Entre la arena, las dunas y las quebradas, erguido en las terrazas de los ríos o en terrenos planos, nos encontramos con una maravillosa especie arbórea que destaca en medio del desierto y los valles centrales por sus hermosas flores amarillas, sus ramas espinosas y su fruto dulce y comestible.

Algarrobo (Prosopis chilensis). Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo (Prosopis chilensis). Créditos: Luis Faúndez.

Se trata del algarrobo chileno (Prosopis chilensis), una leguminosa nativa de las zonas áridas y semiáridas de Chile, Argentina, Perú y Bolivia que posee un gran valor patrimonial y que sobresale entre otras especies por su extraordinaria adaptación al clima árido y su importantísimo rol en los ecosistemas nortinos, ya que sirve como hábitat y alimento para diversas especies, así como contribuye a la retención de agua y la formación de suelo.

Es un árbol heliófilo (amante del sol) con gran resistencia a la sequía y apto para cultivo en zonas áridas, tanto así, que en otros países ha sido introducido por los numerosos aportes ambientales y reconocido como árbol multipropósito, muy adecuado frente a los cambios globales que enfrentamos en la actualidad.

El Algarrobo es un árbol corpulento que, cuando alcanza su pleno desarrollo, llega a medir entre 8 a 10 altura, y hasta 80 cm de diámetro de fuste. Posee una copa amplia y alta en forma de paraguas, y ramas tortuosas y oscuras, generalmente con espinas cónicas y cortas de a pares entre los nudos. Sus flores son pequeñas y amarillas, mientras que su fruto es una legumbre o vaina muy apetitosa que es consumida por el ganado y la fauna silvestre que facilitan su dispersión.

En Chile, el algarrobo chileno se distribuye desde la Región de Arica y Parinacota hasta el sur de la Región Metropolitana, habitando siempre terrenos planos y con condiciones de altas temperaturas y radiación solar. Es una especie que no tolera la humedad y que prefiere suelos sueltos, bien drenados y profundos.

Algarrobo (Prosopis chilensis). Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo (Prosopis chilensis). Créditos: Luis Faúndez.

“Las mejores poblaciones están en los valles luminosos y bien secos, ósea si tú quieres tener algarrobos creciendo en su mejor ambiente, tiene que ser a pleno sol y lejos de la costa. Y eso señala la intolerancia que tiene hacia otras especies arbóreas, ósea no resiste ninguna especie sobre su copa”, señala María Teresa Serra, especialista senior en flora vascular de la consultora Geobiota y ex académica del Departamento de Silvicultura de la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile.

Es posible encontrar grandes algarrobales en la Comunas de Alto del Carmen, en la Región de Atacama; Monte Patria y Combarbalá, Región de Coquimbo; Calle Larga, Región de Valparaíso; y Til Til y Colina, en la Región Metropolitana, pero más allá del río Maipo o de la Angostura de Paine, es muy reducida su presencia actual.

Esta especie se propaga a través de semillas y es de rápido crecimiento si dispone de humedad suficiente. Pese a lo anterior, no resiste la acumulación de agua en el suelo, por lo que se desarrolla mejor en climas áridos a semiáridos, siempre cerca de una napa freática que se encuentre al alcance de sus raíces. Esto quiere decir que es una especie freatofita, es decir, que absorbe agua de una napa freática de manera permanente. En algunos casos, incluso, llega a alcanzar aguas subterráneas a más de 15 metros de profundidad.

“Uno puede ver que no están ampliamente distribuidos, sino que se instalan en posiciones bien particulares ya que necesitan tener una napa freática relativamente superficial. Por ello siempre están en las terrazas de los ríos o en ciertos lugares que son generalmente planos, no se instalan en laderas por ejemplo. Ahora, no es que vivan en pantanos, en ningún caso, pero si requieren de una fuente de agua que les permita sobrevivir en ciertos ambientes. En pleno desierto de Atacama, por ejemplo, entremedio de pura sal, se pueden desarrollar gracias a que existen a 15 metros napas subterráneas de las que logran sacar agua, son fantásticas en este sentido”, explica Luis Faúndez, ingeniero agrónomo y experto en flora chilena.

Algarrobo (Prosopis chilensis) en Quebrada El Donkey. Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo (Prosopis chilensis) en Quebrada El Donkey. Créditos: Luis Faúndez.

