“Yo no creo, pero hay otros que sí creen. Dicen que acá aún se escucha a  los mineros conversar en la noche y golpear sus herramientas contra la  roca. Pero yo no los he escuchado”.

Fernando Montenegro Gárate, “El Charo”, es arriero y desde hace 60 años recorre los cerros del Cajón del Maipo hasta Argentina. Conoce cada piedra y cada cerro de esta porción de cordillera desde que su padre lo llevara en sus viajes amarrado a una mula para evitar que cayera al fondo de una quebrada. Tenía sólo 7 años y no contiene la emoción al recordar su niñez mientras habla del lugar donde está parado justo en este momento. Un sitio cuya historia se remonta a la fundación misma de San José de Maipo en 1792 por Ambrosio O´Higgins. Y antes inclusive.

Minas en San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

El enclave minero San Pedro Nolasco ha estado siempre rodeado de un halo de misterio, hasta el punto de que su ubicación exacta ha sido puesta en duda en varias ocasiones. Su historia nos remite a otro tiempo: cuando la minería era vista solo por sus beneficios, como símbolo de desarrollo humano y crecimiento económico y no como la grave amenaza para la salud de las personas y el medio ambiente que representa en la actualidad.

Según la tesis Evaluación De Sitios Con Potencial de Patrimonio Minero en el Distrito Minero El Volcán, de Mauricio Alejandro Muñoz Bobadilla, en su trabajo para optar al título de Ingeniero de Ejecución en Minas de la Universidad de Santiago de Chile, en 1875 un científico de la Universidad de Chile hizo la siguiente descripción del lugar: “El cerro San Pedro Nolasco con sus minas hoy día productivas, se eleva a la enorme altitud de 3.339 msnm, terminando en su cumbre por una especie de meseta; se haya cortado por gran número de vetas, entre las cuales se distinguen principalmente dos grande corridas (…) así, empezando por el oriente, se encuentran las minas: Los Rosales, Famatina, Cristo-Viejo; en el mismo orden siguen la Carlota, Compañía, Media-Estaca, Palma, etc.”.

Restos de lo que fue la minería en San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

La descripción coincide exactamente con la que hacen los arrieros como “Charo”, que llevan años recorriendo esos parajes cordilleranos. La ex mina San Pedro Nolasco se encuentra al interior de las montañas de lo que hoy se conoce como El Ingenio, en el Cajón del Maipo, efectivamente en un pequeño valle a poco más de 3 mil 200 metros sobre el nivel del mar, dominado por hermosas vegas altoandinas y lagunas alimentadas por deshielos. Desde su ubicación es posible tener una panorámica única de la cordillera central: se aprecian los cajones de El Yeso y el Volcán, los cerros El Cobre y el Extravío, el cajón del río Blanco y Pangal, el Barroso y el Catedral de Cruz de Piedra. Y más allá.

Tal como en la descripción hecha en el siglo XIX, está cruzado por vetas de mineral que dieron origen a su explotación de plata y cobre. Fue descubierto en 1692 por el español Pedro Ruiz de Aguirre y que estaba compuesto, a lo menos, por las minas Cristo, Famatina y Carlota.

Restos de lo que fue la Minería en San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

Su hallazgo se constituyó en el origen de la minería de plata en Chile y fue tan significativo que se estima que llegaron a trabajar hasta 500 mineros en el lugar sumando los tres yacimientos. Según se cuenta, el naturalista Charles Darwin intentó visitar la faena, pero no alcanzó a llegar. Quién sí logró estar ahí fue el científico Ignacio Domeyko durante una de sus numerosas expediciones a través de territorio chileno.

A pesar de su extendida explotación colonial, bajo regímenes de esclavitud, en épocas más contemporáneas siguió vigente y tanto Carlota como El Cristo fueron minas explotadas durante el siglo XX.

Según el investigador José Cabello, en el Décimo Simposio de Historia de la Geología, “la minería de la plata se inició en Chile en 1692 con el descubrimiento del mineral de San Pedro Nolasco en los alrededores de Santiago en el Cajón del Maipo cercano a las Haciendas del Toyo y de San Juan de la Sierra, siendo durante un siglo un yacimiento argentífero muy significativo para el país. Posteriormente, en 1811, se inicia el descubrimiento de varios otros yacimientos en el norte, con lo que disminuye su importancia llegando a perder su prestigio y alcanzar el olvido, de forma tal que hoy ni siquiera está clara su ubicación”. A estas minas se las conoció como “El Potosí chileno”, aludiendo a los yacimientos de oro y plata descubiertos entre 1540 y 1570 en lo que actualmente es Bolivia.

