Para muchos, subir el Kilimanjaro puede ser una planificación de varios meses o al menos una decisión que han tomado con anterioridad. Para mí, embarcarme en esta aventura fue más bien una decisión de dos días al llegar a Tanzania, ya que cuando empecé mi viaje sin rumbo y sin retorno en agosto de 2021, nunca pensé que éste sería el viaje que me llevaría a la cima de esta tan nombrada y conocida montaña.

Comencé mi recorrido por otros países totalmente lejanos a África pero mientras me iba acercando al continente africano, cada vez me hacía más ruido en la cabeza el Kilimanjaro. Comencé a averiguar precios y cómo podría hacerlo, pero me parecía todo muy caro e inalcanzable, hasta que un día, en diciembre de  2021, estando ya en la región de Arusha en Tanzania, reflexioné sobre lo que me estaba frenando a hacerlo y pensé: “Los momentos más felices que he tenido durante este viaje han sido cuando estoy en las montañas. La plata volverá y sino lo hago ahora me arrepentiré de por vida”.

El Kilimanjaro no sólo es el monte más alto de África, sino que también es el macizo- isla más alto del mundo, alcanzando los 5.895 metros de altitud en su punto más alto: Uhuru Peak.

Me resultó muy difícil entender la necesidad de hacer este trekking con una agencia y con la preparación que requerían las mismas, pero más adelante entendí el por qué. Las agencias ofrecen distintos precios y distintas rutas para llegar hasta la cima del Kilimanjaro, cada cual con su dificultad y exigencias, y te entregan todo lo necesario para que este arduo trabajo se convierta en un paseo agradable donde sólo tienes que preocuparte de caminar y tomar mucha agua para no deshidratarte con la altura.

Porters por la ruta. Créditos a Moira Johnson.
Porters por la ruta. Créditos a Moira Johnson.

La ruta que escogí yo fue Marangu Route, también conocida como la ruta Coca-Cola. Ésta es la ruta establecida más antigua del Kilimanjaro, te permite alojar en refugios de montaña que consistían en construcciones tipo A sin aislación alguna, comedores comunes e instalaciones de “baño”, nada de lujos ni comodidades, pero sí lo suficiente para poder sobrevivir a esta aventura. Marangu Route tiene 68 kilómetros de trekking y una duración de 6 días, donde uno de ellos corresponde a un día de aclimatación a la altura, ya que asciendes desde los 1.800 msnm hasta los 5.895 msnm.

Refugios de Mandara Huts, primera parada. Créditos a Moira Johnson.
Refugios de Mandara Huts, primera parada. Créditos a Moira Johnson.

El 12 de diciembre, luego de haber arreglado todo con la agencia, reservar mi cupo, arrendar el equipamiento que me faltaba y dejar todas mis demás pertenencias guardadas en el hostal, partí rumbo a Marangu Gate donde comenzaría la aventura. Un vez allí, conocí al equipo que me acompañaría, el cual se veía un poco sobredimensionado para una sola persona: 1 guía (Prospir), 1 cocinero (Stanslau) y 3 porters (George, David y Evans), sin embargo, fueron los responsables de que este viaje fuera una experiencia inolvidable e inigualable. Reordenamos mi equipamiento y lo que yo llevaría, me dieron almuerzo y, con la guata apretada de nervios, escuché todas las instrucciones y precauciones que Prospir me daba.

El clima empieza a cambiar. Llegan las nubes y la lluvia. Créditos a Moira Johnson.
El clima empieza a cambiar. Llegan las nubes y la lluvia. Créditos a Moira Johnson.

A medio día comenzamos caminando con el guía por un bosque muy similar al bosque del sur de Chile, un bosque templado con lluvia suave y constante, ríos y cascadas alrededor del sendero. Una caminata tranquila de 8 kilómetros hasta llegar a Mandara Huts (2.720 msnm.) donde mi equipo me estaba esperando con té, palomitas de maíz y una cena completa: sopa de pepino, papas con guiso de verduras, plátano frito y panqueques.

Bosque templado. Primer tramo ruta Marangu. Créditos a Moira Johnson.
Bosque templado. Primer tramo ruta Marangu. Créditos a Moira Johnson.


Tuve tiempo y energía para recorrer el lugar y conocer más en detalle cómo funcionaba todo. A las 8:00 pm ya estaba lista para dormir y recargar energías para el día siguiente.

Interior de la cocina. Créditos a Moira Johnson.
Interior de la cocina. Créditos a Moira Johnson.

Al segundo día, me despertaron temprano en la mañana con un recipiente con agua caliente y un jabón: la ducha. Este día también consiste en una caminata suave de 12 kilómetros empezando en un bosque templado y terminando con un entorno de vegetación más baja y limitada debido a la altura, además de mucha vegetación quemada por un incendio ocurrido el año 2020. Llegamos justo antes de la lluvia a Horombo Hut (3.720 msnm.), a comer y conversar con mi equipo sobre sus vidas y sus sueños. El sueño de Prospir es subir hasta la cima del Aconcagua.

