly (Región de Valparaíso). Después parapente a Maitencillo. Y muchas otras más actividades, como rafting, trekking, cycling y distintas actividades al mes. “Fue súper duro porque al final ahí es donde tienes más relación con la gente, porque invitábamos siempre entre cinco y diez participantes. Era una sensación muy buena porque muchos no sabían que se podía hacer este tipo de actividades y deportes adaptados, entonces es como abrir un poco la mente. Eso llena mucho el corazón”, dice Polli.

– ¿Están los operadores turísticos capacitados para ayudar en estos deportes adaptados?

-Claro, nosotros trabajamos con operadores en cada lugar. Buscamos gente que más o menos tenga algún conocimiento. El resto nosotros lo apoyamos y capacitamos, obviamente dentro de nuestro conocimiento. Aparte en estos últimos años hemos ido dejando equipamiento en distintos lugares. Por ejemplo, el año pasado hicimos proyectos de habilitar playas, entonces dejamos pasarelas de plástico reciclado en distintas playas de Chile, como en Pichilemu, Matanzas, La Serena, Puertecillo, Quintay y El Quisco. Hicimos otro proyecto muy grande en la playa de La Boca. Fuimos y adaptamos una escuela de surf. Dejamos las tablas surf adaptadas. Hay muchas partes de la naturaleza, como las playas, por ejemplo, que son súper restrictivas para personas con discapacidad, porque meterse implica un esfuerzo tremendo.

Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga
Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga

– A raíz de esto, ¿qué es para ti el turismo inclusivo? ¿Y cómo ves el apoyo que este tiene En Chile?

– El turismo inclusivo es súper importante porque la naturaleza es algo que todos debemos tener la posibilidad de explorar. Actualmente no es así, entonces es importante que se vayan abriendo caminos y generando conciencia. También que los operadores turísticos se interioricen del tema. Eso un trabajo de todos. En los lugares que te comenté se ve que hay interés, pero claro que falta. Entre eso, falta apoyo económico por parte del gobierno, por ejemplo, en temas como transporte adaptado para el turismo. Para los operadores es complejo porque es una inversión no menor para adaptar un transporte y el retorno no es tanto. Por otro lado, hay parques nacionales con sendero más inclusivos, con pasarelas y otros que se pueden hacer con sillas Joëllete. También se pueden hacer senderos sin tanto peldaño, con más rampas, algo cortito para sensibilizar.

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-Tú me decías que se puede hacer surf, rafting, kayak, esquí, trekking con la silla. Yo creo que hace 10 años atrás mucha gente ni siquiera sabía que se podían hacer toda esta cantidad de deportes adaptados. Entonces, ¿cómo crees que hay avanzando todo esto del deporte y el turismo inclusivo acá en Chile?

-Yo creo que ha avanzado harto, pero falta mucho, sobre todo en arquitectura e infraestructura. Desde que yo tuve el accidente hasta hoy día, hay muchas más posibilidades de lo que existía antes. Imagínate que no sabía dónde hacer tenis. Nosotros desde Wheel the World nos hemos preocupado harto de visibilizar estas actividades y de permitir que las personas las realicen. Creo eso es lo más importante. Antes no existía el equipamiento de ahora, que permite ayudar y mejorar la calidad de vida. Sobre la infraestructura, por ejemplo, cuesta encontrar alojamientos accesibles.

La aventura en la Carretera Austral

Puerto Río Tranquilo. Día uno. Polli se subió al kayak adaptado y recorrió las famosas catedrales de mármol. Fue en una especie de packraft, más estable, que permite a personas con tetraplejia, por ejemplo, tener esta experiencia al afirmar remos y muñecas. Luego, junto al equipo conformado por Max Hurtado (marido de Polli), Cristián Cubillos y Andrés Villagrán (Wheel the World), Juan Pablo Gardeweg (embajador de Columbia), Fernanda Prieto (Influencer), Carlos Pérez y Odei Zabaleta (Scorpio), Mathias Meier (Chucao Films) y Pilar Elorriaga (fotógrafa), siguieron el emocionante recorrido hacia el Parque Nacional Cerro Castillo.

Fue un trekking muy intenso, que en ida y vuelta debe haber sumado 17 kilómetros. Los asistentes cargaron la silla Joëlette en pronunciadas subidas y Polli no dejaba de mover los bastones. “Fue emocionante. Era otro sendero, no el de la laguna. Pasamos por bosques maravillosos, planicies y distintos desniveles. Eso que sentí en Machu Picchu también me pasó acá; el ver a un equipo de personas que lo dan todo para poder ayudar. Ellos se transforman en parte de tus piernas y es un trabajo en equipo maravilloso. Me impactó que en muchas ocasiones podría haber habido roces. Pero nada, estaban todos enfocados en el mismo objetivo”, recuerda. Al día siguiente fueron en lancha a Puerto Cisnes donde vieron algunos delfines, siguiendo hacia Futaleufú donde hicieron una flotada en un río cercano. Y luego, siguieron hacia el esperado trekking al glaciar Michimahuida.

Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga
Polli Aguirre. Carretera Austral. Créditos Pilar Elorriaga

De lograrlo, Polli sería la primera persona en silla de ruedas en subir hasta la cumbre de un estrato volcán en una silla adaptada, habilitando esta experiencia para quienes quisieran hacerla después. Pero las condiciones climáticas no los acompañaron. Llovió toda la noche, los caminos estaban resbalosos y la silla pasaba muy justo en caminos estrechos. Los participantes, en un primer intento, se mojaron hasta las rodillas y ante una inminente subida del río, decidieron abortar la misión. “Es inevitable sentir esa frustración, pero son decisiones que hay que tomar. Es parte de la aventura saber que hay ciertos límites. Igual tuvo su épica”, dice Polli. De todas formas, este viaje realizado con el apoyo de Columbia, permitió avanzar en la logística de abrir nuevas rutas accesibles a la zona, incluyendo icónicos lugares de la carretera austral para que personas con discapacidad puedan explorarlos.

-Para actividades como esta. ¿Cómo es tu preparación y la del equipo que te acompaña?

-Estuve preparándome con el kinesiólogo. Además, que tenía que mejorar una lesión que tenía en el codo. En mi caso son súper importantes los ejercicios para los brazos porque igual voy ayudando con bastones. Independiente de ir en la silla, tengo que ir activa porque si no me puede dar hipotermia. Sobre el resto del equipo, hay varios que se entrenan constantemente. Mi marido entrenó y a veces íbamos al parque outlife en Chamisero donde hay una silla que puede ser reservada por quien desee. La idea era acostumbrarse también a llevar la silla.

Así, Polli quedó con la idea de derribar esta última barrera que, al menos, logró mover: el Michimahuida. Dice que bromeando que quizás lo logra con un cronograma más flexible, pero todavía queda mucho por planificar. Mientras tanto, sigue pensando nuevas rutas e increíbles aventuras para que todos puedan tener sus propias experiencias en la naturaleza.

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