El cannabis es uno de los cultivos más antiguos que existen y a lo largo de más de 5.000 años ha viajado por todo el mundo con diferentes finalidades, que van desde el uso lúdico y recreativo, pasando por un medio de espiritualidad y meditación, hasta su uso en el tratamiento de varias enfermedades o el alivio de procesos vinculados a cierto tipo de malestares. Así mismo, ha sido muy empleado a lo largo de la historia para la elaboración de fibra de cáñamo, la cual era utilizada para fabricación de prendas de vestir, cuerdas y papel.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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Cabe destacar que es difícil precisar con exactitud el momento en que el hombre empezó a utilizar alguno de los preparados procedentes del cannabis. Sin embargo, los primeros registros se remontan al periodo Neolítico (7.000 a.C. – 3.000 a.C.) en Asia Central, específicamente en China y Turkestán, donde fueron encontrados vestigios de tela hecha de fibras de cannabis que datan del 2.600 a.C aproximadamente. Asimismo, los primeros registros del uso del cannabis medicinal se pueden observar en códices de la antigua China (2.727 a.C.) o en plantas de cannabis encontradas en tumbas de las regiones sur de Siberia y noroeste de China.

Como indica Nicole Halçartégaray, doctora en bioquímica y directora ejecutiva de la Fundación Daya: “Existen registros de uso de cannabis que tienen más de 5.000 años. En China, por ejemplo, hay una momia que se descongeló en los años 90 que se llama «la dama de hielo», y es una momia súper famosa porque tiene unos tatuajes súper lindos y en su tumba encontraron cogollos. A los 10 años luego de haber encontrado esta momia se le logró hacer un escáner y detectaron que ella murió joven, a los 25 años aproximadamente, de cáncer de mama. Entonces se estipula que ella utilizaba flores de cannabis, fumaba, para aliviar sus dolores del cáncer de mama y que por eso fue enterrada junto con cogollos”.

Desde entonces, se registró el uso de la cannabis para textiles, fuentes de alimentos y medicinalmente, y comenzó a extenderse rápidamente por todo el planeta. De hecho, los análisis polínicos indican que ya desde el Neolítico existe cannabis en el norte de Grecia y también en el norte de Italia, así como en el Mediterráneo occidental, donde era muy utilizado para la creación de velas de barco, cuerdas y redes de pesca. Vale decir que el cultivo y consumo de cannabis era una práctica común entre las culturas, por lo que pasaba de una cultura a otra sin mayores restricciones.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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“La cannabis se origina en Asia y fueron las sucesivas olas migratorias del ser humano las que fueron llevando las semillas a los distintos sectores del planeta. Primero unas fuertes migraciones a África, al sudeste asiático, después Europa, después América Central, finalmente América del Norte. Entonces en la medida que estas semillas fueron quedando en distintos terrenos se fueron adaptando a los climas y se fueron adaptando a las condiciones del terreno y fueron apareciendo las distintas variedades de cannabis que se llaman variedades «landrace»  o variedades originarias. Esto estamos hablando desde hace 12.000 años atrás. Y en los años 60, los hippies empezaron a hacer unos viajes por el mundo y fueron recolectando semillas de estas famosas cannabis originarias, cada una de estas con una genética súper particular, y las empezaron a cruzar. Eso es lo que da origen a los cientos de miles de variedades de cannabis que existen hoy en el mercado”, agrega la Dra. Halçartégaray.

En el mundo occidental antiguo, su mayor utilización fue para la elaboración de fibras tanto para vestimenta como para cuerdas y velas de los barcos. Sin embargo, la planta también era muy utilizada para elaborar papel, se utilizaba como alimento gracias a sus cañamones y algunos boticarios y médicos lo utilizaban como medicamento.

La llegada de la cannabis a Chile y América

El primer contacto de América con el cannabis fue durante la colonización ya que los españoles llevaron esta planta hasta el continente. De hecho, las velas de las carabelas con las que navegaba Cristóbal Colón habían sido realizadas con este material y se estima que estas embarcaciones portaban en total cerca de 80 toneladas de velas y cuerdas hechas de cáñamo.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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Posteriormente, durante el período de la conquista, Hernán Cortés importó diversas plantas de Europa y Asia, entre ellas el cannabis, para levantar la economía de la Nueva España. Por ello es que, con la idea de producir textiles, se importaron las primeras semillas de cáñamo y el método de cultivo a América.

