Ladera Sur El florecimiento de la quila: del anuncio de “calamidades” a una oportunidad para la restauración ecológica
El florecimiento de la quila: del anuncio de “calamidades” a una oportunidad para la restauración ecológica

Naturaleza

El florecimiento de la quila: del anuncio de “calamidades” a una oportunidad para la restauración ecológica

Florece solo una vez en su vida, pero cuando lo hace, despierta el temor. Nos referimos a la quila, un grupo de bambúes nativos de Chile que, en la memoria ancestral y campesina, se asocia con la ruina y los desastres. Esto se debería, en parte, a que la quila aumenta el riesgo de propagación de incendios y del hantavirus por las “ratadas”. Sin embargo, también es relevante para el bosque nativo. Por ello, el proyecto de ciencia ciudadana Quilantún sigue su rastro para velar por la salud de las comunidades de la cordillera de Nahuelbuta y, a su vez, aprovechar la gran oportunidad que ofrece la naturaleza a través de esta llamativa planta.

Transcurría el año 1552 cuando los españoles poblaron lo que hoy conocemos como la ciudad de Valdivia. El historiador Jerónimo de Vivar describía –  en lo que fuera uno de los primeros registros – una descomunal cantidad de ratones que les consumieron todas sus provisiones, sin salvarse ni siquiera los vestidos que eran roídos por estos pardos mamíferos del “Nuevo Mundo”. Años posteriores, se hablaba de “plagas de pericotes”, como aquella que asedió a Osorno en 1797, y que según “los naturales”, ocurría cada 18 o 20 años luego de que los coligües se recogían y secaban. De hecho, el pueblo mapuche señalaba que de ahí venía la ruina tras la pérdida de cosechas y el embate de pestes. Todo ello tenía un origen en común.

Había florecido la quila.

Flor de la quila ©Quilantún
Flor de la quila ©Quilantún / Ramón Reyes

Cosa rara que la flor de una planta se asocie con malas noticias, pero por alrededor de 500 años las historias se repiten, llegando a oídos de las actuales generaciones. “La primera vez que escuché hablar sobre esto fue por mi abuela, hace más de 20 años atrás. Mi abuela es mapuche, y ella me decía que era muy preocupante cuando la quila florecía, porque significaba que venían años de ruina. Cuando chico no lo entendía tanto, hasta que crecí y estudié ramos de botánica en la universidad”, relata Christian Romero, coordinador de Quilantún, una iniciativa de ciencia ciudadana de Ética en los Bosques.

Quilantún – que en lengua mapuche significa “encuentro de quilas” – nació en la Cordillera de Nahuelbuta, que se ubica entre las regiones del Biobío y La Araucanía, con el fin de estudiar la reproducción de estos bambúes. Así buscan prevenir la propagación de incendios forestales y el contagio de hantavirus por las denominadas “ratadas”, las mismas que desde antaño afectaron a distintos grupos humanos, en una clase de “conflicto” que muchas veces olvida el lado “amable” de esta planta.

Quila ©Quilantún
Quila ©Quilantún

Presentando a la susodicha

Para empezar, entre la zona central y sur de Chile existen alrededor de 12 especies de bambúes nativos del género Chusquea, que son denominados popularmente como quila, colihue o taihuén. De enmarañada apariencia, se caracterizan por alcanzar grandes alturas y por sus numerosas ramificaciones, que les dan cierto aire “despeinado”. Además, son poáceas o gramíneas, es decir, de la misma familia del trigo.

Para entender mejor el meollo de este asunto, es bueno repasar las cuatro fases en la vida de una quila. En primer lugar, la planta se encuentra en estado vegetativo, cuando el follaje de estas especies se encuentra verde, lo que puede extenderse entre 15 y 70 años, aproximadamente.

Quila ©Quilantún
Quila ©Quilantún

Luego vendría la segunda etapa, que es la floración en primavera, cuando hacen aparición sus flores burdeo y estambres amarillos.

Estado de floración de la quila ©Quilantún
Estado de floración de la quila ©Quilantún

Posterior a ello comienza la semillación, es decir, el individuo libera sus semillas y se seca, como evidencia la coloración amarilla que adquiere.

Quila ©Quilantún
©Quilantún

Y, por último, la quila muere, culminando con una alicaída postura y el quiebre de sus tallos.

