– ¡Está la Changuita!

Javier Trivelli no podía esconder su emoción. Estaba en los Ancantilados de Quirilluca, en Puchuncaví. Ese era el mismo lugar donde Changuita, la chungungo (Lontra felina) a la que había dedicado un año y medio en rehabilitar, se aproximó por primera vez al mar. Era un rincón de la costa de la Región de Valparaíso en los que Javier se instaló durante horas y días a acompañarla. Y desde el que ella había emprendido su rumbo sola hace 10 meses atrás.

Changuita asomó su cabeza y, cuando él la identificó, ella se hundió rápidamente. Javier la veía desde la roca donde se paró para observar la escena. Sin esperarlo, la siente subir por sus piernas y darle vueltas por dentro de su chaqueta. Fueron, quizás, cinco segundos, pero él los sintió como 30. La alcanzó a ver rápidamente y captó que todo estaba bien. Y así, rápido como llegó, se fue.

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Changuita ©Javier Trivelli/Chinchimén

Tras el encuentro, después de 10 meses, Javier supo que Changuita estaba viva. Nunca más la vio. Pero eso le dio la señal de que su primer trabajo de rehabilitación de chungungos funcionó.

Cerca de él, una pequeña Kalfu, la segundo chungungo con la que emprendía esta tarea, también estaba en sus primeros acercamientos al mar. Con el paso del tiempo, vendrían dos chungungos más.

Durante aquel entonces y, hasta ahora, Javier dirige la OBC Chinchimén, una organización que tiene como uno de sus pilares la conservación de flora y fauna nativa de la Región de Valparaíso. Uno de sus focos han sido los chungungos y, actualmente, sus principales tareas se concentran en la construcción de un centro de rescate y rehabilitación para ellos -el primero en todo su hábitat (Perú, Chile y Argentina)- y el repoblamiento de esta especie en zonas donde sus poblaciones han disminuido en Chile, como la sexta región. La Lontra felina está catalogada como “En Peligro”, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Ministerio del Medio Ambiente (MMA).

Para Javier, quien lidera la rehabilitación de chungungos, todo partió, de cierta forma, con el legado que dejó Changuita. Pero su entrada a trabajar por la conservación partió varios años antes.

El camino era hacia la conservación

El día que Javier Trivelli fue con unos amigos al Santuario El Cañi, en la Región de La Araucanía, sintió un antes y después en su vida. Desde los tres años vivió en el campo en Santiago, vacacionó en Maitencillo y Algarrobo y, desde su adolescencia, iba cada vacación al sur. En esos viajes se lo recorrió todo. Cuando subió El Cañi estudiaba Agronomía en la Universidad de Chile. Pero su encuentro con este lugar fue mágico, según recuerda: “subí agrónomo y volví conservacionista”.

Hay quienes dicen que este lugar tiene una energía especial. Para Javier ir para allá significó un cambio de perspectiva en su vida. Partió la subida en un día caluroso, de esos en que uno siente que podría sacarse la polera y estrujar el sudor. Pero cuando llegó al refugio que da la bienvenida al bosque que empieza la ruta hacia las lagunas, todo se nubló y empezó a llover.

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Javier Trivelli.

“Entramos al refugio por la lluvia, prendimos la chimenea y estaba mala. Todo se llenó de humo. ¡Necesitaba salir!”, recuerda Javier. Eso hizo. Su cara recibió las gotas de la lluvia y sus pies se adentraron en el bosque, donde el horizonte era solo neblina: “una amiga conocía el camino. Caminamos por el bosque de coihues en medio de la neblina. Las copas de estos árboles se perdían en el blanco. Los chucaos resonaban en todos lados. Y no se veía casi nada”.

Todo era envolvente, incluso el llegar al bosque de araucarias, porque en ese preciso momento, todo se despejó. “Eso me marcó. Me dije que esto era lo mío: me gusta la naturaleza desde la conservación y no desde la producción, como se veía en lo que estudiaba. Bajé feliz y volví a Santiago a cambiarme de carrera. Entre a Ingeniería en Recursos Naturales Renovables”.

