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Entrevista exclusiva al montañista Conrad Anker: “No creo en Dios; creo en la gravedad”

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Entrevista exclusiva al montañista Conrad Anker: “No creo en Dios; creo en la gravedad”

La leyenda estadounidense del montañismo internacional conversó con Ladera Sur desde su casa en Montana, Estados Unidos. Sobre los expedicionarios de antaño y los modernos, el cambio climático, sus gustos musicales y, por supuesto, su vida y experiencias en las más increíbles montañas del mundo, el escalador compartió con nosotros vía zoom en una primaveral mañana de finales de marzo. Lee aquí la entrevista completa.

Siete primeras ascensiones y rutas en lugares como el Karakorum, la Antártida o la Patagonia. Tres ascensos al Everest. El primer ascenso al Meru -catalogada como una de las montañas más peligrosas- en una escalada virgen por el Shark´s fin, una pared de dificultad excepcional y que requiere de una ascensión técnica en roca. Récords de velocidad y de escalada en diversas montañas y paredes del mundo. Fue quien encontró el malogrado cuerpo de George Mallory en el Everest después de 75 años, hallazgo retratado en el documental “The Wildest Dream” y donde incluso recreó las ropas de la época para entender mejor algunas de las vivencias del escalador británico en 1924. Su mejor amigo, el montañista Alex Lowe, murió en una avalancha a la que él sobrevivió. Dos años después, se casó con la viuda de Lowe, Jennifer Lowe-Anker, y adoptó a sus tres hijos, una historia que quedó plasmada en “Torn”, documental estrenado recientemente a través de NatGeo/Disney.

Conrad Anker es uno de los montañistas vivos más importantes de la actualidad. Hoy, alejado del alpinismo extremo, se dedica a enseñar a los que vienen. Un referente que marca a cada uno de los que va conociendo: Anker es una persona llena de gentileza humana, humildad y energía profunda. En esta entrevista, el escalador estadounidense nos comparte parte de sus reflexiones y sus gustos, sus anhelos y visiones del mundo; habla acerca de la crisis climática y el montañismo moderno y de antaño. Desde sus rutinas diarias hasta su aprecio por los Rolling Stones, conversó con Ladera Sur.

Meru Expedition, Garwhal, India
Meru Expedition, Garwhal, India ©Jimmy Chin

-¿Cómo te gustaría morir?

-Oh…sí…todas las personas pensamos en eso. No me gustaría que fuese una muerte violenta, sino una tranquila y pacífica, sin cargar a mi familia y a mis amigos. Sin sufrimiento. ¿Y a ti, cómo te gustaría morir?

Sin duda -y podría ser inesperado para muchos-, este fue el momento en que más risas hubo durante nuestra conversación. Conrad Anker piensa en la muerte, pero habla de ella con una calma sorprendente. Es ateo, aunque respeta mucho y entiende las religiones. Piensa que cuando morimos, el alma “que es el resultado de tener una mente y un cerebro”, expira. Que el cuerpo se descompone y luego el carbono hace lo suyo, y vuelve a  la Tierra. “Vivo hoy porque hoy es el mejor día de mi vida. No vivo hoy esperando que cuando muera, veré a mis amigos en el cielo”, afirma seguro y sonriente.

Se levanta todos los días antes de las seis de la mañana y toma medio litro de agua antes de beber su café. Dice que medita, “pero no de manera prescrita”. Trabaja su mente todos los días por 15 minutos. “Me concentro en mi respiración, trato de no distraerme. Es difícil meditar…ir a la montaña es para mí una forma de meditación. Estar en el exterior siempre es bueno”, afirma. Sube a la montaña entre dos y cuatro veces a la semana, y hoy trabaja enseñando a los jóvenes interesados en el tema: siente que tiene que devolver la mano enseñando a otros lo que ha aprendido él, como una forma de agradecimiento a quienes le compartieron sus conocimientos cuando era joven. “Ahora es mi turno”, sentencia a sus 59 años desde su casa en Bozeman (Montana, Estados Unidos) una mañana de marzo, en conversación con Ladera Sur.

