Ladera Sur La vida en Junco, cestería indígena chilena
La vida en Junco, cestería indígena chilena

Cultura y Patrimonio

La vida en Junco, cestería indígena chilena

La cestería es una artesanía típica de nuestro país, que puede encontrarse de norte a sur. Hoy en LS, nuestra colaboradora Florencia Aninat nos explica lo que hay detrás de este trabajo.

Para el desarrollo social, el paisaje no es un mero escenario ni una simple despensa de recursos: es soporte activo de las dinámicas que en él se suceden. La cultura material de las sociedades antiguas dependía de las posibilidades que el entorno otorgaba. El conocimiento empírico de la naturaleza permitió la creación de utensilios y tecnologías que determinaron, mejoraron y facilitaron la existencia humana.

En ese contexto aparece la cestería, uno de los oficios más antiguos de la humanidad, anterior a la cerámica y al textil. Hombres y mujeres de América y el mundo desde tiempos inmemoriales hasta la actualidad, han tejido fibras vegetales las que mediante destreza manual se transforman en precisos elementos para las diversas labores cotidianas.

© Artesanos de Chiloé
© Artesanos de Chiloé

El transporte y almacenaje de semillas, frutos y cereales fueron resueltos con livianos pero firmes contenedores tejidos. Pescadores y mariscadores, obtuvieron sus recursos gracias a resistentes mallas anudadas. En los primeros enterramientos, los cuerpos eran contenidos en finas esteras al interior de grandes canastos. Cestas embreadas antecedieron a las ollas de greda. ¿Y la vestimenta? Claro, antes del desarrollo textil, era de fibras vegetales entrelazadas.

En nuestro país la presencia de cestería es ancestral, vasta y fecunda. Los primeros registros de tejidos vegetales corresponden a evidencias arqueológicas adscritas a la Cultura Chinchorro (5.000 a 3.000 ac), litoral de Arica. Cobertores púbicos hechos con totora (Typha angustifolia) macerada eran usados por mujeres y han sido encontrados en contextos funerarios.

Vaso Totora, Arica © Museo Nacional de Historia Natural.
Vaso Totora, Arica © Museo Nacional de Historia Natural.

Sin embargo su fragilidad material nos hace difícil seguirle la pista: las fibras vegetales son altamente degradables y con el paso del tiempo terminan por desaparecer. Pero el desierto chileno da esperanzas. La salinidad y sequedad del ambiente generan condiciones aptas para su conservación.

Es así como conocemos que poblaciones atacameñas recolectoras de recursos marinos habitaron las costas de Pisagua hace unos 6000 años. Gracias a las fibras vegetales y a anzuelos de concha desarrollaron su actividad pesquera. Pese al carácter utilitario de la cestería, ésta se destaca por su calidad técnica y estética. Mediante la tintura de la fibra de enlace, la que da cuerpo a la estructura, los objetos elaborados con tallos de totora fueron decorados con motivos geométricos de diferentes colores. Figuras alusivas a camélidos son recurrentes. No es extraño, mediante dichos animales los antiguos atacameños pudieron dominar el desierto, fueron esenciales como medio de carga y compañía en las largas caravanas. Sorprende en sus cestos, principalmente platos y vasos, el perfecto dominio de la técnica de “aduja” o “espiral”, ampliamente conocida y empleada entre los pueblos originarios de nuestro país hasta nuestros días.