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La ducha. Créditos a Moira Johnson.
La ducha. Créditos a Moira Johnson.

El tercer día es mi día de aclimatación y descanso. Aquí, las noches se siente más frías por lo que estoy usando toda la ropa que tengo en mi bolso para dormir, y los amaneceres y atardeceres son todo un espectáculo.

La aclimatación consiste en subir algunos metros más de altura a paso muy lento, hidratarse mucho y caminar por el lugar para que el cuerpo se acostumbre a estar en movimiento en este hábitat. Subimos hasta los 4.200 metros de altitud donde al fin pude ver el monte Kilimanjaro y hacia dónde nos dirigiríamos a partir de mañana. Me dieron mucha comida, nada parecido a los tallarines con salsa de los que estamos acostumbrados a comer cuando salimos de trekking con los amigos, aunque el sistema de “cocina” es el mismo.

Vista del Kilimanjaro desde abajo. Créditos a Moira Johnson.
Vista del Kilimanjaro desde abajo. Créditos a Moira Johnson.

El cuarto día es el más largo y más exigente de toda la ruta. No tengo síntomas de dolor de cabeza pero sí siento cómo mi cuerpo tiembla cada vez que pienso en si lograré o no llegar a la cima. Nuevamente, y con paso muy lento, comenzamos a caminar, esta vez 12 kilómetros hasta llegar al campamento base justo antes de la ascensión final: Kibo Hut (4.720 msnm.). A lo largo de este tramo, está siempre presente el Volcán Mawenzi, otro de los volcanes inactivos que forman parte del conjunto montañoso Kilimanjaro.

Cuando nos vamos acercando, logro ver la huella vertical en la montaña y le pregunto a Prospir si es por ahí por donde caminaremos esta noche, me dice que sí y me pongo más nerviosa aún. Se ve súper lejano y totalmente vertical.

En Kibo Hut, el ambiente es muy entretenido. Aquí se juntan otras 3 rutas para hacer el ascenso este día en la noche, por lo que hay más gente, todos conversando sobre montañas, con ropa técnica de alpinismo, carpas por todos lados, personas de distintos países pero todos con un mismo objetivo.

Campamento en Horombo Huts. Créditos a Moira Johnson.
Campamento en Horombo Huts. Créditos a Moira Johnson.

A las 5:00 pm cenamos e hicimos un pequeño briefing antes de partir el ascenso a medianoche, luego de descansar y tomar lo que llamaban “desayuno” a las 11:00 pm. Al salir de la pieza, con toda mi ropa puesta y llena de energía, me encuentro con la gran sorpresa de que estaba nevando y ya había más de medio metro de nieve en el campamento.

Así es que me prestaron una capa de agua, me puse mi mochila y linterna de cabeza, me puse la mascarilla para que no se me congelara la nariz, y partimos cuesta arriba, sin poder ver absolutamente nada y sin poder dimensionar lo lejos que estaba el final. Son sólo 6 kilómetros pero será toda la noche caminando. Al darme vuelta, se ven las luces de las ciudades a lo lejos y una línea de linternas de cabeza de los montañistas que están haciendo también el ascenso.

El ritmo de caminata es aún más lento que los días anteriores y, cada tanto, ves a una persona dándose la vuelta porque el dolor de cabeza y la altura les jugó en contra por lo tanto no pueden seguir. Es aterrador ver gente “rindiéndose” porque pienso que la siguiente en tener que descender puedo ser yo y no quiero, sin embargo, mi cuerpo me lo está pidiendo a gritos. Me siento mareada, con ganas de vomitar, muy cansada y con cero energía, voy parando cada pocos minutos para recuperarme y trato de pensar en positivo, pero mis pensamientos en ese minuto eran “¿por qué me gusta el trekking? ¿Por qué estoy sufriendo a propósito? ¡Necesito parar ahora y no hacer algo así jamás en mi vida!”.

De a poco se empiezan a ver las estrellas y una silueta lejana que parece ser el final de este sufrimiento. A pesar de llevar 4 horas caminando cuesta arriba, se ve todo muy lejano y los demás guías y porters te animan diciendo el clásico “¡queda poco! ¡Ya casi llegas!”, pero que todos sabemos que no es real. Ellos van cantando Jambo Bwana, riendo y animando a los montañistas, pero a mí no me quedan energías ni para hacer fotografías. Es triste y frustrante estar ahí después de todo lo recorrido y pensar que lo único que quiero es volver al campamento e irme a casa, nunca me había sentido tan mal haciendo trekking.

