La población silvestre de lobo mexicano (Canis lupus baileyi) ronda los 300 individuos en Estados Unidos, mientras que en México son apenas entre 35 y 40 lobos en la Sierra de Chihuahua, según datos oficiales. Un estudio reciente advierte un crecimiento anual promedio cercano al 12 % desde la reintroducción de esta especie en 1998, aunque con periodos iniciales de estancamiento atribuibles a la remoción intensiva de ejemplares por conflictos con el ganado. Expertos de dos equipos científicos coinciden en que la población de lobos crece, pero discrepan sobre cómo las políticas de manejo afectan la mortalidad y la diversidad genética, subrayando la necesidad de transparencia y datos claros para evaluar la recuperación. Mientras tanto, un reciente proyecto de ley en Estados Unidos podría eliminar la protección federal del lobo, aumentando su vulnerabilidad y poniendo en riesgo la recuperación, apuntan especialistas.
En las montañas del suroeste de Estados Unidos, el aullido del lobo mexicano(Canis lupus baileyi) volvió a escucharse en 1998 después de haber desaparecido de la vida silvestre durante más de dos décadas. La subespecie más amenazada de Norteamérica había sido exterminada en libertad y sobrevivía únicamente gracias a siete ejemplares mantenidos en cautiverio.
Hoy, 28 años después de su reintroducción, la población silvestre consta de unos 300 individuos en Estados Unidos, mientras que en México son apenas un par de veintenas. A primera vista, la historia parece un éxito de conservación. Pero detrás de estas cifras existe un debate científico intenso sobre cómo interpretar los datos, qué decisiones de manejo explican el crecimiento y cuán sólida es realmente la recuperación. Y ahora, además, existe un proyecto legislativo en Estados Unidos que podría cambiar el rumbo del programa.
Lobo mexicano en un campo. Foto: cortesía New Mexico Department of Game and Fish / Dominio público
“Si [el proyecto] se aprueba, en mi opinión, conduciría a la segunda extinción de lobos mexicanos en estado silvestre”, advierte David Parsons, biólogo de conservación de carnívoros y excoordinador del programa de reintroducción del lobo mexicano del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS, por sus siglas en inglés) entre 1990 y 1999, hoy miembro de la junta directiva del Rewilding Institute.
El lobo mexicano no fue reintroducido en grandes parques nacionales aislados. Su rango histórico coincide en buena medida con territorios donde actualmente hay comunidades rurales y ganadería.
“No hay muchas áreas protegidas grandes donde puedan establecerse”, explica Stewart Breck, exinvestigador del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y autor principal de un modelo demográfico reciente sobre la especie. “La recuperación ocurre en paisajes compartidos con personas, principalmente ganaderos”, detalla el especialista en el conflicto entre humanos y carnívoros. Esta superposición de territorios convierte cada caso de depredación de ganado en un desafío que combina la biología del lobo con la gestión de la actividad humana, advierte.
Gila Wilderness, establecida en 1924 como la primera área silvestre designada oficialmente en el mundo. Se encuentra en el centro del Área de Recuperación del Lobo Mexicano en Nuevo México. Foto: cortesía David Parsons.
El argumento demográfico: menos remociones, más crecimiento
Los reportes oficialesindican que la población ha crecido durante nueve años consecutivos. En 2024 se contabilizaron al menos 286 lobos silvestres distribuidos entre Arizona y Nuevo México, en Estados Unidos. Para Breck, los números muestran una trayectoria positiva.
“No están recuperados todavía”, aclara, “pero han hecho un progreso muy sólido desde 1998”.
Un cachorro de lobo mexicano nacido en el zoológico Living Desert, en Carlsbad, Nuevo México, recibe un chequeo de salud antes de ser adoptado en una guarida de lobos salvajes en Arizona. Foto: cortesía Aislinn Maestas / USFWS / Dominio público
En su análisis de datos entre aquel año y 2019, Breck y sus colegas encontraron una tasa promedio de crecimiento anual cercana al 12 %. Sin embargo, también identificaron un periodo inicial de estancamiento. El factor central, sostiene, fueron las remociones intensivas de lobos —es decir, su captura, translocación o extracción definitiva de la vida silvestre, a veces con control letal, o su traslado a centros de manejo o cautiverio tras conflictos con el ganado— durante los primeros años del programa. Cuando el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS) redujo esas intervenciones y comenzó a priorizar medidas preventivas, la población retomó una trayectoria ascendente.
