Ante los graves incendios ocurridos recientemente en la zona centro-sur del país, expresamos nuestro más sentido pesar por la pérdida de vidas humanas que estos siniestros han provocado. Cada persona fallecida representa una tragedia irreparable para sus familias y comunidades. Nuestra primera preocupación debe estar siempre en las personas y en el apoyo solidario a quienes hoy enfrentan duelo, desplazamiento y pérdidas. Lamentamos también profundamente la destrucción de viviendas y de infraestructura pública y privada. Escuelas, caminos, centros de salud, sistemas productivos y hogares han sido afectados, impactando de manera directa la calidad de vida de muchas personas y comunidades.

Pero los incendios no solo dañan a las personas y sus bienes. También generan consecuencias severas sobre la naturaleza en todos los niveles de biodiversidad, con efectos que pueden manifestarse en el largo plazo. En esta emergencia se han visto afectadas amplias superficies de vegetación nativa y ecosistemas de alto valor ecológico. La pérdida de cobertura vegetal favorece la erosión de los suelos, altera los ciclos hídricos y modifica de manera profunda los hábitats de numerosas especies de plantas, animales y microorganismos.

Particularmente preocupante es el daño a ejemplares de especies leñosas que se encuentran bajo categoría de amenaza. En varios sectores afectados por los recientes incendios existen poblaciones de árboles nativos de alto valor de conservación, como el queule (Gomortega keule) y el pitao (Pitavia punctata), ambos declarados Monumentos Naturales de Chile, entre otras especies que hoy se encuentran en peligro de extinción. Estas especies son además endémicas de los bosques de la Cordillera de la Costa de la zona centro-sur del país y constituyen un patrimonio biológico único para Chile y para el mundo, al encontrarse en uno de los hotspots de biodiversidad de importancia global.

Rebrote de queule (Gomortega keule) tras un incendio forestal. Aunque el árbol madre fue consumido por el fuego, los tejidos subterráneos sobrevivieron, permitiendo la regeneración natural cuando el sitio está protegido.
Rebrote de queule (Gomortega keule) tras un incendio forestal. Aunque el árbol madre fue consumido por el fuego, los tejidos subterráneos sobrevivieron, permitiendo la regeneración natural cuando el sitio está protegido. Créditos: Diego Alarcón.

El daño que el fuego provoca sobre estos ejemplares representa una alerta crítica para la biodiversidad del país. Sin embargo, es fundamental aclarar que el daño por incendio no implica necesariamente la muerte definitiva de estos y otros árboles. Existe mucha evidencia científica que muestra que varias especies arbóreas de los bosques mediterráneos y templados poseen una notable capacidad de rebrote tras el fuego.

En este contexto, el ecólogo Juli Pausas (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España) investigador de referencia mundial en ecología del fuego, destaca que “después de una catástrofe de esta magnitud, mucha gente piensa que los ecosistemas afectados han sido arrasados y perdidos por mucho tiempo. Sin embargo, la experiencia nos dice que muchas plantas sobreviven y rebrotan tras el fuego”. Esto ocurre porque “la parte subterránea de muchas plantas sigue viva aunque la parte aérea esté totalmente calcinada, y unas semanas o meses después del incendio empezarán a rebrotar y reverdecer el paisaje”.

En el caso particular de queule y pitao, la evidencia levantada en investigaciones científicas, incluidas las nuestras, ha demostrado que ambas especies muestran claramente capacidad de regeneración a partir de estructuras que sobreviven bajo o cerca del suelo. Esta capacidad de rebrote representa una oportunidad invaluable para su conservación. No obstante, para que estos procesos naturales se expresen adecuadamente, es indispensable que los sitios afectados por los incendios sean protegidos y no intervenidos.

Tal como enfatiza el Dr. Pausas, “para asegurar la máxima regeneración natural, es importante limitar el acceso a las zonas afectadas por incendios”. Además, las plantas rebrotadoras cumplen un rol clave en la estabilidad del ecosistema, ya que “sus raíces fijan el suelo y reducen la posible erosión post incendio”, contribuyendo a disminuir uno de los impactos ambientales más severos posteriores al fuego. Por ello, resulta imprescindible que los lugares afectados no sufran cambios en el uso del suelo y sean resguardados con prioridad por al menos 10 años.

