Ladera Sur Con la llegada del invierno, comienza un nuevo año en Arica
Con la llegada del invierno, comienza un nuevo año en Arica

Cultura y Patrimonio

Con la llegada del invierno, comienza un nuevo año en Arica

Cristián Heinsen, Director de Fundación Altiplano, nos invita a descubrir un lado desconocido de las culturas nortinas: en junio, para el solsticio de invierno, se celebra el nacimiento de un nuevo año Aymara a través del Machaq Mara. Aquí todos los detalles de esta celebración que se lleva a cabo en pueblos como Codpa, Cobija, Guañacagua, Visviri y Putre. 

Junio es el mes del solsticio de invierno en esta parte de Tierra y de verano, en la otra. El triunfo del sol, por acá, y el triunfo de la luna-noche, por allá. Las culturas ancestrales del planeta, que mantienen el compromiso por el buen vivir, conectados con la tierra, las estrellas y el tiempo, conservan la celebración del solsticio como el nacimiento del año nuevo, de la renovación. En Arica y Parinacota, la celebración del solsticio es el Machaq Mara, el año nuevo aymara.

Timar ©Fundación Altiplano
Timar ©Fundación Altiplano

El amigo caminante, misionero y codpeño, Carlos Nuñez Sosa, nos refiere desde su experiencia en las comunidades andinas: “Cada 21 de junio, se celebra el Machaq Mara en nuestros pueblos, el cambio de ciclo o Año Nuevo Aymara… El sol está alejado… Durante un largo tiempo, la celebración se perdió debido a la transculturización y la pérdida de la identidad, pero con la ley 19.253, a partir de 1995, recuperó protagonismo”.

Este año nuevo significa el término de un ciclo agrícola e inicio de otro y tal como cuenta Nuñez, “Hay que ofrendar a la Pachamama o Madre Tierra, en el cerro o calvario más alto del pueblo, un llamo blanco o un cordero, antes que salga el sol. Primero se pawa, se chalta con vino y hojas de coca a la Tierra, en pareja de un hombre con una mujer. Luego se chalta el animal con hojas de coca y azúcar, se llevan ofrendas a la tierra como frutas, vino Pintatani, pan tostado y charqui seco, que después se comparte en comunidad. Luego viene el sacrificio y a esperar la llegada del sol, levantando las manos en alto”.

Llamo blanco wilancha ©Fundación Altiplano
Llamo blanco wilancha ©Fundación Altiplano

La ceremonia termina en un saludo entre todos los presentes, y un rico asado o calapurca. Todos los huesos del animal se queman. “Todo esto está a cargo de un yatire… Esta festividad se festeja en todos los pueblos como Codpa, Cobija, Guañacagua, Visviri o Putre”. 

Pero ¿qué sentido tiene el Machaq Mara? El profesor Carlos Choque Mariño, socoromeño, nos entrega las claves: “El Machaq Mara no sólo implica el poder determinar un período cronológico de tiempo, sino que posee una connotación religiosa profunda que hoy estamos redescubriendo. El mundo Aymara se encuentra en la búsqueda permanente de comprensión de las leyes de la naturaleza y su armonía (Taypi)… El Machaq Mara, es el cierre del ciclo que permite encontrar la armonía cósmica en la naturaleza, la sociedad humana y el mundo celestial. Es también la purificación del alma y el espacio humano mediante las fuerzas cósmicas”. 

Pawa en Pachama©Fundación Altiplano
Pawa en Pachama©Fundación Altiplano

En el pasado, la celebración del Machaq Mara Aymara o Inti Raimi de los Incas, fue tolerada por los españoles en un comienzo, pero pronto fue prohibida y se intentó extirparla como idolatría. La sabiduría andina la refugió en celebraciones agrícolas y religiosas cristianas, como la fiesta de San Juan y Corpus Christi, ambas en junio. Valga hacer notar que la muy europea fiesta de San Juan, patronal de Timar, sincretiza una celebración ritual pre-cristiana dedicada al solsticio de verano, heredando el fuego como símbolo y rito purificador.

Vicuñas ©Fundación Altiplano
Vicuñas ©Fundación Altiplano

Cuando, como especie humana, en incesante afán de viaje, de saber y de conquista, nos alistamos a pisar el suelo de Marte, algunos científicos ya proponen declarar zonas patrimoniales, para proteger y conservar ese valor en riesgo para las nuevas generaciones. Es el saber indígena que aflora en la ciencia de vanguardia: la conservación es la sostenibilidad, la profunda necesidad humana de dejar para los que vienen aquello que hemos recibido con cariño de los antepasados.

©Fundación Altiplano
©Fundación Altiplano

Hace unas semanas, disfrutamos en Pachama y Arica, la quinta versión del Festival de Arte Arica Barroca, que celebra la identidad sur andina de Arica y Parinacota. Elvira Espejo Aica, artista y directora del Museo Nacional de Etnografía y Folclor de la Paz, amiga de Arica Barroca, nos regaló el poema Sami Kirki, Canto a los Alientos Andinos. Es un trabajo de arqueología poética andina, una obra mayor de literatura universal, que podemos compartir en este mes del cambio de ciclo.

“En aquellos tiempos mi abuela Gregoria Mamani (1900) escuchó la memoria de su abuela doña Martina Pumala (1700), quien le reveló que los cantos tenían tanta fuerza que podían responder al universo, por ejemplo el canto al sol en el mes de junio”, dijo presentando el poema.

Wara wara sami (Aliento a las estrellas)

Wara waray aywinuqjipanay

Pukaratway arurapima


Lliphi lliphi chuyma katukama

Lliphi lliphi aru katukama

Wara waray lliphipjipanay

Uywiritway arurapima

Lliphi lliphi wila katukama

Lliphi lliphi sinta katukama

Wara waray qutuchasjipanay

Maya chuymay arurapima

Lliphi lliphi amuyt ́ayapxita

Lliphi lliphi irpasiwayapxita

 

Cuando las estrellas estén llegando

Desde Pucará te voy a saludar


El brillo que sostiene el pulmón


El brillo que sostiene el corazón

Cuando las estrellas estén brillando

Desde mi gran protector te voy a saludar

El brillo que sostiene la sangre


El brillo que sostiene el camino

Cuando las estrellas se estén juntando

Desde mi corazón te voy a saludar


El brillo que nos hace pensar


El brillo que nos encamina…

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