Un nuevo aporte a la conservación de los ecosistemas y biodiversidad de la Patagonia chilena hace un reciente estudio que identifica zonas con alto potencial de ser refugios climáticos para la biodiversidad, en la Patagonia chilena. Se trata de zonas que permiten aminorar los efectos cada vez mayores del cambio climático, y garantizar la persistencia de especies, comunidades y ecosistemas.

“La emergencia climática requiere de medidas concretas y eficientes para aumentar la resiliencia en comunidades y ecosistemas, y los refugios climáticos para la biodiversidad responden a esta necesidad. Por ello nos hemos propuesto generar información basada en la ciencia, que contribuya a identificar estas zonas y establecer medidas para su protección. Lo anterior, evidentemente debe venir complementado con el conocimiento y saber local”, señaló el Dr. César Guala Catalán, director del Programa Austral Patagonia de la Universidad Austral de Chile.

El estudio logró identificar la existencia de refugios climáticos terrestres a lo largo de toda la Patagonia.
El estudio logró identificar la existencia de refugios climáticos terrestres a lo largo de toda la Patagonia. Créditos: Nicolás Muñoz

A través de una propuesta metodológica novedosa que combina criterios de biodiversidad, geodiversidad y variables climáticas, el estudio liderado por el geógrafo y doctor en Ecología, Patricio Pliscoff, logró identificar la existencia de refugios climáticos terrestres a lo largo de toda la Patagonia, pero concentrados en sectores como Chiloé continental e insular, en la Región de los Lagos; zona interior, entre la costa y el área de estepas, en la Región de Aysén; y extremo continental sureste y zona norte de la isla de Tierra del Fuego, en la Región de Magallanes. Los refugios climáticos marinos, en tanto, se presentan en cinco grandes zonas del área marina de la Patagonia chilena: en el norte de la Isla Grande de Chiloé, Región de Los Lagos; en el archipiélago de las Guaitecas, Región de Aysén, y en varios sectores de la Región de Magallanes, como los canales interiores del Parque Nacional Bernardo O’Higgins o al interior de la Reserva Nacional Kawésqar.

Lago Yelcho, Región de los Lagos.
Lago Yelcho, Región de los Lagos. Créditos: cortesía del Programa Austral Patagonia

“La identificación de refugios climáticos para la biodiversidad puede ser clave para la subsistencia de especies en las condiciones actuales y futuras de clima. Por ello en otros países, como Australia y Estados Unidos, estos refugios son una herramienta usada para determinar aquellas áreas cuya conservación debe priorizarse, y esperamos que en Chile ocurra lo mismo”, dijo Pliscoff por su parte.

Río Futaleufú, Patagonia.
Río Futaleufú, Patagonia. Créditos: cortesía del Programa Austral Patagonia

El estudio, además, superpone las zonas identificadas como refugios climáticos con las Áreas Silvestres Protegidas del Estado, para evaluar si están o no bajo alguna figura de protección oficial y, según eso, definir los próximos pasos para asegurar su resguardo. Al respecto, de 58 Áreas Protegidas del Estado analizadas, 46 resultaron tener zonas con alto potencial de ser refugios climáticos para la biodiversidad destacando, en ese sentido, el Monumento Natural Laguna de Los Cisnes, el Parque Nacional Hornopirén, la Reserva Nacional Futaleufú y Reserva Nacional Lago Palena, para los refugios climáticos terrestres, y el Parque Nacional Bernardo O’Higgins, la Reserva Nacional Kawesqar, la Reserva Marina Pullinque y el Parque Marino Diego Ramírez-Paso Drake, para los refugios marinos.

Ilustración refugios climáticos terrestres y marinos.
Ilustración refugios climáticos terrestres y marinos. Créditos: cortesía del Programa Austral Patagonia

“La identificación de refugios climáticos en estas áreas debe ser considerado un insumo relevante para el diseño de sus planes de manejo”, señala Pliscoff al respecto y añade que “los refugios que están fuera de alguna figura de protección debiesen orientar la definición de nuevas áreas prioritarias para la conservación, y analizarse como complementos a la red de protección existente”.

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Otro hallazgo que destaca el autor del estudio es la relación directa entre la existencia de refugios climáticos y bosques primarios -para el caso terrestre-, y bosques de macroalgas, para los refugios marinos.  

Bosque de macroalga.
Bosque de macroalga. Créditos: cortesía del Programa Austral Patagonia

“Esperamos que este estudio contribuya a generar mayor interés en la investigación y desarrollo de los refugios climáticos como herramienta para la conservación en Chile. Si bien este concepto ha sido incorporado en algunos instrumentos de políticas públicas como la Estrategia de Biodiversidad, el Plan Nacional de Adaptación en Biodiversidad y la Estrategia Climática a Largo Plazo del MMA, su valorización y desarrollo como herramienta para planificar la conservación de la biodiversidad es aún muy embrionaria”, finalizó Guala.

El informe completo se puede descargar en www.programaaustralpatagonia.cl sección publicaciones.

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