Ladera Sur La silenciosa devastación de los cactus en Antofagasta: denuncias, casos sin resolver y una costosa deuda ambiental
La silenciosa devastación de los cactus en Antofagasta: denuncias, casos sin resolver y una costosa deuda ambiental

Naturaleza

La silenciosa devastación de los cactus en Antofagasta: denuncias, casos sin resolver y una costosa deuda ambiental

Si bien los cactus son de crítica relevancia para ecosistemas como el desierto de Atacama, están bajo constante amenaza. Así ha ocurrido en la Región de Antofagasta, donde la construcción del suministro eléctrico para el complejo astronómico Paranal-Armazones provocó graves impactos en distintas especies de cactáceas y la fauna asociada. A este caso que generó indignación en redes sociales se suman otros, como la denuncia por cactus muertos y abandonados en un sitio de la misma zona, donde no se hallaron culpables. Los proyectos energéticos o mineros, el coleccionismo, el tránsito de vehículos y la crisis climática dificultan aún más la supervivencia de estas plantas, muchas de las cuales solo habitan en Chile y presentan problemas de conservación. 

No cabe duda de que Antofagasta es un importante bastión para los cactus. Estas criaturas se han adaptado a las extremas condiciones del desierto de Atacama, donde enfrentan la fuerte radiación y beben de contadas fuentes de agua, como la camanchaca. Algunas parecen espinosas columnas con grandes ramificaciones, como el copao de Iquique, mientras que los cactus Copiapoa se destacan por su talla más pequeña y sus figuras globosas o elongadas que abundan en el desierto costero. De alguna forma, estas plantas son la “infraestructura crítica” de los ecosistemas áridos, al sostener con sus bondades a un sinnúmero de habitantes, como insectos, roedores y lagartos. Por si fuera poco, más del 80% de las especies de cactáceas son endémicas en Chile, es decir, solo existen de forma natural en nuestro país.

Copiapoa gigantea y Eulychnia taltalensis ©Pablo Guerrero
Flor Paposoa laeta junto a Copiapoa gigantea y Eulychnia taltalensis ©Pablo Guerrero

Sin embargo, el humano no les ha hecho la vida fácil: la degradación y fragmentación de su hábitat por proyectos energéticos, mineros, inmobiliarios, entre otros; la erosión y compactación del suelo por el tránsito de vehículos; y el tráfico ilegal y coleccionismo son algunas de las amenazas que han socavado no solo a las mismas cactáceas, sino también a toda la biodiversidad que depende de ellas.

Antofagasta no ha sido la excepción, pues ha sido allí donde han surgido casos que han generado alarma.

“Hay que tener claro, en general, que las especies que componen estos ecosistemas viven al ‘borde de la muerte’, en el sentido de que viven al límite en el desierto hiperárido, donde prácticamente pocas plantas pueden crecer. Cualquier cambio drástico puede generar una alta mortalidad. De hecho, el cambio climático va avanzando y afectando sobre todo la dinámica de neblinas, de las pocas precipitaciones que hay, etc., entonces ya hay una situación de base. A esa fragilidad se suman impactos severos de actividades humanas, como proyectos que realizan medidas de rescate y relocalización de manera poco prolija, por decir lo menos”, señala Pablo Guerrero, académico del Departamento de Botánica de la Universidad de Concepción.

Guerrero se refiere a uno de los últimos hechos que se difundieron en redes sociales y que generó indignación en la ciudadanía. Se trata de los impactos que afectaron principalmente a cactus durante la construcción del sistema de transmisión eléctrica para el complejo astronómico Paranal – Armazones en Paposo, ubicado en la comuna de Taltal, en Antofagasta. Las faltas en las que incurrió la empresa titular Sistema de Transmisión del Sur S.A (STS) motivaron a que la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) iniciara en mayo de este año un proceso sancionatorio en su contra, el cual fue suspendido temporalmente durante este mes, luego de que la entidad ambiental aprobara un plan de cumplimiento presentado por la compañía, como detallaremos más adelante.

Sombreadero que cubre a individuos extraídos de Copiapoa cinerea ©CONAF (1)
Fiscalización en 2017 que dio inicio a proceso sancionatorio en contra de STS ©CONAF 

Si bien los antecedentes del caso están disponibles en un portal de la institución ambiental, fue la ONG Más Antofagasta la cual dio a conocer este hecho por las redes sociales.

