Si nos imaginamos caminando en un húmedo bosque en otoño, puede que nos situemos en un paisaje verde y anaranjado, acompañados de las formas, texturas y colores de las setas que se esperan tanto en esa época. Pero, durante todo el año, bajo tierra y junto a cada paso que damos dentro de ese sendero, el Reino Fungi se hace presente a través del micelio.

Micelio ©Fundación Fungi
Micelio ©Fundación Fungi

Cada micelio es una red de hifas o filamentos que se conforman de filas de células dispuestas en hilera. Esta red se va ramificando y expandiendo unidireccionalmente hasta formar lo que, a la vista humana, podría parecer un algodón delgado o una compleja telaraña, que puede ser de diferentes colores. Eso compone el verdadero cuerpo del hongo, siendo esencial para la descomposición y la simbiosis en el bosque.

Así, tal como explicamos en el libro “¿Por qué parques nacionales?”, el micelio permanece dentro del sustrato, del cual obtiene sus nutrientes (troncos, partes vegetales, suelo, etc.) por lo que pareciese estar escondido a la vista humana, a un nivel subterráneo, por debajo de nuestras pisadas.

Por lo tanto, puede pasar inadvertido, pero, solo para imaginarse, su magnitud es tan impresionante que, se ha estimado que la longitud total del micelio fúngico en los 10 cm superiores del suelo es más de 450 cuatrillones de kilómetros. Es decir, ¡aproximadamente más de la mitad del ancho de la galaxia!

El origen de la red bajo los bosques

Podríamos imaginar que, en cada pisada que uno da, puede haber más de 500 kilómetros de hongos. Así se explica en el documental Fantastic Fungi (que está disponible en Netflix), a través de una gráfica imagen que ilumina una red debajo de una pisada. Esa red protagonista es el micelio.

Existen épocas en que, por las condiciones climáticas (cuando llueve y cambian las temperaturas) se puede observar la estructura macroscópica del hongo, llamada carpóforo o esporoma, que es lo que se conoce como setas o callampas. Aunque puedan llamar la atención por sus diversas texturas, formas y colores, estas tienen como única función la reproducción sexual del hongo, a través de las esporas. Pero la principal estructura de hongos formadores de esporomas es el micelio y, de hecho, estos están completamente compuestos de él.

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Extracto del libro «¿Por qué parques nacionales?»

“Hay micelios de varios colores, como amarillos, azules y blancos. Y toda la manifestación macroscópica que vemos está compuesta de micelio. Por ejemplo, una Amanita muscaria (el clásico hongo navideño rojo con puntos blancos) tiene una red debajo de micelio blanco. Pero toda la parte macroscópica también está compuesta de micelio. No hay diferenciación de tejidos, como los humanos sí la tenemos con, por ejemplo, la piel y el cabello. En los hongos, la célula es la misma”, explica Daniela Torres, directora de programas de la Fundación Fungi, una organización global que explora a los hongos para aumentar sobre su conocimiento, educación y conservación.

Pero, como todo, el micelio también tiene un origen. De acuerdo con lo que explica Daniela, este puede ser de distintas maneras. Una es a través de las esporas al caer al sustrato, lo que se podría pensar al equivalente de una semilla en las plantas. Otra es a través de la misma célula fúngica del micelio que crece y forma otras hifas. El micelio que no presenta seta o callampa y está solamente de forma subterránea, crece así.

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Micelio de un champiñon. Crédito a Robert Hille/ Wikipedia Commons

Sin embargo, es importante saber que no todos los organismos del Reino Fungi producen micelio. Por ejemplo, las levaduras no tienen micelio. Aquellos que sí lo hacen se denominan hongos filamentosos (por estar conformado por hifas o filamentos). También, no solo en el bosque hay micelio, ya que puede haber incluso en las ciudades.

Antigüedad, versatilidad y conservación

El organismo vivo más grande del mundo es el micelio de un hongo ubicado al noreste de Oregon, en Estados Unidos. Se trata de la especie Armillaria ostoyae y abarca 965 hectáreas. Existen estimaciones que han indicado que la superficie que abarca podría equivaler a 1350 cachas de fútbol. Sobre su edad, se aproxima que tiene al menos 2.400 años y es posible que supere los 8.600.

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Pero si de datos se trata, se puede ir mucho más allá. Esto porque los hongos fueron de los primeros organismos en tierra firme hace 1.300 años (es decir, habitan la tierra muchos años antes que las plantas). Según explicó Paul Stamets en su charla de TED sobre las seis maneras en que los hongos pueden salvar al mundo, el micelio fue un gran protagonista en ese proceso de billones de años, ya que produce ácidos oxálicos, lo que ayudó, por ejemplo, a la desintegración de rocas, ayudando, incluso, a la generación del suelo.

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Butyriboletus loyo ©Fundación Fungi

“En esto hay que pensar en general en el Reino Fungi, no solo el micelio, porque hay que recordar levaduras, mohos y líquenes que también tiene una asociatividad super antigua. Pero yo diría que el éxito del micelio se ha dado por su versatilidad y también por su capacidad de conservación. Eso es raro porque hay especies no tan mutables, verdaderos fósiles vivientes, por ejemplo, el loyo (Butyriboletus loyo) que sigue, hasta el día de hoy, sin tener ninguna diversificación de su especie. Pero también se ve en especies que han ido coevolucionando con sus hospederos o han generado la capacidad para ser más plásticos en su vida”, explica Daniela.

De ahí también su importancia en los ecosistemas que habitan: la descomposición y la simbiosis.