Vale decir que esta especie, además, es muy resiliente y tiene un gran potencial de recuperación frente a situaciones adversas y cortes ya que el algarrobo rebrota fácilmente a partir de sus raíces superficiales, por lo que la mayoría de los algarrobos que podemos ver actualmente son renuevos o retoños de tocón.

El origen del algarrobo y las teorías entorno a su llegada al territorio nacional

El género Prosopis pertenece a la familia Fabaceae y está presente en forma natural en las zonas áridas y semiáridas de África, América y Asia. Comprende de 45 especies, arbustivas y arbóreas, de las cuales 6 habitan en Chile, representadas en 2 secciones del género Prosopis: la Sección Strombocarpa (con dos series) y la Sección Algarobia (con una serie).

Algarrobo blanco (Prosopis alba). Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo blanco (Prosopis alba). Créditos: Luis Faúndez.

El algarrobo chileno pertenece a la sección Algarobia serie Chilensis, por lo cual presenta afinidades con las especies más próximas tales como: P. flexuosa, P. alba, P. nigra, P. alpataco, P. juliflora, P. caldenia, P. laevigata, P. glandulosa, P. pugionata, P. velutina. Cabe destacar que los algarrobos son especies sumamente difíciles de distinguir entre si debido al gran nivel de hibridismo que presentan, por lo que hay diversos autores que señalan que podrían haber más especies de este género, o al contrario, que señalan que existen menos especies de las que se señalan. “Ocurre que hay híbridos, los algarrobos son todos como muy primos hermanos entre ellos entonces se reproducen entre si y es muy fácil que en un momento dado, uno tienda a confundirlos”, señala María Teresa Serra.

Por otra parte, si bien los algarrobos son considerados por diversos autores y en términos legales como especies nativas de Chile, éstas serían especies originarias de Argentina y Bolivia que llegaron al territorio nacional hace miles de años, llegando a naturalizarse e incorporarse muy positivamente en nuestros ecosistemas áridos y terrenos degradados.

Algarrobo blanco (Prosopis alba) en San Pedro de Atacama. Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo blanco (Prosopis alba) en San Pedro de Atacama. Créditos: Luis Faúndez.

Así lo señala María Teresa Serra: “Hay diferentes teorías de hace cuando que están los algarrobos en el territorio ya que está presente de forma disyunta en cuatro países, están en Perú, Argentina, Bolivia y Chile. Sin embargo, hay trabajos cada vez más recientes y complejos que hablan de que su origen estaría en Argentina y Bolivia, y que de ahí habría migrado a Chile en un periodo de tiempo muy largo, de varias eras. Es una especie muy antigua en el territorio, que siendo de origen Argentino, está totalmente naturalizada en Chile”.

En ese sentido, desentrañar los orígenes de las especies de algarrobo presentes en el territorio es todo un desafío. Esto debido principalmente a la gran cantidad de usos que se le ha dado a estas especies a lo largo de la historia, que al ser tan proteicas, fueron ampliamente empleadas por las culturas originarias de las zonas áridas de Sudamérica, así como fueron parte importante de la dieta de muchos animales prehistóricos.

Algarrobo dulce o negro (Prosopis flexuosa). Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo dulce o negro (Prosopis flexuosa). Créditos: Luis Faúndez.

“Es súper difícil establecer la naturalidad de los algarrobos porque son especies culturales, es decir, especies que fueron empleadas abundantemente por las culturas originarias, ya sea por los atacameños en la parte más norte, algunas de las poblaciones quechua y aimara, y los colla y los diaguitas. Sin embargo, la otra posibilidad es mucho más arcaica y es que la época en la que había grandes mamíferos extintos como megaterios, milodones y macrauchenias, estos grandes animales migraban y transportaban en su tracto digestivo las semillas de estas especies desde Argentina a los territorios que hoy en día constituyen chile” indica Faúndez.

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Por su parte, Serra señala: “Así mismo, han habido muchas reintroducciones que son más recientes y que tienen que ver con el contacto cultural entre los pueblos y la trashumancia. Los algarrobos, como son especies muy útiles, podrían haber sido objeto de intercambio o simplemente haberse trasladado como alimento de un lado al otro”.

De esta forma, estas leguminosas llegaron a establecerse en el territorio nacional, siendo actualmente una parte importante de los ecosistemas áridos y semiáridos, y que cumple un rol fundamental en la conservación de la biodiversidad de la zona centro-norte de Chile.

