20 años de experiencia en el altiplano no han sido en vano. Si hay alguien que conoce la cadencia de este territorio y sus pueblos es Cristian. Su vocación comunitaria y dedicación a la revalorización patrimonial, le han permitido construir una visión crítica y a la vez esperanzadora y constructiva sobre su actual estado del arte. Todo comenzó en un viaje a los 17 años, en el que cautivado por estos parajes, conoció a un misionero, el padre Amador Soto, quien lo conectó con la necesidad de conservar los desconocidos templos. “Caí redondito en esta aventura, que desde sus inicios ha sido muy romántica”, explica.

© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa

¿Cómo nace este proyecto?

De ese primer viaje, fuimos invitando a otros jóvenes, todos malcriados de Santiago buscando sentido, que vinimos a parar por acá, conociendo un lugar y una cultura excepcional. La invitación fue de las propias comunidades andinas que necesitaban apoyo para conservar sus templos. En 1999 con Magdalena Pereira, Nicolás Vergara, Andrés Mackena y otros audaces, generamos la fundación para atender el desafío de restaurar templos andinos, en momentos en que no había fondos públicos, ni técnicas ancestrales recuperadas, ni normas, ni esta positiva moda por lo ancestral.

¿Cuáles son los principales desafíos para las comunidades andinas y rurales el día de hoy?, ¿Es la migración de los jóvenes un problema grave?

Las comunidades andinas son el reflejo de lo mejor y lo peor que sucede en el planeta. Son las custodias de los tesoros para las nuevas generaciones y se ven afectadas por la sobre-explotación y sobre-urbanización, que obliga a migrar y perder valor.

A nivel global se trata de un gran problema y una paradoja; la sobre-explotación del planeta parece directamente proporcional a la sobre-urbanización. Tal vez promoviendo las pequeñas comunidades que custodian los tesoros de la humanidad y prácticas más amigables de desarrollo, se logre la sostenibilidad pretendida por los países más avanzados. Para Chile, el cambio de país rural a urbano ha sido dramático, así como la falta de reconocimiento de nuestra raíz indígena. Y en esto las comunidades indígenas se llevan la peor parte, con discriminación, desarraigo y empobrecimiento económico y cultural. Pero el mundo andino persiste sabiamente, con alegría e inteligencia.

© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa

El patrimonio en Chile está en abandono, ¿Qué hay de cierto en esa frase para ti?

Suena feo, pero muchas veces el patrimonio es más amigo de la pobreza que de la riqueza. La valoración del patrimonio nace de la pérdida. Un nuevo rico como Chile arrasa con sus tesoros, hasta cuando escasean. Lugo el nuevo rico debe ser un poco más elegante y se pone conservacionista, y aprende de los antiguos. La necesidad de escuchar a las comunidades ancestrales es un deber planetario. Suena snob, pero es cierto y necesario.

¿Qué es lo más potente de Arica y Parinacota como paisaje cultural?

Una naturaleza excepcional en el Gran Desierto del Pacífico, con costa, valles, oasis, precordillera y altiplano; un paisaje con cultura desde hace 10 mil años; un micro universo andino en 16 mil km2, en una puerta mágica al sur andino donde América logró sus grandes desarrollos culturales antes de la invasión y conquista española. Y donde también en la Colonia se dio un desarrollo mestizo que está en el alma de las naciones modernas.

Para conocer Latinoamérica hay que hacer el viaje que parte en Arica, La Paz, Tiwanacu, Puno, Cuzco, Arequipa, Colca, Moquegua, Tacna, Arica, una vueltecita reveladora.

¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que has recibido de las comunidades rurales del norte de Chile?

Que los territorios tienen espíritu. Y sus virtudes culturales, que nacen desde la contemplación del pastor andino y del arriero tropero, andariego: humildad, persistencia, astucia, alegría. Hay algunos aprendizajes personales más duros, como asumir que el que pretende ayudar y acompañar a comunidades, le vendrán citicas, sospechas, intrigas y ataques, y que en la persistencia honesta está la fortaleza y el sentido del trabajo contributivo. 

Proyectos con impacto

© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa

¿Qué los movió a crear el festival Arica Nativa?

Aprendimos de las fiestas andinas, de tanto ir a ellas, la celebración, el desbande en honor a los que pasaron y a los que vienen. Es una herramienta cultural al servicio de la conservación; Una plataforma audiovisual creativa para enamorar a las nuevas generaciones con la necesidad de conservar, salir de los clichés folclóricos e ideológicos, servir de plataforma a lo indígena a lo nativo que persiste en el planeta.

Todos somos indígenas, es nuestra esencia, sólo que algunos lo hemos olvidado por pretensión. La descolonización es una práctica muy saludable, incluso para un quiltro mestizo como yo.

En qué consiste el modelo ‘Porque me enamoré de ti’?

Es la experiencia de trabajar y sobrevivir en comunidades andinas de raíz ancestral, acompañando en la necesidad de conservación. Describe un camino simple, pensado para enamorar no a las comunidades o a los “expertos” del patrimonio, ellos ya están arriba del buque, sino a los economistas, empresarios, ministros de hacienda y a todos los villanos, de que la conservación es el camino urgente al desarrollo sostenible. Con cariño y sin chamullos ni complicaciones pretensiosas.