Así, el cultivo de cannabis comenzó a masificarse en el continente y llegó a Chile en 1514, cuando se instaló la primera plantación de cannabis de la que se tiene constancia en el país, en la zona de Curacaví.  

Vale decir que Chile fue uno de los lugares de la corona española donde mejor se desarrolló el cáñamo gracias a sus condiciones climatológicas, abasteciendo no solo a las colonias americanas, sino que también a la península. Por ello es que durante los siglos siguientes se impulsaría el cultivo de esta materia prima, gracias a diferentes leyes que rebajaron los impuestos como el decreto de 1545.

Por ello es que durante el siglo XVI, XVII, XVIII y XIX, la cannabis crecería fondosa en los campos chilenos y expandería su cultivo gracias a diferentes medidas, que llevarían a la cannabis de Chile a posicionarse como la mejor del mundo, por su calidad y resistencia, llegando a ser el tercer mayor productor a nivel mundial.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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 Como señala Nicolás Dormal, co-fundador de Fundación Daya: “Antes los colonizadores llevaban semillas de cáñamo a donde fueran porque era la base del desarrollo de cualquier ciudad o territorio que conquistaban. Usaban el cáñamo para alimento, para fibras, para hacer cuerdas. De hecho, las carabelas de Cristóbal Colón estaban hechas de cáñamo, las velas y las cuerdas. Entonces en Chile se impulsó fuertemente, así como en Estados Unidos también por esa misma época, la producción de cáñamo. De hecho, Chile se perfiló como uno de los grandes productores de cáñamo a nivel mundial y llegó a ser el tercero en el mundo. Estas plantaciones se ubicaban en la zona de Los Andes, de San Felipe, para la fabricación de todos estos productos textiles y también se hacían medicamentos en esa época.”   

En ese sentido, se puede observar que la cannabis fue un elemento importante en la agricultura y la economía chilena durante casi 500 años, gracias a las condiciones ambientales que se dan en el país. Sin embargo, tras la crisis de 1929 y la prohibición de Estados Unidos, el cultivo de cannabis entro en una gran depresión en 1960 y poco a poco comenzó a desaparecer de los campos chilenos.

“Se llegó a plantar 20.000 hectáreas de cannabis y se transformó en una actividad que fue parte intrínseca de la cultura en Chile. De hecho, incluso todavía hoy las personas mayores relatan como iban a recolectar las flores de los cogollos del cáñamo. Es una planta que ha tenido una presencia histórica en Chile y bueno se vio interrumpida de un momento a otro por la prohibición, que fue impulsada por Estados Unidos, pero afectó al mundo entero, incluido Chile”, agrega el co-fundador de Fundación Daya.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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Finalmente, en 1973 el presidente Salvador Allende firmó la primera Ley de Drogas en la que se ilegalizaron diferentes sustancias, incluido el cannabis. Esta sería la predecesora de la actual Ley 20.000, promulgada por Ricardo Lagos, que define los delitos y las penas vinculados al tráfico ilícito de estupefacientes.

La prohibición del cannabis

Como comentamos anteriormente, el cannabis fue uno de los cultivos agrícolas más importantes de Chile y el mundo desde tiempos prehistóricos. Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XIX comenzó a ser prohibido en diversos países, lo que generó su progresiva decadencia.

Esta prohibición se originó en Estados Unidos en 1937 y prosperó en el Congreso estadounidense a partir rechazo generado por el aumento progresivo del uso recreativo de la sustancia, principalmente impulsado por grupos minoritarios como los migrantes mexicanos, el jazz y el movimiento «hippie». Vale decir que para la sociedad estadounidense de principios del siglo XX la cannabis era la causante de la “depravación” de personas afrodescendientes y mexicanos.

