Ladera Sur Entrevista a Nicolás Roselló, el alma de Vivero Cumbre
Entrevista a Nicolás Roselló, el alma de Vivero Cumbre

Naturaleza

Entrevista a Nicolás Roselló, el alma de Vivero Cumbre

Hoy en LS, entrevistamos a Nicolás Roselló, el joven chef encargado de Vivero Cumbre, el jardín secreto del Cerro San Cristóbal.

Hace unas semanas les contamos del “Vivero Cumbre”, un jardín secreto en la punta del Cerro San Cristóbal de la ciudad de Santiago, que acoge día a día a los que lo visitan por curiosidad o para sumarse en los Voluntariados y Talleres de educación ambiental que realizan abiertos a la comunidad, buscando a través del cultivo de plantas, el intercambio de semillas y el trabajo colectivo generar una espacio de co-creación y aprendizaje. Es un lugar lleno de energía que invita a reflexionar -a través del contacto con la naturaleza y de la simple pregunta de qué es lo que estoy comiendo- sobre lo que somos y buscamos ser como seres humanos.

El vivero es pura vida, y Nicolás Roselló –encargado del lugar- es su máximo representante. Un joven Chef de 27 años, que al escucharlo pareciera un sabio, de esos viejos, que ha dado respuesta en su corta vida a muchas de las interrogantes que hoy en día nos hacemos como sociedad, dando un giro radical en su vida, cuando se dio cuenta que el “para qué” era su motor de reflexión y acción.

Los invitamos a conocer más de él y de cómo ha convertido, junto al equipo de Fundación Sendero de Chile, este espacio del cerro isla de Santiago en un centro comunitario y su modo de vivir en este planeta.

Nicolás Roselló ©Equipo LS
Nicolás Roselló ©Equipo LS

¿Cuál fue el sendero que recorriste que te llevó a cambiar tu vida?

Cuando salí del colegio tenía clarísimo qué era lo que quería estudiar. Mi abuelo era ingeniero mecánico y me encantaba. Me enseñó a soldar, a trabajar las tuercas, y tenía el talento. Entré a estudiar Ingeniería Mecánica Automotriz, pero cuando llevaba un mes trabajando en un taller, entendí que no era mi lugar, que no quería vivir así mi vida, que no podría ser autosuficiente.

Entonces empecé mi búsqueda, y ahí me di cuenta que la pregunta no era “qué es lo que quería ser cuando grande”, sino “qué herramienta puedo estudiar que me sirva para toda la vida” y por eso estudié cocina, todos tenemos que cocinar por respeto a nosotros mismos, porque somos lo que comemos.

Después de un año viviendo en Francia en donde pude seguir pensando en cómo lograr una mejor calidad de vida y salud, vino la pregunta clave: de dónde viene lo que comemos. Ya no era sólo preocuparme por cómo elaborar mi comida, sino que de dónde venían los alimentos que comía. Preguntarme por eso me hizo dar un giro, dejar de llevar una vida tradicional como la conocemos, abandonar comodidades como ir al supermercado, porque hasta la verdura ahí estaba muerta, era artificial y poco saludable.

Este ha sido el paso más importante, ya que no sólo me siento mejor, sino que me acercó a intereses y actividades que me permitieron encontrar la mejor manera de vivir para mí.

¿Y cuál es esa manera, qué te inspiró?

Definitivamente es prender menos el computador y meter más las manos en la tierra.

Al salir de la escuela de cocina me di cuenta que nos enseñaban cómo cocinarle a otros, y no a nosotros mismos, con calidad, aprendiendo miles de técnicas y aplicación de tecnologías que gastan mucha energía para llevar la cocina a un nivel sofisticado, que no se justifica y menos aporta. Salí de la escuela consciente de que nos alimentamos muy mal, sin ningún respeto a nuestro cuerpo.

Con esta inquietud, y buscando la manera de empezar a hacerme cargo de mi alimentación y darle por ahí un sentido a la vida, conocí a Félix Brunatto, maestro chileno de la lombricultura, que me enseñó todo lo que sé hoy de ese arte, y que tenía la filosofía de preguntarse antes de hacer cualquier cosa, ¿para qué lo estoy haciendo? Eso me hizo mucho sentido, y lo aplico pensando siempre en que si no sé para qué lo hago, mejor no lo hago.

¿Cuál es tu “para qué” en esta forma de vivir?

La reflexión fue: para qué continuar con el ejemplo familiar de mis padres y abuelos -estudiar, trabajar, criar- si para mí es aburrida y ya se lo que viene, porque de alguna manera la veo reflejada en su historia; ya está todo escrito. Ahí tuve que tomar la decisión: sigo con la vida tradicional, de trabajar y ganar dinero para disfrutar el tiempo que me queda o decido hacer un cambio y trabajo directamente para tener una mejor vida, trabajo por mí, por la gente que me quiere y por todos aquellos a quienes pueda ayudar. Y lo hice, me lancé nomás, porque si uno cree que puede cambiar las cosas tiene que hacerlo ahora, y yo sí creo en el cambio.

Y así fue como llegue al vivero. Estaba instalando, junto a Brunatto, un proyecto de lombricultura para reciclar los desechos del zoológico (proyecto que hoy recicla más de 300 toneladas al año), lo que me permitió conocer a la gente de la fundación, quienes estaban buscando a alguien para que se haga cargo de este espacio, pero sin muchas lucas, y pensé: si le van a pagar a alguien por hacerse cargo de esto tengo que ser soy. Estaba buscando ese giro, no quería trabajar más “abajo”, y este espacio me permitía cultivar la tierra, cosechar mis alimentos para comer bien, y generar el cambio que se necesita en el modo de vivir.

