Para el fotógrafo Nicolás Piwonka (67), la pasión por la naturaleza está en él desde que tiene memoria. No hay un hecho específico, ni un viaje especial que lo haya marcado, sino más bien una relación que él sintió desde pequeño y que plasmó en la fotografía.

Como era tímido, prefería sacarle fotos a insectos o animales. Podía -al igual que ahora- pasar minutos u horas pegado en el suelo sacando una foto. Luego, volvía al cuarto oscuro de su casa para revelarlas, tal como era el proceso de la antigua foto en blanco y negro.

Su pasión llegó a tal punto que quería aprender todo aquello detrás del lente de su cámara. Por eso entró a estudiar biología. “Nunca me vi metido en un laboratorio haciendo un paper. Esa carrera no era para mí”, dice. Pero, de alguna forma, su trabajo también ha tenido una rol importante en la divulgación científica.

Así, manteniendo sus gustos, viajes e intereses, se rodeó de maestros naturalistas y conservacionistas, y se transformó en un referente de la fotografía de naturaleza en Chile, siendo parte de reconocidos proyectos como la Revista Expedición a Chile o el programa La Tierra en que Vivimos, llegando incluso -literalmente- al bolsillo de todos los chilenos.

Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.
Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.

Viajar y entender la naturaleza

Viajar, ver la naturaleza, sacar fotos. Esa es la dinámica que Nicolás siempre ha amado. De pequeño, viajaba con su mamá a lugares increíbles. Luego le agarró el gusto a viajar solo. Durante su época escolar y universitaria tiene recuerdos en la cordillera cerca de Santiago y de escapadas a la costa. Con el tiempo, conoció otros países.

Con su cámara en mano y sus ojos despiertos, ha podido ver los cambios en el entorno desde la época de los 70’, cuando empezó a dedicarse a la fotografía. Desde ese entonces, no tiene un lugar, sino que millones que recuerda con cariño. Eso sí, siempre tenía requisitos para elegir sus destinos: que fueran remotos, lo más prístinos posibles y alejados de la civilización. “El Chile que yo conocí desde que empecé, ahora ¡¡uff!! Está a años luz de diferencia. Me ha tocado vivir una cosa bien entretenida por todo el desarrollo y el poblamiento masivo de lugares”, afirma.

Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.
Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.

Pero también, en sus procesos de estudios e interacciones, fue desarrollando un ojo que lo ayudaría a sus búsquedas y encuadres en terreno. Aquí entra uno de los personajes que le entregó grandes aprendizajes: Humberto Maturana, una eminencia de la biología y los estudios del conocimiento humano, quien fue ganador del Premio Nacional de Ciencias en 1994. Con él, de hecho, empezó algunos procesos de tesis. “En lo que duró mi carrera universitaria, estuve todo el tiempo metido con él, me fui a meter a su laboratorio. Aprendía y revoloteaba ahí. Me interesó mucho lo que él explicaba, toda su ‘onda’. Eso fue un buen marcador en mi proceso personal y relacionado con la percepción de la vida”, recuerda.

– ¿Qué nos puedes contar de esa relación con Maturana?

-Aprendí un chorro. Era una forma de ver distinta. Al principio me costaba mucho entenderlo, porque tenía un dominio del lenguaje increíble. Cada palabra que decía la usaba correctamente. Entonces lo que decía era muy preciso. Poco a poco fui familiarizándome con el lenguaje. Fue muy enriquecedor porque en realidad tiene una visión y una forma de ser que me atraía mucho.

– ¿Crees que esa visión aportó en tu fotografía de alguna manera?

-La fotografía es un reflejo de mi ser. Entonces todo lo que me influye en la vida cotidiana se va a reflejar en la fotografía. Quiera o no quiera, es así.