Durante esos años, el magnate de la prensa William Randolph Hearst utilizó todos sus medios de comunicación para publicar artículos desarrollando la teoría de que las personas afrodescendientes y los mexicanos se convertían en bestias desesperadas bajo los efectos de la “marijuana”.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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Asimismo, se desarrollaron un sinfín de películas, propagandas y artículos sensacionalistas que influyeron hacia la prohibición de la cannabis. Sumado a esto, hubo otros factores que hicieron que la cannabis cayera en desgracia y se eliminase del mercado, como la competencia con las papeleras, los fabricantes de fibra sintética, la industria algodonera y los fabricantes de drogas legales (laboratorios), que formaron intensos “lobbies” en el Congreso.

Vale decir que a partir de la segunda mitad del siglo XIX la cannabis estaba disponible en todas las farmacopeas europeas sin receta médica y se usaba para una amplia gama de dolencias. Además, la cannabis medicinal era ampliamente utilizada por los pueblos indígenas de América desde la colonización, ya que desde la llegada de los esclavos originarios de África, que traían sus cultos y medicina-ritual a América, el uso de la cannabis medicinal se introdujo poco a poco en la medicina espiritual de los chamanes.  

De esta forma, en 1937 Estados Unidos prohibió el cannabis para cualquier fin. Mientras que la prohibición mundial se consiguió durante 1961 en la Convención Única de Drogas de las Naciones Unidas, donde se legisló para eliminar totalmente el uso mundial del cannabis en 25 años.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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La Conferencia tenía una nota de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que aseguraba que no había ninguna justificación para el uso médico del cannabis. Lo más curioso es que tres años más tarde, en 1964, los químicos Rafael Mechoulam y Yechiel Gaoni de la Universidad de Jerusalén lograron aislar el principio activo del cannabis, el tetrahidrocannabinol o THC y descubrieron la tremenda complejidad de su estructura molecular.

Esto supuso una nueva clase de compuestos, estructuralmente distintos de otras sustancias y con eficacia terapéutica demostrable. A partir de ese año, se estima que existen más de 1.000 compuestos en el cannabis, se han llegado a aislar más de 400 compuestos diferentes y se ha logrado identificar que al menos 60 de ellos son terapéuticos.

El sistema endocannabinoide: el receptor más grande del cuerpo

Luego del descubrimiento del THC en 1964 se abrió un mundo inexplotado para la ciencia, que marcó el inicio de un notorio crecimiento en la investigación de la farmacología de los cannabinoides. De esta forma, se logró descubrir años más tarde que los humanos y la mayoría de los seres vivos, a excepción de los invertebrados, tenemos receptores cannabinoides en nuestros cuerpos. Este hecho ayudó al descubrimiento, en 1992, del primer cannabinoide producido por el organismo de forma natural (endocannabinoide), la anandamida, también conocida como la molécula de la felicidad. Gracias a estos dos acontecimientos, se logró descubrir el sistema endocannabinoide, el sistema receptor más grande del cuerpo humano.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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“Uno de los principios más curiosos es que compartimos sistema endocannabinoide con casi todos los seres vivos, las plantas tienen sistema endocannabinoide, los animales, los únicos que no tienen sistema endocannabinoide son los invertebrados, pero todo lo otros seres tenemos sistema endocannabinoide”, agrega Catalina Verdugo, médica cirujana con formación en cannabis medicinal en la Academia Americana de Medicina y en Cannabis Clinicians Institute.

Vale decir que el sistema endocannabinoide es un sistema complejo de comunicación intercelular, parecido a un sistema de neurotransmisión, pero que además de extenderse por el cerebro, también lo hace en otros órganos y tejidos del cuerpo. Como indica la Dra. Verdugo, quien también es directora ejecutiva de Fundación Ciencias para la Cannabis: “La función principal del sistema endocannabinoide es mantener el equilibrio dinámico entre las funciones del organismo. Eso se llama homeostasis, ósea, hacer que todo vuelva al equilibrio, al funcionamiento normal o fisiológico”.