 ¿Qué es lo que te motivó a hacer este cambio, además de tu alimentación?

La situación está crítica, y los que nos proyectamos sabiendo que viviremos 50, 60 años más, y que además luego vienen nuestros hijos y nietos, tenemos que hacer algo. Hoy siento que estamos en un momento clave en la humanidad. Estamos en medio de la bifurcación hacia tomar la decisión y transformarnos, o nos unimos a lo que están haciendo los demás y nos vamos juntos a un precipicio que es evidente.

Lo veo así, se viene un cambio y podemos anticiparnos, transformando nuestro modo de vida voluntariamente antes de que sea obligatorio; o podemos esperar, dando lo mismo las consecuencias que eso pueda significar y más adelante se verá cómo cambiamos, pero sin duda será más intenso y radical. Me estoy anticipando, sé que este esfuerzo lo vamos a tener que hacer en algún minuto todos, y esto no lo digo o invento yo, es algo que hace años está gestándose y el contexto global así lo demuestra.

¿Y por qué crees que no hemos hecho todavía ese cambio como humanidad?

Es que todos le tenemos miedo al cambio, a la angustia económica que significa a revelarse contra lo tradicional del sistema. Yo vivo de la manera que quiero vivir y eso me entrega felicidad, pero el tema económico no es menor, me ha hecho cuestionar mi decisión porque no es fácil estar en el sistema de “otra manera”.

Hay mucha gente que ha hecho el cambio de modo personal, pero éste no se proyecta masivamente, y creo que es porque la inercia nos caracteriza. Si vamos todos para el mismo lado, por qué yo voy a ir hacia uno diferente. Es un tema cultural y de comodidades, no es fácil tomar la decisión de hacer cambios porque mucho de lo que nos entrega el sistema nos hacen sentir bien, pero creo que no se pueden sostener por mucho tiempo más.

Y no quiere decir que hay que estar fuera del sistema, al contrario, desde dentro es desde donde se pueden lograr cambios, generando transformaciones y siendo consientes de lo que el planeta es y necesita.

¿Cómo el Vivero Cumbre te permite vivir este modo de vida?

El vivero es un centro de expansión en donde se pueden poner en práctica todos los conocimientos de agricultura urbana y generar una comunidad inclusiva, en donde todos se sientan acogidos, aprendiendo de la vida a través del cultivo y de la tierra. Aquí las personas no sólo vienen a un Taller o un Voluntariado, vienen a compartir aprendizajes y conectarse, poner en práctica lo aprendido, porque hay mucha información sobre estos temas, pero muy pocos lugares donde practicarlo, y qué mejor que hacerlo aquí en pleno Cerro San Cristóbal.

Este lugar es una guarida, es una terapia. Al vivero vienen niños, jóvenes, adultos, personas con discapacidad, en riesgo social y muchos adultos mayores, que llegan con preguntas existenciales sobre cómo mejorar la calidad de vida y aquí encuentran ese lugar. El vivero me permite compartir con ellos, generar una comunidad -porque sin el aporte de tiempo y energía de los voluntarios este espacio no podría ser lo que es-, cultivar la tierra y vivir una mejor vida a través de mi alimentación y de hacer lo que me hace feliz.

¿Qué hace a Vivero Cumbre especial y para qué las personas deberían venir aquí?

Este es un espacio de amor, y sin duda creo que eso es lo que le falta a la humanidad. Vivir con pasión y por amor es lo que realmente necesitamos en este planeta y es el gran cambio que viene.

Hoy nuestro mayor problema es que la tecnología está muy por sobre el amor, y le tememos porque sabemos que si la utilizamos sin éste y sin consideración por el otro, nos puede destruir. Si somos capaces de elevar nuestro nivel de amor seremos capaces de acceder a tecnología que pueden solucionar los grandes problemas del mundo y la sociedad.

Por ejemplo, se habla de la crisis del agua, de la energía, y el problema no está en que el recurso se vaya a acabar o no podemos acceder a él con tecnología, sino en que somos indiferentes e inconscientes en el uso que hacemos de ellos. Botamos comida en nuestras casas como si nada, compramos ropa y no sabemos de dónde viene ni en qué condiciones fue elaborada, gastamos agua sin control.

Y aquí nuestra filosofía es que somos humanos conscientes, y tenemos que hacernos cargo, y lo primero es hacerlo desde nuestra alimentación. El vivero aporta desde ese lugar, entregando un espacio en donde –y como la permacultura postula- las tres éticas fundamentales son: cuidado del ser humano, cuidado del medioambiente, y compartir el excedente, especialmente con las primeras 2 éticas. Es decir, tomar conciencia, dejar de ser indiferentes conmigo mismo, porque cuando te haces cargo de tu alimentación empiezas a valorar tu propio cuerpo, te das cuenta de cosas que se pueden cambiar, y te empiezas a preocupar del otro. Tiene que ver nuevamente con el amor, y el cuidado de lo que somos y en donde y con quienes habitamos.

l Vivero Cumbre queda en la cumbre del Cerro San Cristóbal. ©Equipo LS