Algarrobo dulce o negro (Prosopis flexuosa) bajando hacia La Puerta. Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo dulce o negro (Prosopis flexuosa) bajando hacia La Puerta. Créditos: Luis Faúndez.

Una especie prehistórica con gran valor cultural y gastronómico

Como señalamos anteriormente, los algarrobos son especies que fueron muy apetecidas por los pueblos originarias, y es que son especies altamente nutritivas y que poseen un montón de usos. Incluso, fueron considerados por los pueblos antiguos como una ofrenda de los dioses por la cantidad de usos y aplicaciones que se mantienen en la actualidad

El fruto del algarrobo, al ser una leguminosa, posee una gran cantidad de proteínas, minerales, azúcar natural, fibras y complejos de vitamina B, por lo que es un alimento muy nutricional que se utilizaba antiguamente para la elaboración de harinas y alcoholes, siendo parte importante de la dieta de las comunidades precolombinas y de la fauna silvestre.

“Un árbol es más que un árbol, ya que genera servicios ecosistémicos y se relaciona de distintas formas con las comunidades locales. Y en ese sentido, el algarrobo tiene muchos aspectos tradicionales y culturales como la generación de alcohol por parte de comunidad de Lican Antai, que hacen alcohol con las semillas de algarrobo para la fiesta de la virgen y estos carnavales que se hacen en el verano, y en ese sentido, el algarrobo juega un rol fundamental dentro de esas experiencias culturales. Además, se pueden hacer alimentos con las semillas de algarrobo, se hace harina, algo que era algo muy común para el hombre antiguo que habitaba en los andes centrales, y que aún se hace en algunas comunidades”, agrega César Pizarro, biólogo en gestión de Recursos Naturales y jefe de la Sección de Conservación de la Biodiversidad del Departamento de Áreas Protegidas de CONAF Atacama.

Vale decir que de su fruto se deriva una sustancia nombrada algarrobina, a la que se le atribuyen efectos medicinales. Tras su procesamiento, se obtiene una mezcla viscosa que aporta calcio a los huesos, refuerza el sistema nervioso, favorece el funcionamiento del cerebro, evita la anemia, controla la caída del cabello, combate el estreñimiento, disminuye los síntomas de la menopausia y previene los ataques de ansiedad.

Algarrobo (Prosopis chilensis) en Quebrada El Donkey. Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo (Prosopis chilensis) en Quebrada El Donkey. Créditos: Luis Faúndez.

Por otro lado, su follaje sirve de sustento al ganado ovino y caprino, así como sus semillas se han convertido en una opción saludable para la sustitución de maíz y el salvado de trigo en la alimentación de otros animales.

Además, posee una madera altamente fuerte y resistente, además de una capacidad regenerativa muy grande, por lo que se empleó en gran medida como material de construcción o como leña. De hecho, de los algarrobales de Colina salió la mayor parte de las cureñas y armones de la Patria Nueva.

A pesar de que el algarrobo tiene múltiples usos que fueron muy valorados en la antigüedad (y que actualmente siguen siendo muy valorados en nuestros países vecinos), en la actualidad no es común el uso de esta especie. Por el contrario, diversos autores hablan sobre la desaparición cultural de la especie como un factor amenazante hacia su conservación. Así lo señala María Teresa: “Hay algunos autores recientes que hablan de la desaparición cultural de la especie, y es que en la zona central nunca hemos querido mucho a los algarrobos, mientras que en otros lados como Argentina y Bolivia se aprecian mucho. Incluso, antiguamente había una producción de harinas y arropes por parte de los pueblos que actualmente está muy olvidada”, agrega María Teresa

Por otro lado, un uso aún incipiente que se le da algarrobo, pero que tiene mucho potencial, sobretodo en el contexto de sequía y crisis climática en el que se encuentra la zona centro de Chile, es su uso como especie para la reforestación y restauración del bosque nativo.

“Uno de los usos más importantes del algarrobo actualmente es justamente su potencial en restauración, especialmente en terrenos degradados, pobres, con poca cobertura y en condiciones de sequía ya que el algarrobo tiene distintas estrategias para sobrevivir y un gran potencial para crecer en ambientes secos. Entonces, hoy en día con la presión que existe por la falta de agua, podría ser muy útil al incorporarlo en la reforestación, e incluso, en algunos parques ya que además llama la atención de mucha vida silvestre. Es un árbol que tiene muy buena polinización y promueve una serie de relaciones con fauna, por lo que ese es un uso inteligente actual, el uso del algarrobo en restauración”, indica la especialista.

