Cerca de Linares, en plena Región del Maule, hay un lugar donde la regeneración es el punto central. Ahí, en medio del ecosistema de la selva maulina, se trabaja en la restauración ecológica de un humedal, al mismo tiempo que se desarrolla un sistema agroforestal para la producción local. Eso es el proyecto Huelemu y su impulsor es Ricardo Valdés, quien es una verdadera enciclopedia de aprendizajes sobre la bosquicultura y los bosques comestibles.

A raíz de la inquietud de realizar un video educativo sobre bosques comestibles en el que se enseñara lo que él comparte en sus cursos, se terminó realizando un documental de dos horas. En él se promueve la difusión del conocimiento sobre bosques comestibles como una propuesta para la seguridad alimentaria y la restauración de los ecosistemas, a través de distintas iniciativas que se dedican a ello a lo largo de Chile.

La obra fue realizada por Ricardo, fundador de la escuela de bosquicultura Huelemu y Benjamín Kokaly, documentalista y fotógrafo. Ambos trabajaron durante tres años y lograron un resultado que propone un encuentro entre saberes tradicionales y corrientes modernas para el tránsito a la regeneración. La producción recibió el nombre de Abundancia Siempreverde.

Un encuentro con la bosquicultura

Los abuelos de Ricardo se dedicaban a la agricultura y al campo, pero él no tuvo muchos encuentros cercanos con la regeneración. De hecho, luego de pasar gran parte de su juventud dedicado a la música, a los 25 años empezó su interés por la conexión con la naturaleza y sus frutos.

Ricardo Valdés. Fotos tomadas en Huelemu. Créditos a Tomás Munita. (20)
Ricardo Valdés. Foto tomada en Huelemu. ©Tomás Munita.

“La permacultura me abre un mundo, las ganas de cultivar y producir mi alimento. Masanobu Fukuoka, un agricultor y filósofo japonés, me inspiró a no sólo cultivar y producir de forma natural, sino que también vivir conectado con los ciclos de la naturaleza, de forma austera, con un estilo de vida ligado a la vida silvestre y lo sencillo. Y luego, conociendo las experiencias de bosques comestibles en el clima templado de Inglaterra, conecto la agricultura con el bosque, dándome cuenta de que es la forma más natural de habitar un espacio: dejando que se haga bosque”, explica Ricardo.

Cuando llegó a lo que es hoy Huelemu, que es una parte de un terreno familiar, detonó un proceso de regeneración como algo evidente para ese lugar. Eso era antes un campo agrícola convencional donde se cultivaban cereales en monocultivo. Ese espacio lo había heredado de su abuelo materno y se dedicó a experimentar y aprender haciendo. Apenas empezó vio un suelo arcilloso, lleno de virtud de tener agua por ser un acuífero natural. Plantó, con ayuda, los primeros árboles en 2015 y ahora todo resurge: las plantas, el bosque comestible, los hogares de todos los seres que llegan. Es todo un ecosistema con un suelo vivo.

“Más que un proceso de regeneración, es sensibilización. Regenerar es un acto reflejo cuando uno entiende que sucede en la tierra. Y siento que más que entrar en el mundo de la bosquicultura, es la bosquicultura que entra en mí y me hace ver donde estoy, donde vivo y a lo que pertenezco. A la tierra de los bosques”, dice Ricardo.

Ricardo Valdés. Fotos tomadas en Huelemu. Créditos a Tomás Munita. (8)
Ricardo Valdés. Foto tomada en Huelemu. ©Tomás Munita.

– ¿Qué es para ti la bosquicultura?

-Me dan ganas de decir que vean el documental y saquen sus propias conclusiones, pero no quiero ser tan aburrido jaja. Para mí, la bosquicultura es darse cuenta que habitamos la tierra de los bosques. Donde aún crecen o alguna vez crecieron estos bosques, en el lugar del mundo que sea. Ser parte de ese bosque, ya sea maduro o en nacimiento, y permearse con este ecosistema, tomando los conocimientos de quienes siempre habitaron el bosque y adaptarnos con lo que traemos en este presente.

– ¿En qué se diferencia la bosquicultura con, por ejemplo, la permacultura o la sintropía?

De ninguna forma muy trascendental, no creo que estén desalineadas. En cada término o concepto, el bosque es la madre. Y cómo dice Griffen Hope (de la ecoescuela El Manzano) en el documental, se trata de volver a nuestra madre tierra y aprender de ella, y ella quiere ser bosque”. Creo que las técnicas que luego pueden surgir son como el toque que le da cada chef a su plato.

Ricardo Valdés. Fotos tomadas en Huelemu. Créditos a Tomás Munita. (10)
Ricardo Valdés. Foto tomada en Huelemu. ©Tomás Munita.

– Sobre tú propio camino en la bosquicultura. ¿Cómo este se fue armando?