Es un sistema difícil de entender por los pocos años que lleva siendo reconocido e investigado, además de la complejidad que se encuentra en cada ser humano. “Está compuesto por tres elementos principales”, agrega la Dra. Verdugo, “Los receptores cannabinoides, que se distribuyen en todos los sistemas y todas nuestras células, en la piel, en los ojos, en el sistema nervioso, en el sistema inmune, etc. Los endocannabinoides, que son cannabinoides que nuestro propio cuerpo sintetiza, y el tercer elemento son las enzimas que se encargan de sintetizar o crear endocannabinoides y las que los degradan o destruyen cuando tenemos en exceso o necesitamos eliminar”.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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Para explicarlo en palabras simples, se podría decir que el sistema endocannabinoide y sus respectivas partes interactúan entre ellos como si fueran una cerradura y una llave. Los receptores serian la cerradura y los endocannabinoides o cannabinoides serían la llave. Es decir, los receptores se activan cuando se unen a un cannabinoide, y esta activación produce cambios dentro de las células que desembocan en las acciones finales del sistema sobre los procesos fisiológicos del cuerpo.

“Ocurre que cuando nuestro sistema se inestabiliza, no siempre tenemos la capacidad de generar los cannabinoides que nuestro cuerpo necesita para su autorregulación, eso se llama deficiencia clínica del sistema endocannabinoide, y esta deficiencia clínica explica diferentes sintomatologías en distintos sistemas, por ejemplo, en situaciones de dolor crónico. En estas situaciones los receptores que reciben la señal de dolor están hipersensibles, entonces la cannabis lo que hace es regular la función de expresión de esos receptores, pero al mismo tiempo, la cannabis está funcionando simultáneamente en todos lados, por ejemplo, va a estar regulando el sistema inmune y regulando su actividad inflamatoria, entonces el beneficio va a ser mayor”, explica la directora ejecutiva de la Fundación Ciencia para la Cannabis.

Cabe señalar que los cannabinoides dan lugar a efectos análogos a los endocannabinoides, e incluso, pueden potenciarlos y mejorarlos. Y gracias a diversas investigaciones que se han realizado, se han podido comprobar un sinfín de beneficios del consumo de cannabis. Y, a diferencia de lo que señalaban las campañas de la época de la prohibición, se han comprobado muchos más beneficios que riesgos.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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“La cannabis ha demostrado ser segura y efectiva en tres condiciones principales que son el dolor crónico -un tercio de los chilenos padece dolor crónico-, náuseas y vómitos causados por quimioterapia u otras condiciones -considera que el cáncer es como la segunda causa de muerte en el país-, en el caso de espasticidad, pero  también tiene utilidades en trastornos del sueño o trastorno ansioso, en epilepsia, sabemos los casos los niños con epilepsia y el efecto del CBD, trastornos neurológicos de distintos tipos o trastorno de espectro autista o condiciones de neuro divergencia, sueño, ansiedad y una serie de otras condiciones. Hay una lista de al menos 50-60 condiciones que se pueden ver beneficiados con cannabis y esa lista no es una lista extensiva porque en el fondo depende de la condición de cada paciente”, puntualiza la Dra. Halçartégaray.

Vale decir que, como todo en la vida, los riesgos y las consecuencias del consumo de cannabis van a depender del tipo de utilización que se le de y de la responsabilidad de cada uno. Sin embargo, no es considerada como una sustancia adictiva y no existen efectos negativos a largo plazo comprobados.

Sin embargo, es importante señalar que las personas que tienen predisposición genética a la esquizofrenia o tienen antecedentes de brotes psicóticos, deben abstenerse a consumir THC porque podría desencadenarles paranoia o sicosis. Sin embargo, pueden consumir CBD.

Así mismo, no se recomienda su consumo para personas menores de edad o en etapa de desarrollo cognitivo.

Camino a la legalización

Desde 1961 que los gobiernos del mundo optaron por una política de control de drogas basada en  la  prohibición  del  consumo de cannabis. Sin embargo, desde entonces, el consumo de dicha sustancia no ha hecho más que aumentar dejando a nuestro país como uno de los mayores consumidores de América Latina.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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“La prohibición de la cannabis trajo las mismas consecuencias que había traído en el alcohol, pero multiplicado a los niveles que vemos hoy en México, en Colombia y que también muy fuertemente ha ido creciendo en Chile, que es el narcotráfico, el hacinamiento en las cárceles porque empezaron a encarcelar a la población, la violencia asociada a la guerra contra las drogas, y las drogas adulteradas. Esas son las consecuencias de la prohibición, además de interrumpir la investigación científica que se venía haciendo para sus usos medicinales. Si no hubiera existido la prohibición hoy tendríamos una batería de estudios mucho más sólida sobre sus usos medicinales, que es lo que se ha venido recuperando los últimos años”, agrega Nicolás Dormal.