Los icónicos proyectos del pasado

Para Nicolás, el haberse dedicado a la fotografía no es algo que decidió, sino que resultó. “No eran muchos los que sacaran fotos en ese tiempo, así que pude hacer valer mi trabajo y desarrollar mi actividad, mi profesión”, dice. Él empezó a trabajar profesionalmente como fotógrafo en 1977. Uno de los grandes proyectos en los que participó fue la legendaria revista “Expedición en Chile”, creada en 1975, que fue pionera para su época y reunió a editores, científicos, fotógrafos e ilustradores para recorrer el país y explicar sus secretos, a través de la naturaleza. Él llegó como jefe de fotografía y estuvo en el periodo final de la revista.

Cinco de los 48 números de la revista. ©Rodrigo Hernández Del Valle.

– ¿Cómo llegó esa oportunidad?

-Llegó porque el sobrino de Lucho Peña, un entomólogo y gran explorador, estudiaba conmigo biología. Me dijo que tenía un tío entomólogo. Lo fuimos a ver y la cosa es que llegué a la casa y no me podían sacar de ahí (ríe). Con Lucho Peña igual hicimos muchos viajes independientes de la revista, a varias partes, a colectar insectos.

– ¿Cómo fue ser para ti parte de este proyecto?

– Fue otra experiencia increíble, era un grupo de científicos que en ese tiempo tenía más la cosa más global, como naturalista antigua. La idea era ir a un lugar y todo el grupo se juntaba y hacía un campamento. Yo tenía la fortuna de acompañar a los distintos científicos para sacarles fotos y mostrar lo que ellos estaban haciendo en terreno. Eso para mí era ideal, porque yo tenía los conocimientos de biología y me ayudaba a tener una metodología. Estuve aprendiendo con muchas personas, grandes científicos, distintas cosas relacionadas con la naturaleza. Fue fascinante. En la tarde volvíamos, nos juntábamos alrededor del fogón y cada uno de los científicos comenzaba a explicar lo que había visto. Había un encargado de escribir lo que escuchaba de esa conversación. La idea era que esas conversaciones tenían que ser entendibles para un niño de 15 años. O sea, ¿para qué hablar en palabras raras y términos que no se entienden? Se traducía en un lenguaje coloquial muy entretenido. Entonces había una percepción, un conocimiento del entorno que era mucho más gentil y entendible.

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Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.
Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.

Más adelante, entraría al mundo televisivo como fotógrafo y asesor científico. Uno de los proyectos en los que participó fue el querido programa La Tierra en que Vivimos, que comenzó sus filmaciones en los 80’, siendo uno de los pioneros en documentales de naturaleza y ecología en Chile. Cuando Nicolás se integró, trabajó con el documentalista Sergio Nuño y empezó una travesía de viajes por Chile, donde también conoció a Jurgen Rottmann, ex presidente de la Unión de Ornitólogos de Chile.

– ¿Cómo fue experimentar con la fotografía con la parte audiovisual?

-Son lenguajes separados. Sergio hacía la parte del video y yo la de fotografía. Era un complemento. En ese tiempo no había planes de sacar un libro y después la editorial Antártica editó uno donde usó todas esas fotos de La Tierra en que Vivimos (1983). Pero básicamente la oportunidad es de poder estar en lugares con personas que saben, conocen y encuentran las cosas. O sea, uno puede pasar por un bosque y jamás ver, no sé, equis cosa, porque no sabes dónde está. En fin, con este programa entendí más de lo que sucede alrededor mío en la naturaleza y eso me permite acceder a fotografías de eventos que son, que están ahí, pero que uno los pasa de largo.

Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.
Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.

– ¿Crees que estos proyectos marcaron un precedente en educación y divulgación ambiental?

-De todas maneras. Ahí hay otra cosa, creo que mi mayor aporte en la educación ambiental es a través de mi pasión. No me gusta llamarlo pega. Es mi forma de vida.


– ¿Cómo todos estos maestros con los que trabajaste en tu trayectoria fueron aportando a tu fotografía?