Javier-alimentando-a-Kalfu.-Cortesía-de-él
Javier alimentando a Kalfu. Cortesía de él.

Cuanto volvió a la universidad le convalidaron varios ramos, por lo que quedó con el tiempo suficiente para participar de proyectos de conservación en el Parque El Estuario (ex Factoría) en el Estuario del Reloncaví (Región de Los Lagos) y Maitencillo. En este último lugar, en 2004 vino con unos compañeros de universidad a hacer un diagnóstico ambiental y se vincularon a la conservación del bosque costero. “Nos enfocamos en el sitio prioritario Acantilados de Quirilluca y el rescate de fauna marina”, dice, “menos mal me cayó la teja ahí, armé relaciones en estos temas y con la rehabilitación de chungungos, que es el trabajo que llevamos haciendo a larga data”.

Entremedio de todo eso, aparece OBC Chinchimén.

La llegada de Changuita

En 2017, Javier recibió una llamada que cambió por completo su vida. Al otro lado del teléfono, un funcionario del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) le preguntaba si se podía hacer cargo de una cría de chungungo que había sido rescatada en la Región de Atacama. La pequeña había sido extraída de su madriguera y una familia la tuvo en su casa dos días, hasta que decidió comunicarse con la municipalidad y, a posterior, con Sernapesca.

Javier, en ese entonces, ya dirigía el Grupo de Acción Ecológica Chinchimén. Esta ONG nació en 2001 luego de que un cazador matara a un chungungo en Maitencillo. Javier llegó a la organización por primera vez en 2004 por su trabajo de diagnóstico ambiental, luego en 2006 con un proyecto -junto a sus compañeros- para ayudar a la conservación del borde costero de Maitencillo y, se mantuvo, con una pausa entre 2011 y 2013, año en el que volvió a reincorporarse a la directiva. Cuando volvió a la Chinchimén, había que levantar todo de nuevo. Incluso pensaron cambiar el enfoque de los chungungos por los pingüinos, pero la chungungo que estaban por recibir los mantendría por el camino inicial. La llamaron Changuita.

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Changuita ©Javier Trivelli/Chinchimén

“No teníamos nada. Me llaman de Sernapesca y me dicen que no había nadie más para recibir al chungungo. Acepté y la trajeron desde la Región de Atacama. (…) Yo había participado de la cría de otros chungungos, pero nunca a cargo. Había participado en infraestructura, en ideas, pero la Changuita fue la oportunidad de poder demostrar cómo había que hacer las cosas, hacernos cargo y registrar haciendo ciencia, demostrando que los chungungos son animales reinsertables y, de a poco, nos hemos empezado a meter con organismos nacionales e internacionales, empezando a entender ciertos problemas o cosas de los chungungos”, explica Javier.

– ¿Cómo llegó Changuita?

– Muy mal. No había muchos protocolos de rescate de chungungos. Los dos días que estuvo con esa familia es como una caja negra de información, lo único que sí sabemos que no le pudieron dar ni comida ni agua. Era muy chiquita, de dos o tres semanas (…). La mandaron por avión. ¡Imagínate, en la bodega de LAN Cargo! Así es como derivan en general a otras especies que son más resistentes. Venía con hipotermia y deshidratación severa, diarrea y parásitos. No le subía la temperatura con nada, intenté de varias maneras. Al final me la puse en la guatita. Ahí empezó a subir su temperatura. Yo venía con todo esto del tema de la impronta animal, que había que evitarlo, pero se estaba muriendo. Entonces puro amor, amor, amor. Demasiado amor.

