Hace más de una década que Chile, y principalmente la zona central del país, se ha visto afectado por una megasequía sin precedentes. El fenómeno, causado por la falta permanente de precipitaciones, las altas temperaturas, las constantes olas de calor, los efectos del cambio climático y los efectos antrópicos, ha repercutido fuertemente en las comunidades y en los ecosistemas, provocando que muchas localidades a lo largo del país presenten una escasez hídrica importante, llegando incluso a quedar prácticamente sin agua.

Escacez hídrica. Foto de Pixabay
Escacez hídrica. Foto de Pixabay

La situación se ha mantenido tan grave y persistente, que la crisis hídrica se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los chilenos, plasmándose incluso en el actual proceso constitucional. Según indican estimaciones del Gobierno, Chile presenta una reducción en la disponibilidad de agua de entre 10% y 37%, en comparación con hace 30 años atrás.

El diagnóstico es claro: el país experimenta la peor crisis hídrica de la que se tenga registro. Es por ello que muchas zonas del país se han visto obligadas a realizar medidas extremas como lo es el racionamiento de agua.

Un ejemplo de esto es el pueblito de Potrero Grande, ubicado en la precordillera de Curicó, que durante principios de este mes comenzó a racionar el agua potable debido a que su sistema hídrico no daba abasto para la población local durante 24 horas al día, por lo que actualmente, los vecinos reciben el suministro de agua solo 13 horas al día. Otro ejemplo es el sector El Melón, en la comuna de Nogales, que se mantiene sin agua potable por 4 horas al día. Y así, muchas otras localidades entre la región de Coquimbo y Los Lagos, han visto comprometida su seguridad hídrica producto de la crisis.

Lo cierto es que el racionamiento de agua no es un fenómeno aislado, sino más bien una realidad que ya se vive en diferentes localidades del país. Sin embargo, este fenómeno se ha ido expandiendo rápidamente, sobre todo en las regiones de Coquimbo, Valparaíso y Metropolitana, que se han visto fuertemente afectadas durante las últimas décadas por el proceso de desertificación.

Así lo señala Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago: “El norte de Chile es una zona de estrés hídrico endémico, el desierto de atacama es de los más secos del mundo. Entonces, vale decir, que la escasez hídrica no es una realidad de la que el país haya estado aislado. Lo que sucede es que en las últimas décadas,  desafortunadamente, esta zona de estrés hídrico se ha ido expandiendo hacia la zona centro de Chile, entonces esta zona, al igual que la zona centro-sur, ha perdido desde la década de los 80s, 1/3 de precipitaciones, y eso ha exacerbado, agudizado, el estrés hídrico en la zona central.”

Escasez hídrica ©Graciela Maube
Escasez hídrica ©Graciela Maube

Según la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), el último invierno lluvioso registrado data de 2006, y desde 2012 a la fecha, la mayor parte del territorio ha presentado escasez hídrica. Durante la última década, la zona central ha mostrado carencias sostenidas en las precipitaciones, registrándose en 2019, un déficit de 76%. Mientras que el año recién pasado, se presentó un déficit de un 66% respecto a un año normal.

Cabe señalar, igualmente, que el clima es un sistema cambiante respecto a las precipitaciones. Así como hay años secos, puede haber años muy lluviosos que pueden darnos un respiro de la sequía y del déficit hídrico. No obstante, la señal y la tendencia en el largo plazo, es que este tipo de situaciones persistan, sobre todo en la zona central.

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“En el tema de las precipitaciones hay años peores que otros, por ejemplo, no es que en el pasado no tuviéramos sequias extraordinariamente agudas o años muy secos, sucedió en el año 1968 y sucedió en el 1998. Pero el problema es que en los últimos años, no solo hemos tenido una sucesión de largos 13 años con precipitaciones bajo del promedio histórico, sino que hemos tenido también años híper áridos, como el 2019 y el 2021. Y estos años muy secos se están haciendo cada vez más frecuentes, lo que hace muy difícil que, con la infraestructura actual, seamos capaces de sobrellevar esos déficits”, agrega el climatólogo de la Universidad de Santiago.

Actualmente, 184 de las 364 comunas del país se encuentran bajo decretos de escasez hídrica. Lo que equivale a un 53,2% de la población.

Cortesía de La Tercera
Cortesía de La Tercera

Una realidad rural que se expande rápidamente a la ciudad

El racionamiento de agua no es algo nuevo en Chile, sino que ya es una realidad en el país desde hace décadas en localidades que se abastecen por el sistema de Agua Potable Rural (APR). “El racionamiento de agua no es algo nuevo, ya se está dando en varios lados, en distintas localidades de Coquimbo,  Valparaíso y Maipo que son las zonas más afectadas por sequía, así como también ha aumentado mucho la entrega de agua en camiones aljibes en zonas rurales” añade Ulrike Broschek, líder de Escenarios Hidricos 2030 y subgerenta de Sustentabilidad de Fundación Chile.

