“Cuanto más te acercas a los trópicos, más aumenta la variedad de estructuras, la gracia de las formas y la mezcla de colores”. La frase es del naturalista, geógrafo y explorador alemán Alexander von Humboldt (1769-1859), uno de los creadores de la llamada “biogeografía”.

Mientras viajaba extensamente por las Américas a principios del siglo XIX, Humboldt notó, junto con otros grandes —incluidos los británicos Alfred Russel Wallace y Charles Darwin—, que tanto las plantas como los animales eran más coloridos en las áreas cercanas al ecuador.

Ahora, más de un siglo después, un estudio inédito que analizó imágenes escaneadas en alta resolución de 4500 paseriformes de todo el mundo confirma la sospecha del pasado: las plumas de estas aves en realidad tienen un gradiente de color mucho mayor en los trópicos del planeta, es decir, existe una clara relación entre el color y latitud.

En promedio, las aves que habitan los bosques de países como Brasil, Nueva Zelanda, Indonesia, Australia, Ecuador y Chile, por mencionar algunos, son un 30 % más coloridas que las que se encuentran en las regiones del hemisferio norte, por ejemplo.

Según el estudio, las aves con el plumaje más colorido viven principalmente en los bosques densos y húmedos de la Amazonía, África occidental y sudeste asiático.

Tangara barbinegra (Anisognathus notabilis), ave endémica de los bosques de altura de Colombia y Ecuador. Foto: Andy Morfew, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.
Tangara barbinegra (Anisognathus notabilis), ave endémica de los bosques de altura de Colombia y Ecuador. Foto: Andy Morfew, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

El artículo de investigadores de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, logra demostrar, a través de técnicas matemáticas que cuantifican el espectro cromático, que las aves de las regiones más cálidas de la Tierra tienen un plumaje más vibrante que sus contrapartes de las zonas templadas.

El análisis revela que no solo la intensidad de los colores es mayor, sino también la gama de tonos. Y eso vale tanto para machos como para hembras. «Si bien esta sospecha tiene una larga historia, la evidencia directa de este patrón ha sido sorprendentemente escasa hasta el día de hoy», señala el biólogo Christopher Cooney, investigador de la Universidad de Sheffield y autor principal del artículo.

Él explica que estudios previos utilizaban una puntuación humana para medir los colores de las especies o información de color derivada de ilustraciones en guías de campo y manuales. «Si bien son informativos, ambos enfoques tienen sus inconvenientes, porque no son medidas directas del color de las aves».

Cooney explica: “tratamos de mejorar este análisis utilizando cámaras digitales modificadas para cuantificar el color de las aves, ya que es probable que las propias aves lo perciban midiendo el color en términos de luz visible y ultravioleta (que las aves pueden ver). De esta forma, ofrecemos estimaciones de la coloración de las aves de mucha mayor calidad para probar la asociación entre la latitud y la coloración”.

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El Maluro espléndido (Malurus splendens), típico de los bosques secos del interior australiano. Foto: Ron Knight, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.
El Maluro espléndido (Malurus splendens), típico de los bosques secos del interior australiano. Foto: Ron Knight, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

Una nueva forma de medir el color de las aves

Los investigadores solo analizaron el orden de los paseriformes, el más grande de todas las aves, que comprende el 60% de las diez mil especies existentes en el mundo aproximadamente. Esto incluye pájaros como el gorrión común (Passer domesticus), canario silvestre (Serinus canaria), bienteveo común (Pitangus sulphuratus) y jilguero encapuchado (Spinus magellanica).

El proceso de análisis fue extremadamente complejo. Para cada ejemplar se tomaron fotografías desde tres ángulos diferentes (dorsal, lateral y ventral), totalizando unas 24 mil imágenes. Después de eso, se extrajeron los valores de píxel de cada una de ellas y se mapearon los valores en «colores tetraédricos aviares». Al final, se realizaron más de 36 millones de mediciones únicas del color del plumaje de estos paseriformes.

