El sol después de las lluvias. Un grupo de pájaros picotean en el barro de una plaza cualquiera de Buenos Aires. Saltan, caminan. Revolotean. Cuando comience la primavera en el hemisferio sur y acá, en este pedazo de tierra sin pasto, las lluvias hagan un barrial que se convierta en el paraíso de los niños y en la pesadilla de los padres. Cuando la plaza se convierta en un pantano intransitable. En ese momento, antes de que las temperaturas hagan del barro un elemento tosco, las parejas de horneros saldrán de la temporada de descanso para poner pico a la obra y armar sus casas de adobe. A organizar sus vidas en torno a su hogar, como cualquier vecino, como cualquier pareja. Los horneros (Furnarius Rufus) son, como los caballos de mar y los pingüinos, de las pocas especies monógamas en el planeta. De un tamaño que varía de los 16 a los 23 centímetros de largo, estas aves habitan más de la mitad del país y sus colonias llegan al límite sur de la Patagonia.

Hornero. Créditos: Nicolas Andreani.
Hornero. Créditos: Nicolas Adreani.

En el último tiempo, distintos trabajos científicos pudieron determinar muchas características sorprendentes de esta especie que es, entre otras cosas, el ave nacional argentina. Cada casita levantada por la pareja de horneros será utilizada para una camada de pichones en particular. Las hembras -de mayor tamaño que los machos- pueden tener dos celos por año y llegar a poner entre dos y cuatro huevos cada vez. La monogamia del hornero no impide ciertas prácticas que podrían llamarse progresistas. Es raro ver a un hornero en soledad porque toda su vida está trazada por la pareja. Los dos incuban. Los dos cuidan a los pichones. Los dos defienden de manera muy territorial a su casa. Y los dos se hacen cargo de la construcción de la casa.

Los biólogos Nicolás Adreani y Lucía Mentesana acaban de volver de Alemania, donde hicieron un doctorado en Ornitología. Ambos investigadores residen en Uruguay, donde dan clases en la Universidad de la República. Como pareja -fuera y dentro de la ciencia- se convirtieron en referentes del universo del Furnarius rufus. Su último trabajo sobre la arquitectura del hornero aportó datos que podrían ser claves para entender su comportamiento e impacto en el ecosistema, datos a los que ayudó la ciencia ciudadana. El punto de partida fue la asimetría bilateral; es decir que construyen sus casas siempre con acceso a la derecha o a la izquierda.

Créditos: Nicolas Andreani.
Créditos: Nicolas Adreani.

Cuenta Adreani: “Notamos que el nido es siempre asimétrico. Lo que hace muy fácil de medir y es un rasgo fenotípico que tiene mucho potencial para ir en búsqueda de las bases genéticas o culturales de la arquitectura. La pareja repite siempre la misma asimetría y se arman preguntas ecológicas y en términos cognitivos”.

Adreani y Mentesana pudieron determinar las asimetrías de las construcciones gracias a un modelo de ciencia ciudadana que elaboraron junto al programador Tomás Córdoba. El Proyecto Hornero tuvo como objetivo generar ciencia de manera colectiva y para eso crearon una aplicación gratuita para el celular (que ya está desactivada) que le permitía a cualquier persona compartir datos y observaciones de los horneros. Un formato similar al de ebird pero solo de horneros. Llegaron a participar más de 1200 personas que proporcionaron fotos de más de 12 mil nidos. Luego de procesar la información, los investigadores se dieron cuenta de que había un 12 por ciento más de nidos con la entrada sobre la derecha. Hasta el momento no hay una conclusión sobre las razones.

Hornero. Créditos: Nicolas Andreani.
Hornero. Créditos: Nicolas Adreani.

“No encontramos un valor adaptativo ni forma biológica de explicar por qué tener una puerta a la izquierda o a la derecha sería una ventaja. Puede que sea por azar o que haya un factor subyacente de gente en los horneros”, cuenta el científico.

Adreani sugiere una hipótesis. ¿Tienen que haber un match en la pareja o depende de cómo tengan mapeado en el cerebro? ¿Algunos sólo pueden construir asimétricamente para la izquierda? ¿Por qué?

Hasta el momento al menos se sabe un dato preciso: la arquitectura del hornero tiene una relevancia importante dentro del ecosistema. Un primer impacto está vinculado a lo que podría llamarse la cuestión habitacional. A pesar de ser la constructora y de defender a muerte su hogar, la pareja de horneros le da un uso único a su hogar. Construye su casa específicamente para tener descendencia y una vez que termina el proceso de anidación, lo abandona. Al año siguiente, en una nueva primavera, la pareja construirá otra casa desde cero para la nueva generación. Pero los nidos no quedan vacíos.

Hornero. Créditos: Nicolas Andreani.
Hornero. Créditos: Nicolas Adreani.

En Argentina, la ingeniería del hornero le resuelve el problema habitacional a gorriones, benteveos, bandurritas chaqueñas, tordos, picabuey, monjita blanca, entre otras especies. La relación entre el físico del hornero y la estructura que monta entre 8 y 10 días (siempre que tenga barro cerca) dimensiona la magnitud de la obra que levantan. 

A diferencia de las golondrinas, que también hacen sus nidos de barro pero sólo construyen una base, la ingeniería del hornero tiene varias etapas. Primero arman una base similar, después las paredes, el techo, y recién ahí dejan el espacio de entrada, que puede variar de izquierda a derecha. Finalmente el nido -que para algún citadino distraído podría confundirse con un panal de abeja- tomará una forma de mini horno, como los que suelen verse en el norte argentino.

