Nada como partir un domingo temprano a subir cerros cerca de Santiago. El destino: el Cajón del Maipo. La idea: llegar lo más alto que pudiera en un paseo por el día. El «Cajón» es uno de esos lugares que tenemos a mano y que pocos se dan el tiempo de conocer.

La ascensión al Glaciar el Morado no es difícil, requiere de ganas y contar con el equipo básico (zapatos, algo para el frío, agua y comida). El paisaje sorprende a cada instante; un paisaje monumental y sinuoso hacen de este ascenso algo de gran interés. Las distancias y la ansiedad por llegar de pronto hacen que el trayecto parezca más largo de lo que realmente es.

©Nicolás Sánchez
©Nicolás Sánchez

La vegetación que acompaña los cursos de agua, sin ser exuberante, llama la atención y en ciertos momentos toma mayor importancia que el cerro que las recibe. Especies que crecen con dificultad en las laderas dan ese toque sensible a la piedra y alientan el paso. Los colores ocres, gises, verdosos, algunos púrpuras hacen de este lugar un cuadro lleno de matices y una extensa paleta de colores que no cansa de asombrarnos.

©Nicolás Sánchez
©Nicolás Sánchez

El glaciar se viste ceremonioso entre las cumbres y lo transforma en un lugar único, donde pareciera que la gente llega, más allá del cansancio físico, a un lugar donde se respira el descanso de algo sagrado.

Para saber cómo llegar, aquí la información de nuestros amigos de Andes Handbook.

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