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Changuita ©Javier Trivelli/Chinchimén

Después de la temperatura, vino la leche. Usaron distintas técnicas. Los chungungos son intolerantes a la lactosa y no existía -hasta ese entonces en Chile- una fórmula que cumpliera los requerimientos. “Imagínate que le dábamos mantequilla con leche. Entonces se llenaba de gases y eso le dolía (…). Si empeoraba, eso le podía generar un paro cardiorespiratorio. Llegué a ir a Valparaíso a buscar sondas en caso de emergencia. Durante los primeros días de la Changuita no sabíamos el período de leche que hay que darle ni cuánta. Le dimos cada 15 minutos las 24 horas del día (…) Después, con asesoría de otros veterinarios logramos saber que era cada 45 minutos. Fue súper agotador”, recuerda Javier.

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Al mismo tiempo que eso sucedía, habilitaron una sala de cuidado intensivo y una jaula. Es que los chungungos son escapistas y curiosos por excelencia. Ahí desarrollaron una técnica de semi cautiverio, donde bajaban a la Changuita al mar y la acompañaban en su proceso, observando y tomando nota.

Entonces, Javier recuerda lo que pensó: “Bueno, sobrevivió. ¡Ahora hay que reinsertarla! ¿Cómo reinsertamos al chungungo?”

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Changuita ©Javier Trivelli/Chinchimén

La reinserción del primer chungungo

Javier buscó un lugar de difícil acceso en los Acantilados de Quirilluca. Necesitaba ese lugar perfecto para construirle su madriguera a Changuita. Necesitaba algo alejado de los perros y las personas, que resultaban grandes amenazas para ella. El presidente de la junta de vecinos hizo un sistema de cámaras en vivo para registrarla. Luego, Javier acompañaba a Changuita todos los días. Su madriguera quedaba lejos del mar y el trasladaba a esta chungungo desde el cerro hasta el borde costero.

“Era con mucha impronta humana, para poder registrar todo. No sabíamos cómo se reproducían los chungungos, o sea, cuál es el hábito para que una cría sea exitosa. Por ejemplo, a qué edad van al mar. O ¿cómo se alimentan de pequeñas?, ¿cómo les aprenden a sacar las patas a las jaibas?, ¿será la mamá quien les lleva la comida? Una de las cosas que nos tiene muy intrigados también es cómo conviven con sus propias heces y deposiciones, porque hacen sus propias heces ahí, dentro de la madriguera. Eso nos ha dado muchos conocimientos también”.

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Changuita ©Javier Trivelli/Chinchimén

Para construir la madriguera, identificaron variables de ventilación, temperatura, sistemas sépticos y diferentes espacios que debe tener. Lograron llegar a una fórmula perfecta, pero todavía faltana saber cosas: cómo crían, cuánto espacio necesitan para una madriguera reproductiva, o si esta es seca.

“La Changuita y, después Kalfu, se ahogaba en el agua al principio, no le era propio. A mí me da la sensación de que los chungungos salen como a los tres o cuatro meses. Entonces ahí también hay todo un cuento de cómo vinculas esta madriguera con el agua (…) Hemos concentrado todos nuestros esfuerzos en la rehabilitación y poco hemos podido hacer con las publicaciones científicas, que es una deuda que tenemos”, dice Javier.

En eso, llegó un 27 de diciembre. Ese día fue la emancipación de Changuita.

El 31 no la veían por ningún lado. “Finalmente la encontramos aquí en Maitencillo y ahí empezamos a entender. Cuando estábamos mirando las cámaras de la madriguera, que le registramos temperatura, aparece en la imagen otro chungungo y detrás de él estaba la Changuita. Nosotros estábamos como ‘¡Ay! ¡Qué buena onda, se hizo un amigo!’ Claro, después mirando las imágenes y entendiendo más, la Changuita tenía harto (…). Bueno, a los cuatro días apareció en el Acantilado de Quirilluca, donde la rehabilité”, recuerda Javier.

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Changuita ©Javier Trivelli/Chinchimén

Después, volvieron al cautiverio y la liberarla, monitoreando y protegiendo sus movimientos. En eso, en febrero, volvió a irse por su cuenta.