Así lo cuenta Osvaldo Chávez, director de la ONG Más Antofagasta, la cual fue creada en 2014 a raíz de la contaminación del puerto de Antofagasta, y cuyos miembros adquirieron la práctica de revisar estos portales. “Nosotros realizamos periódicamente una revisión del Sistema de Evaluación del Impacto Ambiental y del Sistema Nacional de Información de Fiscalización Ambiental de la Superintendencia del Medio Ambiente, y en este caso en particular nos enteramos porque miembros del equipo encontraron esta formulación de cargos por parte de la Superintendencia del Medio Ambiente, en un trabajo sistemático que aprendimos a propósito de otro conflicto ambiental al que llegamos tarde”, cuenta.

Copiapoa cinerea depositados sobre mesones en vivero ©CONAF
Copiapoa cinerea depositados sobre mesones en vivero ©CONAF

Según detalla la Superintendencia, los principales hechos que motivaron el inicio del proceso sancionatorio surgieron luego de una fiscalización en 2017, donde se constató el incumplimiento por parte de STS de sus obligaciones en cuanto al rescate y relocalización de especies que se intervinieron para la construcción del proyecto, en especial cactáceas como los denominados copiapoa (Copiapoa cinerea, clasificada en Chile como “casi amenazado” y Copiapoa humilis, en estado “vulnerable”), copao de Iquique (Eulychnia iquiquensis, “vulnerable” en la región), pocas costillas (Pyrrhocactus paucicostatus, “casi amenazado”), clavel del aire de Paposo (Tillandsia geissei, “casi amenazado”) y el quisco (Trichocereus deserticola, “vulnerable”).

Cactáceas sobre suelo desnudo ©CONAF
Cactáceas sobre suelo desnudo ©CONAF

A esto se suman las faltas relacionadas con la fauna, debido a las deficiencias en la perturbación controlada y en el seguimiento de especies de reptiles y micromamíferos (como roedores nativos).

Consultado por Ladera Sur, el jefe de la División de Sanción y Cumplimiento (S) de la Superintendencia del Medio Ambiente, Emanuel Ibarra Soto, detalla que “en su momento, estas infracciones fueron clasificadas como graves, por incumplir gravemente las medidas para eliminar o minimizar los efectos adversos de un proyecto o actividad, las que podrían ser objeto de revocación de la resolución de calificación ambiental, clausura, o multa de una hasta cinco mil unidades tributarias anuales”.

Sombreadero que cubre a individuos extraídos de Copiapoa cinerea ©CONAF
Sombreadero que cubre a individuos extraídos de Copiapoa cinerea ©CONAF

En efecto, de acuerdo con la formulación de cargos, existió la intervención de un número considerablemente mayor de cactus, en comparación a los individuos catastrados en la evaluación ambiental del proyecto. Además, el registro y manejo de ejemplares extraídos y reubicados en viveros y sombreadores fue inadecuado.

Para hacerse una idea, las especies de cactus del género Copiapoa, que son endémicas en Chile, pueden ser extirpadas del suelo y sobrevivir un tiempo bajo ciertas condiciones. El científico de la Universidad de Concepción detalla que “las Copiapoa en particular tienen una capacidad de alta resistencia. Si tú lo sacas, lo descepas y lo desentierras, ese individuo puede vivir incluso un año y florecer, sin estar las raíces en el suelo. Si bien esa es una ventaja para la planta, porque tiene que ver con su capacidad de almacenar agua y resistir la sequía, también le puede jugar en contra porque hay gente que lo puede sacar y dejar de cualquier forma”.

Ejemplares de Copiapoa bajo sombreadero ©CONAF
Ejemplares de Copiapoa bajo sombreadero ©CONAF

Y eso es, precisamente, lo que ocurrió en Taltal. Por ejemplo, varios cactus fueron apilados de forma descuidada, puestos sobre el suelo desnudo y sin protección adecuada en los sombreaderos. De hecho, varios ejemplares mostraron una alta presencia de hongos.

Guerrero explica que “los cactus pueden morir porque se los pueden comer animales, por ejemplo, los ratones. Otra manera es que se sequen, que nunca se planten o se demoren mucho en hacerlo y terminan muriendo. Otra forma es que se pudran, y la manera fácil de hacer que los cactus se pudran es apilándolos. Los hongos están comiéndose al cactus, lo están pudriendo, por decirlo de alguna manera. Muchas veces son hongos oportunistas que están alimentándose del cactus, entonces, si se dan las condiciones para que crezcan, como más sombra y poca ventilación, aparecerán más”.

