Es una serranía del Chaco boliviano, el jaguar (Panthera onca) y el oso de anteojos (Tremarctos ornatus) están ahora resguardados, gracias a la creación de Mandiyurenda, una nueva área protegida. Son 14 comunidades indígenas guaraníes las encargadas de cuidar esta reserva natural, que tiene una extensión de 84 716 hectáreas y donde la conservación del agua también es una de las principales tareas.

La creación de esta área protegida tuvo muchos tropiezos, tanto políticos como sociales, pero en marzo de 2025 la autonomía indígena de Huacaya promulgó una ley de creación.

Su nombre oficial es Área Natural de Manejo Integrado y Gestión Comunitaria del Agua y Biodiversidad Serranía de Mandiyurenda. Está ubicada en la provincia de Luis Calvo, del departamento de Chuquisaca, en el Chaco boliviano. Esta reserva alberga una gran diversidad biológica, incluyendo unas 200 especies de flora y más de 100 especies de fauna, entre ellas el jaguar. Esta área protegida también resguarda otro tipo de riqueza: la memoria viva de sus comunidades.

La iglesia de Mboicobo, en la reserva de Mandiyurenda. Foto: cortesía Fundación Natura Bolivia
La iglesia de Mboicobo, en la reserva de Mandiyurenda. Foto: cortesía Fundación Natura Bolivia

Allí viven 14 comunidades indígenas del pueblo guaraní, pero también hay localidades campesinas que se sumaron al cuidado de Mandiyurenda. Valentina González, ejecutiva zonal y líder de la comunidad Mboicobo, explicó a Mongabay Latam que Mandiyurenda resguarda una rica historia cultural del pueblo guaraní.

El atajado de Yaparenda, en el área protegida de Mandiyurenda. Foto: cortesía Fundación Natura Bolivia
El atajado de Yaparenda, en el área protegida de Mandiyurenda. Foto: cortesía Fundación Natura Bolivia

La dirigente indígena recuerda una leyenda: en esa zona decían que había una laguna donde vivía una víbora grande y que cada vez que el tiempo iba a sufrir algún cambio, el reptil gritaba “bio”. “Nosotros somos ahora los guardianes de nuestro territorio. Acá vivimos y acá cuidamos cada elemento que hay en Mandiruyenda”, relató González.

La ejecutiva zonal añadió que existe un “profundo vínculo cultural y espiritual” de parte de las 14 comunidades con el entorno que protegen. “Acá podemos ver al tigre [jaguar] andar tranquilo, no lo molestamos. No quemamos el bosque, pero igual producimos. Sacamos la madera necesaria. Todo lo hacemos de manera sostenible”, dijo.

Proteger el agua

La serranía de Mandiyurenda es clave para la recarga hídrica de esta parte del Chaco boliviano, que está en la región chuquisaqueña. Desde sus alturas nacen vertientes que alimentan los ríos y ojos de agua que abastecen de agua a varias comunidades, como Huacaya y Santa Rosa. La protección de estos ecosistemas, que son esenciales para estas localidades, fue uno de los principales motores para impulsar la creación del área protegida.

Así lo confirma Gualberto Carvallo, coordinador regional de Fundación Natura Bolivia en el Chaco, una organización que fue clave para lograrlo. “Esta área tiene un alto valor en cuanto a agua, suelos y biodiversidad. A partir de eso empezamos a trabajar con la gestión autónoma indígena y son ellos ahora los que la preservan”, detalló. Carvallo añadió que existen proyectos de acceso al agua cuidando las nacientes de este espacio.

Un loro cabeza azul en la reserva de Mandiyurenda, en el Chaco boliviano. Foto: cortesía Fundación Natura Bolivia
Un loro cabeza azul en la reserva de Mandiyurenda, en el Chaco boliviano. Foto: cortesía Fundación Natura Bolivia

El experto afirmó que todas las comunidades indígenas y campesinas cuentan con acceso a agua mediante grifos y tanques para que puedan recolectarla. “En 2026, se trabajará en un plan de manejo del área protegida, que es una herramienta que les permitirá tener una autogestión de su reserva”, dijo.