Hornero. Créditos: Adry Flickr.
Hornero. Créditos: Adry Flickr.

Estos pájaros pesan entre 32 y 65 gramos y, entre el macho y la hembra, montan una estructura de 4500 gramos. Es decir, casi cien veces su peso. Pueden estar en los lugares más insólitos. Arriba de una casa. En una ventana. En una camioneta. Incluso pueden verse en forma de edificio, un nido construido encima del otro. En los parques de la Ciudad de Buenos Aires abunda su sonido, que se caracteriza por un repiqueteo en aumento. Cualquiera que haya pasado por el Parque Sarmiento en plena primavera -sobre todo al alba- reconocería ese sonido como familiar. Aunque, probablemente, no se imaginaría que se trata de este pequeño ingeniero.

Pero también podría ayudar a investigar temas claves para la supervivencia del planeta. Así lo explica Adreani. “Como requiere de agua para sus construcciones, en el marco del calentamiento global es interesante ver como resuelven la escasez de agua. Si lo hacen de forma estacional, si aprovecha que hay agua para construir, si empieza y lo termina después. Hay una relación directa entre las sequías y el hornero. En definitiva, es importante comprenderlo en términos macro ecológicos”.

Hornero. Créditos: Juan José Bonanno
Hornero. Créditos: Juan José Bonanno

El hornero es un ave extendida en todo Sudamérica. Hay 6 especies, de las cuales dos se encuentran en Argentina (el hornero común y el hornerito copetón). En todos los casos las construcciones son muy similares, todas asimétricas y todas de barro. 

Sólo en este país es la figura de todos los pájaros. La única que tiene -y tuvo alguna vez- un billete propio en circulación. Su figura aparece, desde 2017, en el billete de 1000 pesos, el de mayor denominación en el mercado local aunque la crisis lo haya transformado en un papel con poco valor. En 1985 había aparecido en la moneda de medio centavo de austral, el antecesor del peso argentino

Es, también, el ave nacional argentina. Fue elegido en lo que hoy podríamos llamar una elección polémica. El 22 de marzo de 1928, el diario La Razón publicó una encuesta para decidir cuál sería el ave más representativa del país. El sondeo estaba dirigido a los niños. Se adjuntó un cupón para que los chicos completaran con su nombre, la localidad donde vivían y la escuela a la que iban. La única condición era no incluir las aves de corral. La Razón recibió cuarenta mil cupones, de los cuales 10.725 eligieron al hornero, el campeón. Segundo, con poca diferencia, se ubicó el Cóndor andino.

Hornero. Créditos: Leandro Avelar.
Hornero. Créditos: Leandro Avelar.

Si bien es difícil calcular su población -como de cualquier ave- lo que se puede observar a través de los distintos avistajes a lo largo de los últimos cuarenta años es que el hornero fue ocupando cada vez más territorio argentino. O al menos como primera hipótesis. La segunda la aporta Juan José Bonanno -naturalista de la Fundación Aves Argentinas-. “Una posibilidad es que se haya ido expandiendo pero la otra es que simplemente ahora se vean más que antes. Es decir, que ahora hay mayor capacidad de registro ciudadano y, por ende, un aumento del número en términos estadísticos”.

El naturalista se refiere a la aplicación más difundida en el mundo de las aves que genera interacción con los usuarios. Según 387 mil observaciones indicadas en el sitio ebird, que recopila y procesa datos de cualquier persona que quiera aportar un avistaje, la distribución del hornero ocupa más de la mitad de Brasil en mucha cantidad, parte del amazonas peruano, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile y Argentina hasta casi toda la Patagonia. Aunque no se encuentran mapeados en ese sitio, también está registrado que habita en Colombia y en Ecuador.

Hornero. Créditos: Edwin Harvey.
Hornero. Créditos: Edwin Harvey.

Con una esperanza de vida de alrededor de siete años, hay estudios que indican que los horneros pueden vivir siempre con la misma pareja. Y cuando no lo hacen es porque alguno de los dos muere; en manos de otro macho o de algún depredador. Bonanno explica que “el mayor peligro para el hornero es el gato doméstico y el Estornino Pinto, una especie exótica invasora”.

Bonanno lo cuenta preocupado. Como si fuera un familiar que recibe amenazas de un gánster. Al escucharlo dan ganas de salir a defender horneros. El estornino pinto es un ave originaria de Eurasia que si bien es más o menos igual de larga que el hornero lo puede duplicar en peso. Genera graves desequilibrios en el ecosistema y ya es un problema en varios países de Sudamérica porque no tiene un depredador natural.

Hornero. Créditos: Joaquín Ghiorzo
Hornero. Créditos: Joaquín Ghiorzo

“Se expande sin tope y limita el desarrollo de especies nativas. Es un bicho hostil, agresivo, se mete en el nido del hornero, expulsa a sus ocupantes, los mata, y ocupa el nido. Si bien no genera peligro para el hornero en general, siempre la presencia de cualquier especie invasora bajan el potencial de biodiversidad del lugar, algo que impacta de manera negativa para el hornero y para los humanos”.

Así que esta primavera, si andan por alguna plaza argentina, cerca de algún parque, o simplemente caminando por alguna calle, miren de vez en cuando para arriba. Van a poder ver, con un poco de suerte, al ingeniero y a la ingeniera hornera, armando la casa de sus sueños.

1 Comentario

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  1. ceci

    Me encantó esta nota! aporta muchísimo a mis clases de Ecología!
    gracias!

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