Presencia de hongos en tallos de algunos individuos de Copiapoa sp. depositados en vivero ©CONAF
Presencia de hongos en Copiapoa sp. ©CONAF

Lo anterior no es una nimiedad, pues varias de estas especies presentan problemas de conservación, aunque el científico hace la salvedad de que la clasificación de especies en Chile no refleja el estado real de sus poblaciones al no disponer de información acabada y actualizada. Asegura que los cactus están, al menos, como señala la categoría o peor.

Por su parte, el director de la ONG Más Antofagasta agrega que otra de las especies afectadas sería “la Atriplex taltalensis, que es un arbusto endémico de la zona y que está en peligro de extinción, y que en el proceso que ellos hacen de evaluación ambiental detectan dos de estos ejemplares, pero luego en las fiscalizaciones ambientales no se encuentran ninguno de ellos. Eso llama poderosamente la atención, y es lamentable porque es una especie que tiene problemas de conservación”.

Otro aspecto relevante tiene relación con la fauna que depende directa o indirectamente de los cactus para obtener alimentación y refugio. De acuerdo con la SMA, no se realizó seguimiento ni una perturbación controlada en reptiles y pequeños mamíferos en la etapa de construcción, en la forma indicada en el Plan de Monitoreo Biológico.

Copiapoa cinerea cinerea en su hábitat (referencial) ©Pablo Guerrero
Copiapoa cinerea subsp. cinerea en su hábitat ©Pablo Guerrero

El experto en cactus relata que, en general, el impacto de ese tipo de acciones “es algo dramático, y en gran medida irreversible. En lugares como estos, en un año seco, no vas a encontrar casi ninguna otra planta que no sea cactus, salvo unos pocos arbustos muriéndose. Los cactus son las plantas perennes que viven muchos años, que van a conferir una estructura vegetal que permitirá vivir a todos los organismos vertebrados como ratoncitos o reptiles, y también invertebrados como insectos, gracias a que hay plantas que están manteniendo una cierta cobertura vegetal, y una dinámica ecológica aun funcionando a pesar de la extrema sequía. Entonces, si tú los remueves, es la destrucción completa del ecosistema en ese sitio”.

En contraste con lo anterior, desde la empresa STS responden a Ladera Sur que, después de la fiscalización realizada en 2017, subsanaron la situación, replantando a las especies rescatadas, afirmando además que sí realizaron la perturbación controlada de micromamíferos en 2017 y 2018. “Al respecto, es posible destacar que luego de haber desarrollado las actividades de monitoreo y los informes de seguimiento ambiental de fauna, se pudo comprobar que no existió afectación a esta, lo que fue reconocido por la autoridad. Por lo antes expuesto, reiteramos que no ha existido un impacto significativo sobre la flora existente en el sector de Paposo (comuna de Taltal), puesto que, a la fecha, el replante y relocalización de las 6 especies en categoría de conservación -comprometido en el plan de manejo biológico, que se inició en 2017- se ha cumplido según lo planificado, alcanzando un prendimiento general mayor al 75%”, señalan desde la compañía del Grupo SAESA.

Sombreadero que cubre a individuos extraídos de Copiapoa cinerea ©CONAF
Sombreadero que cubre a individuos extraídos de Copiapoa cinerea ©CONAF

Aún así, para el experto en cactáceas, los estándares en Chile para los rescates y relocalizaciones son pobres. “Nada asegura que esos cactus van a vivir ni que las funciones del ecosistema se van a mantener, porque el monitoreo que se hace es muy pobre, involucra unos pocos años, y básicamente es ver si está viva o muerta, pero no se hace ningún análisis más profundo sobre las interacciones ecológicas que se están realizando, si es que las plantas florecen, generando semillas, o si están siendo polinizadas. En el fondo, es ver si ‘el palito’ está parado o no, así de básico. Incluso cumpliendo la normativa, ya hay un tema que no se está abordando con la profundidad que requiere, y eso es un problema”.

Recientemente, la empresa STS presentó un plan de cumplimiento que fue aprobado por la SMA en septiembre. Desde la empresa señalan que dicho plan “iniciará sus primeras acciones en octubre 2020 y contempla un plan de enriquecimiento y seguimiento de las especies relocalizadas que abarca los próximos tres años. Dichas actividades tienen por objetivo incrementar el número de especies en la zona, así como también dar cumplimiento a las obligaciones establecidas en los distintos instrumentos de carácter ambiental del proyecto”.