Vilipendiadas flores, pericotes y tormentas de fuego

Ahora bien, entrando de lleno al terreno asociado a las calamidades, las quilas florecen una sola vez en su vida, cuando alcanzan su madurez sexual a partir de los 15 años, produciendo así innumerables semillas para después morir.

Semilla de la quila ©Quilantún
Semilla de la quila ©Quilantún

Romero, quien también es ingeniero en biotecnología de la Universidad de Concepción, detalla que “no se sabe exactamente cuánto tiempo se demora en florecer la quila, es un periodo entre 15 y 80 años, lo que en realidad es super variable. A los 15 años la quila ya alcanza su madurez sexual como planta, pero puede esperar mucho tiempo para florecer o no. Cuando ocurre, produce muchas semillas, entonces con este alimento los ratones se vuelven miles”.

En efecto, algunas estimaciones señalan que las poblaciones de estos roedores podrían aumentar hasta 14 veces tras la floración de la quila, debido a la copiosa disponibilidad de alimento para especies granívoras como el ratón de cola larga o colilargo (Oligoryzomys longicaudatus). Es el gran incremento del número de ratones el que recibe el nombre de “ratada”.

Raton colilarga, roedor nativo ©Yamil Hussein E.
Raton colilarga, roedor nativo ©Yamil Hussein E.

El coordinador de Quilantún señala que “los ratones se van a comer todas las semillas de quila que encuentren, pero son animales voraces, entonces van a seguir buscando alimento, y ahí es donde se acercan a las casas y comen lo que encuentran, como las siembras”. He ahí su vinculación con las hambrunas en el pasado.

Por otro lado, es dicha cercanía y solapamiento de espacios entre roedores silvestres y asentamientos humanos lo que facilita la emergencia y propagación de enfermedades zoonóticas, como el hanta. Según algunos cálculos, entre el 1 y el 6% de los ratones colilargos portan hantavirus, el cual ocasiona altas tasas de mortalidad en las personas, quienes sufren síntomas como fiebre, decaimiento, cefalea, dolores musculares y problemas gastrointestinales, para después desarrollar dificultad respiratoria.

Eso no es todo.

Las quilas se sincronizan con plantas emparentadas para florecer juntas dentro de un periodo aproximado, que según Quilantún oscilaría entre los 5 a 6 años. A esto se le conoce como “floración gregaria”, como bien describe en este trabajo el investigador de la Universidad Austral, Mauro González.

En ese sentido, y como ya lo adelantábamos, la floración y semillación de las quilas o colihues suele venir acompañada después de una muerte grupal o masiva. Romero detalla que “la quila florece generalmente por grupos familiares, por ejemplo, todos los que están emparentados genéticamente van a florecer el mismo año, el mismo grupo familiar. Entonces normalmente en una cuenca, todas las quilas son parientes, y eso produce esta floración masiva”.

Lo anterior nos conduce al segundo factor de riesgo, como es la propagación de incendios forestales. No es secreta la devastación que dejan tras su paso, tanto en las poblaciones humanas como en la biodiversidad.

Quila ©Quilantún
©Quilantún

Por ello, cuando el fuego – de origen humano – entra en contacto con la inflamable maraña de quilas, las consecuencias pueden ser catastróficas.

“Una vez que la quila florece, se seca y el material combustible queda totalmente disponible para que venga cualquier chispazo. Cuando están secas, el fuego se expande muy rápidamente. Generalmente crecen en manchones continuos, o en quebradas, abarcando grandes espacios disponibles para quemarse”, advierte Romero.

Quila ©Quilantún
©Quilantún

Ante las graves implicancias del hanta y los incendios en la zona centro y sur del país, el equipo de Quilantún trabaja con varias comunidades entre las regiones del Maule y Aysén.

En cuanto a la importancia de la cordillera de Nahuelbuta, donde nació la iniciativa, Romero asegura que “es un territorio donde se guarda el material genético de casi todo el centro sur de Chile. Acá hay una reserva de biodiversidad increíble donde encuentras la mayoría de las especies que se encuentran hacia el norte y hacia el sur, entonces, si algo está pasando acá, podría ser un reflejo de lo que puede suceder en otros lugares del país”.

Monitoreo de la quila ©Quilantún
Monitoreo de la quila ©Quilantún

De hecho, la quila floreció hace más de 60 años en algunas localidades de la zona, de acuerdo con los testimonios de personas mayores. Eran niños cuando aconteció.

