Ladera Sur Bitácora de un viaje por el increíble sur de Alemania, parte 2
Bitácora de un viaje por el increíble sur de Alemania, parte 2

Vida Urbana

Bitácora de un viaje por el increíble sur de Alemania, parte 2

Fuimos invitados por la Cámara Chileno-Alemana en diciembre a un viaje por el sur de Alemania para conocer más acerca de su historia, costumbres y espectaculares paisajes. En esta segunda parte, nuestro director Martín del Río nos relata su experiencia visitando el icónico castillo Neuschwanstein y la ciudad de Múnich. (Puedes ver la primera parte aquí)

 

Neuschwanstein

Mi viaje continúa y mi próximo destino era uno de los lugares que desde chico tenía ganas de conocer. En los años 90 uno de mis hermanos había viajado a este lugar y había traído de regalo una maqueta en miniatura y un póster. Era el Castillo de Neuschwanstein, uno de los lugares más turísticos de Alemania hasta el día de hoy.

© Martín del Río
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Este castillo es de esos lugares que tienen que lidiar con “expectativas v/s realidad” y debo decir que después de visitarlo cumplió totalmente con lo que esperaba. Aunque es muy turístico, recibiendo más de 1 millón de visitantes al año, al visitarlo en invierno la ventaja era que al ser temporada baja era posible recorrerlo con calma.

Para disfrutar este lugar hay que entender un poco la historia de Neuschwanstein. Este castillo fue encargado por el rey Luis II de Baviera, o conocido más popularmente como el “Rey Loco”. Luis II creció en el castillo de Hohenschwangau, este palacio está a pocos metros de Neuschwanstein y puede ser también visitado (aunque no tiene la belleza y tamaño de Neuschwanstein, si estás con tiempo recomiendo visitarlo, ya que te ayudará a entender la historia de esta familia real).

© Martín del Río
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Luis II añoraba la época medieval, le gustaba la grandiosidad de sus castillos y los lujos que se gozaban en esos años. Él gobernó a fines del siglo XIX por lo que la historia de la humanidad era totalmente distinta a la edad media y ya no eran necesarias ni aceptadas las grandes construcciones. Sin tomar en cuenta las críticas por parte de la familia real, Luis II comenzó a construir Neuschwanstein en 1869 con una intención mucho más estética que funcional. Nunca se casó ni tampoco tuvo hijos, por lo que este castillo fue planificado solo para que él se refugiara tranquilo.

Su construcción tardó 17 años y tiene más de 200 habitaciones. Lo más impresionante de la historia, es que Luis II solo pudo vivir ahí menos de un año ya que sufrió una misteriosa muerte a los 41 años. Meses después, el castillo comenzaría a recibir turistas hasta el día de hoy. Estando en el castillo, resulta impactante y vale la pena conocerlo. Creo que Luis II eligió el mejor lugar para construirlo, con vistas a los diferentes lagos de la zona y emplazado en medio de un bosque con quebradas y acantilados.

© Martín del Río
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Al recorrer su interior, a mi parecer, queda esa sensación de que fue un castillo que no tuvo mucha vida tras sus paredes, solo queda en evidencia las ansias de este rey en vivir en un castillo de cuentos. Lo que sí me impresionó y que es para aplaudirlo, son las numerosas modernidades para la época que incluyó en el diseño. Como por ejemplo, una línea telefónica, calefacción central de aire caliente y luz eléctrica.

Neuschwanstein es de esos lugares que hay que ir una vez en la vida. Además, la zona donde se ubica se caracteriza por contar con muchas actividades al aire libre. Tiene 120 kilómetros de rutas de senderismo y 90 kilómetros de senderos para bicicletas. Es perfecto para los que buscan buenos trekkings y deportes de invierno (aquí más info) . No dejen de recorrer las lagunas Schwansee y Alpsee que colindan con los castillos. A mí me tocaron congeladas y fue una gran experiencia ver cómo las personas patinaban sobre el hielo.

© Martín del Río
© Martín del Río

Para alojar en la zona recomiendo el “Hotel Weinbauer” , es una típica hostería alemana, muy sencilla, pero perfecta para conocer las tradiciones del lugar. Está a pocos kilómetros de los castillos y se come muy rico. Recomiendo el plato: “Wiener Schnitzel vom Milchkalb”, unas escalopas con unas papas espectaculares y una salsa dulce.

© Martín del Río
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Múnich

A solo 130 kilómetros de Neuschwanstein se encuentra una de las ciudades más importantes de Alemania y el destino final de este viaje: Múnich.

Llegué en tren y caminando logré llegar a un barrio lleno de hoteles, muy céntricos y bien ubicados. Yo me quedé en el Hotel Mirabell, un sencillo alojamiento que cumple con lo básico para estar cómodo y recorrer una gran ciudad.

© Martín del Río
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Múnich me recibió decorado completamente con luces navideñas y bajo la lluvia, pero como toda ciudad europea, está preparada para que la recorras y hagas una vida normal sin que el clima te impida hacer lo que tienes planificado.

Si vas entre el 25 de noviembre y el 25 de diciembre lo principal que puedes recorrer en Múnich son los mercados de Navidad. El principal es el de Marienplatz, el más antiguo y clásico de la ciudad (se organiza desde 1806), luego el que más me gusto a mí fue el Adventsspektakel und Mittelaltermarkt (Mercado medieval), un mercado que recrea todo como si estuvieras en una aldea medieval y tiene una variada programación de eventos musicales. Es perfecto para comer y tomarse algo los fines de semana. Si estás con niños se recomienda el Weihnachtsdorf, un mercado que está en un patio interior de la Residenz y que cuenta con carruseles y diferentes juegos típicos.