– Para mí, siempre lo más importante en este camino ha sido ir al bosque. Tengo la suerte de conocer muchos bosques a lo largo de Chile, en diversos ecosistemas e incluso en otros países que he visitado. Eso me ha dado una visión y entendimiento, que aún sigo aprendiendo, del bosque y su magia. Es el gran maestro o maestra, como lo quieran llamar. Y partiendo de ese eje, cada lugar que habite, me va a nacer dejar que se haga bosque donde no lo haya. Y así es como llego al terreno de mi familia, que se heredó de mi abuelo materno (…).

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– ¿Cómo surge Huelemu? ¿En qué consiste este proyecto?

-Huelemu surge inspirado en dos proyectos que conocí; Las Cañadas en México y Agroforestry Research Trust en Inglaterra. En los dos lugares se enseña de agroforestería y bosques comestibles, y sentía que era necesario traer esa energía aquí a Chile. Entonces la idea fue crear un espacio demostrativo donde enseño a través de los cursos de bosques comestibles que doy. Aquí, más que enseñar una técnica, comparto mi experiencia y el lugar habla por sí solo. Yo voy traduciendo algunas cosas. Además, es mi casa, mi hogar, vivo aquí cerca de mi familia y los animales que me acompañan, por lo tanto, cómo vivo aquí es lo que intento transmitir entre otras cosas.

Ricardo Valdés. Fotos tomadas en Huelemu. Créditos a Tomás Munita. (7)
Ricardo Valdés. Foto tomada en Huelemu. ©Tomás Munita.

– ¿Cómo te ves afectado con el tema de la sequía? ¿Cómo se adaptan este tipo de bosques comestibles a la sequía o a la falta de agua?

-Huelemu está al lado de Linares, como a 8 kilómetros hacia el campo. La verdad es que aquí no se siente mucho la sequía. Soy afortunado de vivir a 2 metros sobre el agua. De todas formas, para el establecimiento y para que algunas plantas puedan producir bien, dependo del riego. Mi intención es ir soltando cada vez más el riego, a medida que los árboles ya estén más establecidos y puedan vivir con el agua de la napa y la humedad que retenga el ecosistema. El tema es que cada año planto nuevas cosas y no puedo dejar de regar por el momento. Ya llegará, espero, o al menos, disminuir la frecuencia de riego. La gracia de estos ecosistemas es que, si bien les afecta la sequía, y algunas plantas pueden morir, siempre van a existir las plantas que toleren los meses secos y sean capaces de resistir, en el clima que sea. Esa es la idea de potenciar un ecosistema resiliente y no estático. Es importante aprender a adaptarse a los cambios que se vienen y ser astuto con las plantas que escojamos plantar y, por supuesto, acumular la mayor cantidad de materia orgánica en el suelo.

Abundancia Siempreverde

Abundancia Siempreverde es una producción que invita a un viaje a través de saberes contemporáneos, con experiencias de aplicación y mezcla de saberes tradicionales con novedosos, como la permacultura, la agroforestería y la agroecología. Se trata de casos de diseños regenerativos, a través de diferentes capas y sucesiones naturales, que proponen unificar todo en el concepto filosófico de la bosquicultura. Así lo han explicado sus desarrolladores, quienes muestran cómo los bosques comestibles pueden ser una forma de convivir con el entorno silvestre, aprovechando sus riquezas, a través de un beneficio mutuo. Eso ha sido una tradición desde los orígenes de la humanidad.

“Hoy en día nos ha caído la teja del desastre humano y la devastación de la naturaleza, por ende, la atención cambió radicalmente a las formas de vida ancestrales. Seres que vivían en el bosque u otro entorno natural, y lo cuidaron, disfrutaron y aprovecharon por milenios. Eso es lo que estamos aprendiendo, a como conectar nuestro presente con los saberes ancestrales. Y la verdad es que echando a penas algunas décadas atrás, podemos absorber muchísima riqueza de esa forma de vida. De mis abuelos y otras personas mayores que viven en el campo y la naturaleza aprendo un montón”, explica Ricardo.

RICARD~1Fotos tomadas en el valle del Achibueno. Ricardo lleva a sus alumnos a entender el bosque nativo y hablar de asociaciones naturales de plantas. ©Tomás Munita.

-En el documental hablan de que, si bien bosquicultura es un término más actual, igual es algo que ha ido traspasando generaciones. ¿Qué crees que es eso que ha ido cambiando y qué es lo que se ha ido aprendiendo de los saberes tradicionales?

-Claro, la intención fue darle un nombre a un sentir, a una vivencia colectiva de quienes amamos al bosque y admiramos a quienes han vivido conectados con él y a la naturaleza en general. Aún es un término que está aterrizando, creo yo, de una conciencia, del espíritu del bosque y todo lo que vive con él.  Por eso conecta tanto con los saberes ancestrales, donde estos temas estaban más desarrollados, en un contexto donde la naturaleza era mucho más pura (…).