Cuevas antiguas de lo que fue la minería de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

¿Dónde estamos en este momento don Fernando?

—En San Pedro Nolasco.

—¿Usted sabe cómo era el trabajo y la vida de los mineros aquí?

—Deben haber trabajado entre 400 ó 500 personas, hasta el 1935 ó 1940 sacando cobre y plata. Allí— dice, apuntando a una franja de tierra cercana— pasaba el carril que llevaba el material al Cristo. Desde el Cristo, lo distribuían a las Melosas. Allí estaban los silos donde cargaban los camiones que lo llevaban a las fundiciones.

Valle de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

—¿Llegó a conocer a algún descendiente de las personas que trabajaron aquí?

—Sí. A don Juan Valenzuela Avendaño, quien era arriero. Me contaba que desde acá llevaban el material en mulas a San Gabriel donde pasaba el tren militar. Llegaban cargados a San Gabriel y, al otro día, de vuelta a cargar otra vez.

—¿Qué siente al estar acá?

—Orgullo, porque uno recuerda muchas cosas. Mi infancia. Soy uno de los últimos arrieros que quedan por acá. Arrieros de verdad, porque hay arrieros de ganado y los que son conocedores de la cordillera, como yo.

Valle de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

Junto a “Charo” recorrimos durante tres días todos los rincones de San Pedro Nolasco, un lugar al que pocos tienen acceso por encontrarse dentro de un fundo privado.

Se pueden contabilizar por lo menos 16 piques dispuestos en las laderas de los cerros, varios de ellos inundados y, otros, cuyos accesos se encuentran tapados de piedras. Durante gran parte del invierno el lugar se encuentra cubierto de nieve. Es un terreno peligroso debido a la gran cantidad de piques de mucha profundidad. Unos pocos aún conservan parte del andamiaje de madera que evitaba los derrumbes. Están ubicados junto a grandes depósitos con toneladas de piedra picada o “marina” que era removida desde el interior de los túneles para extraer la riqueza del mineral.

En varios sectores pueden apreciarse restos de construcciones de piedra con amplios muros, algunos con más de un metro de ancho donde se ubicaban los campamentos de los mineros. El lugar está lleno de vestigios: herraduras de todos tamaños, algunas de ellas muy pequeñas que posiblemente eran de burro —utilizados hace décadas para el transporte del material—, restos de metal, trozos de vasijas de greda, botellas de vidrio de otros tiempos y muchos huesos de animales teñidos de azul turquesa, supuestamente debido a la presencia de sulfato de cobre en el terreno. Al lugar se llega luego de una cabalgata de unas cinco horas desde la localidad de El Ingenio.

Rocas de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

La visita se dio en el marco de un proyecto artístico y cultural llamado “Esculturas Para el Antropoceno”, ejecutado con fondos de Fondart. Consistió en la instalación de dos intervenciones circulares. Una en un sitio casi inaccesible, bordeando los 3.000 msnm y la otra en la Junta de Vecinos N° 13 de la localidad de El Ingenio. Según la autora del proyecto, Rosario Oyanedel, la instalación busca sanar una herida. “El proyecto asume la condición catastrófica del antropoceno —como se designa la actual época geológica marcada por el impacto de las personas en la Tierra—. Además, realiza un llamado a mirar la crisis y a sostener un encuentro con ella buscando y proponiendo nuevas formas de relacionarnos con la tierra, la naturaleza y la abundancia de vida que habita en la Cordillera de los Andes”, describe la artista.

La historia de San Pedro Nolasco se inició mucho antes de la conquista. Según la investigación de Mauricio Muñoz, en la época precolombina en el Cajón del Maipo se desarrollaron las primeras labores mineras rudimentarias. Estas consistieron en “la explotación artesanal de los yacimientos vetiformes de oro plata y cobre del sector del Volcán que estarían en la tradición cultural de la etnia conocida históricamente como Chiquillanes”.

