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“Me sentí más en el cielo que en la Tierra”: Sebastián Pelletti rememora su carrera en la escalada
En junio de 2025, tras un intento fallido, el escalador Sebastián Pelletti, junto a Ethan Berman y Maarten Van Haeren, alcanzó la cumbre del Ultar Sar. Con ello, se coronaron con el hito de la primera ascensión al pilar sureste de la montaña de 7.388 msnm. Tras su llegada, Felipe Howard, director de Ladera Sur Adventure, conversó en exclusiva con él sobre su trayectoria en la escalada, motivaciones y la última experiencia inolvidable.
Nació en Melbourne, Australia, pero se mudó a la Patagonia con 21 años. En ese momento, se enamoró del sur del continente. Actualmente, trabaja en la zona como guía y, cuando puede, practica escalada. Es montañista y escalador con una vasta experiencia, teniendo en su currículum algunas de las cumbres más importantes del mundo. Entre ellas, uno de sus hitos más recientes: La primera ascensión al pilar sureste del Ultar Sar (7.388 msnm), junto a Ethan Berman y Maarten Van Haeren.
El operador pakistaní que los recibió señaló que “su dedicación y pasión por la montaña han dado sus frutos con la exitosa ascensión al desafiante y hasta ahora inexplorado Pilar Sureste del pico Ultar Sar, el 11 de junio de 2025 a las 9 de la mañana. Han dejado sus primeras huellas en la cima por una ruta nunca antes escalada —una hazaña que quedará grabada en la historia para siempre—”.
En una conversación exclusiva con Ladera Sur, Pelletti narró esta última aventura y recordó algunas de las anécdotas de su trayectoria, que incluye conquistas en el Fiordo de las Montañas, Karakorum, Arma de doble filo en Torres del Paine, Shooting the Moon, entre otras montañas.

El desglose de las habilidades de un explorador y la ambición de este
Pelletti inició conversando sobre la motivación que lo llevó a desarrollarse como explorador. Luego ahondó en sus desafíos: “Creo que la parte de que sea desconocido un objetivo o la cara de una montaña te hace acudir a toda la trayectoria que tienes en el pasado, entonces, obviamente es la habilidad física de escalar, pero también de navegar un terreno, decidir por dónde entrar a un glaciar, valle, etc. Al final se trata de intuición un poco y eso viene de la trayectoria”.
“Estuve en Perú haciendo montaña, en la Cordillera Blanca, Huaraz. Era mi segunda vez ahí, estábamos escalando con un amigo varias montañas de seis miles, tratando de ir por líneas directas. Tratando de ir por las rutas no normales, sino que más técnicos y llegó un punto en que me di cuenta que para seguir en eso tenía que aceptar más peligros objetivos y fue ahí que abrí mi primera ruta en el Huamashraju y me di cuenta de que si iba por este camino más aventurero también me llenaba”, expresó el escalador.

El primer intento de subir al Karakorum
El año pasado Pelletti conquistó una arista inexplorada en el Ultar Sar —más específicamente el pilar sureste de la montaña— y así se convirtió, junto a su cordada, en los primeros alpinistas en abrir esa ruta. Sin embargo, no fue un camino fácil, puesto que el primer fracasó por varios aspectos.
“A mi me parecía muy ambicioso. Dije: ‘Esto es muy grande para mí’. Tampoco sabía qué es lo que me llamaba para ir allá, cuando aquí tienes por ejemplo el Cerro Torre, que por donde lo mires es más técnico. Pero en camino hacia la expedición empecé a entender el por qué: el Himalaya, el Karakorum, tiene este conocimiento dentro del alpinismo, que mientras más grande la montaña, todos los elementos del desafío crecen exponencialmente”, aseveró Pelletti sobre sus pensamientos antes de subir a la montaña.

