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Maxi Jonas, el fotógrafo que dio la vuelta al continente con sus registros del incendio en la Patagonia: “Esto es un paraíso, es irrepetible. Quemar un pulmón como este es un desastre ambiental enorme”
Desde el corazón del incendio en la Patagonia argentina, el fotógrafo argentino Maxi Jonas documentó la devastación ambiental y el dolor de las comunidades afectadas. A través de su lente, da espacio para un relato que aún no ha sido puesto sobre la mesa: la solidaridad, la resistencia y la decisión de quienes se niegan a abandonar un territorio marcado por el fuego.
Mientras algunos focos de incendio continúan activos en la Patagonia argentina, las lluvias registradas en los últimos días abrieron una ventana de alivio para los equipos de emergencia que combaten el fuego. En ese escenario, el fotógrafo argentino Maxi Jonas se convirtió en uno de los principales testigos del desastre ambiental, registrando desde una perspectiva cercana el avance de las llamas, la destrucción del territorio y el impacto en las comunidades afectadas.
Jonas estuvo —y continúa recorriendo— distintos puntos críticos del incendio. Entre ellos, a Ruta 40 en el sector de Epuyén, Puerto Patriada y zonas cercanas a lagos y sectores rurales, donde el fuego avanzó con extrema rapidez. “El momento más fuerte fue cuando el incendio cruzó la Ruta 40. Ese era un límite que los bomberos estaban defendiendo, porque si el fuego seguía avanzando hacia el este, con los vientos del oeste, había muchas viviendas en riesgo”, relata.
Ese día quedó frente a uno de los escenarios más extremos que ha vivido. “La voracidad y la velocidad con la que avanzaban las llamas era impresionante. Hubo brigadistas en un estado de desesperación absoluta, algunos casi quebrados emocionalmente. No era solo una cobertura fotográfica: estabas siendo parte de la vivencia de la gente, de la angustia por salvar sus casas, y era imposible no sentir que te afecta personalmente”, dice. Al llegar la noche, permanecieron despiertos hasta muy tarde en Epuyén, observando cómo la gente evacuaba por sus propios medios y se organizaba entre vecinos. “Son días de mucha incertidumbre”, concluye.


A esta entrevista, Maxi se presenta con el apuro de quien debe partir repentinamente a seguir fotografiando una contingencia que no da tregua. A sus espaldas ,un cielo brillantemente celeste, dibujado por finas nubes, aparece tras una lluvia que llegó luego de varios días de calor extremo y desesperación marcada por las llamas. “Aquí ya pasó el incendio, pero es una zona poblada donde se quemaron al menos veinte casas”, señala.
Nacido en Chubut, Jonas tiene una amplia trayectoria documentando la Patagonia, tanto su vida silvestre como los conflictos socioambientales que atraviesan la región. En esta cobertura, de la mano de los brigadistas, ha logrado retratar el sentir colectivo de quienes habitan la zona, enfrentados no solo a la pérdida de viviendas, sino a la devastación de uno de los paisajes con mayor biodiversidad del país. “Se quemaron más de 15 mil hectáreas, el equivalente a más de 16 mil canchas de fútbol. Es tierra arrasada, algo que va a tardar décadas, incluso más de cien años, en recuperarse”, afirma.

Las caras detrás del incendio: unidad colectiva cuando se pierde todo
“Él me decía: ‘solo me quedaron mis manos y mis pies, y hay que empezar de nuevo’”. Jesús tiene 65 años y es uno de los muchos pobladores con los que el fotógrafo ha compartido durante estos días. En una de sus conversaciones, con los ojos llenos de lágrimas, le dijo que no queda otra opción que seguir y reconstruir.
A pesar de las pérdidas, han sido muchos los vecinos que se han tendido la mano y han optado por la unidad colectiva para enfrentar un verano marcado por la incertidumbre, donde un cambio en la dirección del viento puede significar el fin de todo lo construido durante años.
Maxi recuerda una escena que lo marcó profundamente. Las llamas devoraban todo con una intensidad que define como indescriptible. “Pareciera que nunca es suficiente cuando el fuego tiene tanta fuerza. Todos los elementos quedan chicos, porque el nivel de fuerza que tiene la naturaleza es impresionante”, describe. Aun así, los vecinos estaban ahí, vestidos con remeras y zapatillas, combatiendo el incendio junto a brigadistas y bomberos, con bombas de agua, camionetas y camiones autobomba, muchas veces salvando casas que ni siquiera eran las suyas.