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Antes de entrar de lleno en la bosquicultura, este documental empieza con un recorrido por los bosques de Chile de norte a sur. “La estructura del documental muestra en un comienzo nuestro hogar, que es la tierra de los bosques, el hermoso bioma que habitamos, y quisimos mostrar lo más prístino para emocionar a la gente. Y luego, lo demás, es la parte educativa que comienza mostrando gente mayor, contado su experiencia como bosquicultores, tratando de transmitir que la verdad es que esto no es nada nuevo, sino que es sólo una conceptualización y nuevas formas de ir jardineando. Y así sigue el resto del documental con un flujo de información para conocer de ecología del bosque, de plantas y de ciertos manejos, en manos y voz de muchos personajes”, explica Ricardo.

– ¿Cómo surgió la idea de desarrollar el documental? ¿Por qué consideras importante compartir ese tipo de conocimientos?

-El espíritu del documental es expandir y liberar el conocimiento, que ojalá la gente no tuviera que pagar por saber más. Era la idea del comienzo, meter toda la información posible en el documental, pero no se pudo. Es mucho, y la idea también era hacer algo bello, artístico. Esa fue la mano de mi compañero, Benjamín Kokaly, con quien realizamos la película. Él le dio el toque artístico, tuvo siempre el ojo para captar las imágenes más bellas, con el ritmo ideal tanto de la naturaleza como de las personas, buscando la mejor luz, una buena composición del cuadro y la naturalidad de cada escena. Creo que hicimos un muy buen equipo. Yo me encargué del contenido educativo y él de lo artístico. Ahora me siento libre de dejar que esta obra de sus frutos. Inspirar y transmitir conocimiento es mi ofrenda.  Fue un largo trabajo de 3 años, de mucho goce y buenos momentos, más debo reconocer que quedé exhausto (…).

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Ricardo Valdés. Fotos tomadas en el valle del Achibueno. Ricardo lleva a sus alumnos a entender el bosque nativo y hablar de asociaciones naturales de plantas. ©Tomás Munita.

En el documental comparten un montón de iniciativas a lo largo de Chile que se dedican a esto. ¿Cómo crees que se diferencian unas de otras, si el foco regenerativo se enfoca hacia lo mismo?

-La diferencia es la que hay en cada jardinero/a con su jardín. Cada cual tiene su manera de jardinear. Por su puesto que el clima y el territorio le dan su riqueza y diversidad. Es maravilloso que hoy en día hay muchísimas iniciativas con el mismo foco: traer de vuelta el bosque. En el documental mostramos sólo algunas, de nuestros amigos y amigas, y gente que conocíamos. Sin duda esto va a seguir creciendo. Cada lugar es un rico vergel para aprender.

– ¿Por qué el documental recibe el nombre de abundancia siempreverde?

-La abundancia es como el regalo que nos da la naturaleza, el reboce de la vida. Un bosque reboza de abundancia, de todo tipo: plantas, aves, hongos, alimento, medicina, madera, etc. Este es el mayor referente al crear un ecosistema agroforestal, que imite al bosque natural, y que perdure en el tiempo como las plantas siempre verdes que se mantienen verdes todo el año.

Ricardo Valdés. Fotos tomadas en Huelemu. Créditos a Tomás Munita. (15)
Ricardo Valdés. Fotos tomadas en Huelemu. ©Tomás Munita.

– ¿Cómo crees que tu ejemplo puede inspirar a otros?¿Qué consejos le darías a alguien que quiere comenzar?

Quiero decir que partí sabiendo casi nada, con prácticamente nada de experiencia, y que mis ganas de aprender y pasión me llevaron a conocer un mundo maravilloso, que tiene las puertas abiertas para cada persona. Todos/a podemos ser autodidactas, hay muchas experiencias y personas de quien podemos aprender tanto, y los bosques están allí afuera esperando que los visitemos y aprendamos de ellos. Es importante no perder el conocimiento ancestral, de campo, del mundo silvestre, que no está quedando registrado en libros ni películas. Lo demás, es cosa de estudiar. Pero lo más importante, es comenzar plantando ya. En el proceso creativo no existe el error, y éste puede llegar a surgir solamente una vez que hemos obrado, el cual nos enseña un montón. Hay que perder el miedo a experimentar y a equivocarse. Estemos con toda nuestra atención en lo que la naturaleza nos enseña, observando se aprende. Los nombres de plantas y otros tecnicismos son fáciles de memorizar, pero observar las sutilezas de la naturaleza nos va refinando nuestro actuar con las manos en la tierra. Si quieren tomen un curso, lean, vean documentales, eso les va a ayudar muchísimo, pero la experiencia les va a ir dando sabiduría. Nunca dejen de jugar en el jardín.

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