Valle de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

El estudio señala que durante la colonización e intervención española (específicamente después de 1700), se forma el complejo minero San Pedro Nolasco. Se generan entonces “las primeras operaciones de extracción de localidades y plantas de tratamiento de minerales”.

Según Muñoz, “en la época de la colonia en Chile, más exactamente en 1792 y por mandato del Rey de España es que el 16 de Julio de ese año don Ambrosio O´Higgins, Gobernador del Reino de Chile, funda la “Villa de San José de Maipo”. Con la idea en mente de que el poblado sirviera para cubrir la necesidad de asentamiento tanto de arrieros como mineros que vivían de manera dispersa por el sector atraídos por el descubrimiento de la gran y primera mina de plata explotada en Chile en el cerro San Pedro Nolasco. Esto, con el fin de poder recaudar impuestos para la corona ya que antes de esto los mineros comerciaban con privados y no a través del reino”, señala.

La minería colonial era muy diferente a la que se realiza en la actualidad. Según el sitio Memoria Chilena, la actividad se iniciaba con el descubrimiento de una veta por parte de los llamados “buscones” o cateadores. Tras informar (mediante denuncia) y obtener una autorización para la explotación, se instalaba un campamento con unos pocos animales y provisiones y sin más apoyo ni técnica minera que la tradición. En el interior de la mina trabajaban los “barreteros” que seguían, alumbrados por velas, el rastro de la veta instalando los tiros de pólvora. Luego el mineral era sacado por peones conocidos como “apires” que cargaban en sus espaldas canastos de cuero llamados “capachos”, con hasta 80 kilos de mineral. Los sacos eran amarrados a mulas y retirados del lugar. “Las minas de San Pedro Nolasco, con metodologías similares, obtenían minerales ricos en plata que seleccionados llegaban a leyes de 15 a 20 Kg por tonelada las cuales eran llevadas a lomo de mula a San Francisco de Mostazal”, señala la investigación de Muñoz.

Valle de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

Los minerales de cobre se procesaban en “ingenios” o “haciendas de beneficio” (la localidad de El Ingenio le debe su nombre). Con hornos de manga o fuelles se fundían los carbonatos y óxidos de cobre, mientras que en el caso de la plata se extraía mediante “trapiches”, equipo hidráulico capaz de moler el material.

Según una cronología elaborada por Mauricio Muñoz en su estudio, aproximadamente en 1850 disminuyó la competitividad de San Pedro Nolasco ya que sus minas se inundaron. Algunas de ellas permanecen en la actualidad sumergidas en el agua.

Respecto al tratamiento del mineral, “se instaló antes del 1900 la primera planta para el tratamiento de cobre en el pueblo de El Volcán (cercano a San Pedro Nolasco) utilizándose en esta planta hornos caleros. El funcionamiento de estos era básicamente hacer una pira con leña, sobre la cual se colocaba la roca extraída de las minas y se hacía arder hasta que el cobre fundido empezaba a escurrir a un depósito colocado en la parte inferior de la pira, quedando la escoria por sobre la pira que se había dispuesto para concentrar el mineral. Esta actividad provocó la deforestación de especies nativas del Cajón del Maipo, las que fueron utilizadas como leña de manera intensiva.

Vegetación y caudales de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

En 1914 finaliza la construcción de la línea férrea del tren militar cuya capacidad de carga de 255 toneladas permitía conectar las minas del Cajón del Maipo con el puerto de San Antonio.

En 1927 inicia la explotación industrial la Compañía Minera Carlota, luego de que desde mediados del siglo XIX y de manera episódica se intentará sacar minerales de plata y hierro, finalmente se comienza a extraer mineral de manera industrial, particularmente cobre.

Entre 1952 y 1956 se termina de sustituir totalmente el uso de animales de cualquier tramo de transporte de mineral, hecho que permitió tener el mejor ciclo de ganancias de la historia de la minería en el Cajón del Maipo logrando que sus trabajadores duplicaran su sueldo.

Valle de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

En 1957 baja abruptamente el precio del cobre por lo que se paralizan las faenas y el 1958 el terremoto de Las Melosas provoca graves daños en las minas. En 1965 el ferrocarril militar suspende sus servicios producto de los temporales y en 1974 los termina definitivamente, lo que incrementa los costos operacionales que llevan a la crisis a la actividad.