Pero los incendios y las ratadas no serían todo, pues los vecinos de algunas localidades ocupan la quila como forraje para la ganadería. “Que florezca la quila significa para ellos perder uno de los alimentos importantes que utilizan para su ganado en invierno. Implica una mayor inversión en fardos, lo que no siempre pueden hacer, entonces es una pérdida para su economía. También tiene repercusiones en otros sentidos, porque un campesino mantiene cierta estructura de bosque, pero si no tiene quila para alimentar a sus animales, va a tener que venderlos o vender un poco de leña, lo que también termina afectando la dinámica del bosque”, puntualiza Romero.

Monitoreo de la quila ©Quilantún
Monitoreo de la quila ©Quilantún

Además, en Quilantún trabajan con entidades como Diálogo Forestal Nacional para fomentar medidas de prevención en materia de salud y seguridad laboral, ante la exposición de los trabajadores forestales a los incendios y contagios del virus hanta.

De esa forma, han articulado un trabajo con varios actores, quienes ayudan a identificar los lugares donde la quila se encuentra en estado reproductivo. Siempre con miras de la prevención, disponen de un canal en su sitio web para que cualquier persona envíe su reporte de floraciones de quila, generando así un mapa que muestre en lo posible los estados en lo que se encuentra este bambú nativo.

También se han ejecutado otras acciones.

Construcción de casas anideras para aves rapaces ©Quilantún
©Quilantún

Por ejemplo, cuando las quilas mueren y comienzan a caer, han sacado y controlado la disponibilidad de ese material en lugares como Angol, para evitar la potencial propagación de incendios, mientras que, para mantener a raya a los ratones, han instalado casas anideras para aves rapaces. De esa manera, en vez de usar rodenticida (que además pone en peligro a los carnívoros nativos), favorecen la presencia de depredadores naturales de roedores, como una medida de control biológico.

Construcción de casas anideras para aves rapaces ©Quilantún
Casas anideras para aves rapaces ©Quilantún

Todo esto considerando que las especies mencionadas hasta ahora son moradoras nativas y autóctonas de este territorio, tanto la quila como el ratón colilargo.

Por lo mismo, es importante precisar que la quila no es una clase de “villana”. Por el contrario.

Las quilas o colihues no solo ostentan una gran relevancia para la naturaleza, sino también para las comunidades humanas que, desde tiempos inmemoriales, se beneficiaron de ellas.

No todo se trata de calamidades.

Guardiana, escudo y benefactora vegetal

En un exhaustivo trabajo, Yanko González y Mauro González entregan valiosa información sobre estos bambúes nativos en “Memoria y saber cotidiano. El florecimiento de la ‘quila’ en el sur de Chile: de pericotes, ruinas y remedios”.

Allí se recoge, por ejemplo, cómo las gigantescas quilas proveían a los pueblos originarios y a los bosques verdaderos “escudos” o “fortalezas” vegetales inexpugnables frente a los conquistadores europeos, quienes con violencia buscaban ganar territorio a favor de su “Reyno”, borrando o transformando para ello lo que existía originalmente en estos parajes.

Quilas ©Quilantún
Quilas ©Quilantún

Instaladas y entretejidas en el sotobosque, las quilas habrían constituido un notable obstáculo para los avances y actividades de los conquistadores y colonos en los años venideros, cuando de talar o despejar terreno se trataba.

Así lo constató también en 1875 el geólogo Pedro José Amado Pissis en su obra “Geografía Física de la República de Chile”, donde sin ahorrarse las metáforas arguyó: “En los bordes de los espacios claros de los bosques, una bambusácea trepadora, la Chusquea Quila, ocupa todo el espacio libre y forma un matorral impenetrable, como si estuviese destinada a preservar el bosque de los ataques de los vientos y animales”.

Y aunque antaño se vinculó al colihue con la hambruna por el obrar roedor, la planta también sirvió de alimento y material de construcción para los pueblos originarios, quienes – por ejemplo – consumían una clase de “sopa” de sus semillas, y también los renuevos y tallos tiernos de estas gramíneas. Incluso se fabricaban bastones de estas plantas, aunque los usos han sido más diversos, hasta nuestros días.