Ejemplar de pitao (Pitavia punctata) rebrotando luego del megaincendio de 2017. Fotografía tomada en 2023.
Ejemplar de pitao (Pitavia punctata) rebrotando luego del megaincendio de 2017. Fotografía tomada en 2023. Créditos: Diego Muñoz-Concha.

Esto implica evitar intervenciones posteriores al incendio, controlar el ingreso de ganado, prevenir nuevas quemas y proteger estos sectores de actividades que puedan dañar los brotes, especialmente durante sus primeras etapas de desarrollo. En algunos casos, puede ser necesario complementar estos procesos mediante la reforestación con especies nativas pioneras propias del sitio, que brinden protección a los rebrotes, como roble (Nothofagus obliqua), peumo (Cryptocarya alba) u otras a evaluar caso a caso, con el fin de acelerar los procesos de restauración ecológica.

Especial atención requiere también el control de especies exóticas invasoras que suelen proliferar después del fuego, como el pino (Pinus radiata), los aromos australianos (Acacia dealbata y A. melanoxylon), el espinillo (Ulex europaeus), la retamilla (Teline monspessulana) y mora (Rubus ulmifolius), las que pueden competir fuertemente con los rebrotes nativos y dificultar o comprometer su supervivencia.

No es la primera vez que incendios forestales afectan poblaciones de especies amenazadas en Chile. La evidencia científica indica que, cuando se les da tiempo y protección, muchas de estas especies pueden rebrotar y recuperar parte de sus poblaciones. En palabras del Dr. Pausas, “en general, cuantas más especies rebrotadoras tiene un ecosistema, mayor es su resiliencia a las perturbaciones”, lo que explica por qué estas plantas son también fundamentales para proyectos de restauración y rehabilitación ecológica. Sin embargo, aún existen importantes vacíos de conocimiento.

Numerosos troncos de queule (Gomortega keule) creciendo desde los restos quemados de un antiguo y gran árbol carbonizado.
Numerosos troncos de queule (Gomortega keule) creciendo desde los restos quemados de un antiguo y gran árbol carbonizado. Créditos: Diego Alarcón.

“Para muchas especies no sabemos si rebrotan o no, por falta de estudios apropiados”, advierte el Dr. Pausas, lo que dificulta predecir con precisión los cambios en la diversidad vegetal después de los incendios. En este sentido, los eventos recientes también pueden considerarse como una oportunidad para generar conocimiento científico que permita mejorar la conservación y gestión de los ecosistemas frente a un escenario de aumento en la frecuencia e intensidad de los incendios.

Además de la evidencia científica, para iniciar acciones de restauración post-incendio se necesitan apoyos desde la sociedad civil, desde lo público y desde lo privado. Particularmente, la participación activa de la comunidad y de las organizaciones de la sociedad civil son un pilar fundamental. La vigilancia comunitaria y el compromiso territorial son los que permiten que las restricciones de acceso y la exclusión de ganado se cumplan efectivamente en el tiempo.

Queule. Créditos: Diego Alarcón.
Queule. Créditos: Diego Alarcón.

Cuando los vecinos comprenden que un tronco carbonizado de queule o pitao guarda la vida en sus raíces, se transforman en los principales guardianes de ese rebrote, asegurando que nuestro patrimonio biológico no se pierda, sino que resurja con la resiliencia que solo el cuidado humano y natural pueden garantizar.

No podemos dar por perdidos a los ejemplares nativos afectados por el fuego. Al contrario, es el momento de intensificar el cuidado de estos lugares, monitorear su recuperación y apoyar activamente los procesos naturales de rebrote y regeneración. Proteger la vida humana es la prioridad inmediata. Para las generaciones futuras, hoy es esencial el cuidado de la biodiversidad como responsabilidad de largo plazo. De ello depende no sólo el patrimonio natural del país, sino también la capacidad de nuestros territorios para recuperarse y sostener la vida en el futuro.

Autores: Dr. Rodrigo Hasbún (Universidad de Concepción – Facultad de Ciencias Forestales) | Dr. Diego Alarcón Abarca (Instituto de Ecología y Biodiversidad) | Dra. Ariana Bertín Benavides (Equipo de Ciencia Comunitaria, ONG Conciencia Sur y ONG Defensa Ambiental) | Dr. Diego Muñoz-Concha (Universidad Católica del Maule – Facultad de Agronomía)

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