Aunque ya comienza la primavera en el hemisferio norte, la parka sin mangas y el gorro de lana que lleva puestos denotan que aún el frío no se ha alejado del todo. Allí, en su casa de Montana, vive junto a su mujer, Jennifer Lowe-Anker, además de dos perros, algunas gallinas y el caballo de Jenni. Pasan sus días rodeados de naturaleza…de montañas.

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Conrad junto a Jenni ©IG @conrad_anker

-¿Por qué crees que subimos montañas?

-Probablemente, hay una necesidad humana y social de estar afuera, y de estar en las montañas. Si lo piensas más allá, hay una conexión con las montañas en todas las religiones. Todas las creencias tienen alguna relación con las montañas: el shinto, el budismo, los griegos, los nativos americanos, los de Australia…hay algo en las montañas y sus cumbres. Personalmente, me emocionan las actividades de montaña, aunque yo entiendo que no todos quieran tomar esos riesgos. Todos hacemos cosas distintas, y eso está bien.

Cuando se prepara para altas cumbres, su clave es poner el foco en la visualización. Se explica: “visualizo esa escalada antes. Sé qué equipo necesito, cuál es el entrenamiento que necesito” (y he aquí un buen consejo para los jóvenes montañistas que, evidentemente, cada vez son más en el mundo). Conrad Anker sonríe cuando viajamos al pasado, le causa algo de gracia recordarse a sus 18 años, y asegura que “de los 30 a los 40, esa década, es la mejor para el alpinismo. Tienes la experiencia suficiente para tomar buenas decisiones frente a los riesgos que se presentan, y eres lo suficientemente fuerte físicamente. La montaña no es un deporte olímpico. No es gimnasia. Hay mucho más involucrado”.

Anker balancea su silla: está instalado en una salita-biblioteca de su hogar, decorada con varios cuadros en las paredes y pintada de colores cálidos. Da la sensación de refugio. Desde esa pieza, con su gorro de lana bien puesto (del cual cuelga una especie de pompón aletargado) y sus impecables audífonos inalámbricos, reflexiona y se toma su tiempo para responder cuando le pregunto sobre el montañismo moderno.

Conrad Anker desde Montana
Conrad Anker desde Montana

-¿Cuál es la maestra de las montañas para empezar en este deporte?

-La mejor maestra para empezar es siempre la montaña que tienes cerca. La que está más cerca de donde vives, esa da las mejores posibilidades y oportunidades de aprender. En Chile, si estás en Santiago, es obviamente el Plomo. No tienes que ir al Himalaya, la que tienes en casa es la mejor maestra.

-¿Y la mejor maestra para “despedirse”?

-Yo fui de lo más técnico a disfrutar la naturaleza, a disfrutar cada paso. No subo los picos que subía a los 20 o 30 años, pero ahora subo más seguido que antes. Subir un Everest es el equivalente a caminar más horas por el bosque, por la playa, por otras montañas…disfrutando la naturaleza.

Mallory e Irvine, y los primeros expedicionarios del Siglo XX

Fue en 1999 cuando Conrad Anker encontró el cuerpo del escalador y montañista George Mallory. La hazaña quedó  registrada en el documental “The Wildest Dream”, donde incluso se recrean las ropas montañeras de la época para volver a revivir parte la ruta y la experiencia que una vez se abrió para la cordada inglesa compuesta por Mallory y Andrew Irvine en 1924, en una de las primeras y más notables expediciones al Everest, la cual no tuvo un final feliz. Para Anker, ese encuentro fue un momento especial. “Entiendes la mortalidad, haces las paces con la muerte (…). Para mí ese descubrimiento fue un momento de humildad, porque lo que hicieron esos dos escaladores fue la fundación de lo que vendría después. Nosotros como escaladores modernos nos hemos beneficiado de su trabajo y esfuerzo en esos tiempos”, comenta, y aquí pone un contrapunto interesante: “En esa época tuvieron reconocimiento cuando se perdieron. Hoy en día al menos reconocemos a la gente por su esfuerzo de intentar. Hace 100 años atrás, tenías que tener éxito para ser reconocido”.

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-Hay una idea que se reitera y que recientemente volví a escuchar en una entrevista al español Sebastián Alvaro, que tiene que ver con la resiliencia. La afirmación dice que los primeros exploradores-montañistas del Siglo XX tenían más capacidad que los modernos, porque vivieron el dolor y el sufrimiento extremo (en referencia a la Primera y Segunda Guerra Mundial), y que para ellos salir a la montaña también es la esperanza de borrar lo que han vivido. ¿Qué piensas de esa afirmación? ¿Te parece que la montaña en el contexto moderno también es “escapar” de algún sufrimiento?

-Es un buen punto de vista. Sí, el montañismo moderno también puede ser escapar del sufrimiento. La gente que ha pasado por la guerra ha sufrido cambios dramáticos, salir a la montaña ofrece una nueva vía de volver a la naturaleza. Sin embargo, alguien puede vivir el sufrimiento con o sin guerra. Hay mucha gente fuerte en la montaña. Y bueno, a la montaña optas por ir, a la guerra no.

Junio, 1987. Conrad Anker ©Bob Ingle
Junio, 1987. Conrad Anker ©Bob Ingle

-Hablando de expediciones notables, hace poco vivimos un hito muy importante, y yo sé que debe haber sido muy emocionante para ti: ¿Qué sentiste y qué significó para ti que se haya encontrado el Endurance de Shackleton?

-Uf. Fue increíble. La tecnología usada fue asombrosa ¡Un dron submarino que lo encuentra! Esos 10 millones de dólares que costó hacerlo, en relación a lo que la gente gasta su plata hoy…me parece que vale la pena. El Endurance está impecable…casi a 4 mil metros de profundidad, 6 kilómetros de donde se hundió, bien preservado, en el océano. Agreguemos a la historia lo que pudieron hacer, siento un gran aprecio por eso.

Para Conrad Anker -reconocido seguidor de Ernest Shakleton-, el mejor ejemplo de esa pesadillesca travesía fue la humildad y el control del líder de la expedición. “Limpiaba los deck, daba comida a los perros, como todos. Esa es la lección más popular y comentada. No nos damos cuenta de lo fuertes que somos hasta que estamos realmente desafiados. La historia de Shackleton nos empuja a intentar más duro y esforzarnos más”.

El cambio climático, la juventud y las mujeres en la montaña

“Si tuviera 18 años -sonríe, algo tímido-, en la montaña haría algo similar o igual a lo que hice a mis 18. Alaska, cimas pequeñas, menos desconocidas, pero más difíciles o técnicas. Mi fascinación con la escalada y ese tipo de escalada serían igualmente relevantes”, asegura.

El alpinista estadounidense de Montana afirma que aún queda mucho por descubrir, incluso en los Himalayas. “Hay muchos 6, 7 miles ahí que presentan oportunidades increíbles, paredes muy interesantes -asegura, mientras mira un punto fijo en la mesa que lo enfrenta-. Más allá de las rutas estándar del K2 o del Everest hay mucha aventura y desafío que se puede vivir”. Algo que, seguramente, a varios les dará una nueva ilusión.

Conrad Anker, The North Face Antarctica Expedition 2017
Conrad Anker, The North Face Antarctica Expedition 2017 ©Jimmy Chin

Pero hay que enfrentar la realidad. El cambio climático es un hecho evidente a los ojos de cualquier entusiasta de la montaña. Más aún para quienes, como Anker, llevan años de delantera explorando: “los glaciares se están reduciendo dramáticamente. En el corto plazo será muy profundo el cambio para las personas que viven sus vidas, día a día. El desafío principal de nuestro planeta es la cantidad de personas que somos -ríe nuevamente, cambia la mirada, se torna serio- y los recursos limitados. Todos quieren tener un estilo de vida confortable, ¿cómo vamos a equilibrar eso con la abundancia de seres humanos en este planeta?”. Como es de esperarse, el mensaje central es que hacernos cargo es fundamental. Para el primer hombre en alcanzar -junto a sus compañeros Jimmy Chin y Renan Ozturk- la cumbre del Meru, la problemática del clima es irreversible, pero hay tres puntos que pueden ralentizar el fenómeno. El primero, propone, es tener conciencia del hecho: reconocer la situación. El segundo, es hacer algo a nivel personal, ocuparnos de nuestras propias emisiones. El tercero, es formar parte de un sistema que sea sustentable en el futuro.

