Mi hermano y yo tuvimos dengue por primera vez siendo adolescentes. La enfermedad se ha repetido un par de veces, y la mayor parte de mi familia la ha padecido en alguna de sus variantes o en las otras infecciones provocadas por el mosquito Aedes aegyptis, Chikunguña o Zika.

En Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, donde vivimos, el dengue ha sido el virus clásico de principio de año. Repelentes, paracetamoles, insecticidas son el kit de enero a abril. Sin embargo, ya no es solo el dengue ahora convivimos con el incremento de otros virus como el Chikunguña o el Zika.

Mi madre se graduó de bioquímica haciendo su tesis sobre la incubación del Aedes aegyptis en el centro de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, y también en las provincias. Desde niña la acompañé a hacer reconocimientos en las casas, levantar muestras, sacar fotos sobre los criaderos de estos mosquitos.

Bosques sostenibles en la Chiquitanía.
Foto: Bosques Sostenibles / FAO.

Recuerdo bien reconocer a simple vista los lugares foco, donde había cerros de basura, artefactos abandonados y estancamiento de aguas en canales de drenaje como posibles criaderos de mosquitos. Recuerdo también ingresar a esas casas y mientras ella hacía sus encuestas y tomaba muestras, yo iba volcando cada uno de esos envases, frascos, macetas, a modo de desarmar tales focos rojos.

La propuesta de mi madre -como de otros estudiosos de la salud para entonces- era simple: fumigación, limpieza y mantener las áreas verdes cuidadas. Han pasado muchos años de esa investigación y las enfermedades transmitidas por el mosquito solo han empeorado.

Hoy se trata de epidemias silenciosas y silenciadas que se han vivido desde hace décadas en territorios tropicales. En Bolivia, es entre enero y marzo cuando los periódicos se llenan de titulares sobre el dengue, y este 2026 con la chikunguña como nunca antes visto. Hospitales colapsados, niños gravemente enfermos, programas de fumigación (insuficientes o inexistentes), campañas de salud para los síntomas de la enfermedad, incremento del precio de los repelentes y medicamentos, son el centro del debate y las noticias todos los años. Después, silencio.

Es poco lo que realmente se sabe de estas enfermedades que cíclicamente conviven con nosotros. ¿Por qué si a mis 16 años sufrí de dengue por primera vez, 22 años después la situación ha empeorado? ¿Por qué cuando debería de existir una infraestructura sanitaria y aprendizaje institucional, simplemente no hay nada?

El dengue, la chikunguña y el zika históricamente han sido epidemias que se viven en territorios colonizados y empobrecidos, son virus asociados a la pobreza y la precariedad. Es en las ciudades que son cordones de la depredación de bosques donde principalmente se concentran los focos y casos. África, Asia y Latinoamérica concentran la mayoría de los casos de enfermedades y epidemias graves transmitidas por los mosquitos.

Aedes aegypti Dengue Mosquito
Mosquito del dengue, nombre científico Aedes aegypti. Créditos: Apurv013

Las nuevas condiciones

Para abril del 2024 la Organización Panamericana de la Salud calculó más de 4.5 millones de casos sospechosos de dengue en América Latina, cifras que superaron el año anterior con más de 1.8 millones de casos confirmados de la enfermedad y que incluye el dengue grave y los fallecidos en la región.

Brasil registró 55.800 casos en las dos primeras semanas de 2024, más del doble de lo contabilizado en el mismo período del año anterior.  Mientras que, durante marzo y abril del 2024, se registró la epidemia más grande de dengue que se ha conocido en Argentina. Los casos y muertes han batido los récords y actualmente el debate se concentra en cómo se maneja el sistema de salud por el gobierno de Milei y la adopción de la vacuna Qdenga, recientemente aplicada en Brasil.