Presencia de hongos en tallos de algunos individuos de Copiapoa sp. depositados en vivero ©CONAF
Cactus con hongos ©CONAF

Para entender el estado actual del caso, cuando se aprueba un plan de cumplimiento, el procedimiento sancionatorio se suspende. “Si el programa de cumplimiento se cumple, se decreta la ejecución satisfactoria del mismo, y el procedimiento se da por concluido. Sin embargo, si este programa no se cumple, el procedimiento se puede reiniciar, pudiendo ser sancionada la Empresa hasta con el doble de la multa que le habría correspondido originalmente”, especifica Ibarra del SMA.

Por otro lado, uno de los aspectos que salió a colación a raíz de esta denuncia es el rol de Observatorio Europeo Austral (ESO Chile), puesto que el fin del proyecto es suministrar energía eléctrica para los observatorios astronómicos bajo su alero. Si bien algunos apuntaban a ESO como responsable del daño ambiental, en este caso la institución es cliente del servicio eléctrico, pero no “empresa mandante” del proyecto. Dicho en simple, paga por la energía, pero no dispuso sus capitales para la construcción del sistema de transmisión.

Esto se debe a que la línea de transmisión que conecta la subestación Paposo a la subestación Armazones es una línea eléctrica pública, y parte de la extensión norte del Sistema Interconectado Central (SIC), construida y operada por STS luego de postular a una licitación pública.

Desde ESO Chile precisan a Ladera Sur que “ESO no ha hecho ninguna contribución financiera para la construcción y operación de la línea. Como único cliente en el área, ESO se comprometió previamente a utilizar una fracción de la electricidad proporcionada a través de la línea pública que abastece al Observatorio Paranal y Armazones, y paga por dicho servicio”.

Copiapoa columna-alba ©Pablo Guerrero
Copiapoa cinerea subsp. columna-alba en su hábitat ©Pablo Guerrero

En la misma línea, desde la Superintendencia del Medio Ambiente indican que “el sujeto obligado a cumplir con las exigencias ambientales del proyecto es su desarrollador/operador, o, en definitiva, quien tiene el control operacional de las obras del proyecto. En este caso, la Empresa Sistema de Transmisión del Sur S.A., es titular de este proyecto, en cuanto presentó, tramitó y obtuvo la resolución de calificación ambiental respectiva, y es quien ha construido el mismo”.

“Nos tomamos muy en serio cualquier incumplimiento de las normas de protección medioambiental, por lo que entendemos y apoyamos plenamente el proceso en curso”, aseguran desde el Observatorio, y agregan que en un futuro instalarán una planta fotovoltaica y un sistema de acondicionamiento de energía que abastecerá al próximo Extremely Large Telescope (ELT), con el fin de reducir la huella de carbono de sus operaciones, obteniendo electricidad de fuentes renovables.

Para este caso, ESO firmó un contrato con el Grupo SAESA, al cual pertenece STS, y asegura que “hará un seguimiento junto con SAESA para garantizar el cumplimiento de todas las leyes ambientales relevantes”.

La punta del iceberg

La Región de Antofagasta ha sido calificada como una “capital mundial” de la minería y energía. Así también destacan sus limpios y privilegiados cielos para la observación de los astros. Sin embargo, pareciera llamar menos la atención la peculiar y frágil biodiversidad de sus tierras, adaptada a condiciones extremas y caracterizada por su alto nivel de endemismo.

Copiapoa cinerea columna-alba ©Pablo Guerrero
Copiapoa cinerea subsp. columna-alba en su hábitat ©Pablo Guerrero

En general, el desconocimiento y la poca valoración que reciben los ecosistemas áridos los ha expuesto, de cierta manera, a significativos impactos de las actividades socioeconómicas que posan sus ojos en el norte grande. En ese sentido, la minería, la construcción de caminos o tendidos eléctricos, entre otras obras, generan variados efectos, muchas veces con prácticas y estándares cuestionados por los expertos.

Para Guerrero, “lo que estamos hablando ahora es la punta del iceberg. Estamos pensando que son lugares áridos que producto del cambio climático van a ser cada vez más áridos y hostiles, a lo que hay que sumar todas las acciones que estamos haciendo como sociedad”.

Denuncia por Copiapoa cinerea removidas y muertas en Taltal ©Rodrigo Dacal
Denuncia por C. cinerea subsp. cinerea muertas en Taltal ©Rodrigo Dacal

De hecho, el mismo investigador presentó en marzo de este año una denuncia ante la Corporación Nacional Forestal (CONAF) por miles de individuos de cactus (Copiapoa cinerea) que fueron hallados extirpados y muertos, a un costado de la ruta 1 camino a Taltal, y que probablemente fueron removidos para relocalizarlos, algo que nunca ocurrió.