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A las 6:00 am se comienza a ver el amanecer y con él, se ve con claridad la meta y todo lo que aún nos queda. Aquí, el recorrido se pone más rocoso y se me hace muy difícil trepar por estas rocas nevadas para llegar a la meta, pero finalmente lo logré.

Amanecer desde Gillman's Point del Volcán Mawenzi. Créditos Moira Johnson.
Amanecer desde Gillman’s Point del Volcán Mawenzi. Créditos Moira Johnson.

Llegamos al primer punto más alto del Kilimanjaro: Gillman’s Point (5.685 msnm.), con mucha emoción y mucho cansancio. Por primera vez en toda la jornada nocturna logro sacar mi cámara para fotografiar esta vista que parece difícil de creer. Me senté en una roca a descansar, hidratarme y comer algo, cuando Prospir me dice: “Tenemos que seguir, tenemos que llegar a Uhuru Peak”, indicándome con el dedo un punto que se veía demasiado lejano para poder lograrlo. Le digo que no puedo seguir, que me quedaré ahí y luego bajaremos al campamento pero, afortunadamente, él insiste en que tenemos que seguir, sino luego me voy a arrepentir y que nos detendremos cada 100 metros a descansar y comer algo para tener las energías para llegar a Uhuru Peak.

Mientras caminaba, mi cuerpo se desplomaba y sentía que me quedaría dormida en cualquier minuto debido a la poca energía que tenía. Lo único que quería era dormir, pero mi guía me decía que no duerma ya que sería peor para la altitud. Así, me fue animando e insistiendo hasta que llegamos a Stella Point (5.756 msnm.) donde paramos a descansar unos minutos nuevamente. Continuamos caminando y luego de un rato logro ver el cartel que dice “Uhuru Peak” y la emoción invade mi cuerpo y mente. Finalmente siento que estoy tan cerca, voy caminando sin pensar en el sufrimiento, pero con la cara llena de lágrimas de emoción.

A las 8:45 am llegué a Uhuru Peak (5.895 msnm.), explotando en llanto, pero finalmente pudiendo sonreír, agradecida del persistente trabajo que hizo Prospir para lograr que no me rindiera estando tan cerca. Se puede sentir el calor de la mañana, las nubes están mucho más abajo que uno y puedes ver los campos de hielo en la cumbre de esta montaña. El paisaje es realmente increíble y logro reencontrar la respuesta al por qué me gusta hacer trekking.

Uhuru peal última cumbre. Créditos a Moira Johnson.
Uhuru peal última cumbre. Créditos a Moira Johnson.

Luego de un rato disfrutando del hermoso y surreal paisaje, tenemos que bajar ya que, lamentablemente, hay que terminar la aventura. A las 10:15 am comenzamos el descenso de vuelta a Kibo Hut, donde me pude dar una “ducha”, dormir 30 minutos y almorzar antes de continuar hasta Horombo Hut, descendiendo por la misma ruta que el ascenso.

Al llegar a Horombo Hut, se ve más gente que los días anteriores ya que aquí se reúnen varias rutas que van de vuelta. Los distintos equipos y montañistas te felicitan y te hacen sentir invencible al saber que has logrado llegar a Uhuru Peak, me cuesta creerlo pero el dolor en mi cuerpo me recordaba que todo esto había sido real.

Campos de hielo en la cima del Kilimanjaro. Créditos a Moira Johnson.
Campos de hielo en la cima del Kilimanjaro. Créditos a Moira Johnson.

El último día, el sexto día, bajamos los 20 kilómetros restantes hasta volver a al inicio: Marangu Gate, donde me estaba esperando el equipo y la agencia con un plato de comida típica africana y mi merecido diploma. La felicidad es infinita e inexplicable, los recuerdos de estos paisajes quedarán por siempre en mi mente, las ganas de dedicar más tiempo a tener este tipo de experiencias me invaden y espero con ansias poder llegar a darme una ducha real y quitarme el olor acumulado de 6 días.

Quizás algún día olvidaré el sufrimiento que sentí mientras subía hasta Uhuru Peak, pero jamás olvidaré lo emocionante que es sentirse en la cima del mundo, totalmente poderosa y entender que estas son las experiencias que quiero ir acumulando en mi vida. Ahora, ¡a prepararme para la siguiente expedición!

Atardecer en Horombo Huts. Créditos a Moira Johnson.
Atardecer en Horombo Huts. Créditos a Moira Johnson.
2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Roberto Vicens

    Emocionante relato. Pude sentir el cansancio así como la emoción de la aventura y el éxito. Las fotos son muy lindas. Felicitaciones

  2. Guadalupe

    Moira Felicitaciones!!!!!tu relato es emocionante… se palpa tu cansancio y perseverancia en este maravilloso treeking… y las fotografías maravillosas… leerte es increíble…

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