Ladera Sur Santuario de la Naturaleza Alto Huemul: un espectáculo otoñal
Santuario de la Naturaleza Alto Huemul: un espectáculo otoñal

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Santuario de la Naturaleza Alto Huemul: un espectáculo otoñal

Ubicado a 200 km al sur de Santiago, en la cordillera de la Región de O’Higgins, este santuario de la naturaleza se ha convertido en un imperdible para los amantes de la vida al aire libre. Sus añosos robles, algunos de más de 300 años de edad, entregan todo un espectáculo en otoño y hoy nuestro colaborador, el fotógrafo Augusto Domínguez, nos invita a conocerlo. 

Alto Huemul es un santuario de la naturaleza ubicado en la precordillera de Chile central, a 60 kilómetros al Este de San Fernando. Se accede a él pasando primero por Sierras de Bellavista y ahí, habiendo previamente agendado tu visita, te pasan las llaves de los portones. Abarca aproximadamente 22.000 hectáreas, de las cuales más de 3.000 están cubiertas por un bosque de sólo robles (Nothofagus obliqua), lo que constituye un tesoro ecológico. Algunos ejemplares superan los 300 años de edad.

Tuve la suerte de conocer este lugar invitado por mi querida Adriana Hoffmann, hace casi 23 años. Llegó a oídos de ella –quien por ese entonces trabajaba en la ONG Defensores del Bosque chileno–, que se estaba explotando un bosque catedral de robles, de manera ilegal, sin plan de manejo de la CONAF. Fue a Sierras de Bellavista y con sus propios ojos vio bajar enormes camiones con estos magníficos árboles tumbados. Se organizaron con otros amantes de la naturaleza y en 1996 se formó la Sociedad Inmobiliaria Ecológica Alto Huemul, para adquirir este hermoso predio y en especial la roblería. El objetivo era evitar la incipiente explotación maderera que estaba ocurriendo y desarrollar un plan de conservación sustentable para el futuro. Ese mismo año fue declarado santuario de la naturaleza y hoy, es además Sitio Prioritario de Conservación de Biodiversidad de la CONAMA.

©Augusto Dominguez
©Augusto Dominguez

Estos bosques han sido intervenidos históricamente por el hombre para la obtención de leña y carbón. También han sido usados como zonas de pastoreo de ganaderos trashumantes, y han sido objeto además de numerosos incendios forestales de los cuales todavía hay claras evidencias.

En la actualidad –y como forma de difundir el cuidado y la protección de la naturaleza–, están abiertos a la comunidad para que visite este santuario, donde la condición fundamental que se le exige a cada visitante es la política de “no dejar rastros”, lo que ha transformado al robledal en un lugar de preferencia para los amantes de la naturaleza. Allí no hay disponibilidad hotelera y por lo tanto, si vas por más de un día, la única opción es acampar.

En cada una de las estaciones del año, las distintas partes de Alto Huemul son preciosas. Pero debo admitir que mayo es la época del año donde más me gusta visitar el robledal. Llega el otoño y con él, los bosques se tiñen de rojo, naranjo y amarillo. Éste es el período donde podemos apreciar el santuario en una de sus formas más espectaculares.

©Augusto Dominguez
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Estos bosques constituyen el último remanente de un tipo forestal que constituía la vegetación típica de la precordillera andina antes de la depredación antrópica a la que ha sido objeto durante siglos.

©Augusto Dominguez
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Al visitar el Santuario Alto Huemul, lo que primero brillará ante sus ojos será el bosque catedral de robles (Nothofagus obliqua), de 300 años de edad estimada.

©Augusto Dominguez
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Los robles son árboles de hoja caduca, y ésta cualidad le da al paisaje una gran variedad de colores a lo largo del año.

©Augusto Dominguez
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En las quebradas por donde corre agua, los robles están acompañados de quillayes, canelos, olivillos, radales y naranjillos, otorgando color y belleza espléndida.

©Augusto Dominguez
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El robledal está rodeado de altas montañas como el cordón montañoso “El Sillón”.

©Augusto Dominguez
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El Estero del Risco Colorado está justo al final del primer robledal y siempre es un buen sitio para fotografiar el agua y las hojas de otoño.

©Augusto Dominguez
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En casi todos los senderos junto a los riachuelos, se encuentra gran cantidad de rocas, que no hacen más que realzar la belleza de estos bosques.

©Augusto Dominguez
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El estero El Roble Grueso y sus enormes rocas, te invitan a recorrerlo buscando nuevas vistas.

©Augusto Dominguez
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Con un poco de suerte, puedes encontrar los bosques otoñales con nieve recién caída. Este espectáculo dura poco, pero si estás acampando en el lugar, seguro disfrutarás el contraste del blanco sobre el otoño.