“Probablemente son cactus que fueron abandonados por alguna actividad que generó un impacto, y no se hizo nunca el rescate y relocalización de estos ejemplares. Imagínate que es en el desierto, donde pasa muy poca gente, y es muy fácil ocultar los cactus, porque está lleno de quebradas, de cerros, y con una camioneta puedes ir a esos lugares y tirar los cactus en alguna quebrada, y nunca nadie los va a pillar, o si los pillan no van a saber quién los dejó ahí”, advierte Guerrero.

Denuncia por Copiapoa cinerea removidas y muertas en Taltal ©Rodrigo Dacal
Denuncia por C. cinerea subsp. cinerea removidas y muertas en Taltal ©Rodrigo Dacal

Precisamente, en este caso no se hallaron a los responsables, mientras que el botánico reconoce que no existe una dotación suficiente de personal o atribuciones que permitan a instituciones como CONAF una mayor capacidad investigativa y de fiscalización.

Y como es de esperarse, el desarrollo energético ha despertado oposición en distintos sectores de la comunidad, como ha sido en el caso de la central termoeléctrica Taltal, a unos kilómetros de donde se generó el problema por el sistema de transmisión eléctrica. “Nosotros resistimos la ampliación de esa termoeléctrica, y de hecho yo mismo participé en la reunión de evaluación ambiental donde los distintos seremis aprobaron esa ampliación, pero dimos cuenta del gran impacto que genera la termoeléctrica sobre la flora de cactáceas y de suculentas que están alrededor de la termoeléctrica”, relata Chávez.

Denuncia por Copiapoa cinerea removidas y muertas en Taltal ©Rodrigo Dacal
Denuncia por C. cinerea subsp. cinerea removidas y muertas en Taltal ©Rodrigo Dacal

Las presiones y amenazas suman y siguen.

El coleccionismo es otra práctica que ha diezmado las poblaciones de cactáceas, altamente cotizadas por su rareza y singular belleza. En efecto, muchos prefieren a individuos de tonos grisáceos, curtidos por la radiación y otros factores de su hábitat natural, más que a una planta de vivero bien verde y lozana ante el esmerado cuidado humano.

Guerrero cuenta que “la extracción ilegal de cactáceas puede ser desde algo muy amateur, como algunas personas que ven una planta durante las vacaciones y deciden llevársela para la casa, a un coleccionismo extremadamente especializado de gente que es capaz de viajar miles de kilómetros solo para llevarse los cactus, ya sea por su afán personal de tener una colección, o para venderlos. Eso es muy terrible porque el impacto que genera el coleccionismo es muy específico y dirigido. Se van a las especies más raras o que se encuentran más en peligro”.

Copiapoa cinerea columna-alba ©Pablo Guerrero
Copiapoa cinerea subsp. columna-alba ©Pablo Guerrero

Y así pasa con especies únicas de Chile como las del género Copiapoa, las cuales son muy traficadas. “Los cactus Copiapoa son nuestro marfil”, subraya Guerrero.

A lo anterior se suma el tránsito de vehículos, lo cual también causa una significativa mortalidad de cactáceas, en especial de aquellas que son más pequeñas y viven a ras del suelo, siendo por ende más difíciles de ver. El impacto de los autos, motos y de eventos como las carreras de rally son altos, sobre todo cuando se salen de los caminos ya establecidos.

Copiapoa cinerea cinerea ©Pablo Guerrero
Copiapoa cinerea subsp. cinerea ©Pablo Guerrero

Para el director de Más Antofagasta, lo peor es que no existe información acabada sobre la biodiversidad local. De hecho, en el último tiempo se han descubierto especies de insectos en otras zonas de la región, pero faltan estudios para conocer a cabalidad cómo es la naturaleza en sitios como Paposo. “Esa falta de información debería ponernos en una actitud preventiva frente al daño ambiental, pero lamentablemente como está hecha la legislación ambiental en Chile y la institucionalidad, terminamos siempre llorando sobre la leche derramada”.

Lo cierto es que podríamos estar extinguiendo a especies sin enterarnos.

Pérdida de biodiversidad, pérdida de cultura

Actualmente, existe mucho interés en la investigación de la diversidad biológica y cultural (o biocultural), entendiendo la íntima e intrincada relación entre los distintos grupos humanos con el resto de la naturaleza. En ese sentido, Guerrero detalla que “las cactáceas, salvo por una especie, son un grupo americano. Entonces, gran parte de las culturas ancestrales se desarrollaron y se originaron en contacto estrecho con las cactáceas”.

