Cuando vinimos en invierno, una de las cosas que más nos sorprendió fue una amplia cascada de más de 5 metros de altura congelada en el desierto. Es lo que más apreciamos al recorrer los salares de Atacama. Muchos dijeron que valía la pena a pesar del largo día, o a pesar de que por la nieve llegamos ya de noche al refugio Maricunga. El gancho sin dudas eran los salares y sus hermosas vistas, pero desviarnos por un camino lleno de nieve y realizar una caminata de 45 minutos para ver esta quebrada llena de hielo nos cautivó.

En primavera, esta cascada ya se está descongelando y el agua corre nuevamente. Tenemos ganas de verla, de comparar, de aprender más de la naturaleza y de geografía, para ver cómo un mismo lugar se ve tan diferente según la época del año. Esta vez, además, nos gustaría llegar más lejos y disfrutar de las termas de Juncalito a la que no llegamos por la nieve.

También se descongela la laguna Santa Rosa, en donde vimos muchas aves en un rincón esperando recibir los primeros rayos del sol al amanecer. El invierno ya se fue, el manto de nieve también y en primavera los colores vuelven a resplandecer. El desierto siempre nos llama, en cualquier época del año y cada vez podemos apreciar más imágenes de atractivos de esta región que hoy está con algo más de conectividad para recorrer todos sus atractivos.

Salares descongelándose en el altiplano de Atacama. Créditos: Felipe Howard.
Salares descongelándose en el altiplano de Atacama. Créditos: Felipe Howard.

La primera vez que vine fue hace muchos años junto a un grupo de estudiantes. Ascendimos hacia el interior luego de estar dos días acampando en la costa cerca de Bahía Inglesa. Para aclimatarnos bien armamos el campamento a 2.500 metros de altitud y pasamos la primera noche en altura. A la mañana siguiente desarmamos el campamento, eliminamos todos los rastros y luego tomamos rumbo al salar de Maricunga. La primera visión nos dejó sin aliento, tanto por la vista como por la altura. Estábamos ya a más de 4 mil 300 metros en lo alto de la cuesta Codoceo. Hacia abajo vimos una meseta que brillaba sobre la cual, luego estaríamos tomando fotografías. No era nieve como creían los alumnos, era sal, sal del salar de Maricunga. Primera vez que ellos veían y tocaban algo así. Algunos también lo probaron.

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Conociendo el altiplano y los salares de Atacama. Créditos: Felipe Howard.
Conociendo el altiplano y los salares de Atacama. Créditos: Felipe Howard.

Ahora hemos vuelto ya un par de veces junto a nuestro colaborador Ercio Mettifogo de Puna Atacama, quien conoce muy bien todos los caminos y rincones ocultos de esta región. Su entusiasmo se nota a cada rato como cuando nos dijo en una de las tantas detenciones para tomar fotografías “hay un lugar muy famoso, la montaña de 7 colores, pero acá yo veo como 15 colores en esas montañas”, se nota que le apasiona su región, se embala compartiendo anécdotas de muchos viajes prestando el soporte a viajeros o a expediciones de montaña. También cuando vamos camino a la laguna Verde para en el camino y se pone a contar todas las montañas de más de 6 mil metros que vemos. Además de nombrarla a cada una y darnos su altitud exacta, nos cuesta retener toda su información, nos quedamos con el Nevado Tres Cruces y obviamente con los 6 mil 891 metros del volcán Ojos del Salado, en algunas partes aparecen un par de metros más.

En ese fin de semana de escape al altiplano de Copiapó también nos tocó ver una bella bandada de flamencos, al principio en la mañana no había ninguno hasta que tuvimos la suerte de ver cómo cerca de 25 flamencos andinos llegaron volando y se detuvieron justo en una de las lagunas al interior del salar de Pedernales. Los hemos visto tantas veces y nos sigue encantando verlos en este paisaje frío, de altura, con el volcán Doña Inés de fondo. Algo similar nos pasa cuando se nos cruza un zorro cerca del camino o al ver un grupo de guanacos en una de las tantas laderas de un cerro u otro grupo al interior del salar.

Montañas en el altiplano de Atacama. Créditos: Felipe Howard.
Montañas en el altiplano de Atacama. Créditos: Felipe Howard.

Atacama ha sido una región muy visitada este año por el regalo de sus flores, ya que el agua le trajo vida al sector costero de manera casi milagrosa. Ahora nos vamos a ver lo que el agua también genera de manera constante en el altiplano, al interior de Copiapó, de Diego de Almagro, de Inca de Oro. Vamos a buscar las cascadas con su torrente caer y evidentemente, volvemos también para admirar los salares de Pedernales y Maricunga con sus ojos de agua de colores brillantes.

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