Algarrobo (Prosopis chilensis). Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo (Prosopis chilensis). Créditos: Luis Faúndez.

Un oasis en medio del desierto: una especie estructural y nodriza

El algarrobo, además, posee un gran número de roles ecológicos que lo convierten en una especie clave para la conservación de los ecosistemas en zonas áridas y semiáridas. En primer lugar, es una especie estructural que permite el asentamiento de otras especies vegetales en un ecosistema árido, desertificado o degradado.

Esto se debe a que los algarrobos mejoran  los  suelos  salinos  por  el  aporte  de  nutrientes  y  de  materia  orgánica  que brindan  sus  hojas  y ramas, además de mejorar la penetración de agua y su posterior retención. Por ello, el  suelo  situado  bajo  la  copa  de  los  algarrobos  tiene  mayor  calidad  que  los  que  están  fuera  de  su  influencia.

“Es una leguminosa y como todas las leguminosas, fija nitrógeno en el suelo. Pero más que fijarlo en el suelo, lo fijan en sus tejidos. Ellas obtienen el nitrógeno mediante una simbiosis con bacterias que les permiten fijar ese nitrógeno e incorporarlo en sus tejidos, entonces el nitrógeno se va al suelo en la medida que ellos van perdiendo órganos. Además, también tienen relaciones con hongos en sus raíces que ayudan al metabolismo, y en el fondo al ciclo, del fosforo y del potasio, que son otros dos elementos relevantes para la fertilidad de un sitio”, agrega Faúndez.

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Asimismo, los algarrobos disminuyen la  velocidad  del  viento y  mantienen la  temperatura  del  suelo  en  niveles  tolerables  para  la  actividad  microbiana.  Es decir, estabilizan  el  ambiente,  reducen  los  daños  por  heladas,  vientos  desecantes  y  soles  quemantes.

Algarrobo (Prosopis chilensis) en Quebrada El Donkey. Créditos: Luis Faúndez.
Algarrobo (Prosopis chilensis) en Quebrada El Donkey. Créditos: Luis Faúndez.

Así lo señala el ingeniero: “También protegen el suelo porque con su estructura, que es una especie de paraguas, lo que hace es evitar que el suelo sufra tanta insolación directa, por ende la temperatura del suelo es más estable. Durante el día evita que el suelo se caliente mucho, y durante las noches, que se enfrié mucho porque también lo protege de perder temperatura. Entonces siempre bajo la copa de un algarrobo va a ser como un oasis, las hierbas van a crecer más porque tienen más fertilidad y van a durar más tiempo porque están más protegidas. Es una especie nodriza”.

Por otro lado, es un alimento crucial para la fauna silvestre del desierto, así como como un elemento de protección clave ya que gracias a su forraje en forma de paraguas, es capaz de proteger a la fauna de los calores estivales, aumentando así su productividad y capacidad de supervivencia.

“Es una especie estructural, dentro de él, en su corteza, bajo sus raíces, en sus ramas y en sus hojas, viven distintos tipos de organismos que dependen del árbol. Tenemos a las abejas nativas que se ven beneficiadas por el algarrobo porque cuando florece tiene una gran cantidad de flores. También hay un refugio para las aves, para hacer sus nidos, como la paloma de alas blancas, los zorzales negros y otras especies más. Y para los roedores también es fundamental ya que en el desierto estos dependen mucho del capi, de la semilla del algarrobo, para poder alimentarse y hacer reservas de alimento”, agrega César Pizarro.

La reducción de los algarrobales a lo largo de la historia de Chile y sus amenazas actuales

Las poblaciones naturales de algarrobo, al igual que otras especies de la zona central, han sido intensamente explotadas a lo largo de la historia, razón por la cual sus poblaciones se han visto muy diezmadas desde la llegada de los españoles al territorio.

Algarrobo (Prosopis chilensis). Vía Wikimedia Commons
Algarrobo (Prosopis chilensis). Vía Wikimedia Commons

Esto principalmente debido a que durante la colonia se utilizó en gran medida el algarrobo como leña y carbón, así como un elemento clave en la construcción de muebles, herramientas y armas. Y de forma más reciente, a finales del siglo XX, -durante el inicio del boom de la fruta y el posicionamiento de Chile como uno de los mayores exportadores de fruta y vino a nivel mundial- su población se vio muy afectada por la habilitación de terrenos para cultivos agrícolas y urbanizaciones.