En el año 2025, los casos de dengue a nivel del continente americano mostraron una disminución en relación al año anterior, pues fueron aproximadamente 3.600.000 caso. Sin embargo, con la aparición de un nuevo cero tipo se detectaron formas más graves de la enfermedad, del cero tipo DENV-3 que ha sido identificado en Brasil, Colombia, Costa Rica, Guatemala, México y Perú.

Culicine family of mosquitoes
Créditos: James Gathany en Pixnio

Chikunguña

Si bien el dengue mostró una disminución de contagios y muertes en el continente americano, actualmente emerge una nueva amenaza por el aumento de los casos de chikunguña.

La chikunguña es un virus importado desde África a Sudamérica, detectado en nuestro continente por primera vez el año 2013 en la caribeña Isla de San Martín. Tiene una sintomatología similar al dengue, sin embargo, cuenta con sus propias características, como un fuerte dolor articular.

En el caso de Bolivia, este año 2026 ha sido el más afectado por el virus, con más de 3000 casos confirmados y 4 muertes. Cifra en aumento y constante actualización por las autoridades. Siendo Santa Cruz, Cochabamba y Tarija los departamentos con más enfermos.

La mayoría de las personas está atravesando la enfermedad, como siempre, en medio de un sistema de salud precario, sin la capacidad de brindar los cuidados mínimos a la población vulnerable afectada por el virus.

A la vez, al ser una enfermedad relativamente nueva, todavía se desconoce con exactitud la dinámica del virus, y las investigaciones son todavía limitadas. Como señala una reciente investigación: “una mejor comprensión de la dinámica de transmisión espaciotemporal del CHIKV en múltiples escalas geográficas (nivel municipal, estatal/departamental y nacional) es fundamental para mejorar las estrategias de mitigación, incluso durante los períodos Inter epidémicos” (de Souza et al, 2024).

Mosquito del Dengue
Mosquito del Dengue. Créditos: Jimmy Chan.

Los territorios enferman

Desde el CONICET, en Argentina, la doctora Elizabet Estallo ha realizado estudios desde 2005 que demuestran una asociación entre la cantidad de huevos que ponen las hembras de mosquitos y las condiciones ambientales, las mismas que son aprovechadas por estos insectos.

En sus investigaciones, Estallo nota que, como consecuencia del cambio climático, se registraron aumentos en la temperatura mínima promedio en Argentina. Estos incrementos ayudaron a prolongar los meses en que los mosquitos y el virus del dengue, chikunguña y zika encuentran las condiciones adecuadas para vivir y propagarse.

Así también en algunas partes de Brasil el termómetro ya no desciende tanto como antes en invierno, permitiendo que el mosquito se reproduzca durante todo el año. De este modo, el mosquito está viajando a las grandes capitales, e incluso a territorios donde poco se sabe sobre cómo enfrentar la enfermedad.

En Santa Cruz de la Sierra también se está investigando la manera en que se amplifica. estas epidemias. Tal es el caso del biólogo Yamil Clustro Ibañez quien dice : “Santa Cruz de la Sierra está en constante conflicto con la fauna urbana, desde el Urubó hasta la zona sur. Muchas personas no lo saben, pero la fauna silvestre puede actuar como amplificadora de viremia o reservorios. Esto significa que, cuando los mosquitos no infectados piquen a estos animales, pueden adquirir el virus y luego transmitirlo a los humanos».

Mosquito del dengue
Créditos: Pixabay, imagen extraída desde Pexels.

El desmonte, las olas de calor, las inundaciones, los cambios de temperatura, los nuevos estancamientos de agua y las bajas condiciones de salubridad, que no abordan el cuidado de manera integral, hacen que las enfermedades que proliferan en las periferias del mundo, siendo parte de lo que el Instituto de Salud Socio Ambiental (InSSA), de Rosario (Argentina), denomina la Geopolítica de la Enfermedad.

