Crédito: © Atamari/Wikimedia Commons
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Los mayas lo llamaban el árbol de la vida o el árbol supremo. Creían que este era un axis mundi, que conectaba el cielo y el cosmos —con sus brazos y ramas que se elevaban en altura— primero con la Tierra a través del tronco, y después con el inframundo, bajo tierra, con sus raíces.

El ya’ax che, como se le llamaba en lengua maya, era también el árbol primigenio, pues es originario de Mesoamérica, aunque también tiene una distribución amplia en la zonas subtropicales. Se trata de la ceiba (Ceiba petandra), un árbol que en México se distribuye en casi toda la Península de Yucatán, en el estados de Yucatán, Campeche, Sonora, Quintana Roo, Jalisco, Chiapas, Guerrero, Puebla, Tamaulipas, Veracruz.

La ceiba —también llamado ceibo o pochote— proviene de la familia de las malváceas, que aglutina cerca de 4 mil 200 especies. Se trata de un árbol frondoso, rotundo, de grandes proporciones y envergadura, que puede superar los 60 o 70 metros de altura, con tronco recto que puede llegar a alcanzar los tres metros de diámetro.

Este árbol es también el encargado de marcar el inicio de la primavera, además del equinoccio, porque llegada esta época del año de sus ramas brotan bollos u ovillos con una fibra o seda que es más liviana que el algodón y el corcho y que resiste hasta 30 o 40 veces su peso.

Crédito: © Manuel Ortíz/iNaturalist
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Su tronco y ramas se encuentran rodeados de espinas, por lo cual tomar los frutos puede ser un verdadero reto. Pero también tiene una función importante para el árbol, que produce frutos de entre 15 y 18 cm de longitud que en su interior resguarda fibras lanudas y semillas oscuras aromáticas. Al madurar las vainas, liberan el algodón que protege y ayuda a desperdigar sus semillas para que otros árboles puedan echar raíces y crecer.

Esta fibra, que brota de sus semillas, pasa muchas veces desapercibida y es vista con desdén en muchos pueblos de esta región porque se cree erróneamente que contamina las fuentes de agua dado que esta fibra acaba flotando una vez que se desprende la semilla, tiene un potencial y múltiples usos, desde relleno antialérgicos para almohadas, elaboración de textiles, aislante térmico y hasta la extracción de un aceite amarillo que puede ser usado en la cocina.

Crédito: © Mexico Desconocido
Crédito: © Mexico Desconocido

La seda o algodón de ceiba es una fibra ligera, muy flotante, resistente, altamente inflamable y resistente al agua. En algunos países de Centroamérica y Sudamérica, la llamada “seda vegetal” o “cadarzo” de la ceiba encuentra muchas utilidades, desde la elaboración de prendas de vestir hasta la fabricación de almohadas y de salvavidas (es 20% menos pesada que el corcho), pasando por la fabricación de peluches con rellenos orgánicos.

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Las semillas de ceiba contienen hasta un 25% de aceite, que era antiguamente muy usado para encender lámparas, para fabricar jabón de forma artesanal​ y también como fertilizante. También es usado en la obtención de sal, que se logra usando la madera de esta especie, que se quemaba y a la lejía obtenida por obtención de agua se le ponía a cocinar hasta la evaporación del líquido.

Crédito: © Oliver Komar
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Para hacer jabón, la lejía se mezclaba con sebo de res y luego se ponía en cocimiento. Otra forma de hacer jabón era con la lejía de la madera, mezclado con el aceite obtenido de la misma semilla de la Ceiba. El aceite extraído por la semilla por cocción prolongada se usó para alumbrarse (45 % es ácido graso).

El medio mexicano de origen maya El Chilam Balam reseña sobre el algodón o seda de ceiba: «En Yucatán, donde abundan las ceibas, no parece usarse todavía la seda ni la madera como bienes comercializables. No obstante, sí se le daba uso. En su cuento Xk’utus, el escritor maya Domingo Dzul Poot maya escribe lo siguiente, en la escena donde Xk’utus prepara la alcoba matrimonial: ‘U k’anil u ts’o’okolubele’ haxa’an yétel u jach hahay soskilil sisal, u k’ánho’ole’ menta’an yétel u hach bíichil u tsuk xya’ache’. Bey piits’e’.»

“Su hamaca nupcial estaba manufacturada con el más delgado sosquil; su almohada, hecha de la más fina cabellera de la ceiba, fina como el algodón«. [Traducción libre de El Chilam Balam]. También, durante los meses de sequías, las vainas o frutos hinchados de la ceiba, una vez que se secaban, estallan o eclosionan lanzando al aire las bolas de algodón, que en los pueblos rurales mayas son perseguidas por los niños que corren para atraparlas.

Se cree que también la ceiba tiene grandes usos medicinales. Por ejemplo, la calidad antialérgica de su fibra es ideal para el relleno de almohadas, cobijas, plumones, colchones, puesto que no posee nutrientes para los microorganismos. La corteza, las hojas y su resina son empleadas —y se considera que pueden ayudar — para aliviar el reumatismo, vómitos, controlar hemorragias, diarrea, disentería, congestión bronquial, migrañas, torceduras y heridas abiertas por sus cualidades como astringente.

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Fuentes: Yucatán.com, El Chilam Balam, México Desconocido, El Sol de Cuernavaca.
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