Los últimos 74 ejemplares de la población de rana del Loa (Telmatobius dankoi) fueron rescatados de un pozón —una pequeña laguna artificial— en el norte de Chile, en el año 2019. “Las ranas están muriendo de forma casi inadvertida en todos los puntos del globo”, asegura Gabriel Lobos, uno de los dos investigadores que estudian la especie.

Ranita del Loa. Foto: Pablo Fibla.
Ranita del Loa. Foto: Pablo Fibla.

Una alerta de desecación del hábitat de este pequeño anfibio, movilizó a Gabriel Lobos, doctor en ciencias silvoagropecuarias y veterinarias de la Universidad de Chile, y al investigador Andrés Charrier, herpetólogo de la Universidad Católica, para verificar cuál era la situación en la zona denominada el oasis de Calama, en medio del desierto de Atacama, el más árido del mundo.

¿Qué fue lo que encontraron? En tres claves te lo explicamos.

1. El peligro

La rana del Loa es un anfibio micro endémico —es decir, que tiene una distribución muy restringida— solo conocido en la vertiente La Cascada, que forma parte del oasis de Calama (paraje del desierto con agua y vegetación, ubicado sobre los 2500 metros de altura en el extremo norte de Chile), en la Región de Antofagasta. Aunque su nombre así lo indica, la especie no habita en el río Loa, sino en una vertiente que se ubica a 200 metros del lugar.

La especie está clasificada en Peligro Crítico de Extinción por la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y, de acuerdo con expertos locales, se trata del vertebrado con mayor riesgo en Chile y uno de los anfibios más amenazados del mundo.

Ranita del Loa. Foto: Pablo Fibla.
Ranita del Loa. Foto: Pablo Fibla.

2. La situación

Un estudio para determinar los caudales ambientales del río Loa fue el inicio de la aventura para rescatar a la ranita. Charrier visitó el oasis de Calama para analizar la presencia de anfibios, ya que estudios anteriores confirmaron que la especie existía en la zona de La Cascada y era muy fácil ver a las ranitas del Loa. “Se pasaba un chinguillo (malla que usan los pescadores) por el agua y aparecían larvas y ranitas adultas”, recuerda el investigador. Sin embargo, en esa ocasión no fue así.

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Cuando el equipo de expertos llegó a la zona se encontró con que el lugar estaba absolutamente seco. Ni siquiera había barro. “Si uno apoyaba la palma de la mano, ni siquiera había humedad”, cuenta Charrier y agrega que tampoco existían indicios de animales muertos.

Andrés Charrier buscando ranitas del Loa.
Andrés Charrier buscando ranitas del Loa.

El investigador se comunicó con Gabriel Lobos, con quien había realizado trabajos anteriores en la zona de La Cascada y juntos decidieron, por iniciativa propia, recorrer el sitio. Al llegar, los investigadores realizaron una larga caminata que los llevó a identificar un pozón de no más de 70 centímetros de profundidad que tenía barro. “Metimos los chinguillos y empezaron a aparecer los últimos ejemplares de la rana del Loa”, dice Charrier.

Así se dieron cuenta de que la situación era extremadamente grave. “Que los últimos individuos de una especie estaban en ese pozón y que ese pozón se estaba secando”, asegura Lobos. Los investigadores coinciden en que se notaba que el lugar había sido intervenido por maquinaria pesada, y que si no generaban una respuesta inmediata la especie desaparecería para siempre.

3. El rescate

Tras el hallazgo, los investigadores se comunicaron con el Ministerio del Medio Ambiente (MMA) que autorizó el traslado de 60 ejemplares hacia la quebrada Ojo de Opache, ubicada a seis kilómetros de allí. Charrier explica que esa decisión se basó en estudios anteriores que habían realizado en esa quebrada, que arrojaron que el agua de ese sitio contiene similares condiciones químicas, “bastante parecidas a las que encontrábamos en la zona de La Cascada”, afirma el herpetólogo.

Luego de la reubicación y ya de regreso en Santiago de Chile, los dos expertos y las autoridades medioambientales concluyeron volver por un segundo rescate de ranas y traerlas a la ciudad, para ingresarlas al Zoológico Nacional de Chile. En esta ocasión, rescataron 14 ejemplares.

En este lugar dos parejas de ranitas del Loa lograron reproducir 600 renacuajos, luego de un delicado proceso de recuperación que consistió en tres etapas: la primera fue entregar asistencia nutricional —las ranas se encontraban en pésimas condiciones de salud, desnutridas y con daños en la piel—, luego de eso se trabajó en la adaptación de las ranas a la vida en cautiverio y, por último, se estimuló la reproducción.

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Ranitas del Loa creciendo en los acuarios del zoológico. Foto: Zoológico de Santiago.
Ranitas del Loa creciendo en los acuarios del zoológico. Foto: Zoológico de Santiago.

El Zoológico Nacional de Chile proyecta tener 50 acuarios en el futuro para la crianza de las ranitas del Loa. Sin embargo, Osvaldo Cabeza, supervisor de herpetología, hizo énfasis en señalar que no se logrará nada reproduciendo la especie si después no se va a poder reintroducir en su hábitat natural, por ello recalca: “Es vital trabajar con suma urgencia en la restauración de su hábitat”.

Entre las acciones que se buscan concretar está el declarar al río Loa como humedal urbano y proteger bajo la figura de Santuario de la Naturaleza a la quebrada Ojo de Opache, donde fueron reubicados los primeros ejemplares rescatados y que, gracias a las similitudes con la vertiente La Cascada, funciona como nuevo hábitat de la rana del Loa.

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