Hace unos días, me encontré en redes sociales con un conocido que mostraba cómo otra persona pisoteaba y luego se llevaba una culebra de cola larga a su casa. Le comenté que el actuar no solo iba en desmedro de ese ser vivo en cuestión, sino que además la serpiente es endémica, y está protegida. No solo no le importó, además comenzó a mofarse, enviando más imágenes del asunto.

La semana pasada, fuimos testigos del ya el viral “caso gaviotas”, donde una pareja lanzaba polluelos desde el techo de su casa en Maitencillo. De nuevo, no solo un caso de crueldad animal, también se trataba de una especie protegida: la gaviota dominicana. Luego, otro video empezó a circular. Esta vez, turistas sacaron del agua a un tiburón mako en El Quisco, y se lo llevaron a modo de trofeo. El tiburón murió.

Me cuesta comprender lo que pasa. La falta de educación se da por descontada, pero ¿dónde está la compasión? Esos seres extraordinarios que son los animales merecen cuidado, pero además deberían ser criaturas de nuestra máxima contemplación y respeto. Por otro lado, hablamos de especies nativas, que no solo son valiosísimas en sí mismas, sino que cumplen roles fundamentales en los ecosistemas que habitamos.

Resuena la frase “Respetar a los animales es una obligación. Amarlos es un privilegio”. Qué poco privilegiados somos.

Tiburones en peligro por pesca
Tiburón Mako. Foto: Oceana México.
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