Ladera Sur La laguna que más extrañan los santiaguinos
La laguna que más extrañan los santiaguinos

Cultura y Patrimonio

La laguna que más extrañan los santiaguinos

¿Una laguna en el Parque Forestal? Así es, este reconocido parque considerado uno de los mayores pulmones verdes de nuestra capital solía tener una laguna y una bastante grande. Tanto así que las parejas podían pasear en botes a remo. Rodrigo Guendelman nos cuenta la historia de esta laguna y su lamentable desaparición.

La Quinta Normal tiene laguna. El Parque Cousiño (hoy Parque O´Higgins) tiene laguna. ¿No parece un poco raro que el Parque Forestal, otro clásico del paisajismo santiaguino y diseñado para celebrar el centenario de Chile, no tenga laguna? Claro que es raro. Pues la tuvo. Y era fantástica. Y uno remaba en botes por toda su extensión.

Parque Forestal y su laguna en 1906 © Santiagoadicto
Parque Forestal y su laguna en 1906 © Santiagoadicto

Inaugurada en 1906, “era uno de los principales atractivos del parque. En ella, las parejas podían pasear en botecitos a remo y servía, además, como un gran espejo de agua que exaltaba el flamante Museo de Bellas Artes. Tan clara era esta función y tan noble el resultado, que la colonia y el estado francés instalaron, en el eje entre el museo y la laguna, su hasta hoy reconocible monumento-regalo para el Centenario del país”, cuenta José Alberto Bravo, fundador de la productora cultural Giroscopio.

© Santiagoadicto
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Fue el ingeniero y paisajista francés, Georges Dubois, el encargado de transformar la ribera sur del Mapocho. Era la prolongación de un trabajo urbanístico iniciado en 1888, cuando comenzaron los trabajos de relleno y canalización de las aguas del río. En manos de Dubois quedaron unas veinte manzanas destinadas a la creación de un parque lo más europeo posible, que incluyera especies exóticas y explanadas verdes. Algo que, además, ayudaría a realzar el nuevo Palacio de Bellas Artes, que se inauguraría justo en 1910, para la celebración de los cien años de la Independencia. En forma paulatina, este paisajista, titulado en la Escuela de Jardinería de Versalles, fue ganándole espacio al río y decidió arborizar más de la mitad de la zona asignada, unas trece hectáreas, así como también instalar juegos infantiles, esculturas, monumentos públicos, caminos sinuosos y una laguna.

© Santiagoadicto
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Ya en 1905, el Parque Forestal tenía más de un kilómetro de largo y casi 200 metros de ancho, espacio donde se plantaron unos ocho mil árboles, incluidos los plátanos orientales que se mantienen hasta hoy. Es interesante saber que, en un comienzo, se discutió entre la creación de un parque o un complejo de edificios de carácter público dispuestos hacia el río. Por suerte fue el proyecto de áreas verdes el que ganó. Otro dato interesante tiene que ver con el Castillito, que hoy se luce como el restaurant “Castillo Forestal”, y que estaba pegado a la laguna. Fue Álvaro Casanova Zenteno, militar, diplomático, arquitecto y capitán del puerto de la laguna del Parque, el autor de esta obra.

© Santiagoadicto
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Casanova se inspiró en los castillos del Valle de Loira, mientras viajaba por Francia. Se inauguró en 1910 y, al principio, lo usó como oficina Guillermo Renner, otro paisajista francés que trabajó junto a Dubois en el Parque Forestal. Lamentablemente, la historia de la laguna es corta. “Se vació en la década del 40 por motivos sanitarios, pero por todas partes quedaron huellas de su existencia. De hecho, sólo le falta el agua: la depresión que la conformaba aún se puede reconocer en el parque actual, al igual que su costanera y uno de sus puentes. En la esquina norponiente, por ejemplo, aún se encuentra el muro que hacía las veces de embarcadero y del que aún cuelgan algunas de las argollas en que se amarraban los botes. Y un poco más allá está el misterioso Castillito, que no era otra cosa que el lugar donde se arrendaban los botes y donde se controlaba, además, la compuerta de descarga en el río Mapocho”, explica José Alberto Bravo.

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Pero hay una segunda teoría respecto del año de cierre. La artista y museóloga Lissette Balmaceda dice en su libro “El Museo Nacional de Bellas Artes (1880-1998)” que la laguna fue eliminada en 1930. Sea como sea, se le extraña. Especialmente cuando uno ve fotos como las que acompañan estas líneas e imagina lo que sería remar, una tarde de domingo, por las aguas del Mapocho convertidas en una apacible laguna urbana.

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