“Siempre fue muy difícil evaluar el color. Hasta hoy esto se hacía de una manera muy subjetiva. El estudio cuantifica no solo cuántos colores muestra cada ave, sino también cuánta variación hay en cada espectro de color. Con eso, pudimos calcular índices de cuán colorida es cada ave”, destaca el especialista en Ecología y Evolución José Alexandre Felizola Diniz Filho, profesor de la Universidad Federal de Goiás, uno de los revisores del artículo.

Sin embargo, los investigadores aún no saben por qué las aves de las regiones más cálidas muestran una mayor variación de color. Pero tienen algunas hipótesis y la principal está relacionada con el concepto de disponibilidad energética.

“Estos entornos suelen ser cálidos, húmedos y tienen una alta productividad primaria neta, que es una medida de la cantidad de energía disponible para quienes viven allí”, explica Cooney.

«Creemos que una mayor disponibilidad de energía permite a las especies invertir más energía en el desarrollo de señales visuales elaboradas en comparación con las especies que viven en ambientes más fríos, con menos energía disponible», dice el autor principal del artículo.

La energía también tiene que ver con el metabolismo y sistema evolutivo. “Para tener este plumaje más colorido, su metabolismo debe acelerarse. Es necesaria una mayor evolución de las estructuras celulares que generan más color y, para eso, se requiere más energía”, agrega Diniz Filho.

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El brasileño también recuerda que, por lo general, en bosques más cerrados, los machos tienen colores más vibrantes en su plumaje para atraer a las hembras. Esta estrategia aumentaría las posibilidades de reproducción de la especie y permitiría, una vez más, una evolución más acelerada de la misma.

Tangará siete colores (Tangara chilensis), cuya población se extiende por toda Cuenca Amazónica, incluido Brasil. Foto: thibaudaronson, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
Tangará siete colores (Tangara chilensis), cuya población se extiende por toda Cuenca Amazónica, incluido Brasil. Foto: thibaudaronson, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Una dieta rica en frutas puede contribuir a una mayor coloración

Otro factor que diferencia el hábitat de las aves en los trópicos de las que se observan en las zonas por encima del ecuador es la estabilidad del clima. Con temperaturas más constantes durante todo el año, estas aves tienen más oportunidades de reproducirse y tener alimento y, en consecuencia, energía a su alcance.

De hecho, otro punto que sugiere el nuevo estudio es que una dieta rica en frutas de zonas templadas también influiría en la coloración de los animales. No es una simple coincidencia que en lugares como la Amazonía se puedan encontrar frutas como mango, acerola, cumare y humari, ricas en carotenoides, en abundancia.

“Los plumajes amarillos, anaranjados y rojos son típicamente producidos por la deposición de pigmentos carotenoides en las plumas. Las aves no pueden sintetizarlos por sí solas y, por lo tanto, estos compuestos deben ingerirse como parte de su dieta”, explica Cooney.

Suimanga de Gould (Aethopyga gouldiae), que se encuentra en el sudeste asiático. Foto: Jason Thompson, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.
Suimanga de Gould (Aethopyga gouldiae), que se encuentra en el sudeste asiático. Foto: Jason Thompson, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

«Se sabe que las frutas tienden a contener una concentración relativamente alta de estas sustancias, por lo que es probable que las especies frugívoras [que comen frutas] tengan más de estos compuestos disponibles en su dieta para producir colores brillantes que las especies que consumen otros alimentos», agrega el investigador.

A pesar del gran avance, el autor del estudio admite que aún quedan muchas dudas por aclarar. Existe la sospecha de que este patrón no se limita a las aves, sino también a las flores, los insectos y los peces. “Diría que podrían ocurrir tendencias similares en otros organismos, pero aún no están confirmadas. Hay mucho más que aprender sobre los factores ecológicos y evolutivos que impulsan una mayor coloración en las especies tropicales”.

* Imagen principal: Azulillo sietecolores (Passerina ciris), ave nativa de los bosques de América Central. Foto: Andrew C, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

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