Este concepto pone en discusión el hecho de que en los países del Sur Global se impulsan procesos de “determinación histórico-político-económicos que atentan contra la salud del territorio, a través de una lógica extractiva que se desentiende de los ciclos de la vida. Así tal cual dicen desde el InSSA, no podemos imaginar personas enfermas en territorios sanos ni viceversa.

No podemos pensar la proliferación del mosquito ni los virus, ni las enfermedades, sin reconocer que hay cambios en las relaciones territoriales producto del despojo que afectan a la salud y a nuestros cuerpos. Eso está demostrado en enfermedades más graves como el cáncer u otras provenientes de la toxicidad que está emergiendo en los espacios afectados por el extractivismo.

La propagación del mosquito como vector determina la proliferación del dengue, chikunguña y zika en territorios donde se han vivido fuertes incrementos de temperatura. Estos mismos territorios concentran los índices de deforestación mundial, incendios y otras consecuencias de la expansión extractivista agroindustrial como la soya, situación a la que se suman las inundaciones y los cambios en los periodos de las lluvias. Por el fenómeno de El Niño, llovió más que lo normal en algunas zonas del continente, afectando la cotidianidad de grandes ciudades.

La proliferación de estos virus conecta las experiencias en regiones desbordando las fronteras estatales, pues los tránsitos de afectación se vinculan por los ensambles del despojo agroalimentario en Sudamérica que conecta territorios y provincias de Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y otros. Al ser una epidemia negada, los Estados no están generando ningún acuerdo común para enfrentarla, de hecho, esta epidemia que aparece todos los años está mostrando que se agrava en la medida que se empeora el daño a los territorios.

Mosquito del dengue
Imagen referencial extraída desde Pxhere.

Curarse: “Si hago reposo no le puedo dar de comer a mis hijos

¿Quiénes están sosteniendo las consecuencias? Los hogares, el dengue y la chikunguña sigue siendo una enfermedad, como todas las demás, que se cura gracias al trabajo de cuidados en los barrios, las comunidades y en las casas. Prácticas de prevención que se aplican en cada casa como en las mingas colectivas para limpiar los espacios públicos son algunas de las estrategias. Así también curarse ha implicado esfuerzos colectivos, pues en el contexto de precariedad y crisis al que nos enfrentamos en la región no se puede parar de trabajar.

Sin embargo, en las grandes ciudades continúa siendo un problema por los sistemas de salud colapsados, la escasez de medicamentos y el poco acceso incluso a repelente que está causando caos por los sobreprecios de productos y medicamentos.

Entonces las deudas por salud aumentan. En Santa Cruz y en otras partes del mundo muchas familias aún están pagando los costos de internación y compra de medicamentos ocasionados por el COVID. Bajo esas condiciones, y con sistemas de salud que siguen colapsados, este 2026 nos enfrentamos a estos virus que vuelven cíclicamente. 

Mosquito del dengue, Pexels
Foto de Igud Supian, extraída desde Pexels.

En Bolivia el dengue tuvo uno de sus picos más alto en el año 2023, no sólo en relación con los contagios sino también a la gravedad de los síntomas. Lo mismo está ocurriendo este año con la chikunguña.

Nuestros cuerpos están respondiendo de otra manera al impacto de la enfermedad. Y eso es claro, tenemos que saber cuáles son los cambios que el cuerpo humano está teniendo cada vez que nos enfrentamos a estos virus. 

Las campañas políticas para las elecciones municipales y departamentales están en palestra y las disputas entre candidatos son el escenario de riñas electorales. Mientras la gente duerme en el suelo de los hospitales o en sus camas sin poder acceder ni a medicinas ni atención médica. Si bien se asocia estas enfermedades a temporadas de lluvia y calor extremo, estancamiento de aguas y subidas drásticas de la temperatura en zonas tropicales características del verano, todos los años vivimos lo mismo ¿Qué nos garantiza de que estas condiciones de precariedad ante virus y epidemias no se seguirán presentando durante el año? ¿Quién nos garantiza que el año que viene la situación cambiara?

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

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