“Al inicio, la remoción agresiva de individuos para reducir conflictos con el ganado afectaba la tasa de crecimiento poblacional. Reducir esas remociones tuvo un gran impacto en fomentar el crecimiento de los lobos mexicanos”, explica Breck.
Uno de los primeros lobos mexicanos liberados en el Bosque Nacional Apache, Arizona, en 1998. Foto: cortesía Arizoan Game and Fish Department
El especialista advierte que la mortalidad ilegal sigue siendo un problema difícil de erradicar y reconoce que las agencias tienen mayor control sobre las remociones por manejo que sobre la caza furtiva.
“Hay diferentes factores que influyen en la demografía de los lobos mexicanos: la mortalidad ilegal es uno de ellos, pero la remoción por manejo también. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre se esfuerza mucho por reducir la matanza ilegal de lobos, aunque es difícil detenerla por completo”, afirma Breck.
Liberación inicial de lobos mexicanos en una zona remota del Bosque Nacional Apache, Arizona, en enero de 1998. David Parsons a la izquierda. Foto: cortesía Arizona Game and Fish Department
Críticas y debates científicos
No todos los científicos coinciden en la interpretación de estos datos. Naomi Louchouarn y Adrian Treves, investigadores de la Universidad de Wisconsin–Madison, han cuestionado en una reciente publicación algunos supuestos detrás de las conclusiones de Breck. Para ellos, el punto central no es solo cuánto crece la población, sino cómo las políticas influyen en la mortalidad, especialmente la ilegal.
Uno de los focos de su análisis es el Procedimiento Operativo Estándar 13 (SOP 13, por sus siglas en inglés), que permitió mayores remociones de lobos en ciertos periodos con la idea de reducir conflictos y aumentar la tolerancia social. Durante ese periodo, aumentaron las desapariciones de lobos radiomarcados, algunas posiblemente por caza furtiva no detectada. Además, advierten que las políticas de control letal pueden, en ciertos contextos, incentivar más matanzas ilegales en lugar de reducirlas.
“Lo que descubrimos es que todo el período de esta política, independientemente de su implementación, fue relevante para el número de lobos desaparecidos, lo que sugiere que dicha política no cumplió con los supuestos de que habría menos caza furtiva”, sostiene Louchouarn, especialista en el conflicto entre humanos y carnívoros.
“De hecho, persistieron los conflictos durante todo el período. Por lo tanto, tampoco los redujo. Esta es, en esencia, la principal razón por la que estas políticas son relevantes y por la que debemos reflexionar sobre ellas y ponerlas a prueba”, agrega.
Breck, por su parte, sostiene que parte del desacuerdo es metodológico. Algunas fallas técnicas en collares GPS fueron contabilizadas como mortalidades, afirma, lo que puede alterar las proyecciones.
“Los datos en estos sistemas pueden ser muy complejos”, afirma. “La primera responsabilidad de un científico es hacer buena ciencia”.
Lobo mexicano en cautiverio. Foto: cortesía Wolf Conservation Center
La fragilidad genética
Más allá del crecimiento anual, persiste una preocupación crítica: la genética. El lobo mexicano desciende de apenas siete individuos fundadores, lo que ha generado una diversidad genética extremadamente limitada. Según David Parsons, uno de los arquitectos originales del programa de recuperación, muchos lobos silvestres están tan emparentados entre sí como hermanos completos, lo que eleva el coeficiente de endogamia y aumenta el riesgo de problemas genéticos que podrían afectar la supervivencia de la especie a largo plazo.
“El objetivo a largo plazo debería haber sido transferir la mayor diversidad genética posible a una población silvestre reintroducida lo más rápido posible logísticamente, manteniendo una población de respaldo genéticamente redundante en cautiverio como medida de seguridad”, explica Parsons. “En mi opinión, las agencias estatales y federales responsables actuaron con demasiada lentitud en el establecimiento de la población silvestre, lo que desperdició una diversidad genética crucial”.
Una camada de cachorros de lobo mexicano dentro de una guarida en Nuevo México. Foto: dominio público
Parsons también recuerda que en 2012 un panel independiente de científicos recomendó metas más ambiciosas al Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos: tres subpoblaciones en el suroeste de Estados Unidos con al menos 200 lobos cada una, además de una población adicional de 100 lobos en México. Sin embargo, la propuesta no avanzó. El plan de recuperación vigente, desarrollado por personal de la agencia, requiere una población no mayor a 320 lobos en Estados Unidos y 200 en México.