Este objetivo no era exclusivo de Sebastián, ya que entre los alpinistas es sumamente conocido. Hubo varios montañistas que intentaron conquistar esa cumbre, con cordadas muy fuertes durante décadas.
Entre los desafíos que afrontó Pelletti estuvo la inexistencia de aclimatación en para el Ultar: “La ruta es demasiado técnica para subir y bajar de forma eficiente, te destruirías en el intento de aclimatar, entonces aclimatamos en otro valle, lo que implica tener dos campos base, tener que ir dos veces con equipos de porteadores. Esas montañas, que no son las famosas, no tienen campo base establecido, no tienen distancias establecidas para los porteadores, nadie sabe cuántos días vas a demorar a campo base, donde ponerlo, entonces desde el día uno comienzas con desafíos de desconocimiento total”.
Otro contratiempo fue una avalancha mientras escalaban. “Estábamos tratando de hacer esta montaña que es gigante y te entran pensamientos, pero no quise armarme de miedo de montaña o algo así”. Además, uno de sus compañeros enfermó durante la subida. Entonces, supieron que el primer intento no sería el de llegar a la cumbre.

La revancha contra la montaña
“No pasaron ni tres semanas y ya queríamos volver”, consignó Pelletti. Las dificultades que vivieron para escalar en una primera instancia los nutrió de un aprendizaje que los motivó a intentar una segunda oportunidad.
El comienzo no fue el mejor, ya que en ese momento hubo un conflicto geopolítico entre Pakistán y la India, denominado como el “Conflicto de Cachemira”. Justamente cuando el grupo de Pelletti iba a viajar, cerraron el espacio aéreo del sector, pero posteriormente pudieron viajar hasta Catar. Sin embargo, la pugna no había finalizado, por lo que se replantearon cambiar el objetivo, pero Sebastián, siendo optimista, prefirió esperar un poco, y les dijo que se iba a calmar la situación. Dicho y hecho. Se logró un acuerdo de paz total, por lo que pudieron volar a Pakistán para llegar a la cumbre.

Estuvieron ocho días en un campo base en el Valle del Hunza haciendo la aclimatación, y posteriormente fueron al Ultar como planificaron.
“Dividimos en cinco partes donde las condiciones y el terreno cambian. Los primeros tres días son bien maratónicos, de escalar 800, 900 metros de hielo, cascadas, terreno mixto. Mucho escalar en hielo de 70° y darle. Abajo la escalada es bien técnica. Lo difícil viene arriba, eso es lo que hacía atractivo el objetivo y la curiosidad de qué va a haber arriba en el pilar de roca mixta. En los 6.700 metros comienza la escalada más técnica y no termina a los 7.300”, recuerda Pelleti y agrega:
Pese a los síntomas que pudieron percibir producto de la altura, pudieron llegar. Pelletti describió esos momentos como a cámara lenta: “Arriba de los 6.700 hasta los 7.200 metros había mucho largo mixto nos tocó secciones de M5 —de roca y hielo— cruces verticales, pero fue increíble”.

“Al final el corazón, las respiraciones te limitan, no puedes moverte rápido aunque quisieras. Todo toma un ritmo lento y controlado, estás en un estado que pocas veces he visitado, tu mente ni siquiera te permite agitarte. Entonces estás en un estado de mucha tranquilidad y de mucha paz, es todo un viaje”, recuerda emocionado Sebastián.
Posteriormente, habló sobre lo que fue llegar a la cumbre: “Recuerdo que estábamos afectados por la altura y el cansancio. Yo pensé que me iba a desatar como muy emocionado. Nunca he llorado en una cumbre y dije: ‘Creo que voy a llorar hoy’. Pero era tan surreal estar ahí que ni siquiera las emociones se me pudieron venir, me acuerdo sentir mi cara congelándose, pero me daba igual. También las luces que tú ves abajo en el pueblo, el hostal donde nos quedamos está a 5.000 metros en línea recta hacia abajo. Me sentí más cerca del cielo que de la tierra, me sentí más arriba que abajo en este momento”.

Equipo LS