Año 2015, Londres.  Algo huele mal debajo de la capital británica. ¿La razón? Una bola de grasa formada producto de la acumulación silenciosa de residuos de aceite de freír ha logrado tapar y romper las cañerías de la ciudad del Big Ben. Su nombre: Fatberg, de la fusión de palabras Fat (gordo) y Iceberg (bloque de hielo).

Este coágulo sólido de 10 toneladas, se formó a partir de los residuos de aceite que fueron eliminados desde las casas y restaurantes a los desagües urbanos. Entonces, si la opción de tirarlo por el desagüe no es la mejor solución, ¿cómo debemos deshacernos de estos desechos?

El aceite de freír contamina

Cada vez que arrojamos el aceite utilizado para freír por la cañería este terminará, en el mejor de los escenarios y dependiendo del sistema de manejo de cada país, en una planta de tratamiento de aguas donde parte del aceite es retirado del sistema. Las grasas o residuos aceitosos se transforman en un problema urbano, ya que inevitablemente complejizan y encarecen los costos de tratamiento de agua. Algo que todos los usuarios pagamos. Más aún, los aceites se oxidan, lo que hace aún más compleja su remoción y en algunos casos continúan como residuos más allá de la planta de tratamiento y terminan en los cauces de agua, donde produce daños en el ecosistema. De hecho se ha estimado que sólo 1 litro de aceite es capaz de contaminar 1.000 litros de agua.

Los aceites son moléculas orgánicas apolares, es decir, no se mezclan con el agua. En la naturaleza, el aceite forma una película superficial que afecta el intercambio de oxígeno con la vida marina, afectando la respiración y reproducción de peces, también puede tener un efecto tóxico en sus pulmones e hígado y disminuir la inmunidad. Por otro lado afecta al crecimiento de algas, además de adherirse a los pelajes y plumas de mamíferos y aves.

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En Chile, positivamente, gran parte del aceite de freír que es usado en restaurantes, hoteles, casinos y empresas de mediano a gran tamaño es retirado por compañías de reciclaje que lo terminan pre-procesando y exportando a Europa para su transformación a biodiesel. Algunas de las más reconocidas son Rendering y Bioils. De acuerdo a cifras de ambas empresas, en el país se exportan más de 10.000 toneladas anuales de estos aceites residuales, lo cual equivale a más de 25 millones de kilos de CO2 o el equivalente al consumo de CO2 de más de 3 millones de árboles. Aún así se estima que en el país menos del 1% de estos residuos son reciclados. Y según cifras de Rendering, si en los países líderes en reciclaje se recicla 1 litro per capita de aceites para freír, en Chile ese número es menor a 10 ml.

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Este aceite de freír es visto como commodity, con un precio de compra dado por el mercado. El aceite usado es un recurso, no sólo un desecho. Entonces, si anoche hice frituras en mi casa ¿Qué debo hacer con el aceite? ¡Muy simple! La recomendación es que, después de freír, se deje enfriar el aceite, se cuele , y se vierta en un recipiente, lo más común: una botella plástica. Luego hay que taparlo y llevarlo al punto de acopio más cercano… Ahí la tarea se complejiza. ¿Sabemos dónde hay puntos de acopio de aceites usados en nuestros barrios?

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A diferencia de lo que ocurre con las empresas y restaurantes que generan grandes volúmenes, son muy pocos los lugares de recepción de aceites domiciliarios. Por ejemplo, en Santiago –capital de Chile–, sólo hay alrededor de 50 puntos para los más de 7 millones de habitantes. Una razón de 1 punto por 140.000 mil personas. Estos puntos son instalados por las mismas empresas que exportan este aceite usado para su conversión a biodiesel. No existen puntos de reciclaje que pertenezcan a comunidades ni a los Municipios locales (salvo un par de excepciones). Tampoco existe hoy una normativa que estimule el reciclaje del aceite de freír para que no termine formando fatbergs y tapando nuestras cañerías, encareciendo los costos de las plantas de tratamiento y contaminando los cauces de aguas.

Incluso, tomando la normativa ambiental de Chile, hoy no se menciona al aceite de freír como un contaminante en ninguno de todos sus programas de promoción de reciclaje ni de educación ambiental. El aceite es un contaminante silencioso. Está presente, pero no se dice ni hace nada. Pero tal como se demostró con la prohibición de uso de bolsas plásticas el 2018, con un poco de voluntad política es posible cambiar este escenario actual.

Seamos conscientes de que el aceite contamina, incentivemos y exijamos a que hayan más puntos de acopio disponible en nuestras comunidades. Si crees que podemos mejorar esto, te invito a firmar por la campaña que Patrimonio Azul lanzó por un “Plan Nacional de desecho responsable y reciclaje de aceites de freír”.

1 Comentario

1 Comentario

  1. Lesly

    Es muy buena la imformacion

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