– Para mí hay dos tipos de fotografía: la fotografía descriptiva, esa que es una reproducción, donde todo es igual. Y la otra es la que tiene que ver con la emoción, que es lo que a mí me hace sentido. Es que alguien la vea y diga ¡aaaahhh! Listo, se logró, generó algo, todo lo demás es secundario. La impresión llegó y después hablamos. Entonces mezclar lo que es la parte más descriptiva, que es la que buscan los científicos, con la parte más emocional, era lo que a mí me interesaba hacer, digamos, para poder transmitir justamente este lenguaje árido de visiones científicas a un montaje más emotivo en términos humanos. Eso se tradujo en la fotografía que estoy haciendo.

El encuentro con Tompkins

Un día, cuando vivía en Chiloé, Nicolás recibió un fax. El mensaje era claro: Douglas Tompkins quería reunirse con él y, al día siguiente, estaría en su casa. Para su sorpresa, así fue. Su primera reunión fue en Ancud. Tompkins llegó en su distintivo avión. “Él me decía que quería sacar fotos, tener un registro de lo que estaba haciendo en la Patagonia. Y quería saber si yo estaba interesado. Yo le dije que sí, por supuesto. Así que me subí al avión con él y fuimos a Pumalín a dar una vuelta. Ahí empezó una relación larga, de casi ocho años, en la que yo iba para allá y era casi mi segunda casa”, recuerda Nicolás.

Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.
Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.

Así empezó un proceso de viajes y recorridos por inhóspitos paisajes que hoy forman la Ruta de Los Parques de la Patagonia. Para él, el viajar en ese avión pequeño, acompañando a Tompkins, en lugares absolutamente maravillosos, fue un privilegio absoluto y una experiencia increíble.

-Entonces tus fotos deben haber sido las primeras fotos de esos parques…

-Exactamente, las primeras fotos. A los dos años que llegó (a principios de los 90’) él me contactó.

En el bolsillo de los chilenos

Si uno se fija en un billete de mil pesos chileno, en su reverso están las Torres del Paine y un guanaco. En el de dos mil, está la Reserva Nacional Nalcas y el loro choroy. En el de cinco mil, el Parque Nacional la Campana y un tucúquere. En el de 10 mil, el Parque Nacional Alberto de Agostini y un cóndor. Y en el de 20 mil, el salar de Surire y unos flamencos volando. Todas las fotos que se plasmaron en los billetes son de Nicolás Piwonka. Por eso, dice, “mi mayor aporte es que mi foto de naturaleza está en todos los bolsillos de los chilenos”.

¿Cómo fue ese proceso de participar en el diseño de los billetes?

– ¡Súper entretenido! Me acuerdo que estaba en el Banco Central, hablando con el equipo, y eran como cinco personas en el proceso. A mí me tocó la parte artística, de la imagen. Aprendí un montón porque no era solo poner una foto en un billete, sino que hay una serie de cosas que asociar a seguridad. Pero claro, entretenido saber esos detalles y entrar en un mundo nuevo.

– ¿Qué significó eso para ti?

– El mayor logro para mí, en cuanto a lo que puedes ver de un aporte al medio ambiente. O sea, claro, la idea de que en el billete esté la naturaleza y un animal bueno, al inconsciente colectivo va a caer que eso tiene valor, independiente le guste la naturaleza o no. El hecho es que esté en el billete. Eso habla por sí solo y hace que haya una percepción distinta. Es un mensaje muy importante y yo estoy feliz de eso. Me llamó Milan Ivelic, entonces director del Museo de Bellas Artes, que estaba formando un equipo, y le he habían pedido hacer este el trabajo de cambiar la parte de atrás de los billetes. Querían naturaleza, entonces me llamaron para poner paisaje. Ahí pude influir y cambiar la cosa de mero paisaje, que es algo más típico, a que cada billete tuviera un parque nacional y un ave o un animal asociado a ese parque. Eso resultó.

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Los cambios y próximos pasos

Nicolás vive en su casa en Villarrica, donde es libre de organizar sus tiempos y futuros proyectos. Cuando quiere, va a pasear con el volcán en el paisaje que siempre lo acompaña, como si fuese parte de su propia fotografía actualmente. Ahí, dice, es tranquilo. Pero cuando le toca viajar, no para de moverse. Si bien durante la pandemia no pudo salir, ahora es feliz de volver a conocer nuevos lugares.

Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.
Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.

Así fue a Bonaire, en el Caribe, a sacar fotos submarinas. Viene llegando de Costa Rica, donde fue al Parque Nacional Corcovado y logró fotografiar al quetzal y el cocodrilo, a los que tenía en sus pendientes. Pero esa lista sigue esperando tachados, como su sueño de fotografiar a un oso polar. Eso sí, bajo un foco importante. “Tengo que adaptarme. Antes iría a sacar fotos de osos polares en los lugares más prístinos del mundo. Pero hoy en día ya no estoy tan purista porque el mundo ha cambiado. Eso es lo que me estoy interesado en documentar. Entonces, claro, un oso polar fantástico, maravilloso, pero me encantaría sacarlo junto con una bolsa de basura al lado o la situación que esté viviendo. Me ha costado acostumbrarme. Ahora estoy en otra etapa”.

Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.
Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.

En ese sentido, ¿cómo ves que ha ido cambiando la fotografía desde que tú empezaste hasta ahora que ya hay toda una experiencia detrás de ella?

-La fotografía ha cambiado un mundo. Partí con rollo y me tocó la revolución digital. Ya estoy esperando que en un par de años más voy a empezar a sacar fotos solamente con teléfono. Además, todo el mundo es fotógrafo y saca buenas fotografías. Yo entro a Instagram y me da depresión, porque hay una cantidad de imágenes espectaculares (…). El fotógrafo profesional nada más se distingue de un no profesional porque vive de eso y tiene más experiencia.  Aunque, claro, para mí la fotografía para mí tiene más sentido con un contenido emotivo actual.

– ¿Te costó mucho acostumbrarte a lo digital?

-Eso de que la fotografía digital es más fácil ¡es mentira! Es más fácil apretar el dedo, pero implica meterte al computador harto rato y va a depender de programas. Hay un mundo al que me he tenido que adaptar. Antes era sacar la foto, mandar el rollo y estaba. La verdad es que no ha sido tan rico tampoco, pero es lo que hay.

-También en los últimos años has publicado algunos libros. ¿Qué nos puedes contar sobre ellos?

-La fotografía es una forma de expresión. Entonces tenía la percepción de que estaba bien por sí sola, pero después sentí que la debía acompañar esto con algún texto. Comencé a escribir algunas cosas relacionadas para mostrar mi parte verbal frente a fotografía. Por último, dije que quería mostrarlo a mi forma. Para mí, el libro es el producto final de una idea que quiero plasmar y mostrar. Entonces ya los últimos libros los he hecho enteros, o sea, me entretuve a morir viendo todo. Así resultaron los últimos dos libros de Patagonia y el de cambio climático.

Actualmente Nicolás está abocado a la macrofotografía. Según cuenta, lo que más le gusta de ello es “encontrar un mundo en el jardín, sin tener que viajar a otro lado para encontrar una maravilla que me deje absorto”. Puede pasar toda una mañana sacando fotos y en todas partes. De eso quiere sacar una exposición, donde lo más pequeño se vea en una gran resolución, además de que sea algo interactivo.

Además de esto en lo que estás, ¿cuáles son tus próximos pasos?

-Seguir viajando por el mundo. Y, como te digo, me estoy metiendo en macrofotografía pero bien especializada. Eso implica que no solo estoy viendo la forma del del objeto fotografiado, que puede ser muy bonita, pero también es una cosa de colores y formas, que la gente diga ¡ah que linda! Pero con la resolución. Con esto yo puedo acercarme, meterme dentro y ver la estructura que hay dentro de esa bella imagen, entonces ahí hay donde capturar. Para mí es como aprender a maravillarse de lo que uno ve, pero además tienes un mundo dentro que es quizás más lindo y no sabes apreciar. Entonces es también enseñar a ver.

Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.
Créditos: Nicolás Piwonka, fotógrafo chileno.

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