“Hito fundacional”

Alejandro Sánchez es Doctor en Ciencias con mención en Geología y académico de la Universidad de Santiago de Chile. Para él no hay espacio para dudas. El enclave minero San Pedro Nolasco es un sitio histórico y un hito fundacional de la comuna de San José de Maipo:

¿Por qué es importante este lugar en el contexto de la minería en el país y a nivel local para San José de Maipo?

—Su importancia radica en que es el hito fundacional de San José de Maipo. Fue la minería de plata, a través de San Pedro Nolasco, la que impulsó el abrir caminos, que la gente se moviera hacia la cordillera a buscar mineral y a comercializarlo. Primero con la Corona Española. Tuvo un siglo de actividad hasta que se fundó la villa de San José de Maipo. Su importancia también radica en que era el primer yacimiento de plata de la Corona que se comenzó a explotar. Fue tan significativo que después de un siglo de explotación se fundó la Villa San José de Maipo para ordenar y controlar el comercio de los minerales de plata. Después, durante la República, se abren caminos como la carretera hasta San Gabriel en el siglo XIX. Fue importante económicamente para la formación de la comuna y después siguió cobrando importancia cuando se empezó a explotar desde Las Melosas. Se pobló bastante ese sector ya en la época de la República.

Restos de lo que fue la minería en San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

—¿Cuál es la importancia actual que tiene San Pedro Nolasco?

—Yo diría que es un hito histórico. Como una especie de piedra fundacional. Porque San José de Maipo fue en la práctica un campamento minero durante mucho tiempo. Los vestigios de la minería que se hacía en esa época, cobran relevancia como hito histórico y cultural del territorio. No solamente de la minería de plata, sino que nos dice cómo se fue poblando el Cajón del Maipo. Me parece fantástico que hayan podido conocerlo, porque es un lugar único.

—¿Cuáles eran las condiciones de vida con la que trabajaban los mineros de la época?

Es una pregunta difícil, porque hay pocos registros. Yo me he dedicado a estudiar el vínculo de la geología con el desarrollo cultural. Lo que he encontrado es que hubo distintas etapas respecto de cómo se trabajó San Pedro Nolasco. Estamos hablando de 1700.

Valle de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

—¿Cómo era la minería que se hacía en esa época?

—Hay que considerar que los yacimientos tenían mineral de muy buena ley. Con mucha plata, prácticamente plata nativa o minerales con mucho porcentaje de plata. Prácticamente con veta a la vista, entonces la explotación no requería gran tecnología. Era directamente lo que se veía a flor de piel en el cerro. Empezaba con socavones que se iban profundizando. A medida que se iba avanzando se hacía más difícil y las condiciones eran más precarias, porque no había tecnología para la ventilación, iluminación ni para drenar el agua. Esto, a fines de la Corona e inicios de la República. Hay descripciones de ingenieros que fueron en el siglo XIX y cuentan que se encontraban con refugios como casuchas en las entradas de las minas. Porque ellos pasaban el invierno adentro. Se aperaban con alimentos y con estos refugios se protegían de la nieve.

—En San Pedro Nolasco pudimos ver construcciones de piedra ubicadas justamente al lado de las entradas de los socavones, ¿a esto te refieres?

—Si claro, ese es un vestigio fantástico. Estamos hablando de aproximadamente de 1870.

Vegetación en el Valle de San Pedro de Nolasco.
Créditos: Rosario Oyanedel.

—¿Cómo era la vida de los mineros que trabajaban ahí?

—Después de la Corona, lo que se sabe es que eran familias que quedaron con las pertenencias mineras y que se repartían los piques. Tenían mini empresas y vivían en torno a estos piques y contrataban gente como barreteros o apires. El mineral lo fundían en El Ingenio, donde había otras personas que trabajaban en torno a esa actividad. Eran muchas las personas que trabajaban en torno al yacimiento porque no había mucha maquinaria. Eran trabajos esporádicos, minería artesanal como diríamos hoy. Era todo a pulso, cargar animales para llevarlo a la planta en el Ingenio. Todos los procesos eran rudimentarios.

¿Cuándo comienza el ocaso de San Pedro Nolasco?