Conrad Anker pone atención sobre este tema. Le preocupa y eso se nota en su mirada fija, en su reflexión y en cómo sus leves arrugas -que no delatan para nada sus 59 años- no se mueven un centímetro cuando habla. Tampoco se mueve su cuerpo: no lo hace su gorro de lana con pompón aletargado, su parka ni su polerón azul. Pareciera que toda su expresión física se pone a tono con la gravedad del asunto. Su semblante es firme. Pero de pronto, inesperadamente, viene un chiste, ¡y un buen chiste!

-¿Cómo es para tu comunidad que los glaciares se estén acabando? Es un hecho que esto va a suceder, que quizás los montañistas del futuro solo suban rocas, ya más no hielo: ¿qué hacer con este destino?

How the mountains hear? With mountaineers -nos reímos. Un momento de relajo entre tanta tragedia ambiental, aunque volvemos rápidamente a la seriedad, al peso de la realidad-. Los glaciares se están derritiendo notoriamente. Y las rutas que establecimos antes han cambiado en la naturaleza drásticamente, de una generación a la otra. Hay que seguir al menos los tres puntos que mencioné antes. No podemos escapar de los combustibles fósiles hoy, estamos en una transición, pero cómo sea esa transición depende mucho de cómo las naciones se adaptan a ella, cómo trabajan en ella. Y tenemos que adaptarnos al cambio climático, tenemos que ver cuál es la mejor forma de adaptarnos.

-Además del calentamiento global y la presión humana, hay industrias -como la minería- al menos acá en Chile, que están depredando todo a su paso: ¿Cómo compatibilizar el desarrollo económico con el cuidado de las montañas y el medioambiente en general?

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-Sí. Esa es la mayor pregunta filosófica a la que nos enfrentamos los que estamos vivos hoy: nos gustan nuestros computadores, y la tecnología a través de la cual nos estamos comunicando ahora. Nos gustan nuestras cuerdas de escalada de nylon, pero sabemos que todo esto es a expensas del medio ambiente. Entonces, el primer paso es reconocerlo, asumir que volamos en avión, que usamos computadores…pero reconocerlo y no hacer nada no es viable.

Conrad Anker, The North Face Antarctica Expedition 2017
Conrad Anker, The North Face Antarctica Expedition 2017 ©Jimmy Chin

-Mientras más se masifica la montaña, también hay más basura, más presión natural en el  medioambiente, pero, por otro lado, quizás más conciencia del cuidado de la naturaleza: ¿cómo equilibrar más alpinismo con el medio ambiente?

-Probablemente la mejor manera de hacer esto es ir ligeros, intentando generar un impacto mínimo. Obviamente no ir es lo que generaría cero impacto, pero trabajamos y disfrutamos de la vida para poder salir al aire libre y hacer cosas, así que pienso que lo primero es dar el ejemplo.

-La masificación de la montaña ha abierto más espacios para las mujeres, pero históricamente, salvo notables excepciones, las mujeres han quedado relegadas de la montaña. La madre que escala muchas veces es vista como una mala madre (sobre todo antiguamente) por dejar a los hijos. Sin embargo, eso sucede mucho menos con los hombres, ¿qué piensas sobre esto?

-Primero, hay un doble estándar con el tema de los y las montañistas. Cuando alguien es bombero, policía o soldado, va a la guerra o se pone en riesgo, es tratado como héroe (ina). Sus hijos dicen “mi papá o mamá son héroes”. Pero cuando eliges hacer algo que es arriesgado o peligroso por tu cuenta, la configuración es diferente. El hecho de que lo reconozcamos o tratemos de entenderlo es ir en la dirección correcta. En relación a las mujeres particularmente, tenemos miles de años de historia cultural que tratamos de cambiar de la noche a la mañana. Esto es similar a lo que hablamos del cambio climático: ser consciente es el puntapié inicial. Eso tiene sentido.

-¿Entonces crees que las mujeres madres de familia debería tener exactamente el mismo espacio que los hombres en el alpinismo? ¿Cómo hacer que esto suceda?