Para comprender la situación mexicana, Mongabay Latam consultó a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) sobre censos recientes de lobos, causas de mortalidad y coordinación con el USFWS, pero no recibimos respuesta hasta la publicación de este artículo.
Según información oficial disponible, el Programa de Reintroducción del Lobo Mexicano, iniciado en 2011, ha logrado establecer una población silvestre estimada de 35 a 40 ejemplares en la Sierra de Chihuahua. Los trabajos de conservación, apunta la Semarnat, se realizan en colaboración entre esa institución, la Conanp, departamentos de vida silvestre de Arizona y Nuevo México, zoológicos y expertos científicos.
Un lobo mexicano fue sedado desde un helicóptero durante el Conteo de Lobos Mexicanos de 2023. Foto: cortesía Aislinn Maestas / USFWS / Dominio público
Cada año, en reuniones de este Comité Binacional, se define la reproducción, manejo y destino de cada lobo para mantener la variabilidad genética. Actualmente, 23 instituciones mexicanas mantienen bajo cuidado profesional a 116 lobos, cifra que incluye 47 hembras y 69 machos.
El lobo mexicano M1477 fue liberado en Arizona después de su captura y le colocaron un collar durante el Conteo Anual de Lobos Mexicanos de 2023. Foto: cortesía Aislinn Maestas / USFWS / Dominio público
El frente legislativo: ¿desproteger al lobo?
En junio de 2025, el congresista estadounidense Paul Gosar presentó el proyecto HR 4255, que propone retirar al lobo mexicano de la lista de especies protegidas bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés), que data de 1973. El argumento central es que la población ha crecido durante nueve años consecutivos y que existen cientos de ejemplares en cautiverio.
Para Parsons, retirar la protección tendría consecuencias inmediatas: eliminaría la obligación federal de gestionar la especie bajo el estándar de “mejor ciencia disponible”, anularía reglas específicas adoptadas en 2015 y 2022, y ampliaría el margen de acción estatal en materia de control letal. Hacerlo antes de consolidar poblaciones múltiples y genéticamente robustas podría poner en riesgo todo el esfuerzo, asevera el especialista.
Lobo mexicano, tras cazar un alce en el Bosque Nacional de Gila, Nuevo México. Foto: cortesía Mary Katherine Ray
Para Breck, la clave es mantener el crecimiento sostenido y continuar ajustando las políticas en el terreno. Para Louchouarn y Treves, cualquier decisión debe evaluarse a la luz de toda la evidencia disponible.
“El lobo gris mexicano en Estados Unidos es un caso de prueba para la interfaz entre ciencia y política, es decir, debería ser gestionado bajo la ESA y por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre, utilizando la mejor ciencia disponible, tal como lo exige la ley. Sin embargo, tras analizar detenidamente la situación, hemos llegado a la conclusión de que no es así”, advierte Treves, fundador y director del Laboratorio de Coexistencia de Carnívoros en el Instituto Nelson de Estudios Ambientales, en la Universidad de Wisconsin-Madison.
Cachorros de lobo mexicano saliendo de su guarida. Foto: cortesía Mexican Wolf Interagency Field Team / Dominio público
Parsons señala que la prioridad es reforzar la base genética y ampliar la estructura poblacional antes de reducir las salvaguardas. “La mayoría de los genetistas consideran que esta situación es bastante grave y que probablemente conduzca a la extinción. Las agencias parecen, en gran medida, indiferentes a abordar este problema”, concluye.
Todos coinciden en algo: el lobo mexicano aún no está fuera de peligro. Después de haber desaparecido una vez, la especie hoy camina por una frontera estrecha entre la consolidación y la incertidumbre. El desenlace dependerá no solo de cuántos lobos haya, advierten los especialistas, sino de cómo se interpreten los datos y de qué decisiones se tomen a partir de ellos.
*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticiabajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur, gracias a una alianza con Mongabay Latam.
El desaparecer especies por perdida de hábitat ocupación excluyente de sus espacios,matanza como recurso aceptable ha conducido a dramas ecológicos con extinción de especies ignorantes de la relación ecosistemica entre unas y otras. Tal como la desaparición de herbívoros afecta la diseminación de semillas, la extinción del lobo provee crecimiento descontrolado de otras especies. El lobo en su. Animal sociable de estructuras social añade además el tener en di, derecho a la vida