Cada verano, miles de personas salen de vacaciones en busca de excursiones por la naturaleza, una práctica que se ha masificado de manera sostenida los últimos años. Senderos, montañas, lagunas y ríos se llenan de nuevos visitantes con una legítima necesidad de desconectarse de la ciudad y reconectar con la naturaleza y consigo mismo, lo que es llamado biofilia. Una escapada hacia lo salvaje que celebramos, en medio de la hiper-conectividad digital, pantallas e inmediatez.

Gente alistada para subir la montaña.
Créditos: Matt Maynard.

Sin embargo, ese deseo de conectar con la naturaleza también pone en evidencia problemas que no podemos ignorar y vale la pena analizar.

Uno de ellos es la forma en la que estamos accediendo y haciendo uso de estos espacios naturales. El aumento explosivo del senderismo y el trekking en temporada estival está ocurriendo, en muchos casos, sin planificación, sin información y sin conciencia del riesgo que implica tanto para los ecosistemas, como para la seguridad de quienes los visitan. Ya en el año 2018, cuando realizamos desde Fundación Plantae el catastro nacional de acceso a las montañas, encontramos que el principal factor que incide en la accesibilidad, se remite al mal comportamiento de los visitantes.

En los últimos 10 años, el turismo de naturaleza ha disparado las visitas a parques y reservas nacionales, así como a espacios naturales privados, superando muchas veces su capacidad de carga. Por ejemplo, en la región de Magallanes, las áreas silvestres protegidas administradas por la Corporación Nacional Forestal (CONAF), que incluyen parques nacionales, reservas y monumentos naturales, registraron 591.340 visitas en 2024, frente a 420.205 en 2023, lo que representa una abrupta alza de más de 170.000 visitas en un año.

Con ello aumentan los riesgos; personas extraviadas, accidentes graves, rescates complejos y ecosistemas dañados por basura, fuego, erosión o tránsito fuera de senderos habilitados.

Fuego en zonas no autorizados en el Parque Tepuhueico.
Fuego en zonas no autorizadas, Parque Tepuhueico, Provincia de Chiloé. Región de Los Lagos. Créditos: Parque Tepuhueico.

Los ejemplos se repiten cada temporada. En lo que va de este 2026, más de nueve personas han sido expulsadas del Parque Nacional Torres del Paine, por incumplir la normativa vigente, realizando prácticas como acampar fuera de zonas habilitadas, hacer fuego o transitar por senderos no autorizados. A ello se suman conductas igualmente irresponsables, como el ingreso a lagunas donde el baño está expresamente prohibido, fumar en áreas protegidas ignorando las señaléticas y normativas existentes o como vimos hace pocos días, el ingreso de motos de agua a áreas y ríos protegidos de la Patagonia.

Por desgracia, estos no son hechos aislados, sino cada vez más recurrentes, síntomas de una cultura que subestima o simplemente no le importa el entorno, sobrevalora sus propias capacidades, y se moviliza muchas veces por alcanzar un logro, una aparición en redes sociales e ignorando olímpicamente las normativas establecidas. Estamos viviendo una era de hiperconectividad, donde el vínculo con la naturaleza está en crisis, debilitando valores fundamentales como el respeto, la responsabilidad y la conciencia colectiva. Algunos hablan de la “extinción de la experiencia”.

Si analizamos ahora los deportes de montaña, nos encontramos con prácticas de montañismo no planificado y sin formación adecuada, que siguen cobrando víctimas y generando una sensación distorsionada de la problemática con respecto a muchos quienes realizamos de forma responsable prácticas de riesgo. El accidente del cocinero argentino en el volcán Lanín ocurrido en diciembre pasado, volvió a poner en evidencia el llamado “montañismo selfie”, donde los ascensos son motivados más por mostrar la foto de la cumbre, que por la práctica de la disciplina, que incluye la preparación, la planificación según las condiciones climáticas y el conocimiento técnico.

Cumbre del Cerro El Plomo
Cumbre cerro El Plomo de 5.444 msnm, Región Metropolitana. Créditos: Kallfu Alta Montaña.

El contexto de las practicas, también ha cambiado en la última década. Antes, la formación y la planificación se estructuraba principalmente desde clubes o ramas deportivas, lo que ha girado a un acercamiento mucho más individualista y autónomo de la actividad. Asimismo, pasamos del uso de brújula y cartografía, a depender de relojes y smartphones, que exigen otro set de habilidades, que no necesariamente son garantía de una buena preparación en terrenos de montaña.