Actualmente existen múltiples cuestionamientos al prohibicionismo, principalmente porque no ha logrado disminuir el consumo en la población-según datos entregados por el Observatorio Nacional de Drogas del Servicio para la Prevención y Rehabilitación de Drogas y Alcohol (SENDA), el 11,4% de la población en general consume cannabis (ENPG 2020)-, ni las intoxicaciones por sustancias adulteradas, ni a los narcotraficantes y el crimen. Además, ha generado un elevado gasto de recursos en la llamada «guerra contra el narcotráfico».

En consecuencia, desde los años 90 ha existido en varios paises del mundo un cambio de rumbo en las políticas relativas al cannabis, partiendo en 1996, cuando California legaliza su uso medicinal, y en 2013, cuando Uruguay se convierte en el primer país del mundo en legalizar el uso recreacional. Actualmente, más de 40 países tienen una legislación que permite el uso de cannabis, al menos con fines medicinales.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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En ese sentido, Chile no está ajeno a esta tendencia, el consumo individual dentro de un espacio privado y la tenencia de marihuana no están penados y es posible adquirir medicamentos en base a cannabis con receta médica en las farmacias. 

“En Chile se han dado ya algunos pasos importantes. Primero la legalización de la producción farmacéutica de cannabis en el 2015, que se modificó a través del Decreto 84 del Reglamento de estupefacientes en Chile, y reguló la producción farmacéutica o la importación de productos en base a cannabis para ser dispensados en farmacias con prescripción médica. Por otro lado, también desde el 2015 la Corte Suprema interpretó correctamente la Ley 20.000 y por primera vez empezaron las absoluciones, tanto de pacientes como de personas que lo usan de manera personal. Empezaron a haber fallos absolutorios cuando la persona tiene forma de comprobar que sus plantas son para su uso personal y proximo en el tiempo, y eso pasa más aún cuando se trata de pacientes que la utilizan de manera terapéutica”, indica el co-fundador de Fundación Daya.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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Asimismo, durante este año se aprobó la indicación a la Ley 20.000, como parte de la tramitación de la Ley Antinarcóticos, que define las condiciones de autocultivo de cannabis y protege a los usuarios de ser criminalizados cuando no han cometido delito.  

“Ahora lo que debiera ocurrir de ahora en más es hacer una regulación integral del cannabis, que estipule ciertas normas que para todos sean claras y que dejen por completo ya el cannabis, saque por completo al cannabis de la delincuencia y lo regule al igual que hoy está regulado el tabaco y el alcohol. Nosotros somos de la de la opinión y bastante fundamentada de que si no regulamos ampliamente el cannabis para todos sus usos, que es la sustancia más utilizada en Chile, el narcotráfico no va a desaparecer”, agrega Nicolás Dormal.

Cannabis. Créditos: ©Tamara Núñez
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Por su parte, la Dra. Halçartégaray, finaliza:“Falta que nuestra clase dirigente, diputados y senadores, entiendan que en la medida que regulemos el uso de cannabis vamos a disminuir el daño a la sociedad. No es prohibiendo que vamos a reducir el daño porque cuando generamos prohibición generamos mercado negro. Cuando generamos mercado negro tenemos productos de muy mala calidad dando vueltas en las calles, llegando a las manos de cualquier persona. Versus un estado donde esto está regulado, que asegura la calidad de lo que se ofrece, donde se vende en comercio establecido igual que el alcohol, paga impuestos, genera trabajos. Entonces entender que regular es limpiar y eso es lo que nos falta como sociedad para poder avanzar en una correcta regulación del cannabis que estipule todos sus usos, sus usos a nivel industrial como fibra, como bioplástico, uso a nivel medicinal, preparaciones de fitofármacos con calidad farmacéutica como corresponde, y también el uso personal adulto, con productos de buena calidad y con acceso solamente a personas mayores de edad”.

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