La descomposición

“Por un lado, la importancia que le podemos dar al micelio, desde el punto de vista ecológico, es el del reciclaje de los nutrientes”, afirma Daniela, “eso del micelio y de todos hongos, que en su mayoría son saprobios, o sea, que se alimentan de materia orgánica”. En este sentido, el micelio absorbe los nutrientes a través de enzimas. Así obtiene nutrientes que almacenan o dejan a disposición para el medio ambiente.

¿Cómo ocurre la descomposición en el ambiente terrestre? En el libro “¿Por qué parques nacionales?”, se explica que el micelio, junto con las esporas y bacterias son los colonizadores tempranos de la materia muerta, ya que comparten hábitat con los organismos antes que mueran. Luego, la desintegración de los componentes orgánicos es gradual, en un proceso que empiezan hongos y bacterias.

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Micelio ©Fundación Fungi 

El micelio es capaz de sintetizar moléculas complejas. Dentro de eso se conocen las del petróleo o el plástico, pero también, en la misma naturaleza, es el único organismo capaz de descomponer la lignina, que se genera cuando el tronco de un árbol se empieza a podrir.

“Por eso se le ha dado un fuerte potencial en lo que se conoce como la mico remediación, que es remediar suelos contaminados (…). Si uno quiere restaurar un lugar que se incendió o hay bajas de Ph, sin duda tenemos que apoyarnos en los hongos porque ayudan a limpiar y depurar ese territorio. Lo mismo con un terreno que ha sido explotado de forma agrícola por muchos años porque el suelo se empieza a compactar y los hongos ayudan a airear la tierra. Uno ve las hifas y podría pensar que se desintegran en la mano, pero la verdad es que son super resistentes, verdaderas murallas de tierra y hacen hueco para que otros organismos se establezcan, entonces es un buen aliado para descontaminar, remediar y restaurar”, explica Daniela.

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Micelio ©Fundación Fungi 

Luego de que ocurre la descomposición por parte de los hongos, continúa el ciclo del bosque. Por ejemplo, acá pueden cobrar protagonismo animales que consumen microorganismos (bacterias y hongos) y otros que lo hacen de la materia orgánica. Esa interacción contribuye al desarrollo de la estructura del suelo y la redistribución de los nutrientes.

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En ese sentido, de algo podrido los hongos pueden generar nueva vida. Como ellos no pueden hacer su propio alimento, deben obtenerlo a través de sus enzimas especializadas para romper células y transformarlas en nutrientes. Y eso es absolutamente fundamental.

La internet del bosque

Una parte importante de por qué el micelio es conocido como la gran red de los bosques es por el micelio micorrízico, es decir, aquel capaz de conectarse con las raíces de las plantas.

“Algunos micelios pueden ser micorrízicos, pero no todos lo son. Dentro de los hongos filamentosos, el mayor grupo se alimenta de materia orgánica. Pero también hay otro grupo de hongos que pueden formar asociaciones con otros organismos y esa asociación pasa a nivel del micelio. Desde ese punto de vista, el micelio cumple una importante labor que es formar unas verdaderas carreteras subterráneas, por donde van transportándose los nutrientes, agua, información para saber cuándo hay un peligro o hay nuevos brotes. Entonces, la conexión de las plantas para que se puedan comunicar entre ellas es a través del micelio micorrízico. Este que es capaz de formar asociaciones con entre estos dos organismos”, explica Daniela. Pero acá hay algo importante que aclarar: el micelio no es lo mismo que una micorriza. Esta es el punto exacto donde se une la raíz de la planta con el micelio.

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Extracto del libro ¿Por qué parques nacionales?

Estas verdaderas carreteras son el punto que se conoce como la función de simbiosis del micelio. “Son verdaderas autopistas subterráneas por donde la planta le transmite los carbohidratos que obtiene de la fotosíntesis al hongo. Carbono, principalmente. El hongo, a través de su micelio y las enzimas que éste produjo, absorbe los nutrientes, los digiere y se los pasa a la planta digeridos, ya que la mayoría de las plantas no pueden obtener los nutrientes porque, si bien están disponibles, no son capaces de sintentizarlo. Los hongos hacen ese trabajo”, explica Daniela.

A eso agrega: “Además, esta carretera se extiende abarcando mayor área, lo que significa que la planta puede captar agua de una forma más eficiente. No solo hacia abajo en su raíz”.

De esta forma, los árboles están conectados entre sí. La ecóloga Suzanne Simard realizó una investigación en la que descubrió que los árboles de un bosque están conectados a través de ese sistema en el que no solo comparten información, si no que se ayudan y protegen ante posibles peligros. En ese sentido se descubrió que los árboles cumplen diferentes roles en la comunidad. Por ejemplo, los más grandes y viejos son los que están más conectados con el resto y cuando germinan los más jóvenes les transmiten elementos vitales. O que entre ellos se alertan del peligro o amenazas presentes. Y eso es posible gracias al micelio micorrízico, que hace posible un verdadero equilibrio en la naturaleza.

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Micelio ©Fundación Fungi 

O también, por ejemplo, se ha hablado del importante vínculo entre orquídeas nativas de Chile y las micorrizas, donde los hongos ayudan a que sus semillas germinen.  En ese caso, se trata de hongos que no forman cuerpo fructífero, si no que el micelio habita naturalmente en la hojarasca o madera en descomposición.

Así, el micelio es un mundo lleno de descubrimientos y funciones que con el tiempo se han ido explorando. Pero enfocándonos en su lado ecológico, gracias a él no solo existe una importante conexión, si no también ayuda a dejar podrir las cosas para empezar a una nueva vida. Un ejemplo de cooperación y resiliencia para mantener un equilibrio natural.

2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Laura

    Me encantó

  2. Luisa

    Muy interesante y maravilloso!!

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