-Lo más importante es tener un buen compañero en casa. Que el hombre se quede y la mujer pueda ir a escalar. Que su pareja esté ahí para los niños. Las expectativas que tiene la sociedad para las mujeres ya están cambiando, hoy las vemos en más lugares de trabajo, con más oportunidades. La escalada puede ser una parte protagónica de esto, y una manera de beneficiar a la sociedad de una forma más igualitaria.

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Ice Climbing in Hyalite, Montana ©Austin Schmitz

Los Rolling Stones, recordar el pasado y vivir el presente

Conrad Anker se considera un amante de la música “del mundo”, aunque reconoce que sus bandas favoritas vienen del rock clásico. “Im a Stones guy”, dice cuando hablamos sobre la clásica discusión -cliché a estas alturas- sobre si los Beatles o los Stones.

Tiene una playlist en Spotify llamada “Meru Motivation” que escucha seguido y donde están sus canciones y bandas favoritas de todos los tiempos. Ahí hay muchísimo de las décadas de los sesenta y setenta -evidentemente- pero también algunos temas ochenteros y actuales. Sin embargo, para qué confundirnos, lo suyo ciertamente es…el rock clásico.

Hace un par de meses estrenaron “Torn”, documental dirigido por uno de sus hijos adoptivos, Max Lowe (son tres, junto a Sam e Isaac, los hijos del matrimonio de Jennifer con el fallecido Alex Lowe, mejor amigo y cordada de Anker. Tras la muerte de Alex, Conrad los crió junto a Jennifer). Aquí, el realizador cuenta la historia de la desaparición de su padre en el Shisha Pangma en 1999, el posterior matrimonio de su madre con Conrad y cómo esta familia con tres niños enfrenta y supera el dolor y las heridas que fue dejando esa historia. “Fue una bendición haber podido realizar este documental, me genera mucho respeto lo que hizo Max, de haber tenido la valentía de contar esta historia. Es la historia de nuestra familia contada por nuestra familia, no por un canal de televisión o una productora con ideas preconcebidas. No podría ser más relevante, porque fuimos nosotros los que lo hicimos, no puedo estar más agradecido por lo que hizo Max”, asegura. Sin embargo, no fue fácil: recién ahora está en paz con el resultado, y lo ve como un regalo a la comunidad, “porque hay muchas personas que han vivido historias similares y esto es una oportunidad de hablar de ello”, reflexiona.

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Conrad junto a su familia ©IG @conrad_anker

Agradecido de la vida, habla sin tapujos sobre el infarto que sufrió en 2016 a 6 mil metros de altitud en Nepal, y de las enseñanzas que quedaron de ese evento traumático. “Fui muy afortunado. Estoy muy agradecido de mi compañero David Lama que me ayudó a salir y a sobrevivir. Y esto me dejó una lección, es que debemos vivir siempre el momento presente”.

Con la humildad y gentileza humana que lo caracterizan, hoy Conrad Anker se dedica a enseñar a los que vienen, acompaña y guía a atletas jóvenes que quieren aprender de su experiencia en la montaña junto a The North Face. Además, participa de diversas organizaciones y fundaciones como “Protect Our Winters”, “Alex Lowe Charitable Foundation” o la  “American Himalayan Foundation”, entre otras. “Mucha gente me ayudó a subir montañas, me entregaron sus conocimientos. Es mi turno de entregarlos a otros”, dice convencido. Por otra parte, asegura que los tiempos modernos han ayudado a expandir este deporte, con la tecnología al alcance de la mano: “hay más paredes de escalada en todas partes, en gimnasios…la accesibilidad que entregan las redes sociales, abres tu teléfono y tienes otra aproximación, no es algo tan remoto y misterioso como años atrás. Hay más acceso”.

Achicando sus pequeños ojos azules al tiempo en que sonríe, Conrad Anker se despide amablemente desde su casa en Bozeman, cuando ya es casi la una de la tarde en esas latitudes. Aunque es una persona difícil de leer, hay algo que queda en evidencia, y es que este hombre de la montaña es un fiel reflejo de la frase que repite constantemente en sus redes, la firma de su correo electrónico y su página web: BE GOOD. BE KIND. BE HAPPY.