Así como los incas recurrían al cactus San Pedro para rituales, por nombrar un ejemplo, “en el altiplano chileno, los quechuas y los atacameños también usaban cactáceas para alimento, tejidos y para la construcción. Algunos techos de las iglesias altiplánicas, por ejemplo, están hechos de cactus, entonces hay una enorme historia”, agrega.

El techo de la iglesia San Pedro de Atacama fue construida con cactus, entre otros materiales ©Fedaro
El techo de la iglesia San Pedro de Atacama fue construida con cactus ©Fedaro

Sin embargo, así como el medioambiente ha sido fundamental a la hora de influir y modelar durante milenios las vidas de los variopintos grupos humanos, el declive de la biodiversidad genera una pérdida no solo biológica, sino también cultural.

El investigador comenta la reciente aprobación de la Cámara de Diputados de reconocer oficialmente al pueblo chango como una etnia indígena, lo cual aplaude aunque califica como “increíble que se haga recién ahora. A mí no me cabe duda de que los changos tenían una relación con las Copiapoa, si estaba lleno donde ellos han habitado. El problema es que nosotros no tenemos esa información. Lo mismo al sur de Taltal, donde hay asentamientos humanos antiquísimos, de miles de años, donde está lleno de cactus. Es imposible que no tuvieran una relación cultural con ellos”.

Eriosyce taltalensis antena Paposo ©Pablo Guerrero
Eriosyce taltalensis ©Pablo Guerrero

Por ello existen cuestionamientos hacia la institucionalidad ambiental chilena y a las compañías que no siempre consideran este tema a la hora de aprobar y ejecutar proyectos con amplios efectos. Chávez asegura que “muchas veces desde la cultura occidental y globalizada no se toman en cuenta elementos que son importantes para los pueblos originarios. Por ejemplo, en el arraigo con el paisaje, la construcción de torres de alta tensión genera un impacto visual inimaginable en un contexto paisajístico y de significación cultural e inmaterial para muchos de los territorios y pueblos que se desarrollan aquí en la región”.

Pero el director de la ONG Más Antofagasta señala que existen otras falencias relevantes, como el abandono del Estado a la zona y el centralismo que deriva de la toma de decisiones desde la capital, así como en los pocos recursos que se destinan a las regiones. “El problema del centralismo se tiene que resolver ojalá con una nueva Constitución, tenemos que reestructurar el Estado, desde esa perspectiva, no podemos hacerlo con esta Constitución”, sostiene.

Mientras tanto, agrega que, para avanzar en la protección de la zona, una de las medidas más importantes “es que se realicen estudios que nos den información clara y precisa de cuál es el valor que tienen estos lugares, porque si no, cuando hacen las evaluaciones ambientales, nos quedamos solo con lo que dicen las empresas. Y por otro lado necesitamos aumentar la fiscalización”.

Copiapoa gigantea ©Pablo Guerrero
Copiapoa gigantea ©Pablo Guerrero

Guerrero coincide: “Es necesario cambiar el switch y dejar de ver la problemática ambiental de manera parcelada y reduccionista, para verla de manera mucho más profunda, integradora y cooperativa, por ejemplo, abordar estas amenazas con un plan nacional, para que además la gente se involucre y abordemos todas las aristas. Al igual que otros problemas como la pobreza, la destrucción del ambiente es multidimensional. En ocasiones se ridiculizan las posturas proambientales, diciendo que la gente no quiere desarrollo, pero esa es una caricatura, hay que pensarlo con la profundidad que se merece el tema”.

Lo anterior cobra especial relevancia en medio del cambio global y crisis climática, donde no sabemos cómo responderán las especies de zonas áridas.

Copiapoa gigantea ©Pablo Guerrero
Copiapoa gigantea ©Pablo Guerrero

“Gran parte de Chile se está secando, no cabe duda de que esa es la tendencia, entonces deberíamos estar mirando mucho más a estas especies, por ejemplo, entender cómo los Copiapoa logran vivir en esas condiciones, y si eso podría ser útil para nuestros cultivos o para maneras de obtener agua. En cambio, se considera a estos cactus como un impedimento para el desarrollo económico, cuando Copiapoa no hay en ningún otro lugar en el mundo. Es negarnos a nosotros mismos”, sentencia.