© Martín del Río
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Tuve la suerte que me tocó uno de los carnavales más bizarros en los que he estado. Se llama “Krampuslauf”, una antigua tradición navideña de los países alpinos y que se ha instaurado como un clásico en la ciudad de Múnich todos los 6 de diciembre. Esta fiesta está pensada para los niños, ya que los “Krampus” o “Diablos Navideños” son criaturas mitológicas que vienen a buscar a los niños que se portaron mal durante el año (haciendo el opuesto de San Nicolás –Viejo Pascuero– que entrega regalos a los niños que se portaron bien).

© Martín del Río
© Martín del Río

Es un espectáculo aterrador, ya que los actores están disfrazados realmente de criaturas horribles y van tirando agua y pegando latigazos. Los niños son los protagonistas, donde se les ve impresionados y asustados. Recomiendo ver este carnaval, los disfraces son realmente espectaculares y se vive una sensación de estar en una película de terror.

© Martín del Río
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Seguí recorriendo Múnich a pie ya que es un ciudad completamente caminable. Con solo 1. 5 millones de habitantes, es una ciudad amable y entretenida. Eso sí, el paso de la guerra se nota y mucho, ya que existe una mezcla de estilos arquitectónicos que habla de su potente pasado. Hoy en día, gracias a su buen desarrollo económico, se ha convertido en una de las ciudades más importantes de Alemania, donde empresas mundiales como BWM o Siemens tienen su sede ahí (si te gustan los autos no dejes de visitar las oficinas y museo de BWM). Es una ciudad cosmopolita y en su centro se encuentran varias galerías con las principales marcas de diseño. Recomiendo visitar la galería comercial Fünf Höfe (Cinco Patios).

© Martín del Río
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De los lugares típicos del centro de la ciudad recomiendo tomarse una cerveza en Hofbräuhaus, una cervecería cuyos orígenes son de 1589 y hasta hoy, miles de personas la visitan para tomarse un shop de 1 litro y escuchar típica música de Baviera. Me impresionó ver que en la entrada existía una zona para guardar tu vaso con candado y así podías ocuparlo cada vez que fueras (Eso sí, es un privilegio que solo los más exclusivos pueden tener).

Estos son los “locker” donde guardan sus vasos los clientes más exclusivos del bar © Martín del Río
Estos son los “locker” donde guardan sus vasos los clientes más exclusivos del bar © Martín del Río

Para terminar mi día, tuve la suerte de encontrarme una nueva versión del festival de cultura alternativo de Múnich llamado Tollwood.  Hay una versión de verano y otra de invierno. Aquí puedes encontrar eventos musicales, tiendas, y diferentes lugares para comer. Es como una gran feria al aire libre y en esta versión se trató el transporte de las grandes ciudades y cómo fomentar la movilidad sostenible a partir del uso de la bicicleta, vehículos eléctricos y transporte público.

Llegaba mi último día y no quería partir antes de conocer los principales parques de la ciudad. Mi primera parada fue el Parque Inglés, con 400 hectáreas que lo convierten en uno de los parques urbanos más grandes del mundo. Al ser tan grande cuenta con varias áreas (tiene 78 km de senderos) y diferentes zonas para estar tranquilo y en contacto con la naturaleza.

© Martín del Río
© Martín del Río

Lo que más me impactó fue lo que vi en el extremo sur del parque. Eran las 9 de la mañana, la temperatura era bajo cero grados y el escenario era un pequeño canal afluente del río Isar conocido como Eisbach. La fuerte corriente del río, que choca contra un sector estático de agua poco profunda, crea una ola consistente, no de mucha altura, con muros de concreto en cada orilla y rocas en el fondo. En ese lugar muchos jóvenes surfean en medio de la ciudad ¡Impresionante! (es una buena idea ya que la costa queda a unos 500 kilómetros). Me contaban ahí que esta práctica la habían comenzado los estadounidenses después de la guerra en búsqueda de poder realizar este deporte.

El segundo parque que quise conocer y recomiendo ir, es el Parque Olímpico (Olympiapark), un parque construido para los Juegos Olímpicos de 1970. Tiene 300 hectáreas de extensión, donde existe un estadio y diferentes zonas de relajo que te invitan a perderte en él. Lo interesante es su historia. Múnich es una ciudad plana, y si visitas este parque te darás cuenta que tiene varias colinas que le dan un moderno diseño. Estos pequeños cerros se hicieron con parte de los escombros de la ciudad tras la Segunda Guerra Mundial; actualmente es utilizado para eventos deportivos y culturales y es un ícono para todos los habitantes de la ciudad. Un taxista de unos 45 años me contaba con nostalgia y cariño como él venía desde pequeño a este lugar y hoy traía a sus hijos.

© Martín del Río
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Para despedirme de Múnich y de este viaje, fui a almorzar al excelente restaurant giratorio llamado 181 que queda en la punta de la Torre de Comunicaciones que se ubica en el mismo Olympiapark. Esta torre de casi 190 metros se construyó al mismo tiempo que el estadio y es un excelente escenario para tener una vista general de la ciudad. Estando ahí te das cuenta que Múnich no es una ciudad tan grande y que ha mantenido una perfecta escala.


Para la organización y coordinación de las visitas de este viaje conté con el apoyo de las agencias: