Una suerte de oasis para el planeta y especies nativas, son los refugios climáticos: territorios que por su condición natural de relieve, suelo o ubicación, permiten aminorar y amortiguar los efectos del cambio climático, protegiendo además a la biodiversidad, ecosistemas y con ello también el bienestar de comunidades humanas. 

Así ocurre en los bosques de Zapallar de la costa de Chile central, un territorio de vegetación nativa, en el que cohabita una gran diversidad de fauna junto a más de 400 especies de flora. Bellotos del norte, puyas, chilcos del norte, pasifloras, hongos, yacas, gatos colocolos, güiñas, zorros culpeos, y aves como el rayadito, el picaflor gigante y carpinterito, junto a una amplia variedad de insectos, anfibios y reptiles, son algunas de las especies que están presentes en este ecosistema de la Región de Valparaíso, que constantemente es abrazado por la camanchaca.

Los bosques de Zapallar albergan más de 400 especies de vegetación nativa. Foto: Nélida Pohl
Los bosques de Zapallar albergan más de 400 especies de vegetación nativa. Foto: Nélida Pohl

En este mismo escenario natural se está desarrollando un estudio liderado por Patricio Pliscoff, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en el marco de su proyecto Fondecyt sobre refugios climáticos. El objetivo de este trabajo es poder levantar información sobre la flora y fauna de este territorio que comprende alrededor de 4.600 hectáreas, y analizar las condiciones climáticas existentes.

La implicancia del estudio es relevante, pues solo un 4% de los ecosistemas mediterráneos están protegidos a nivel nacional, y se prevé que éstos podrían ser especialmente afectados por el cambio climático. A esto se suman factores como la presión inmobiliaria y la plantación de especies exóticas invasoras en zonas aledañas. 

“La idea de este proyecto, que comenzó hace un año, es poder identificar macros y micros refugios climáticos, cuyo rol es fundamental para amortiguar los efectos del cambio climático y proteger a diversas especies.  En este momento en los bosques de Zapallar y en Quebrada del Tigre, estamos analizando información geográfica, levantando datos sobre fauna de vertebrados, insectos, y vegetación, e instalando 100 sensores micro climáticos en diferentes cerros, mediante los cuales podremos medir la temperatura sobre y bajo el suelo, además de la humedad bajo suelo”, explica el investigador del IEB. 

La zona de estudio comprende más de 4 mil hectáreas. Foto: Nélida Pohl.
La zona de estudio comprende más de 4 mil hectáreas. Foto: Nélida Pohl.

Para avanzar en esta misión, el biogeógrafo y biólogo está liderando múltiples jornadas de terreno junto a Micaela Poutay, asistente técnica del IEB, y un grupo de estudiantes de geografía de la PUC. El equipo ha estado realizando mediciones e instalando los últimos sensores de microclima, cuyos datos serán revisados en enero del 2024. El análisis de estos instrumentos permitirá identificar microrefugios de cambio climático, los cuales mantienen una diversidad de flora, fauna y funga que es única para Chile central por las condiciones y ubicación de este cordón montañoso costero.

Estas jornadas, también han contado con la colaboración y participación de la Corporación Bosques de Zapallar, entidad que busca promover la protección de esta zona única del planeta y de gran biodiversidad. 

“Es muy importante que los científicos se encuentren más ligados a los territorios que investigan, a las personas que se dedican a la gestión de territorios, como es nuestro caso. Éste ha sido un trabajo colaborativo, hemos hecho labores de difusión como guías de campo, y también muchas de las decisiones que tomamos, las conversamos de forma espontánea y directa con Patricio y su equipo”, destacó Carmen Ringeling, directora de la Corporación.

Respecto al trabajo en terreno, el científico del IEB y el grupo investigador están avanzando en diversas áreas. Carla Anfossi, comenta al respecto: “Estoy estudiando la relación entre la niebla y la vegetación, y cómo el comportamiento espacio en el espacio y el tiempo influye en la distribución de la flora, considerando también los factores geográficos. Este análisis lo estamos realizando a través de monitoreo satelital, y también con datos recogidos en una estación meteorológica en el Parque El Boldo”.

El estudio usa sensores de monitoreo. Créditos Nélida Pohl
El estudio usa sensores de monitoreo. Créditos Nélida Pohl

Respecto a la instalación de sensores de monitoreo, Micaela Poutay, comenta que ya se han podido registrar importantes alzas de temperatura. “Pudimos diferenciar qué pasaba bajo el dosel o copa de los árboles del bosque esclerófilo en el Parque el Boldo, en relación con el matorral más abierto con exposición directa al sol. En este último punto, nos encontramos con temperaturas de 41 grados celsius, y oscilaciones de 30 grados durante el día, algo que no se había constatado en otro lugar de Chile.  Con estos primeros datos, ya podemos notar el efecto de amortiguación que genera el dosel del bosque frente a la radiación solar”. Los resultados obtenidos al analizar los primeros sensores indican que la diferencia de temperaturas mínimas y máximas que se observa en el matorral disminuye a la mitad bajo el dosel del bosque, no superando los 20 grados celsius.

El monitoreo de fauna es otra arista del estudio, liderada por Jorge Herrera. “Estoy trabajando con las cámaras trampas que se han puesto dentro del corredor biológico de El Boldo, para ver los mamíferos. Esto es una gran oportunidad para generar una ventana hacia un mundo que no se puede ver fácilmente. Dentro de los animales registrados, hemos visto güiñas, zorros y gatos colo colo, entre otros”, comenta. 

El estudiante de geografía señala que las cámaras funcionan capturando imágenes a partir del movimiento, con lo cual no sólo se puede identificar a los ejemplares sino también estudiar su comportamiento. 

En tanto, Francisca Montiel está explorando la fauna de insectos en este parque. “Queremos ampliar la información disponible, ya que los insectos son un gran indicador e índice de biodiversidad en una zona, pero éstos no son muy estudiados. Se dice que el 50% de las especies que nos queda por encontrar en Chile serían artrópodos. En ese contexto, algo interesante del catastro es que hemos visto muchos colémbolos, una clase de artrópodos que se caracteriza por aparecer en lugares muy prístinos y bien conservados y eso nos habla de la calidad del lugar en el que estamos insertos, el cual es maravilloso y necesitamos seguir protegiendo”. 

El monitoreo e identificación de flora también es fundamental en el estudio, y una tarea que permitirá actualizar el actual catastro contenido en el libro “Flora de las plantas vasculares de Zapallar: revisión ampliada e ilustrada de la obra de Federico Johow”, desarrollado por el subdirector e investigador del IEB, Juan Armesto, y los ecólogos Carolina Villagrán y Clodomiro Marticorena, publicado en 2007. 

Corredor de conservación

Uno de los objetivos de esta investigación es que a futuro se pueda contar con un corredor biológico entre los sectores de la ladera sur y este de los Bosques de Zapallar, y crear un área de conservación privada.  Esto es fundamental para las y los investigadores del proyecto, considerando el grado de vulnerabilidad y amenaza que poseen muchas de las especies presentes en este ecosistema.

Patricio Pliscoff lidera la investigación. Créditos a Nélida Pohl.
Patricio Pliscoff lidera la investigación. Créditos a Nélida Pohl.

“Estos lugares son como cheques, son zonas que seguirán manteniendo esta condición ecológica, pero para esto necesitamos protegerlos con urgencia. En este sentido, los proyectos inmobiliarios son una amenaza que tienen un grave impacto, pues destruyen el cerro, alteran todo el ecosistema y cambian la configuración del relieve. Por lo tanto, identificar estos sitios de refugio es vital para su conservación”, destacó Pliscoff.

Al respecto, el proyecto de ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas -SBAP-, recientemente aprobado por la Cámara de Diputadas y Diputados, busca complementar este tipo de protección entre lugares públicos y privados, a través de la identificación de refugios, y aportando a generar conectividad entre áreas protegidas públicas y privadas.

“Ahora cambiamos la mirada de la conservación, desde especies a ecosistemas, ya que cuidar un ecosistema protege indirectamente a todas las especies que en él habitan. Bajo esa lógica, el concepto de refugio viene a priorizar zonas que te garantizan el futuro de mantener una condición que permiten la persistencia de muchas especies, poniendo en valor la biodiversidad como un todo”, destacó el investigador.

Sequía: Soluciones basadas en la naturaleza

En estos bosques se encuentran cuencas con escurrimientos permanentes, es decir, que generan agua de forma natural desde el cerro, manteniendo así humedad en el suelo, y por lo tanto a la vegetación y resto de la biodiversidad, lo que además se ve favorecido por el efecto de que produce la camanchaca. Este punto es de real interés para las y los científicos del proyecto, considerando que hoy la cuarta y quinta región sufren con la mega sequía de Chile central, y en muchos sectores, la distribución de este recurso para consumo humano se realiza a través de camiones aljibes.

La implicancia del estudio es relevante, pues solo un 4% de los ecosistemas mediterráneos están protegidos a nivel nacional, y se prevé que éstos podrían ser especialmente afectados por el cambio climático. Créditos: Nélida Pohl
La implicancia del estudio es relevante, pues solo un 4% de los ecosistemas mediterráneos están protegidos a nivel nacional, y se prevé que éstos podrían ser especialmente afectados por el cambio climático. Créditos: Nélida Pohl

“Es posible que exista una solución basada en la naturaleza, un tipo de manejo que reciba esta agua para consumo humano sin necesidad de cortar el flujo. Hoy en día, privados utilizan camiones aljibes que cargan el agua en estas cabeceras de cuencas y la venden a sectores aledaños. Es un absurdo el contraste, pues se ha transformado en un negocio sin regulación. Para ello, lo único que se debe hacer es no cortar los árboles”, destacó el investigador.

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