“Chungungo en rehabilitación perdido”, publicaron en distintas partes para encontrar a Changuita. Llegaron fotos y videos de ella en Zapallar. En medio día, avanzaba entre parches rocosos. Primero, en El Abanico con un surfista. Luego fue a la playa La Frutilla. Después playa Larga de Cachagua y después al parche rocoso de Cachagua y Zapallar. Su recorrido duró hasta que se subió a un kayak en Zapallar, donde estaba cerca de otro chungungo, que peleó con ella y la echó. Sola volvió a Maitencillo. Recorrió 19 kilómetros en 24 horas.

“No estaba registrado que un chungungo podía recorrer tanto espacio, se cree que como como no tiene grasa, tiene que acicalarse muchísimo. Se cree que una las de las barreras ecológicas para el repoblamiento de chungungos entre Valparaíso y Los Ríos -donde sus poblaciones han disminuido- es precisamente el largo de las playas de arena. Estos animales recorren 5 km/hr en velocidad crucero. Pero hay playas de 20 km. O sea, son muchas horas de agua sin acicalarse. Pero bueno, la Changuita llevaba diez días sola y la queríamos respetar”, explica Javier.

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Changuita ©Javier Trivelli/Chinchimén

Así, sola, llegó a esconderse a los autos.

“¡Había un chungungo debajo de mi auto y se comió la correa de distribución!”, escuchó en algún relato de un poblador Javier. Sabiendo que era Changuita, le mantuvo un ojo. Eso, hasta que decidió salir y cruzar la calle. Ahí ya había que ir a buscarla. Javier se puso la ropa que guardaba con el olor de Changuita y tomó el silbido que imitaba al de los chungungos.

Al tocarlo, Changuita lo empieza a buscar. Hasta que llega a otras piernas que no eran las de él.

– ¡Ay! ¡Un chungungo! – gritan las señoras que pasaban por ahí.

– ¡No! ¡Es la Changuita! – responde Javier. La pequeña era famosa.

– ¡Ay! ¡La Chaguita! – siguen ellas, esta vez sabiendo de quién se trataba.

Javier volvió a silbar. Se sentó en una escalera. Ella lo encuentra, haciendo ese silbido que Javier intentaba imitar. Ya estaba a salvo, nuevamente.

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Changuita ©Javier Trivelli/Chinchimén

“Era puro pellejo, deshidratada a más no poder. Llevaba un mes comiendo, pero tenía una deshidratación intensa. Comprendimos que el alimento natural no era suficiente para sobrevivir con los niveles de agua. De vuelta al cautiverio no quiso salir como en 15 días, lo único que hacía era tomar agua, había que despertarla para que lo hiciera”, recuerda.

Luego volvió a su rutina. Le armaron una madriguera con túneles para una reclusión nocturna y mantenerla alejada de la gente. Estaba todo listo para instalar el nuevo sistema especial que prepararon. Pero un día antes, explorando en los Acantilados de Quirilluca, decidió irse.

Su próxima señal de vida fue 10 meses después. Así, Changuita pasó exitosamente por cuidados intensivos, rehabilitación y reinserción.

Los chungungos que vinieron después

Cuando Changuita ya se reinsertó, llegó una pequeña de 10 días de edad a las manos de Javier Trivelli. Era finales de 2018. Ella también fue reinsertada. Le siguió un chungungo de tercera edad y ahora tienen uno joven en el que están trabajando.

“Cada chungungo deja algo. La Changuita nos dejó todo el know how. Para mí esto es el legado de la Changuita. Vino a reencantar a la gente con la organización, justo en un momento muy preciso. Nos dejó el aprendizaje de que se puede reinsertar y vivir en su hábitat natural (…). El que haya sobrevivido 10 meses fue como una motivación de que no trabajamos en chungungos que se van a morir.  La Changuita fue año y medio de rehabilitación, la Kalfu fueron dos y el costo de eso, o sea, un chungungo está saliendo 30 millones en rehabilitación (…). La pobre sufrió al principio y eso era súper difícil porque se estresan en cautiverio. Y no se puede cambiar al cuidador del chungungo. Yo pasé todo el tiempo con ambas, pero es un encierro, no puedes salir, y eso también trae costos familiares”, reflexiona Javier.