En Chile, cerca de 400 mil familias reciben agua en camiones aljibes porque sus norias o pozos ya se han secado, incluso, en sectores de la zona centro-sur, en Chiloé y en la Patagonia. Una cifra que aumenta debido a la escasez hídrica y el desamparo en que viven las comunidades debido al inadecuado modelo de gestión del agua que todavía impera en el país.

Actualmente, esta realidad que padecen hace décadas diversas comunidades rurales está cada vez más cerca de alcanzar a las grandes ciudades. Algo que nunca se ha visto antes en nuestro país y que pone a los expertos y autoridades en alerta roja.

A nivel urbano, la infraestructura e institucionalidad con la que cuenta la zona central ha sido capaz de sobrellevar una década de sequía que incluyo años extremadamente secos como fueron el 2019 y 2021. No obstante, esta podría llegar a no ser suficiente para garantizar el consumo humano durante los próximos años si la situación continúa deteriorándose.

“El día cero para el sector sanitario ya ocurrió, la demanda ya superó a la disponibilidad de agua que tiene el sector sanitario. Y si no se ha llegado a cortes de agua y racionamientos es porque se han gestionado acuerdos con otros sectores, como por ejemplo agricultura, para recibir agua de ellos y asegurar el consumo humano. Gracias a esos acuerdos, que han permitido almacenar toda el agua que ha caído en el embalse el yeso, se logró asegurar la provisión este año. Sin embargo, la superintendencia de servicios sanitarios, en el mes de enero hablo que no descartaba un posible racionamiento en las comunas de Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura, que se abastecen desde el río Mapocho”, añade la líder de Escenarios Hídricos 2030.

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Por otro lado, Claudio Orrego, gobernador de la Región Metropolitana, declara: “Es importante decirlo claramente, y yo lo digo con mucha responsabilidad: No se puede descartar un racionamiento del agua en Santiago este año, es una posibilidad. Y en consecuencia, si no se puede descartar el racionamiento, tenemos que hacer algo ahora en materias de ahorro de aguas. En concreto, nosotros como gobierno regional, estamos cambiando la norma y vamos a exigir un certificado de eficiencia hídrica para la aprobación de nuevos proyectos de espacio público. Es decir, si Quinta Normal, o Cerrillos quieren presentar un proyecto de parque, si no viene con un certificado de eficiencia hídrica, no va a tener financiamiento regional.”

Crisis hídrica. Cortesía de ©Greenpeace
Crisis hídrica. Cortesía de ©Greenpeace

Adaptación a ciudades resilentes

Para los expertos, la crisis hídrica es un fenómeno que llego para quedarse. Es por ello que, si no queremos vernos frente a cortes o racionamientos a nivel urbano, debemos tomar medidas urgentes a corto plazo para enfrentar el problema.

“Acá se tienen que tomar medidas a corto plazo con mirada a largo plazo, y que estas vayan más allá de las soluciones que se han estado tomando hasta ahora, que no resuelven el problema y muchas veces lo agudizan. Por ejemplo, la profundización de pozos, lo cual es una solución paliativa pero que no se sostiene a largo plazo porque aumenta la sobreexplotación de las napas subterráneas”, explica Ulrike Broschek.

Así mismo, la subgerenta de Sustentabilidad de Fundación Chile, añade: “Se necesitan tomar soluciones basadas en la naturaleza que mejoren la capacidad del suelo y la vegetación, y que permitan captar aguas lluvias. Son medidas a corto plazo y de bajo costo que además, generan grandes beneficios sociales, ambientales y productivos. Y también se tienen que tomar medidas restrictivas respecto al uso de agua en los sectores más intensivos. Se han hecho campañas de consumo eficiente en el consumo humano, pero eso se debe extender a los consumos más intensivos como agricultura, minería y el sector forestal.”

Por otro lado, el climatólogo Raúl Cordero establece que una de las estrategias para sobrellevar el estrés hídrico es mejorar la eficiencia en el consumo del agua. “En el corto plazo, lo más rápido es disminuir o hacer más eficiente el consumo. Por ejemplo, no insistir en plantaciones exóticas, como el pasto en la zona oriente de la capital, que requieren uso intensivo de agua. Así sucede en otros países como California. El sur de California es muy parecido a la zona central de Chile, y también es una zona que durante ya dos décadas sufre estrés hídrico, y ellos simplemente reservan el césped para las canchas deportivas, no para a las plazas y parques, donde se usan especies nativas. Y por otro lado, está prohibido regar el pasto cuando hay estrés hídrico agudo”, añade.

Como antecedente, sólo una hectárea de pasto o césped puede consumir, aproximadamente, casi 17 millones de litros de agua al año. Una cantidad que se hace insostenible ante la escasez hídrica que padece el país y, especialmente, la zona central.

“Es importante entender que eliminar el pasto no es reemplazarlo por cemento, sino que es reemplazarlo por vegetación nativa verde de menor requerimiento de agua, y aumentar la capacidad de infiltración de la ciudad. Hacer una ciudad más resiliente, más verde con el uso de especies nativas pero también con un suelo capaz de absorber el agua lluvia”, finaliza Ulrike Broschek.

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