—Leí un trabajo de Ignacio Domeyko que se remonta a 1840 cuando él la visitó y conversó con las familias que explotaban las minas. Hablaba de que ya las minas tenían problemas, que estas personas eran muy porfiadas. Las minas se empezaron a inundar y tenían que hacer labores para sacar el agua (varios piques se encuentran inundados en la actualidad). Esto no era sencillo, porque no tenían la tecnología para sacar el agua. Hay que pensar que encontraron en el cerro una veta como el mineral a la vista y empezaron a escarbar y a meterse sin mayor tecnología. Cuando comenzaron a inundarse requerían trabajos más técnicos que algunos se dedicaron a hacerlos con eso lograron que las minas duraran un poco más. Además, tenían otro problema.

Montaña en el Cajón del Maipo
Créditos: Rosario Oyanedel.

—¿Cuál?

—Dejaron de usar madera para fundir el metal que fue lo que más usaron los españoles en la Corona.

—¿Eso produjo la deforestación del Cajón del Maipo?

—Claro, por lo menos en ese sector. Buscaban lo más económico y que estuviera más a mano. Ese combustible se acabó o gran parte de él. El carbón coke daba más poder calórico. Entonces, la fundición la comenzaron a hacer con carbón coke que tenían que comprarlo, transportarlo y subirlo. Eso era caro y comenzaron a pedir subsidios para la minería. Esto, cerca de 1840. Comienza una época de decadencia. No podían competir porque les costaba mucho producir. Cuando aparecen las minas de Chañarcillo y Tres Puntas, más o menos en 1850, ya el declive es imparable. Ahí se termina de abandonar San Pedro Nolasco. Luego comienza la explotación de cobre, sobre todo a la altura de El Volcán, minas a las que llaman San Francisco de El Volcán. Y se conectan con San Pedro Nolasco por Las Melosas y comienzan a explotarlas de nuevo, pero ya no por la plata sino que por el cobre.

Quebrada en San Pedro Nolasco
Créditos: Rosario Oyanedel.

¿Cómo te imaginas ese lugar a futuro considerando la importancia histórica que tiene?

Lleva más de 100 años abandonado. No se visita o se visita muy poco. Asoman voces e ideas de valorar este lugar como patrimonio histórico, pero cuesta que eso se pueda llevar a cabo. Ese lugar podría ser un museo al aire libre, que sirva para contarnos cómo fue la minería y que significa hoy. Finalmente es nuestra historia y si uno no aprende de la historia es difícil poder mejorar a futuro. Podría ser un lugar patrimonial para que esa historia no se olvide. Nosotros la conocemos por indagar en los libros y meterse en los recorridos de Domeyko por ejemplo. Pero esa es la historia que está en los papeles solamente sin la vitalidad que debería tener algo que nos compete. Es la historia de toda esta región, y serviría para conocerla y valorarla. habría que estudiar bien el lugar, reconstruir la historia en base a los vestigios que hay.

Cerro San Pedro de Nolasco
Créditos: Rosario Oyanedel.

¿Cómo se concilia ese pasado minero romántico con la minería que se hace hoy en día basada en extraer sin importar el daño que se hace a las comunidades y al medio ambiente?

—Esa es la pregunta difícil. Es un tema de volúmenes y escalas. Durante la Corona sacar ese recurso para venderlo, sin importar las consecuencias de talar bosques a destajo, por ejemplo, produjo un impacto. Hoy día los volúmenes que se extraen son tan grandes que el impacto es mucho mayor. Se genera mucho material de desecho y se crean los relaves que son gigantescos. El daño es mucho mayor hoy en día.

Minería en san pedro de Nolasco
Créditos: Rosario Oyanedel.

Tradición oral

Dejamos San Pedro Nolasco queriendo saber más de la gente que dejó su vida en sus laberintos de roca. Conocer no solo lo que está escrito, sino aquellos relatos atesorados por arrieros en su tradición oral en forma de versos transmitidos de generación en generación. Como la historia que habla de la disputa entre los peones de dos piques cercanos, conflicto que terminó con el estruendo de la pólvora cortando el acceso a uno de los piques y sepultando a sus ocupantes para siempre.

Por ahora San Pedro Nolasco descansa, barrido por el viento cordillerano. Habitado solo por sus fantasmas.

Valle en San Pedro de Nolasco
Créditos: Rosario Oyanedel.
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