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Kalfú ©Javier Trivelli/Chinchimén

Después, Kalfu vino a enriquecer más los conocimientos. Si Changuita dio la esperanza que se puede, Kalfu dio más información sobre las metodologías. Con ella pudieron importar una leche especial de nutrias, con la que podía engordar 30 gramos diarios sin problemas estomacales (Changuita engordaba 5 gramos diarios). Eso hizo que caminara antes, persiguiera antes y tuviera equilibrio antes. “Con ella estandarizamos un proceso para que las crías no se mueran”.

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Pero Kalfu fue más difícil de reinsertar. En esta madriguera se encargaron mejor del tema sanitario, le pusieron puertas automáticas para que su madriguera no fuera invadida, le dejaron agua dentro y le armaron un espacio seguro. Luego, Pellín, el chungungo de tercera edad significó una rehabilitación muy corta. “Estaba bravío, súper salvaje. Aquí nos regaló el aprendizaje de que se pueden armar etogramas en función a imágenes de video, porque con él monitoreamos todo así. No lo vio gente, yo iba súper disfrazado a darle comida y siempre me tuvo miedo”.

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Kalfú ©Javier Trivelli/Chinchimén

“El que tenemos ahora nos está dando una tremenda responsabilidad, porque lo encontramos en Horcón en un lugar arriba de un acantilado, en un centro de eventos. Se lo quitaron a un perro. Pero este chungungo nos da demasiada esperanza y afortunadamente la Fundación Ñamku nos apoya con la mejor disposición (…). Este chungungo varó no siendo 100% lactante (…). Nos viene a dar la posibilidad de reinsertar a un chungungo desde cría sin haber pasado por la etapa de lactancia (…)”.

– ¿Están ahora trabajando en un centro de rehabilitación?

-Sí, con los conocimientos que nos dejó cada uno. Por ejemplo, con la Kalfu nos costó mucho algo que ahora nos haremos cargo en este centro, que es que el chungungo tome agua. Eso es crítico porque tiene que ser de vertiente. Nos pasó que como a ella le dimos de la llave, no reconocía la de vertiente como dulce y se demoró 2 meses en hacerlo. ¿Cómo te haces cargo de todas esas cosas dentro proceso de rehabilitación? Te impone demasiado desafío. Entonces la Kalfu nos dijo que un centro de rescate debe tener este entrenamiento. Lo otro que nos dejó también fue que la territorialidad sobre los chungungos es gigante. O sea, ahí la pudimos ver, pelear, perderse. Como de que no la aceptaron y eso nos genera como esta idea de su etapa nómade que es súper peligrosa, sobre todo para la cría. Pero ¿dónde busca un refugio un chungungo no aceptado? Donde está más antropizado y ahí hay mayores riesgos, como los perros (…). Tenemos un convenio con la Fundación Ñamku y la FIA que nos pone todo el financiamiento para la construcción de este centro.

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Kalfu ©Javier Trivelli/Chinchimén

Pero también, otra idea es empezar a reinsertar chungungos en lugares donde la especie haya disminuido sus poblaciones en Chile. “Primero queremos repoblar la sexta región, pero hay que asegurar la quinta, es decir, que su espacio de desaparición no se expanda. Así que este año estamos comprometidos con implementar un censo regional de chungungos y un estudio de uso de hábitat”, dice Javier.

A eso le siguen alianzas: “estamos viendo que, con el alza de los deportes náuticos, los chungungos pueden perder hábitat terrestre para acicalarse, ordenar su pelito. Un chungungo come el 30% de su peso al día. Si se le quitan horas de acicalarse, deterioras su hábitat. Esto porque, al acicalarse, busca espacios de descanso para retomar calor en sectores dentro del agua, botes, rocas, que, al ser avistados por deportistase asustan (…) Voy a empezar a averiguar todo esto. También el cómo está compitiendo con la pesca artesanal. La Región de Valparaíso cada vez está más urbanizada en su borde costero y eso es una tremenda amenaza para la especie. Así que también estamos abocados a eso. Este este año estamos preparando un manual, armando un par de pilotos, buscando alianzas estratégicas para poder llevarlo a cabo”.