La Autonomía Indígena Originario Campesina Guaraní Chaqueño de Huacaya se consolidó en marzo de 2024, constituyéndose en la octava autonomía indígena de Bolivia, después de 15 años de demanda autonómica. El pueblo guaraní, en esta parte del Chaco, ahora ejerce el autogobierno territorial, desarrollando su propio estatuto, que fue aprobado en 2022, eligiendo a sus autoridades y normas para gestionar su territorio, cultura, idioma y recursos. La idea central de esta reivindicación fue unir fuerzas para evitar presiones extractivistas estatales, como la exploración de hidrocarburos.

Carvallo afirmó que la declaratoria autonómica representa “un paso fundamental hacia la consolidación de un modelo de conservación en el que las comunidades indígenas se convierten en protagonistas en la protección del patrimonio natural y cultural de su territorio”.

Cachorro de oso de anteojos, otra de las especies que buscan resguardar en la nueva área protegida. Foto: Ministerio de Ambiente de Ecuador
Cachorro de oso de anteojos, otra de las especies que buscan resguardar en la nueva área protegida. Foto: Ministerio de Ambiente de Ecuador
El hábitat del oso de anteojos se extiende por Los Andes, desde Venezuela hasta Bolivia. Foto: Fundación Grupo Argos
El hábitat del oso de anteojos se extiende por Los Andes, desde Venezuela hasta Bolivia. Foto: Fundación Grupo Argos

Wilmar Subieta, asesor técnico del gobierno indígena de Huacaya, dijo que ya se observan avances concretos en el territorio protegido, como los accesos a agua de las vertientes y la asesoría que se dio a los comuneros para que puedan hacer una autogestión.

«La importancia de la declaración, desde el ámbito de la gestión y política territorial, radica en la oportunidad de contribuir a la conservación de los recursos naturales, especialmente del agua, mediante un trabajo cooperativo entre las 14 comunidades”, detalló Subieta.

El funcionario acotó que este proceso marca un modelo de conservación territorial con “participación activa de las comunidades para el cuidado del agua, la biodiversidad y la memoria cultural”.

Mandiyurenda nace después de años de trabajo

Fue la Gobernación de Chuquisaca la que inició el proceso para que Mandiyurenda sea un área protegida, pero ese trabajo de años no fue terminado debido a “asuntos políticos”, asegura Gualberto Carvallo.

En 2021 se reinició el trabajo para lograr que esta zona sea declarada como una reserva protegida y se socializó la idea con las 14 comunidades, a las que se les explicó los frutos que traería esa consolidación.

La represa de Inícua en plena área protegida de Mandiyurenda, en el Chaco boliviano. Foto: cortesía Fundación Natura Bolivia
La represa de Inícua en plena área protegida de Mandiyurenda, en el Chaco boliviano. Foto: cortesía Fundación Natura Bolivia

“Ese trabajo se hizo por más de un año y mucho dependía también del alcalde de Huacaya, cuando no era autonomía indígena consolidada. Cuando hubo la transición de municipio a autonomía indígena se retomó el trabajo y ellos lo aprobaron porque entendieron la importancia del área y porque esa zona da vida a varias comunidades”, dijo Carvallo.

Según González, Huacaya está alejada de la ciudad de Sucre, capital de Bolivia, por lo que sus comunidades critican la falta de accesos para sacar sus productos. “Tenemos que trabajar en emprendimientos propios, como huertos familiares para vender nuestra producción o también en criaderos de animales, como cerdos”, detalló.

Para González la creación del área protegida Mandiyurenda consolida un precedente de conservación liderada por comunidades indígenas. Su implementación buscará equilibrar la protección de la biodiversidad y los recursos hídricos con la gobernanza y la cultura del pueblo guaraní. “Nuestra área protegida desempeña un papel clave en la lucha contra el cambio climático. Mandiyurenda es un gran esfuerzo de conservación comunitaria y territorial en Bolivia, simbolizando orgullo, cultura y un futuro sostenible para el Chaco”, dijo.

Imagen principal: el jaguar habita el Chaco boliviano y es resguardado en la nueva área protegida Mandiyurenda. Foto: cortesía Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza de los Países Bajos (UICN NL)

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