La necesidad de justicia: en busca de un culpable
“Hay una necesidad muy grande de justicia. El pedido es unánime: la gente no quiere que esto vuelva a pasar. Se sabe que los focos son intencionales”, señala Jonas. Sus palabras dialogan con cifras que dimensionan la magnitud del desastre. Durante el último verano, los incendios forestales arrasaron con cerca de 32 mil hectáreas de bosques andinos patagónicos, cuadruplicando la superficie afectada en la temporada anterior y convirtiéndose en los más graves registrados en la región en las últimas tres décadas.

Desde 2015, con el incendio de Cholila que consumió más de 40 mil hectáreas, los incendios forestales han sucedido de forma ininterrumpida en la cordillera de Chubut. Estudios y organizaciones ambientales han advertido sobre las condiciones climáticas que favorecen la propagación del fuego y han cuestionado la falta de medidas preventivas, así como el impacto de las plantaciones de pinos introducidas por la industria forestal, altamente inflamables y dañinas para el ecosistema.
En ese contexto, el fotógrafo aclara que la legislación vigente no permite la venta de tierras de bosque nativo, por lo que descarta una intencionalidad política directa. “Entiendo la necesidad de buscar un culpable absoluto, porque todos tenemos esa sensación. Queremos una explicación. Nadie entiende el porqué”, reflexiona.
Fotografiar el fuego: enfrentando las llamas de la mano de los brigadistas
Durante la cobertura, Jonas se ha visto expuesto a situaciones de alto riesgo. En más de una ocasión, en medio del avance del fuego, tuvo que cerrar los ojos y correr, subir rápidamente a una camioneta sin saber qué iba a pasar. El fuego saltaba de un lado a otro de la ruta, impulsado por vientos cambiantes e impredecibles.


Recuerda ese momento como uno de los más cercanos al peligro real. “Yo solo estuve un día en un foco muy fuerte y grande, y no quiero imaginar lo que viven los brigadistas a diario, que llevan muchos días en la montaña con el mismo riesgo”, dice. “Sientes cómo el fuego baja con el viento y te quema. Todo el tiempo estás en situaciones de riesgo. Hay momentos en que sabes que hay que correr, pero esa sensación no se va nunca”.



Para él, los incendios no son solo una emergencia ambiental, sino una tragedia total. “Esto es un desastre absoluto, parece una zona de guerra. Cuando el fuego arrasa, arrasa con todo”, afirma. Y agrega: “No me cabe en la cabeza que una persona pueda generar tanto”.
El mensaje detrás de cada imagen
Jonas insiste en que el mensaje central aún no llega con la fuerza necesaria. “Esto es un paraíso, es irrepetible. Quemar un pulmón como este, o que alguien por cualquier interés se motive a hacerlo, es un desastre ambiental enorme”, señala. El impacto, dice, también es cultural: “La persona que trabajaba el campo, que tenía sus vacas, sus bodegas, sus caballos, ya no tiene nada. Se le murieron los animales y tiene que empezar de cero”.
Ese es el sentido de su trabajo fotográfico. “Yo trato de mostrar desde adentro, cuando tengo la oportunidad, las sensaciones reales de lo que se vive”, explica. “Hay mucha angustia, mucha desesperación. Se ve en la cara de todos: brigadistas, policías, la señora del mercadito, a quienes les afectó directo y a quienes no. Es una angustia generalizada”.
“No se puede vivir así, esperando a ver en qué momento alguien prende fuego para salir corriendo”, concluye. “Es realmente muy doloroso, y no hay ninguna necesidad de que esto siga pasando”.


¿Ahora qué? Cómo seguir después de perderlo todo
Con la llegada de las lluvias, el escenario comenzó a cambiar, aunque sin disipar por completo la amenaza. Aún se mantienen focos activos en distintos puntos, incluido el sector del lago Epuyén. Las precipitaciones permitieron reducir la intensidad del fuego y abrieron una ventana clave para avanzar en las labores de contención, luego de días marcados por temperaturas extremas.
Más allá de la preocupación inmediata, surge una pregunta inevitable: ¿qué pasa con quienes lo perdieron todo? Dedicados a la ganadería, el turismo o la agricultura, muchos quedaron sin casa y sin sustento económico. Jonas es claro: “La gente se queda. Los lugareños aman este lugar y lo van a defender con uñas y dientes”. No los van a mover ni siquiera el fuego. Y si es que la intención de fondo es que se vayan, entonces no hay que darles la razón, cierra.