Popularmente se les conoce como “arañas cangrejo”, “arañas hediondas” o “arañas patonas”, entre otros nombres. Esto, porque destacan con sus cuerpos muchas veces ornamentados y coloridos, y patas largas, además de su similitud superficial con las arañas, aunque no lo son. Se trata de arácnidos, característicos de ambientes relativamente húmedos. Tímidos, inofensivos y también conocidos por el fuerte olor que emanan como método de defensa. Esos son los opiliones.

Fonckia_gallardoi_hembra© Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss. Museo de Historia Natural de Chile
Fonckia gallardoi, hembra
©Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss/ Museo de Historia Natural de Chile

Así los describe un checklist de especies y estado de conocimiento de especies de opiliones de Chile. Eso, junto a contar 94 especies -distribuidas en cuatro subórdenes, ocho familias y 36 géneros, hasta el momento- con un alto nivel de endemismo, es decir, que solo se pueden encontrar en Chile.

Sin embargo, todavía falta conocer muchísimo sobre ellos.

Arácnidos, pero no arañas

Para comprender sobre los opiliones, primero hay que partir desde la base: entender que no son arañas, pese al pensamiento popular. Tal como mencionamos en un artículo sobre Arañas de Chile, en este país existen siete órdenes o subgrupos de arácnidos: Scorpiones, Acari, Opiliones, Pseudoescorpiones, Palpigradi, Solifugae y Araneae. Solo el último son arañas. El resto son arácnidos.

Fonckia_gallardoi_macho © Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss. Museo de Historia Natural de Chile
Fonckia gallardoi, macho
©Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss/ Museo de Historia Natural de Chile

Según explica a Ladera Sur Jorge Pérez-Schultheiss, curador de crustácea y opiliones del Museo de Historia Natural de Chile, morfológicamente los opiliones son más parecidos a los escorpiones o a los solífugos: “las principales diferencias con las arañas, es que el cuerpo de los opiliones está cubierto con una especie de carapacho. Cuando se ve el cuerpo del opilión, es compacto, una sola estructura. Eso los distingue de las arañas, que tienen como una cintura. Además, los quelíceros -piezas ubicadas delante de la boca para alimentación, defensa y ataque- son distintos. Las arañas tienen estructuras que parecen mandíbulas con una especie de colmillo en el extremo que expele veneno. En cambio, los opiliones tienen una especie de pinza más parecida a la de los escorpiones”.

No son venenosos y, más que atacar, lo que hacen es defenderse. “Se podría decir que son de los arácnidos más tímidos. Muy pocas veces hay comportamientos agresivos, pues son más de defensa. No son como los escorpiones o las arañas, que si los molestas te pueden atacar. En este caso, difícilmente, a lo más adoptan una posición amenazante, pero no pasa más allá de eso. Una de sus características es que tienen glándulas olorosas que producen un líquido con un olor bastante fuerte, ese es su método de defensa, pero no tienen veneno”.

Lo que se sabe sobre los opiliones

Si se va atrás en el tiempo, los opiliones podrían considerarse de los primeros artrópodos en la tierra. “Se conocen fósiles muy antiguos y es interesante porque estos fósiles de más de 300 millones de años tienen la misma estructura de los opiliones actuales. Eso significa que el grupo se diferenció muy tempranamente y que, a partir de ahí, no es mucho lo que ha cambiado en su estructura morfológica”, explica Pérez-Schultheiss.

Metagyndes_martensii_macho_© Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss. Museo de Historia Natural de Chile
Metagyndes martensii, macho
©Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss/ Museo de Historia Natural de Chile

A nivel mundial, su orden tiene 6.637 especies, clasificadas en cuatro subórdenes –Cyphophthalmi, Eupnoi, Dyspnoi y Laniatores- y más de 50 familias, según lo que se explica en el checklist antes mencionado.

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Algunas de sus características generales es que presentan hábitos nocturnos, tienen una visión deficiente y una de las cosas que llama la atención son sus conductas gregarias, es decir, que es frecuente observar agrupaciones de distintas especies de opiliones, lo que es poco común en arácnidos. Esto, además, de su característico método de defensa, que es a través de la emanación de un fuerte olor. También son arácnidos omnívoros o cazadores.

Sadocus_polyacanthu_hembra_© Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss. Museo de Historia Natural de Chile
Sadocus polyacanthus, hembra
©Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss/ Museo de Historia Natural de Chile

En este sentido, sobre su rol ecológico, lo que está relacionado al conocimiento general del orden. Por ejemplo, que forman parte de la cadena trófica al alimentarse de ciertas especies y ser alimento de otras. O que la presencia de algunas especies indicaría que se está ante la presencia de un hábitat saludable. Pero todavía falta saber más sobre ellos, por lo menos en Chile.

¿Qué pasa en Chile?

Como señalamos más arriba, en Chile, el orden Opiliones consta de 94 especies reportadas. La mayor parte de ellas pertenecen al grupo Laniatores -más del 80% de las especies, correspondientes a las familias Triaenonychidae y Gonyleptidae-, seguidas por Eupnoi. Los dos subórdenes restantes solo cuentan con dos especies cada uno.

