Ladera Sur La industria salmonera en Chile: la importancia de aprender del pasado
La industria salmonera en Chile: la importancia de aprender del pasado

Medio Ambiente

La industria salmonera en Chile: la importancia de aprender del pasado

Los sucesivos varamientos que han ocurrido en las costas chilenas han dejado a pocos indiferente. Nuestra colaboradora Florencia Ortúzar, abogada ambientalista que trabaja en la ONG AIDA, quiso compartir su opinión sobre lo que está ocurriendo.

Hace aproximadamente dos décadas floreció la industria del salmón en Chile. Pocos años bastaron para que el país se convirtiera en el segundo importador más importante de salmones en el mundo, superado solo por Noruega. Pero esta impresionante hazaña tecnológica y comercial se llevó a cabo sin el debido cuidado del medio ambiente, razón por la cual ha debido pasar por profundas crisis sanitarias/ambientales y sociales. Las razones parecen ser siempre las mismas.

Balsas jaula en concesión acuícolas. ©El Ciudadano
Balsas jaula en concesión acuícolas. ©El Ciudadano

En julio de 2007 se reportó oficialmente el primer caso de Anemia Infecciosa del Salmón (ISA), una especie de resfrío fatal para el salmón atlántico. El virus ISA arrasó con la industria nacional, que no tenía un plan de contingencia para detener la crisis biológica. Para el 2009 las cosechas habían caído en un 37% y los despidos escalaban. El gobierno tuvo que rescatar a la industria en crisis, que amenazaba con desemplear a un importante porcentaje de sureños. Junto con el salvataje se prometieron medidas para que algo similar no volviera a repetirse… Pero, ¿llegaron a cumplirse?

Dos años después, la industria empezó a repuntar y a principios de la década del 2010 la producción volvía a la normalidad. Para el 2013 las cosechas alcanzaron cifras históricas, incluso mayores a las anteriores a la crisis sanitaria.

Una nueva crisis que abarca todo el mar

Hoy somos testigos de una nueva crisis, causada por un florecimiento de algas nocivas que ha liquidado a millones de salmones. Al parecer se trata de un “alga asesina” que también está detrás de la temida marea roja, que este año llegó inusualmente agresiva. Así, hemos visto con horror como han varado todo tipo de seres vivos en las costas del mar chileno, desde ballenas hasta aves, pasando por calamares, sardinas y machas (para más información, revisar este testimonio).

Según la industria salmonera y el gobierno, los últimos episodios de marea roja se deben al fenómeno de El Niño que, influenciado por el calentamiento global, llegó este año más dañino que nunca. No obstante, algunos científicos aseguran que gran parte de la responsabilidad del florecimiento de estas algas es de las mismas salmoneras, que por años han estado sometiendo al mar a sus malas prácticas (ver, por ejemplo, el informe de la Fundación Crea).

Ocho mil toneladas de sardinas varadas en la región de La Araucanía. ©Chile Desarrollo Sustentable
Ocho mil toneladas de sardinas varadas en la región de La Araucanía. ©Chile Desarrollo Sustentable

En otras palabras, se sugiere que la variable climática y el fenómeno de El Niño no serían suficientes para gatillar una marea roja con las repercusiones que tenemos en la actualidad. La intervención que aporta la industria del salmón parece jugar un papel importante.

Para entender esto último, es necesario saber cómo funciona la industria del salmón en Chile y algunas de sus prácticas. Existen muchísimas concesiones acuícolas, y es sabido que varias de ellas han instalado balsas jaulas sin suficiente separación entre sí, albergando una sobrepoblación de salmones que engorda hacinada, muchas veces sin las condiciones sanitarias adecuadas.

Los peces se alimentan con pellets, que además de harina de pescado contienen pesticidas, colorantes y otros químicos que ayudan a la producción. En muchos casos, un porcentaje importante de esos pellet cae al fondo del mar sin ser consumido. Además, a cada salmón se le suministra una cantidad exorbitante de antibióticos (hasta 5 mil veces más que lo que se usa en Noruega, según diversas fuentes). Finalmente, cada pez genera un flujo constante de desechos -que incluyen muchos de los químicos que han debido consumir- que van acumulándose en el fondo marino, junto con todo lo demás. Toda esta descarga, que ha sido constante por ya más de 20 años, contribuye a la eutrofización (o pérdida de oxígeno) del medio acuático, el último ingrediente que precisaba la marea roja para ser absolutamente arrasadora.

El mar como inmenso vertedero

Desgraciadamente, la historia no termina aquí. Los vertederos terrestres no dieron abasto para desechar los millones de salmones muertos. Por eso el Servicio Nacional de Pesca (SERNAPESCA, la autoridad marítima nacional) autorizó verter nueve mil toneladas de cadáveres de salmón al mar. En el informe oficial del SERNAPESCA la autoridad fundamenta su decisión en el “peligro para el medioambiente y los serios riesgos –incluso mortales- para la salud de los operarios, así como de los funcionarios de este Servicio” de tanto pescado en descomposición en un sector costero y cercano a centros urbanos.

Preocupantes niveles de mortandad en la industria salmonera. ©Enfoque
Preocupantes niveles de mortandad en la industria salmonera. ©Enfoque

Uniendo los puntos

El fenómeno de El Niño claramente tiene que ver con la aparición de la marea roja, especialmente en su versión 2.0: impulsada por el calentamiento global. Pero parece evidente que los nutrientes aportados por la industria salmonera han sido también un ingrediente clave. Se puede concluir entonces que el vertimiento de los salmones muertos al mar no es la causa del problema, sino una salida desesperada e irresponsable a una más de sus nefastas consecuencias.

La industria salmonera fue capaz de reactivarse tras la crisis del 2009, pero no aprendió de sus errores y siguió priorizando riqueza por sobre sostenibilidad. En otras palabras, las salmoneras en Chile no han cuidado “la gallinita de los huevos de oro” que hoy agoniza junto con el bienestar de miles de familias en el sur de Chile, que por años han vivido en armonía de lo que ofrece el mar. Tal como hizo el avaro labrador que protagoniza la fábula, optaron por el rápido lucro por sobre la sostenibilidad del medio ambiente que se los da. Ahora nosotros, ciudadanos y consumidores, tenemos la oportunidad de presionar a la autoridad y usar nuestras decisiones de consumo para asegurar que las duras lecciones vividas sean aprendidas, evitando que la historia vuelva a repetirse en nuevas extensiones de nuestro inmenso -más no infinito- océano.

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