Cuentan los cronistas que los Mapuche también usaban taparrabos vegetales, pero la humedad del territorio ha mermado la conservación de ejemplares. La práctica actual nos da luces: se siguen tejiendo la ñocha (Cyperus ñocha), la cortadera (Cortaderia selloana), el chupón (Greigia sphaidata), la quilineja (Luzuriaga radicans), el boqui (Capsidium chilensis) y el copihue (Lapageria rosea), entre otros. Fibras que resecan, maceran, tuercen, anudan y entrelazan según sus posibilidades y necesidades. Se elaboraban utensilios para las actividades de subsistencia, para labores domésticas, prendas de vestir y cordelería como lazos y cuerdas. Hay objetos emblemáticos: el chaihue, hecho de boqui era un canasto circular más o menos hondo y lo usaban las mujeres para colar la chicha. El llepu, plato de gran tamaño tejido con técnica de aduja de estructura firme y compacta y elegante terminación se empleaba en la avienta y limpieza de granos y semillas. La pilhua, bolsa tejida con técnica de malla, para llevar objetos livianos, recolectar frutas o colar papas tenía también su versión costera empleada para mariscar. Hoy es infaltable en ferias y mercados como bolsa de compras.

Canastos bajo boqui © Cordillerana
Canastos bajo boqui © Cordillerana

Entre los Rapa Nui, las fibras vegetales también tienen un espacio especial. La corteza del Mahute (Broussonetia papyrifera) era prensada hasta obtener una fibra continua y delgada, como un papiro, mediante la cual elaboraban elegantes paños que adornaban con figuras mitológicas pintadas. El trabajo sólo debía ser hecho por mujeres, ya que aludiendo a la posibilidad fecunda de la mujer, sólo ellas podían dar vida a la tela.

Para los Yaganes la cestería fue clave. Eximios canoeros de los canales australes, se alimentaban principalmente de la recolección de mariscos y frutos silvestres. Sus utensilios elaborados en junco de Magallanes (Marsippospermum grandiflorum) daban cuenta de ello. El tawela, era un canasto firme que se utilizaba principalmente para actividades recolectoras y de almacenamiento. Se encuentran en múltiples tamaños, alcanzando los 30 cms de alto. Por su parte los keijims eran cestos anudados de trama abierta. Para darle firmeza al tejido suelto y mantener la estructura, la hilera superior de nudos sostenía un aro delgado de madera y sobre él un asa trenzada. Así se lograba un movimiento libre, perfecto para el escurrimiento del agua en las labores pescadoras.

Pero al hablar de cestería no sólo develamos recursos y necesidades. A través de las fibras podemos detectar y reconstruir ecosistemas. Y más que eso, podemos reconocer las relaciones de los pueblos con su medio natural, las que hablan de una forma de vivir.  El paisaje es soporte y generador de cultura, a la vez que acoge y condiciona el desarrollo social que en él se lleva a cabo. Al igual que como crecen juncos que dan vida, tradiciones y creencias, brotan también de sus posibilidades.

Canasto con tapa junquillo (Chiloé)/ Tawela Junco de Magallanes (Yaganes)
Canasto con tapa junquillo (Chiloé)/ Tawela Junco de Magallanes (Yaganes)
Frutera Ñocha
Frutera Ñocha

Referencias:

*Alvarado, Margarita. Vida, Muerte y Paisaje en los Bosques Templados. Un acercamiento a la Estética del Paisaje de la Región de Calafquén. Aisthesis 33. Instituto de Estética, Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile. 2000.
*Rebolledo, Loreto. Cestería. Memoria y Cultura, Femenino y Masculino en los Oficios Artesanales. Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer, Chile. Fondo Nacional de la Cultura y las Artes, Paraguay. Ministerio de Educación. Santiago, Chile. 1993.
* Troncoso, Andrés. De las Sociedades en el Espacio a los Espacios de las Sociedades: Sobre Arqueología y Paisaje. Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología 28. Santiago, Chile. 1999.
* Gusinde, Martín. Los Indios de Tierra del Fuego. Los Yamana. Tomo I. Centro Argentino de Etnología Americana. Buenos Aires, Argentina. 1986

Imágenes:

* Tienda Cordillerana  (http://www.cordillerana.cl/)
* Museo Nacional de Historia Natural. Santiago, Chile. DIBAM.
* Museo Antropológico Martín Gusinde. Puerto Williams, Chile. DIBAM.
* “Artesanía Chiloé” (https://artesaniachiloe.wordpress.com/)

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