En las áreas rurales, suburbanas y urbanas más intervenidas es frecuente encontrar algunos Pachylus, en especial en la zona central de Chile. “Ese es el género más común. Son opiliones relativamente grandes y de cuerpo café muy característico, que se reconoce fácilmente. Son unas seis o siete especies, en la zona central, desde la Región de Coquimbo al sur, hasta la del Maule. Incluso podrían llegar a Concepción (todavía faltan estudios de la distribución de especies)”, explica Pérez-Schultheiss.

Pachylus_sp._hembra © Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss. Museo de Historia Natural de Chile
Pachylus sp. hembra
©Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss/ Museo de Historia Natural de Chile

Luego, a la lista de los más comunes de observar se suman las especies Sadocus asperatus y Sadocus polyacanthus, que son de las más grandes de Chile. “Se encuentran en zonas de bosque nativo, templado. Son especies más comunes entre la Región de O’Higgins y la de Aysén”, aclara. Sobre el norte, el taxónomo aclara que todavía se conoce muy poco: “hay algunos registros en el Parque Nacional Fray Jorge, pero han aparecido otros por la zona de Antofagasta, que no se han estudiado. Entonces no podemos decir mucho, no sabemos exactamente qué son. Probablemente sean especies nuevas, no descritas”.

Sadocus_polyacanthus_macho_© Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss. Museo de Historia Natural de Chile
Sadocus polyacanthus, macho
©Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss/ Museo de Historia Natural de Chile

Pero si hay algo que destaca sobre la opilionofauna de Chile es su alto nivel de endemismo, que corresponde a un 87% de las especies. Pérez-Schultheiss alude a que esto se debe a su comportamiento gregario, que hace que ocupen un mismo territorio y que no se dispersen. Al pasar eso, explica, lo más probable es que se tiendan a diferenciar poblaciones de un lugar respecto de otras, lo que con el tiempo dará lugar a la formación de especies endémicas.

Uno de los lugares donde se ha podido identificar especies es en la cordillera de Nahuelbuta, donde en ocho localidades, científicos identificaron 21 especies, 8 de ellas endémicas. “Yo creo que falta estudiar por qué, en esa zona se encuentra un conjunto de especies bien especial, no solo en opiliones. Pero también es una zona muy impactada, de hecho, en el estudio que hicimos con la Fundación Nahuelbuta Natural visitamos varios bosques nativos fuera del parque nacional. Estudiamos pequeños fragmentos de bosque nativo, rodeados de plantaciones. Aún así, los opiliones son muy diversos”, dice Pérez-Schultheiss.

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Otra zona interesante para el estudio de opiliones es Manquemapu, en la comuna de Purranque, Región de Los Lagos. A diferencia de Nahuelbuta, esta zona se encuentra muy bien conservada. Si bien los estudios aquí están recién comenzando y falta mucho por investigar todavía, ya se publicó un trabajo y se sigue avanzando. Al respecto, el investigador apunta a que “se encontraron cosas interesantes” y que se identificaron nuevas especies. “Tenemos incluso un grupo de opiliones de dos especies que no están descritas, que podrían ser una familia nueva, porque no coinciden con nada de lo que se conoce hasta ahora en Chile», aclara Pérez-Schultheiss.

Todavía queda un largo camino

De la opilonofauna en Chile todavía falta conocer. Según se explica en el checklist, se cuenta con un interesante conjunto de especies, gran parte endémica, pero la información de estos arácnidos sigue siendo fragmentaria, “con una alta proporción de especies apenas conocidas por sus descripciones originales”. Con ello, dice Jorge, se desconoce el estado de conservación de casi todas las especies de opiliones en Chile, “información de alta relevancia frente a las amenazas que enfrentan los ecosistemas naturales del país”.

Sobre esto, en 2021, se publicó un artículo del investigador Rodrigo Barahona, donde se propuso estados de conservación para tres especies, donde se consideró que, al poseer una tasa de movimientos muy bajos, la fragmentación de su hábitat podría generar efectos genéticos y demográficos importantes.

Thrasychirus_sp._macho © Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss. Museo de Historia Natural de Chile
Thrasychirus sp., macho
©Cortesía Jorge Pérez-Schultheiss. Museo de Historia Natural de Chile

“A nosotros nos interesa conocer la diversidad y taxonomía, qué es lo que hay y dónde se encuentra. En los opiliones esto está recién comenzando. O sea, se han hecho investigaciones en el pasado y hay cerca de 100 especies descritas, pero son investigaciones puntuales, con muestras recibidas de Chile, sin una prospección sistemática en los hábitats donde ellas se encuentran. Esto ocurre, por ejemplo, con Carl Roewer, que entre los años 20’ y 60 estudió opiliones de Chile y aportó un montón a su conocimiento. Pero trabajaba en Alemania, estudiando opiliones de todo el mundo. Después hubo investigadores argentinos y brasileños, pero siempre con trabajos muy puntuales sobre especies chilenas”, afirma.

A esto agrega: “Lo que falta es un estudio más continuado, como el que estamos tratando de hacer en Manquemapu y Nahuelbuta (…) Nosotros estamos haciendo esta primera parte para saber qué es lo que hay y dónde. Después de eso la idea sería empezar a estudiar la ecología, biología y una serie de aspectos de estos animales que también son desconocidos, como su reproducción y desarrollo. Solo se conoce esto de una sola especie, Pachylus quinamavidensis. Entonces, falta un estudio más continuado en el tiempo, con un muestreo más completo”.

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