Según Faúndez, “Hoy en día no tiene tantas amenazas en comparación con la situación que había antiguamente. Sufrieron muchas amenazas principalmente por usos como leña o como combustible. Principalmente los algarrobales de la zona norte de Santiago sufrieron mucho durante la época de la colonia ya que gran parte del carbón o la fuente de combustible venia de esos algarrobales. Lo que cuentan las crónicas es que se producía una gran cantidad de carbón de algarrobo y ya después, sobretodo en la última parte del siglo pasado, fue importante el cambio de uso de suelo, es decir, casi todo lo que eran las terrazas de los grandes ríos en donde habían grandes algarrobales, fueron transformados completamente para la producción agrícola, fue cuando vino el boom frutícola chileno, principalmente con plantaciones de uva, y esos fueron transformadores completos de esos ecosistemas. Ahí el impacto fue muy grande y dejo a las poblaciones muy diezmadas, pero después de los años 90 comienza la ley de base del medio ambiente y con eso se le impone inmediatamente una restricción porque la especie estaba catalogada como en peligro, en términos generales, para todo el género prosopis”.

Actualmente, el algarrobo, junto con la mayoría de las otras especies de prosopis, ya no se encuentra categorizado como “En Peligro” sino que bajo a categoría de “Vulnerable”, lo que prohíbe su tala, de acuerdo a la ley N°20.283 sobre Recuperación del bosque nativo y fomento forestal. Gracias a esta clasificación, cualquier proyecto que involucre la tala de algarrobos debe realizar una Declaración de Impacto Ambiental y justificar que el proyecto es de mayor prioridad que la conservación del bosque, es decir, que es de suma urgencia o importancia nacional, lo cual es bastante difícil.

Pese a lo anterior, los algarrobos igualmente se ven expuestos a numerosas amenazas relacionadas con el cambio climático y la actividad humana como es el descenso de napas freáticas y largos periodos de sequía extrema, los incendios forestales, la invasión de especies exóticas invasoras y la depredación por parte del ganado doméstico.

Algarrobo (Prosopis chilensis). Vía Wikimedia Commons.
Algarrobo (Prosopis chilensis). Vía Wikimedia Commons.

“Estas especies arbóreas del desierto se ven muy afectadas no solamente por amenazas como la tala, ya sea para construcción o como leña, sino que también, por ejemplo, la irresponsabilidad de dejar a los gatos sueltos. Esto porque los gatos por instinto cazan y es muy común en oasis que los gatos se suban al algarrobo y matan a las especies que habitan ahí. Entonces hay una amenaza también a que estas especies sigan reproduciéndose porque quienes se encargan de la diseminación de sus semillas están cada día más en peligro”, agrega Pizarro.

Por otro lado, la botánica María Teresa Serra pone énfasis en el problema evolutivo que significa la capacidad de hibridarse fácilmente que posee el algarrobo, ya que esto podría diezmar a las poblaciones más fuertes.  “La poblaciones de algarrobo sufren de selección genética negativa producto de la eliminación de los mejores ejemplares, además se estima que debido a la facilidad de hibridarse con especies cercanas de su misma sección (Algarobia) por ejemplo con Prosopis flexuosa,  Prosopis alba o Prosopis alpataco, están perdiendo la pureza genética de nuevas generaciones”, señala la ex académica.

Sin duda, el algarrobo es una especie maravillosa llena de cultura y patrimonio, como también clave para la conservación de los ecosistemas secos y desérticos de la zona centro-norte de nuestro país. No obstante, falta mucho por avanzar para su protección.

“Cuando nos ponemos en el contexto del cambio climático el algarrobo genera un montón de beneficios, genera oxigeno obviamente pero además genera regulación de las temperaturas en la corteza terrestre y protegen el suelo. Entonces estamos hablando de servicios ecosistémicos fundamentales y si estos árboles, que son uno de los principales del desierto, comienzan a desaparecer o siguen disminuyendo sus poblaciones, obviamente esos servicios van a ir disminuyendo para los habitantes y para su vida y sus funciones”, finaliza Pizarro.

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