Los territorio son paisajes sagrados, custodiados por comunidades ancestrales; la conservación es una necesidad humana. Las soluciones resultan de la ecuación valor + necesidad + daño, y conservar siempre será un proceso complejo y adaptativo, con tendencia al fracaso, así que armarse de paciencia, alegría y astucia. 

El turismo como herramienta de desarrollo

© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa

¿Cuál es el mayor valor de la Ruta de las Misiones? ¿De qué manera podemos conocerla?

En América los conjuntos patrimoniales de templos mestizos son marcas del complejo encuentro de las culturas indígenas con la conquista española. La lectura tiene doble cara y un alma compleja. Los conjuntos de templos son conservados con celo por comunidades ancestrales. Son hitos del continente, como en Chiloé, Colca, Chiquitanías, Moxos, etc, y son objeto de interés y valor para la modernidad.

Esta ruta de iglesias andinas de Arica y Parinacota se construye en base al antecedente histórico de que eran capillas e iglesias misionales y en base al valor que las comunidades les dan como el corazón de su vida comunitaria desde hace siglos. La Ruta como circuito de turismo responsable, responde a las necesidad de acompañar a las comunidades en su anhelo de volver a los pueblos y generar desarrollo sostenible, después de haber logrado en alianza el desafío de restaurar el templo dañado. Funciona como una plataforma donde el viajero responsable puede descubrir el valor del paisaje cultural de Arica y Parinacota.

Nosotros como Fundación ayudamos sin costo a definir recorridos, coordinamos visitas a templos con los encargados y conectamos con emprendedores andinos que han ido generando hostales, restoranes en los pueblos, junto a los templos.  Está en proceso, pero se los recomendamos: Viajar es sagrado.Pueden ver más información en nuestra página www.rutadelasmisiones.cl

© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa

¿Existe un interés genuino del público nacional en querer vivir experiencias turísticas auténticas de valor patrimonial y cultural?

Claro. Si el turismo crece a 5 %, el turismo cultural crece a tasas de entre 20 y 30%. La tendencia de turismo interno es creciente. En el fondo, hay que cuidar estas reservas patrimoniales, ya que se vienen las langostas, los turistas masivos, y puede ser que las comunidades no estén preparadas y vengan otros a hacer el negocio.

La idea es que estas reservas sean destino de enamorados del patrimonio, que apoyen a las comunidades en el desafío de conservación; esto no significa sólo extranjeros o gente sofisticada con mucha plata, significa también estudiantes, trabajadores, las mismas comunidades que descienden de los pueblos; el buen turismo social interno, que es tan necesario. Nosotros trabajamos para que sean las propias comunidades las que lideren la implementación de un destino de turismo responsable ejemplar a nivel de Americano.

Existe una disyuntiva importante en el mundo del turismo ¿Democratizar destinos, o menos pero «mejores» turistas para Chile?

Hay que conservar y para eso proteger. Ya no hay recursos disponibles. Hay tesoros y los tesoros se cuidan. El patrimonio natural y cultural de Chile tiene sus primeros custodios en las comunidades, que lo significan y valoran. La escala es clave.

Para recibir a un millón de turistas rascas con planes baratos, está el costanera center, para los siúticos despilfarradores el W. Para las almas sensibles y enamoradas de la cultura indígena –y no pensemos sólo en gringos o europeos sofisticados, pensemos ante todo en nuestros estudiantes, nuestros trabajadores, nuestros abuelos, que quieran ayudar a conservar–, para ellos, aquí están los tesoros de la humanidad, revelados por las propias comunidades, con poco intermediario.

© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa

Si tuvieras que recomendar un lugar de la región para visitar ¿Cuál sería?

En la costa, caleta Vítor. Seguir al sur e ir a asomarse al Cañón de Camarones y alojar en el oasis de Codpa, con Haydé o con Olga, de la Cámara de Turismo de Camarones. Subir al altiplano por Corralones a tomar la terma mágica de Polloquere en Surire; despotricar contra la explotación del salar por Quiborax; pasar la noche en la Rinconada de Caquena con el amigo Vicente Mamani, recorrer esa comuna excepcional que es General Lagos, que podría llamarse altiplano, y pedir alojamiento en la estancia del amigo ganadero Marcelino Mamani. Bajar por la Quebrada de Allane, alojar en Socoroma o en Belén en los hostales de Victoria, Adela y otras amigas, que están publicados en el sitio. Recorrer los pueblos, compartir con la gente andina y bajar bien carreteados a Arica, para redescubrir el valor de sus playas, de su pescado fresco, de su agro, del surf. La región es un lujo, de verdad. ¿La temporada ideal? De marzo a junio. ¿Un tesoro desconocido? El mundo andino con sus cosechas y fiestas, y las playas aún templadas.

¿Qué se viene para la Fundación este 2018?

Mucho trabajo. Al cumplir 15 años, estamos trabajando para mejorar nuestro sistema de trabajo, integrar nuevas visiones y liderazgos de las propias comunidades, así también como nuevos aportes y colaboraciones de aliados, pues el desafío va creciendo. Hemos logrado grandes cosas gracias al Gobierno de Chile, pero ahora tenemos que sumar actores privados que se enamoren de la conservación como alternativa de desarrollo sostenible, en comunidad. También, debemos salir a nuevos paisajes culturales de Latinoamérica donde nos tienen convocados.

© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa
Comenta esta nota

Comenta esta nota

Responder...