A esto se suma la presión del turismo viral y la masificación de algunas rutas. Lugares como el valle de Cochamó, los Pozones del río San Pedro, en la región de los Ríos, y el Cerro el Plomo han visto cómo su belleza, viralizada por redes sociales, se transforma en una amenaza si el número de visitaciones sobrepasa la capacidad de carga, tanto por infraestructura como por el impacto en el ecosistema y cuando éstas no se abordan desde la planificación y un acceso consciente. Sin duda, el trabajo de las organizaciones locales ha sido fundamental para regular y buscar un uso armónico en estos espacios.

Pozones del Río San Pedro
Pozones del río San Pedro, Región de Los Ríos. Créditos: Pablo Lloncon.

El cambio climático agrega una nueva arista. Los paisajes están cambiando, los glaciares no solo retroceden, sino que sus áreas más accesibles, muestran dinámicas más activas con  desprendimientos más frecuentes y lagunas que pueden vaciarse repentinamente. Con todo ello, algunos espacios deben cerrarse o restringirse, como ocurrió con el glaciar Exploradores en Aysén. Si bien son medidas de protección frente a riesgos crecientes y ecosistemas cada vez más vulnerables, es un escenario complejo para el turismo local, considerando que la experiencia glaciar puede ser una de las ofertas más demandadas en ciertos lugares. En los últimos años, la ruta al Cerro el Plomo, en la RM, también ha tenido que adaptarse, para tener un itinerario más seguro. Y muy recientemente, en Perú, las autoridades locales decretaron el cierre temporal por 3 meses de uno de los destinos de montaña más importantes del mundo, el Parque Nacional Huascarán, por inestabilidades que ocurren por el cambio climático y generan riesgo para la actividad de montaña y el turismo.

Caminata en glaciares
Caminatas en glaciar Exploradores, 2023. Créditos: Harry Brito.

Los cambios en las condiciones climáticas están también generando condiciones más favorables para el inicio y propagación de incendios forestales, con fenómenos que expertos han denominado “megaincendios” o incendios de sexta generación, capaces de superar la respuesta humana y técnica debido a su comportamiento extremo y su rápida expansión, como los que hoy afectan a la zona centro-sur del país, y la Patagonia Argentina.

Acceder a la naturaleza es un derecho, pero también una responsabilidad. Informarse, planificar y respetar normas es parte del acceso consciente y responsable. La pregunta ya no es solo cuántos llegan, sino cómo llegan y qué huella dejan. Porque si seguimos tratando la naturaleza como un escenario de consumo estacional, el costo lo pagará la naturaleza y quienes disfrutamos y cuidamos de ella respetuosamente.

Precauciones de los parques nacionales en el Cerro Pochoco, en la región del Maule.
Región del Maule. Créditos: Yuli Araya/ Cerro Pochoco, Región Metropolitana. Créditos; Joaquín Barañao.

El Estado y la institucionalidad también están al debe. La ausencia de un sistema nacional e integrado de búsqueda y rescate, el insuficiente financiamiento a las áreas protegidas y al nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas SBAP, y la escasa presencia de la naturaleza en los espacios educativos, profundizan la precariedad que hoy enfrentan nuestras montañas y áreas naturales.

Desde hace años, diversas organizaciones y personas hemos impulsado una cultura de montaña en Chile, promoviendo el acceso respetuoso y consciente, generando información, publicaciones, cartografías y espacios de formación, así como la discusión sobre leyes y protocolos de acceso en un país marcado por la propiedad privada. Sin embargo, el crecimiento explosivo de las actividades de montaña ha incorporado nuevas complejidades que debemos entre todos ir revirtiendo.

Rescate de una persona en el Volcán de Calbuco.
Rescate del Cuerpo de Socorro Andino de Los Lagos en el volcán Calbuco. Créditos: Didier Uribe.

Frente a este escenario, medidas paternalistas como cierres de accesos, la obligatoriedad de contratar guías o multar por rescates a excursionistas imprudentes, no son el camino si lo que queremos es crecer y desarrollar una sociedad que persiga la armonía con su medio ambiente. Finalmente, por la irresponsabilidad de algunos, no debemos castigar a todos. Debemos nivelar hacia arriba, y no es tarea fácil.

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