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Kalfu ©Javier Trivelli/Chinchimén

-¿Cuáles son las amenazas a las que se exponen los chungungos?

Los humanos. Por ejemplo, el cambio de uso de suelo, pérdida de hábitat. Para que te hagas una idea hay registros de chungungos a 150 metros al interior del continente, que es donde se reproducían antiguamente. Se encontraba en madrigueras a 100 metros del mar. Actualmente tenemos acotado chungungo a lo que es la intermarial, por lo tanto, la cantidad de madrigueras reproductivas disponibles son muy muy pocas. Y los perros, en el sentido de la tenencia irresponsable, además de depredar, pueden transmitir enfermedades. Y eso altera el equilibrio natural, recordemos que el chungungo es el depredador tope (…).

-¿Tu trabajo ahora está 100% enfocado en los chungungos?

-Así es, abocado en generar infraestructura para ellos. En el centro van a haber dos piscinas. Una enriquecida con animales marinos, con la idea de que vamos a tratar de meter las principales dietas que depreda (…). Va a tener otra piscina de nado de aproximadamente 100 metros cúbicos, con la idea de que pueda nadar y ejercitarse, y ahí generar un montón de cosas de juegos porque una de las cosas que yo creo, aunque está a nivel de hipótesis, pero todavía no descubrimos, es el cómo es que los chungungos aprenden a nadar de espaldas. Porque nuestros chungungos no nadan de espalda y los otros chungugos nadan de espalda muy tempranamente. Entonces, evidentemente, hay un aprendizaje de la madre ahí y para la reinserción es muy importante por dos cosas: una, por la eficiencia energética de ir a consumir presas de pequeño tamaño y por el comer dentro del agua sin necesidad de volver a la costa. Por otro lado, tiene que ver con que los chungungos aparentemente ejercen mayor territorialidad en la parte terrestre que en la acuática. O sea, si ves dos chungungos en la parte terrestre, pelean. No es así en el agua. Entonces, como nuestros chungungos están obligados a traer la presa permanentemente al borde, se ven más expuestos también a tanto las amenazas por perro, gente, tentaciones también de ir a robar carne a los pescadores, como otras cosas.

Se espera que eso esté listo en un mes.

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Kalfu ©Javier Trivelli/Chinchimén

La motivación por proteger al gato de mar

Para Javier a los días le faltan horas. Vive en movimiento. Está preocupado de la construcción del centro que concentra gran parte de su atención. De cuidar al chungungo joven que sobrevivió al ataque de perros. Y también, de sus dos hijos pequeños y la nueva casa en la que quiere vivir. Pero, aunque esté de un lado a otro, cada palabra que sale de su boca en relación a todo lo anterior tiene la motivación y cariño por lo que hace, por lo que podría estar horas hablando.

Sobre los chungungos, sus próximas metas están claras: seguir en la rehabilitación, construir el centro y ayudar a repoblar la especie en sus lugares donde su población disminuyó en Chile. Todo desde Maitencillo, donde estableció su hogar en 2006. Ahí, muy cerca de sus queridos chungungos.

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Javier enseñándole a nadar de espalda a Kalfu. Cortesía de él.

¿Qué es lo que me motiva a seguir trabajando por los chungungos?

Demora en pensar. Primero dice que no tiene idea, pero se siente como si tratara de ordenar las palabras en su cabeza.

-Me encanta esta especie. Siempre he tenido sensibilidad con los animales, pero con la Changuita fue intenso. Abrió una puerta sensitiva en mí que no tenía. Y ese es el motor que me mueve: el detener el sufrimiento animal, no solo de los chungungos (…). Y los chungungos que se están rehabilitando no la pasan bien, entonces eso me interesa, buscar ese espacio en que se recuperen, me preocupa que tengan un buen pasar (…).

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