Quila ©Quilantún
©Quilantún

Romero destaca que “hay una economía basada en las cañas de quila y colihue, porque la gente lo usa desde lo más básico, como colocar la guía para los porotos en los campos. Del sur se van camiones cargados con cañas de quila hacia el norte porque allí las utilizan para construir muebles o cercos, entonces se ha podido utilizar esta gran disponibilidad de material seco, reduciendo la cantidad que va quedando en el bosque o cerca de las casas”.

Y tal como se infiere de lo anterior, también cumple un importante rol ecosistémico.

Quila ©Quilantún
Quilas ©Quilantún

El vocero de Quilantún explica que “la quila tiene un rol super importante dentro de la dinámica del bosque porque utiliza espacios y los enriquece. Imagínate un espacio ocupado por 80 años por una planta que de repente lo libera de una. Ese espacio se enriquece, aumenta la humedad, la materia orgánica, los suelos donde estuvo la quila son suelos muy ricos en nutrientes. Dentro de la dinámica del bosque, cuando la quila se muere, los árboles aprovechan de colonizar esos sitios, y se generan estos claros de bosque. Aparecen nuevos árboles y se va generando un nuevo bosque, eso dentro de su dinámica natural. Además, la quila suele crecer mucho en quebradas, entonces protege los suelos en pendientes muy fuertes, infiltra agua y favorece la protección de los cursos de agua”.

Quila en el bosque ©Quilantún
Quila y el bosque ©Quilantún

En esa línea, Ariel Muñoz y Mauro González indicaron en una publicación de la Revista Chilena de Historia Natural que, en los bosques de elevaciones bajas en Chile centro y sur, la Chusquea quila es de los organismos del sotobosque de mayor influencia en el proceso de regeneración de especies arbóreas, ya sea en claros naturales o intervenidos por el humano. Allí investigaron la regeneración de seis lugares luego de que se registrara una muerte masiva de quilas, y las distintas respuestas de árboles nativos tras ese episodio.

Como es de esperarse, las quilas también proveen hábitat, refugio y corredores biológicos a todo tipo de animales que requieren cobertura vegetal para sobrevivir y desplazarse, ya sea a carnívoros nativos como la güiña y el zorro de Darwin, o aquellos de pequeña talla, como el ciervo volante peludo (Chiasognathus jousselinii, en peligro crítico de extinción), y el monito del monte que construye sus nidos con esta planta.

Actualmente, los humanos hemos generado una serie de alteraciones, como el cambio de uso de suelo, que propicia no solo la ocurrencia de incendios, sino también la pérdida de espacio para el bosque nativo. Un ejemplo de ello es que, tras la muerte de quilas, se ha observado en algunas áreas la colonización de plantas exóticas introducidas como el aromo y retamillo, en lugar de especies nativas que, históricamente, usaban esos espacios.

Por ello desde Quilantún buscan que se planifique un futuro con la quila, donde distintos actores se preparen, prevengan y aseguren que el sitio que deja la quila, luego de florecer, sea recuperado por el bosque nativo.

Quila en el bosque ©Quilantún
©Quilantún

No por nada Pissis había notado hace más de 140 años que la quila parecía “destinada” a preservar el bosque.

En definitiva, la flor de la quila constituiría, más bien, un llamado a prepararse para coexistir y a aprovechar las oportunidades de la naturaleza.

“Si la gente dice que la necesita para el forraje, entonces sembrémosla. Podemos utilizar la quila para recuperar espacios erosionados o un curso de agua, aprovechar el crecimiento de esta planta para combatir la llegada de especies exóticas y también para recuperar servicios ecosistémicos que son super relevantes para todas las comunidades humanas”, señala Romero.

“Cuando florece la quila, tenemos algunos problemas, pero también oportunidades. Si se demora en florecer 80 años, quizás la voy a ver así una vez en mi vida. La idea es planificar y que no nos pase lo mismo que en los últimos 500 años donde, cada vez que florece la quila, la gente se asusta, pero no toma medidas o no aprende de este proceso y no lo utiliza a su favor. Lo que queremos es, precisamente, aprovechar las oportunidades que entrega la naturaleza, la ecología y la biología de cualquier especie. La quila se presenta como una super-oportunidad para hacer restauración ecológica y para aprender de un proceso que no se había considerado tan relevante, hasta ahora”, sentencia.